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lo qual os haveis de tener por muy dichosos y no ensobervesceros, pues con la sobervia de la cruz, podeis caer en el infierno, como dende el cielo cayó Lucifer en el infierno». Acordaos de S. Andrés, que viendo la cruz, la saludó y abraçó, diciendo: Dios te salve,.preciosa cruz, por donde tengo de ser presentado ante mi Salvador etc. » (1).

Con este sermon animó tanto a los japones, que hasta los tres niños, que ivan en la santa compañía, en viendo las cruzes, se abraçaron con ellas, y cantando, se echaron para que los clavassen. Y el santo Fr. Martín, en echándose en la cruz, luego comenzó en alta voz a dezir cantando un psalmo, y no abrió más los ojos a ver los circunstantes; y aunque a la primera lançada le quedó el hierro dentro en el huesso y salió la hasta, y subió el verdugo a sacarle cruelmente, y la sacó con la mano, no cessó el santo su suave canto, que havía empeçado. Bendito sea mi Diós, amén (2).

Y con todo esso, no son para Japon los frayles Descalços de San Francisco; porque no son sabios, como la Compañía. Pero al fin, esta vida es guerra y lo ha de ser siempre, y bienaventurado el que perseverare hasta el fin, que esse será salvo, etc.

CAPITULO VIII.

Prosigue de los frayles de San Francisco, mártires del Japon.

Del santo Fr. Francisco Blanco.

Este bendito frayle era natural de Galicia, de un lugar llamado Monte Rey (3). Fue, segun he oydo decir, virgen en la pureza del cuerpo y fue también mártir. Era de grande habilidad y discípulo del santo mártir Fr. Martín, del qual havia oydo las Artes y Theologia. Vino a Philipinas con los cinqüenta religiosos que salimos de España, para aquella tierra, el año 1593, que fue la más provechosa manada de religiosos que de España han salido, pues meresció tener estos dos mártires. En esta compañía vino este santo mártir Fr. Francisco Blanco (4). Ordenóse de Missa en México y passó a Manila, adonde acabó su estudio; passó a Japon, y quiso nuestro Señor que en seis meses alcançasse la corona del santo martirio. Fue religioso de mucha oracion, humildad y caridad, y tan hábil, que en seis meses supo confessar en lengua japona, cosa que en pocos se halla, etc. (5).

(1) Publicamos este Sermón en AIA t. XIII, págs. 361-4,

(2) Acerca de San Martín de la Ascension véanse Ribadeneira, lib. VI, cap. II, págs. 610-21, y Marcos de Alcalá, Vida de San Martin de la Ascensión y Aguirre, Madrid 1739.

(3) San Francisco Blanco fué natural de Santa María de Tameyrón, pueblo próximo a Monterey y Pereyro; véase AIA t. XIII, pág. 294, nota núm. 3.

(4) Embarcó para Méjico en la nao del Maestro Bernardo de Paz, que se hizo a la vela en 9 de enero de 1593, Asiento de pasajeros, fol. 61 v. Véase AFH XVI, 508.

(5) El P. Ribadeneira trae su biografía en el lib. VI, cap. III, págs. 622-30.

Del santo Fr. Phelipe de las Casas.

Este santo hermano, natural de México, hijo de padres honrados, familiares del santo Officio, aunque mercaderes, tomó el hábito en San Francisco de Manila (1), donde fue tan grande la mutacion de su vida, que espanta; porque, siendo seglar, era distrahido especialmente por el juego y muy sagaz para tratos de mercancía; pero después que tomó el hábito, le hizo Dios nuestro Señor tan sincero, que parecía no haver sabido cosas del mundo. Yva a México a ordenarsse de Missa, porque no havía obispo en Philipinas, y para que de camino viesse a sus padres; y tráxole Dios al Japon a ordenarle de mártir; el qual fue preso el mismo día que llegó a San Francisco de Meaco; onde se deven notar los secretos juizios de Dios, y cómo este negocio non est volentis, neque currentis, sed miserentis Dei (2). Dexónos Dios a otros sin martirio, y por más que llamamos, no nos abrieron, y abrió al que no llamava ni pedía el martirio, para que exclamemos con San Pablo: O altitudo divitiarum, etc.; quis consiliarius eius fuit? (3).

