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sacos remendados o rotos. De aquí levanta van los japones algunas dudas; y la primera duda era, si éramos todos de un Dios Ꭹ si esperávamos todos una bienaventurança. A esto respondíamos que sí, y dixo un bonzo: «Verdaderamente, si estos esperan una mesma bienaventurança, estos que andan descalços son necios, que harto mejor hazen los otros de tenerla en este mundo y en el otro, etc. Otro dixo, y era el Governador de Meaco: Cierto, todas las vezes que veo a estos Padres Descalços, me da acá dentro en el coraçon un no sé qué, de que debe haver otra vida; pues estos hombres son honrrados y por pura virtud hazen esto y no por desseo de hazienda, ni tierras, como podemos presumir que estos otros Padres pueden desear, pues tantas riquezas tienen y nunca se hartan de buscar más. Dixo más este japon, espantado que siempre que ívamos a su casa, le havíamos de predicar a su gente que se hiziesse christiana: ¡Hola, Padres, y qué les va que nos salvemos o no nos salvemos! Respondió el santo Comissario, que Dios lo mandava y la charidad christiana lo pedía. Y él dixo: « Para mi tengo que que deve ser verdad que hay otra vida; pues yo la buscaré y el no haberla buscado, ni crehido que estava en la ley de los christianos, era por haver entendido que los Padres de la Compaùía más venían a buscar tierras que almas, y que el hazer christianos era para levantarse en el reyno, teniéndolos de su parte; pero después que he visto a estos Padres que predican la mesma ley y son tan desinteresados de bienes temporales, digo que deve ser cierta la salvacion que predican », etc. (1).

En casa de este hombre gentil estuvo una vez al santo Comissario ocho días con todos los religiosos, para hablar al Rey, y era tanto el cuydado que el santo tenia de dar buen exemplo y muestras de que no venía a buscar al Japon mas que la gloria de Dios, que todos los días, en la noche, se hazia disciplina bien larga, y todas las noches nos hazía rezar maytines a media noche; y si desto resultó algun provecho, Dios lo sabe; pues vemos que dos hijos deste señor se hicieron christianos, sin lo saber su padre, en la casa de la Compañía, donde acudían muy a menudo a oir sermones, y salieron tan fervorosos, que al tiempo del martirio de los santos frayles, vinieron de muchas leguas al Meaco para morir ellos también, etc.; y lo dixeron a su padre el qual se espantó de ver el fervor y espíritu de sus hijos para morir por la salvacion que él aún no sabía, etc. (2).

Quán differente conversion sea la del Japon a los otras conversiones del mundo, sábese muy claro; porque en todas las Yndias de Nueva España, Perú y de Philipinas, el indio no pregunta, sino oye; y lo que les dicen, esto creen, y de los indios de esta suerte, se puede entender aquello del Evangelio: Compelle eos intrare (3), que és

(1) Ribadeneira, lib. IV, cap. XXIII, pág. 419, y AIA t. IX, págs. 93 y 94. (*) Estos hijos de Maeda Motokatsu se llamaban Pablo y Constantino. (3) Luc. XIV, 23.

por su mano registrada, y le hizo las gra tiempo, etc. (1).

El santo Comissario, estando si del modo que tendrá para predicar en l parece que le reveló el Señor que, po passos contrarios de los por donde iva caba a las cabeças, porque cogido un aunque perdido un Grande, se pierd. experiencia ha demostrado; pues ver reyno de Bungo y la de las tierras ¦ perdieron y acabaron (2). El santo Co a pobres, regalava a pobres, acorda Señor, que a los pobres le embió s ribus evangelizare me misit Dominus Hechos los dos hospitales de Meaco, començó el santo a ey ros, curando los leprosos, visitánd en memoria de las que el hijo de i soy testigo de vista, que la primera quatro leprosos, cuyas piernas poi les salía dellas gusanos y podre, v aquella podre, y después ponía los of basta lavar las llagas, y respond viene besarlas, porque todavía sov y conviene mortificarme más de lo también estos japones, nuevos el qué consiste la perfeccion christia.. qué consiste en más que en tener y comidos», etc. Y assi causó tan'a puede creer causaría ver en gente modos y maneras. Ver a la Comp cía (); ver a los religiosos descalco andar en literas en hombros de ho descalços: ver los unos en poderos mados de espadas y lanças, y ve

(1) Supra, 98.

(2) El daimyo de Bungo, Otom Constantino, fué despojado de sus en 1593; más tarde trató de recup tillo de Ishitate, se vió obligado a Takayama Ukon, daimyo de Tal nios y dignidades por Hideyos) expulsado del imperio por Ieyasu. (*) Luc. IV, 18.

