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á los facciosos: alli donde la reaccion contaba con mas elementos, tenia tambien que luchar con mayor resistencia.

La regencia de Urgél nombró encargado de negocios en París á don Antonio Martin Balmaseda, quien puso en manos del secretario de Estado francés, del conde de Artois, y del duque de Angulema, la declaracion de la regencia, que leida en Consejo de gabinete, fue impugnada por unos y defendida por otros. Propendian los ministros de la Guerra y de Negocios estrangeros de la corona de Luis al establecimiento de dos cámaras en España, y de ningun modo querian doblarse á las miras sangrientas de los que defendian el cetro de hierro. Asi es que en vano Balmaseda solicitaba para la regencia todos los auxilios ofrecidos: hallaba en muchos puntos cerradas las puertas; y habiendo pedido en 29 de Agosto una audiencia particular á las personas reales, le fue tambien negada. El encargado de la regencia lo conocia asi, y lo esplicaba en sus cartas al presidente, temiendo que el plan conciliador se realizase y transigiesen los liberales; porque no conocia la impotencia de los que participaban de estas ideas. Estaba encargado Balmaseda de proporcionar un empréstito á los de Urgél; y habiendo ofrecido dos banqueros abrir sus arcas si los regentes garantían los empréstitos de las Cortes, negáronse aqueHos hombres furibundos, prefiriendo la penuria y la miseria al reconocimiento de un solo acto de la asamblea nacional. Mas adelante lograron negociar el de ocho millones con Mr. Ouwrard, hipotecando el subsidio eclesiástico, pues los escrúpulos de su vidriosa conciencia callaban delante de las pasiones que los devoraban. Repitieron sus instancias al gabinete de las Tullerías, y en su desacuerdo llegaron á amenazar á la Francia con abandonar

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la empresa sino les socorria pronta y largamente: las amenazas tuvieron el resultado que habian tenido los ruegos.

Entre tanto habian por medio de don Carlos España recurrido á los emperadores de Austria y Rusia, no escaseando las ofertas de territorio en retorno de los auxilios que anhelaban: Metternich aprobó el manifiesto y los principios praclamados por la regencia, y el Autócrata ruso prodigó grandes elogios á los regentes. Tambien don Antonio Vargas solicitó del Papa y de la gran duquesa de Luca su mediacion para con las altas potencias, que en efecto la interpusieron con todo ahinco á favor de la tiranía, juntamente con el rey de Nápoles y el duque de Módena.

Eguía, viendo á la regencia despeñada por el escabroso camino que le trazaba el iracundo Mataflorida, envió á los coroneles Gaston é Imaz para que verbalmente refiriesen á los regentes las pruebas que habian visto de la confianza que á Fernando merecia el anciano general, y especialmente entonces, como espresa el marques en su carta de 27 de Octubre. Pero este se desentendia de las reconvenciones de Eguía, alegando sus años y el mal estado de sus facultades intelectuales; y aun decia que estas circunstancias redundarian en grave compromiso del rey por la publicidad que á sus secretas órdenes daba el general. De aqui nacía el recatarse el uno del otro, y perdida la armonía, perjudicábanse mútuamente y por cuantos caminos descubrian la ambicion del uno y la virulencia del otro. Doce millones habia consumido Eguía en Bayona en los primeros ensayos, y el manejo de los fondos despertaba tambien la avaricia de aquellos para quienes tanto deslumbramiento tenia el oro. Ademas las visitas de FernanNuñez á Eguía y las relaciones del primero con

el conde de Toreno y con los conservadores que deseaban un acomodamiento eran sospechosas á los exaltadísimos Mataflorida y Creux. El ministro de Estado de Francia envió á Urgél á don José Alvarez de Toledo para que procurase templar las miras de los dos regentes, reduciéndolos á las vias de la moderacion; mas el sangriento marques, lejos de dar oidos á los consejos de la prudencia, mandó formar causa al enviado, que no pudo sustanciarse por los azares de la guerra. Tambien se abrió un proceso contra don Pedro Podio por sospechas de que intentaba asesinar á la regencia, y sepultar sus individuos en los fosos de los castillos. ¡Increible proyecto! Mataflorida se queja igualmen te de que quisieron envenenarle despues en Tolosa, y apela al testimonio del arzobispo de Valencia.

guerra.