Del santo Fr. Francisco de la Parrilla o de San Miguel (*).

Fue este santo religioso, verdadero hijo de nuestro Padre San Francisco, y segun lo que yo he sabido de su vida, devió ser vírgen en el cuerpo y alma; porque desde niño, siendo seglar, vivió santamente, y sus virtudes en la Religion fueron grandes, cuya santidad fue muy conoscida, especialmente en Philipinas. ¿Quién podrá contar el fervor y caridad que este santo tenía a las almas? Porque, con ser frayle lego y sin letras, salvo leer muy poco, pero hazía maravillas; ayudándose de la buena memoria que Dios le havía dado, predicaba a los gentiles continuamente en Philipinas. Vino al Japon en compañía del santo comissario Fr. Pedro Baptista, y deseaba convertir a todo el mundo; y assí llorava quando veya morir alguno sin el agua del santo bautismo

(!) En el Libro de tomas de hábito y profesiones del convento de Manila, Ms. del Archivo de Pastrana, Cajon 27, leg. I, encontramos las dos partidas siguientes. Di el hábito de la probacion, a 21 de mayo, año de 1593, a Fray Phelipe de Casas. Fr. Vicente Valero. De la profesión está en estos terminos: • En 22 días del mes de mayo de 1594 años, yo Fr. Bicente Valero, guardian deste convento de nuestra Señor de los Angelos de Manila, di la profession a Fr. Phelipe de Jesus, chorista, siendo maestro de novicios yo el dicho Fr. Bicente Valero, guardian. En fee de lo qual lo firmé. Fecho ut supra. Fr. Vicente Valero, guardian ».

(2) Rom. IX, 16.

(3) Rom. XI, 33 y 34. Para más pormenores sobre la vida de San Felipe de Jesús, véanse Ribadeneira, lib. VI, cap. IV, págs. 630-4, y el P. Baltasar de Medina en la Vida, martyrio y beatificacion del invicto Proto-Mártir del Japon, San Felipe de Jesus, Mexico 1683.

(4) Véase AFH XV, 489-90; supra, 109.

o sin confession, como podría llorar una muger que quedasse huérfana y sola por la muerte de su marido. Todos sus deseos eran morir mártir, y assí lo alcançó del Señor.

Sus exercicios continuos de oracion ¿quién los podrá decir? La oracion del Pater noster, quando estava a solas, la rezava con tanta devocion, que encendía con ella a los que lo consideravan. Las particulares mortificaciones que hazía cada día ¿quién las contará? Y en particular las quaresmas y semana santa, como queda ya arriba apuntado, en un acto que hizo en Meaco un jueves santo, con que movió a los japones muchíssimo, para que se animassen a castigar sus cuerpos con disciplinas en memoria de la pasion de Christo nuestro Señor. Y si dixere que aquel acto, y otros que hazían los frayles, era con hartas contradiciones del P. Organtino, de la Companía, no diría mal; el qual contradecía todo esto a los religiosos, diciendo que en quarenta años que estava la Compañía en Meaco, nunca tal havía hecho; amonestándole que dexasse aquellas cosas, que no fuessen antes estorvo a la christiandad. Aquí se echará de ver la sabiduría y prudencia de los de la Compañía, que estorvavan a los santos Mártires las obras virtuosas, y celebrar los officios divinos de la semana santa, como la Yglesia los celebra. Y si dixesse que tampoco se les predicava a los christianos de Japon a Christo crucificado, no diría en esto novedad, porque es cierto que havía christiano, de muchos años bautizado, y no sabía este artículo de Christo crucificado; y lo más es que de industria se les dexava de predicar; para que se vea qué christiandad era la de Japon antes de la venida de la Orden de San Francisco; y sólo se sabía que ser christiano era ser muy honrado y rico y tener mucho dinero, y por esto, muchos apetecían serlo, viendo que a la sombra de la Compañía enriquecían; porque embiavan sus empleos en la nave de la China, y por esso se quedavan en el christianismo; pero después que entró la Orden de San Francisco, se conosció que ser christiano era ser discípulo del crucificado Christo Señor nuestro, y que ser discípulo, era tomar la cruz y seguir al mesmo Señor con pobreza, humildad, mortificacion, etc.