(4) Véase lo que acerca de AIA t. VI, págs. 262-7 y en A'

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perit plurimos, et quae multos habebat filios, infirmata est ('): la esteril tuvo muchos hijos, y la que tenía muchos, se halló sin ningunos. Esto esplicava San Francisco de sus frayles simples y sin letras, que parecían estériles, porque no predicàvan ni parían hijos a Dios; pero los predicadores vanos y sin espíritu y fervor, que sólo con palabras predican, y con todo esso, por ser muy oidos del pueblo, entendían ser muy fecundos y abundantes en criar hijos para Dios, dezía el santo Padre, que en el día del juizio se verá la verdad; y los frayles legos y simsimples que predicaron y se hallaron ser muy fecundos y haver trahido muchas almas a Dios, y los predicadores que pensaban tener muchos hijos, se hallaron sin ningunos.

Esta teórica se ve puesta en práctica en este glorioso martirio de los frayles Descalços de S. Francisco y otros muchos successos, como luego adelante contaré, y vióse cumplido en Japon, donde a dos hermanos legos, Fr. Francisco de S. Miguel y Fr. Gonzalo García, tomó Dios por instrumento de ésta tan grande obra; y el santo Fr. Gonzalo era de su natural tartamudo y no sabía mas de una poca lengua japona, que aprendió, siendo criado de un Padre de la Compañía (2), y con todo esto, ver el ánimo y fervor con que predicava y hablava de Dios, era espanto, y cómo hablava al Rey de la tierra. El santo Fr. Francisco de San Miguel sabía muy poco o nada de leer y escrivir; pero era tan sincero, tan cándido y tan temeroso de hazer ningun pecado, especialmente mortal, que dezía que antes se dexaría echar en un río, que consentir en cosa que podía tener color de pecado; y assí en Meaco, tratando un día de que era menester tener síndico, porque la limosna de la obra se gastava mal gastada, dixo al santo Comissario: Hermano, por amor de Dios, no me pida tal consejo, ni voto, porque yo no lo tengo de dar, y antes me dexaré estar en un río[h]elado, que estar en casa, donde hay quién se llama síndico de San Francisco; no tengan miedo que Dios nos falte jamás en Japon; déxense a Dios, que él nos proveherá. Este santo, pues, sin letras, creo ha de ser el que Dios ha de mostrar en el día del juizio y le ha de anteponer a muchos letrados; porque él, con su simplicidad, parió a Dios muchos hijos en Japon.

Una vez, día de Viernes santo, tenían en el convento de Meaco hecho un monumento, al qual havían venido muchos christianos japones, pero no entendían aún el misterio, ni la significacion de aquel passo misterioso, y el bendito Hermano llamó al santo Leon, japon mártir, y le dixo: ruégoos que me vayais açotando al rededor deste claustro y yglesia y no me habeis de dar con piedad, sino hazed cuenta que dais al mayor ladron que nació de mugeres, porque en esto servis a Dios y juntamente vengais la muerte de Christo nuestro Señor, que murió

(1) I Reg. II, 5. Véase S. Bonaventura, Leg. maior, c. 8, n. 2.

() Véase lo que el mismo San Gonzalo García dice acerca de esto en AIA t. VI, págs. 244 y 245.

por el pecado de los hombres, y yo soy el que traygo a cuestas esse peccado. Hízolo ansí el japon, y el santo Hermano iva por la casa con un crucifixo en las manos, y los açotes eran tales, que se oyan muy bien, y biendo los japones este hecho tan extraño, començaron a llorar y fueron tantos los gemidos y los açotes con que maltrataron sus cuerpos, que parecía querían morir allí de dolor por el Redentor de la vida ('). Con estos y otros exemplos parían hijos de nuestro Padre San Fran cisco en el Japon. Y quien quisiere ver, si son muchos o pocos los que tuvo en Japon, acuérdesse de la persecucion primera de la Compañia, y hallará que de los muchos hijos de que se gloriava, se hallaron muy pocos que confesassen la fee, y reynos enteros la negaron; y por ven tura fue esto, porque no vieron Padres a quién seguir, y ahora al contrario; los pocos hijos, que havia parido a Dios la Orden de San Francisco, fueron tan esforçados en el Señor con el exemplo de sus Padres y maestros, que ivan de muchas leguas a morir por la fee, y los que estavan en las ciudades de Meaco y de Usa ca, se entravan por fuerça con los religiosos para morir con ellos, y alguno huvo que, hasta que le crucificaron, no cessó de les seguir (2). Aquí se echa de ver muy bien el dicho de San Francisco: donec sterilis pepererit plurimos et quae multos habebat filios, infirmata est. La Orden de los simples frayles Franciscos parió a Dios pocos hijos, pero tales que no perdieron la fee, y por ventura muchos Grandes, de que se gloriava la Compañia, se hallaron al tiempo del menester sin nada y aun ellos sin hijos, etc.