Ansioso Torrijos de acelerar las operaciones de la campaña y arrojar al enemigo del territorio español, partió al frente de una division numerosa y derrotó completamente á Miralles cerca de Cerve- Visicitudes de ra; y cuando sitiaba un convento donde se habian refugiado los vencidos, llegó de improviso el baron de Eroles y le destrozó, persiguiéndole hasta las murallas mismas de Lérida. Por otra parte no cesaban de inscribirse en las banderas del realismo hombres de prestigio en el pais, que llevaban tras sí estraordinario séquito: si el oscuro Caragol salia á plaza en Cataluña, tambien se presentaba en ella Llauder, acatado por los naturales: en Navarra desnudaban el acero en pró de la tiranía Guergué, que no tardó en amenazar á Estella, y los generales don Francisco Longa y don Carlos O'donell.

Mas con la llegada de Mina al Principado cambió el aspecto de la guerra, y la victoria, antes voluble, pareció fijarse en el campo de la libertad. Milans alcanzó un señalado triunfo en la Torre de

Ja

1822. Victorias de Mina.

Pineda, y Mina se apoderó en 24 de Octubre de Castelfollit, que abandonaron los facciosos con su artillería, y que demolió el general, escribiendo en el único pedazo de muro que con este objeto dejó en pie, el siguiente letrero: "Aqui existió Castellollit." El 27 batió al baron de Eroles en Torá en una reñida batalla, la primera que merece este nombre, y cuyas sucesivas consecuencias fueron entrar á poco tiempo en Balaguer, tambien fortificado por los realistas, y obligar despues á los de la parte de Cerdaña á pasar la frontera, presenciando Mina su desarme.

Oigamos de boca del mismo general la narracion de sus triunfos. "Los rebeldes armados en Cataluña, dice, llegaban en esta época al número de treinta y cinco mil, en posesion de muchas plazas fuertes y protegidos por la mayoría de los habitantes: por otra parte, la regencia, establecida en Urgél, era el centro de las operaciones... Sin embargo, en el espacio de seis semanas organicé el ejército, obligué á levantar el sitio de Cervera, y me apoderé de Castelfollit.

» Ordené la entera destruccion de los edificios y de las fortificaciones de este último pueblo, para castigar la desesperada resistencia de los habitantes rebeldes y de sus defensores; y para que su ejemplo sirviese de leccion á los otros pueblos, mandé colocar sobre sus ruinas la inscripcion siguiente: "Aqui existió Castelfollit: pueblos, tomad ejemplo, y no deis abrigo á los enemigos de la patria.

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» Esta medida, adoptada en el principio de la campaña, produjo los mas felices resultados, evitó la efusion de sangre, y aceleró la pacificacion de Cataluña.

»Al mes siguiente me apoderé de Balaguer, y batí los rebeldes en diversos encuentros, no obs

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tante la grande superioridad que tenian en número. El 26 y el 29 de Noviembre, en presencia de las tropas francesas del cordon sanitario, arrojé al territorio estrangero á muchos miles de españoles víctimas de la seduccion, y confundida con ellos á la regencia, que perdió sus papeles y sus libros de hacienda, que conservo todavía." (*)

Lástima es que la crueldad de algunos gefes, y los escesos de otros de la misma provincia, oscureciesen tan brillantes hechos de armas; porque descubierta cierta trama en Manresa, fueron asesinados infamemente los conspiradores en el camino por la escolta que los trasladaba á Barcelona, como espresaremos mas adelante. Tampoco en los demas puntos retiraba sus rayos el astro que alli presidia: la derrota de Merino cerca de Roa, y la defensa de Teruel rechazando á los facciosos, daban mayor aliento á los defensores de la Constitucion.

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(* Ap. lib. 11. núm. 1.)

Medidas de las Cortes es

El congreso nacional, despues de ocuparse en la ordenanza militar, en el reglamento de poli- traordinarias. cía y en el código de sanidad, consagró sus tareas á la odopcion de las medidas propuestas por el ministerio. Los secretarios del despacho, amantes de la libertad, pero sin los talentos que lo árduo de las circunstancias requeria, imaginaron apoyarse en el entusiasmo de una juventud inesperta, y lejos de oponerse al desenfreno de las sociedades secretas, y sostener el orden público, que es la columna principal sobre que descansa la existencia del gobierno, trabajaron por el contrario en desbordar el torrente creyendo que al despeñarse éste dominarian los ánimos con el terror que iba á infundir su derrumbamiento. Faltando al deber primero de todo ministro, que es sostener las prerogativas de la corona, pues el pueblo tiene por guardianes de las suyas á los diputados, no solo

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