Y estas virtudes las enseñaron los santos Mártires en gran utilidad de la Yglesia de Japon, y assí con razon se pueden llamar los verdaderos padres y fundadores de aquella Yglesia, tan bien y mejor que los que con dinero y dádivas atraxeron los creyentes al conoscimiento de Dios; lo qual no se dize para condenarlos, aunque ellos se atrevieron a condenar el santo modo de predicar de los frayles de San Francisco y dixeron que no hazíamos christianos sino a gente baxa, porque no nos entendían, etc., y escribían a Roma, comparándonos con los bonzos y peores, etc. Pero consuelo es de la Religion de San Francisco ver llamar al Hijo de Dios, engañador, seductor, que tal nombre le pusieron, para consuelo de los siervos de Dios, quando son llamados engañadores, como la Compañía notava a estos santos Mártires, que, quando no fuera sino por honra de este santo frayle lego, Fr. Francisco de San Miguel, que en todas las Philipinas y en el Japon tenían por santo, no se havia de decir esto generalmente y sin excepcion; pero tanta codicia de honra

y de dinero, algo ha de hazer para alcançarlo; y si las Religiones y religiosos, etc.

Otras muchas cosas se pudieran decir del santo Fr. Francisco de San Miguel; pero basta esto, con un dicho que dixo un gran señor japon deste bendito hermano, y fue, que viéndolo tan pobre, tan humilde y descalço y con sólo un pobre hábito remendado y temblando de frio, y que con grande alegría curaba los enfermos llagados, dixo a otros señores que, por verle, havían llegado al hospital. Verdaderamente, este religioso es tal, qual le pinta Xaca en sus libros. Y dixo más. Este religioso claramente muestra que hay salvacion y otra vida; pues lo que haze, no lo haría sino esperasse otra vida después desta. Y luego dixo que quería oyr sermon, y le oyó; pero, por no dexar los muchachos, dixo que no se hazía christiano, pero que si le consintiessen tenerlos para sus deleytes nefandos, que se convertiría; porque lo que tocava a las mugeres, él las dexaría facilmente, y por esta causa no se hizo christiano (1).

Del santo Fr. Gonzalo García, mártir.

Este siervo del Señor fue natural de la ciudad o puerto de Baçain en la India Oriental. Fue hijo de padres portugueses, y siendo moço estuvo en la Compañía en el Japon; después se salió sin haver sido recibido por Hermano en la Compañía, y anduvo hecho mercader de Japon a la China y de China a Manila, donde tomó el hábito de San Francisco (2), y después de quatro años de professo, se offreció la jornada del santo Comissario por Embaxador de Japon, y como él era tan buena lengua, lo traxo en su compañía, y él fue el que tomó nuestro Señor por medio para esta tan grande obra.

Quantos trabajos y persecuciones passó este bendito hermano en Japon, callo; pues se los pagó el Señor con corona de martirio. El fue el maestro de todos los Mártires, que otro no tuvimos que nos enseñasse. El era el que todo lo hazía y aunque era tartamudo, era de mucho entendimiento y de grande caridad para con los pobres; y esto, sin otras muchas virtudes que nuestro Señor le dió; y halló gracia delante del Emperador de Japon, tanta, que le quería notablemente y le hablava con grande amor; y por esta causa fue envidiado de la Compañía y tan perseguido de los apassionados, que espanta; los quales no le sabían otro nombre sino el Canari ($), que es nombre con que llaman, por desprecio, a los esclavos y negros, y como si dixessen, perro. Y este

(1) Ribadeneira, lib. VI, cap. V, págs. 634-47.