Aquí entra también el declarar esta verdad contra los savios que estorvan nuestra predicacion en Japon, diciendo que somos simples y sin dineros, y assí lo dixo públicamente el Obispo de le Compañia, que no era para el Japon la pobreza de San Francisco, ni su descalcez y simplicidad y que no convenía sino la sabiduría y riqueza de la Compañia (3). Pregunto, no fuera bueno que la Compañia advirtiera el yerro que hay en esta opinion y parecer? Pues yo les quiero mostrar lo que arriba se dixo: Donec sterilis pepererit plurimos et quae multos habebat filios, infirmata est. Pregunto, eran simples los Apóstoles? Cierto, sí, y de ellos dice el apóstol San Pablo: Infirma mundi elegit Deus, et ea quae non sunt, ut ea quae sunt destrueret, ut non glorietur omnis caro in conspectu eius (4). Que buscó Dios las cosas simples del mundo para que predicassen el Evangelio, para que no se atribuyesse la conversion de las gentes a la prudencia humana, sino a la virtud de Dios; y de la mesma manera lo ha hecho el Señor en el Japon, por que no se gloriasse la Compañia de que con su industria se havia convertido esta

(1) Santa María, lib. III, cap. XX, pág. 132.

(2) Alude a San Francisco Fahelante; véanse los capítulos XI y XIV de esta Relacion y AIA t. XIII, pág. 323.

(3) Véase la Información que mandó instruir San Pedro Bautista sobre el modo de proceder del obispo de Japón, D. Pedro Martinez, contra los Franciscanos del convento de Nagasaki en AIA t. VI, págs. 250-62.

(4) I Cor. I, 27-9.

gente, que entre las demás es la más hábil; y permitió que, quando ella estava por el suelo, derribadas las yglesias, sus Padres escondidos y en hábito de japones por no ser conoscidos, entonces viniesse la Orden de los Menores, professores evangélicos, y con su simplicidad y sin más artes ni dineros, predicassen y convirtiessen a hijos tan florecientes en la virtud, que se offreciessen con ánimo al martirio.

Y para mayor prueva desta verdad, desde el principio que se ha començado a predicar a gentiles en las Yndias, siempre vemos que Dios ha excogido a simples idiotas. ¿ Por ventura, no fue simple idiota San Diego de Alcalá, el qual fue embiado a la conversion de las yslas Canarias, donde hizo grandissimo fruto (1)? ¿Por ventura, no fue simple, o se mostró serlo, aunque era muy docto, el santo Fr. Juan de Santorcaz, compañero del santo Fr. Diego, el qual, siendo vicario y predicador de la villa de Santorcaz, tomó el hábito para frayle lego y pidió que no quería sino servir en la cocina, y no sabiendo sus letras ni sacerdocio, se le dió el hábito en San Francisco del Monte en la sierra de Córdova, adonde hizo vida más que angélica mucho tiempo, sin ser conocido, hasta que un día le conoscieron por causa de un hombre de su pueblo que aportó al convento y lo declaró al guardián, y mandado, por obediencia, predicar, se halló en él el thesoro que tenía, por humildad, escondido, y finalmente, fue de los primeros predicadores evangélicos de las Yndias y está sepultado en Canarias con fama de milagros (2)?

¿Por ventura, no fue simple y idiota aquel primer frayle lego Fr. Pedro de Gante (3), el qual, venido a la Nueva España, fue el primero que levantó en ella el estandarte de la cruz y embió a llamar a los doze santos primeros frayles Descalços de San Francisco, los quales muchos dellos fueron simples y hizieron aquella admirable conversion de la Nueva España, dando algunos dellos a Dios sus vidas en glorioso martirio, y teniendo entre ellos aquel exemplo de santidad el santo Fr. Martín de Valencia, que desseó passar al Japon y fue impedido por falta de navíos (1)? ¿Por ventura, no fue simple a lo del mundo este santo Fr. Martín de Valencia, el qual, no se hartando de haver parido a Dios tantos hijos, como en la Nueva España havía parido a Dios, y deseando parirle más, se quiso meter en una tablas y passar la mar hasta el Japon, sólo por haver visto una vision en la oracion, donde le fue revelado y vido que unas mugeres passavan un río con sus hijos en los braços, y que las unas eran de ojos hermosos y claros,

(1) Lisboa, Tercera parte de las chronicas de la Orden de los frayles Menores, lib. V. cap. II, fol. 126 v., Salamanca 1570; Salazar, Cronica y historia de la fundacion y progresso de la Provincia de Castilla, lib. III, cap. XIX, pág. 182, Madrid 1612.

(*) Gonzaga, De origine, etc., Provincia Canariae, pág. 1189.

(3) Torquemada, Monarchia Indiana, lib. XX, capítulos XIX y XX, pags. 426-32, Madrid 1723.

(4) Torquemada, 1. c. lib. XXI, capítulos I-XVII, págs. 392-421.

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