(2) En AIA t. IV, pág. 405 y siguiente publicamos las partidas de toma de hábito y profesión de San Gonzalo. Acerca del tiempo que estuvo al servicio de la Compañía y lo que motivó su ingreso en la Orden de San Francisco, véase su testimonio en AIA t. VI, pág. 245. Cf. supra, 100, 109.

(3) Los portugueses llamaban Canari o Canarin al que era oriundo de la provincia de Goa en Asia.

mesmo nombre llevava puesto en las Relaciones que embiava la Compañía a Roma contra él. Y de todo lo que le acusavan, sé yo por cierto, que no pesava una paja; pero para la Compañía, que con las Religiones tiene, no sé si diga odio, o si zelo, o si pesar, o si lo que ellos se saben y Dios remedie, parescían las faltas deste santo hermano gravíssimos pecados.

Acusábanle de mentiroso, y en el negocio de que le acusavan no fue mentiroso; pero entendió el japon las palabras de otra manera que él las dixo y otro las interpretó a otro fin, de lo qual yo di bastante satisfaccion al P. Francisco Pasio, que era el acusador de este santo varon. Otra acusacion de un sermon que predicó en Meaco, donde dezían que havía dicho, que havía en el sermon seis o siete que se havían de condenar; y esto lo dixo, porque, si no se enmendavan algunos, que andavan para dexar la fee, havían de condenarse, etc. ('). Otra acusacion fue que, quando pidió limosna a una persona para hazer la yglesia de Meaco, que havía dicho, que le havía Dios inspirado que ella havía de ser fundadora del convento de San Francisco, y díxolo con verdad y llaneza; pero la palabra inspirar, acusávala la Compañía, diciendo havía dicho revelar, y que él no havía tenido revelacion, y assí que era mentiroso y engañador; y con esto le quitaron a San Francisco trecientos ducados, que aquella persona o señora havía prometido, y de devota de San Francisco, la hizieron indevota y enemiga, diciendo que cómo havía de dar limosna a religiosos que no tratavan verdad. Sea mi Dios bendito. No hay en Japon mas de una palabra con qué dezir inspirar y revelar; y assí, ni este santo mintió, ni pecó, y los que esto causaron y estorvaron la limosna, allá delante de Dios darán cuenta y se averiguará quál fue mayor yerro; éste de la Orden de San Francisco de hablar una palabra que tiene dos sentidos o signi ficados, o el de la Compañía que, por acusar al inocente, la toma en el sentido que le plaze. Y también se verá qual sea mayor engaño, o el llevar a Roma a los papas Gregorio XIII y Sixto V y al Rey de España unos pobres muchachos japones y por todo el mundo, para engañar y sacar inmenso dinero, o dezir inspirar o revelar, para pedir una limosna, para hazer una casa en tierra de infieles y de algunos fieles de la mesma Compañía, más crueles que los mesmos gentiles para estos santos Mártires (2). Pero Dios está en el cielo, que dará a cada uno segun sus obras. Y este santo hermano que padeció con paciencia ser tantas vezes llamado engañador, vino a morir crucificado, como lo fue el Hijo de Dios, que también fue llamado engañador (3). Bendito sea mi Dios, bendito seais, amén; que tan bueno sois para quien os teme y ama, y aunque sois igual en justicia y misericordia, pero al fin, misericordia eius super omnia opera eius.

(Continuará).

(1) AIA t. VI, pág. 247.

P. LORENZO PÉREZ, O. F. M.

(2) AIA 1. c. pág. 243 y sig.

(3) Para más detalles de la vida de San Gonzalo, véase Ribadeneira, lib. VI,

cap. VI, págs. 647-55.

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