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su deber rechazar esta idea que sus adversarios hacian estudio de mostrar en el discurso del rey de Francia, y en los principios de la santa alianza; y cuando dijo estas palabras : Creeis que Alejandro haya querido la guerra á toda costa, en virtud de no cual derecho divino, y en odio de las libertades de los pueblos ? fue lo mismo que si hubiera dicho : « ¿Creeis que Alejandro reprueba las distintas constituciones de los estados, que pretenda que el consejo popular de Schwits, ó el senado de Berna, no sean gobiernos legitimos, y que sea enemigo de toda libertad? No, sus principios manifestados por la declaracion de Laybac, que fue comun á todos los soberanos aliados ( menos la Inglaterra), y espresados solemnemente por el rey de Francia, desde lo alto de su trono , son que la base de todo el derecho público de la confederacion europea , es la represion, con todas las fuerzas de la alianza , de toda rebelion contra un gobierno establecido, sea la que fuera la forma que estos gobiernos tengan por sus antiguas leyes.

Claro está que las palabras de M. de Chateaubriand no tenian otro sentido, ni podian tener otro. Al pronunciar su discurso solo tenia en vista á sus adversarios los ministros у oradores de Inglaterra; sus espresiones no hacian referencia sino á la aplicacion que del derecho divino se habia querido. hacer en aquel reino.

Pero se descubrió en estas espresiones un peligro que no advirtió M. de Chateaubriand , preocupado de sus ideas en medio de la gran lucha en que estaba empeñado. Temieron algunos que las espresiones que habia usado este ministro » hablando del derecho divino , se tomaran en un sentido absoluto , y pareciesen en oposicion con este testo de los libros Santos : toda potestad viene de Dios. Un escritor ilustre, á quien debe la Europa la apología mas brillante de de la religion cristiana, que se haya visto desde Pascal y Bossuet, creyó de su deber recordar en esta ocasion los principios de todo católico sobre el origen de la autoridad. El autor del Genio del cristianismo, y el del Ensayo sobre la indiferencia en punto á religion ( 43 ), han parecido opuestos por un momento, y los escritores liberales han manifestado alegrarse mucho; pero fácil es aguar su satisfaccion. M. de Chateaubriand ha rechazado la esplicacion del derecho divino , dada por los teólogos anglicanos ; y el abate de la Mennais no ha tenido otra mira sino la de defender al dogma católico. Unos filósofos, parecidos á los. discípulos de Platon y de Aristóteles, disputarian sobre un punto semejante hasta la consumacion de los tiempos; unos hombres del genio mas sublime y unidos por una misma fe, se entienden para no dar á los testos de los libros santos otro sentido sino aquel que les ha conservado la tradicion de la iglesia. He aqui pues como se esplica Bossuet en su libro titulado : Política sacada de las propias palabras de la Escritura santa, dirigida al hijo de Luis XIV. *

Que toda alma esté sujeta á las potestades superiores , » pues no har potestad alguna que no sea de Dios, y todas » las que existen Dios las ha establecido : asi es, que aquel » que resiste á la potestad , resiste al orden de Dios.

« No hay forma alguna de gobierno, ni algun estableci» miento humano que carezca de defectos; de modo que es

preciso permanecer en aquel estado al cual está hecho ya » el pueblo por un largo discurso de tiempo. Por esto es » que Dios ha tomado bajo su proteccion á todos los go» biernos legitimos, cualquiera que sea su forma; y

el

que * Livre XI. ch. I. 12.€ proposition.

Ep. S. P. á los Romanos, G. 13.

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» intenta trastornarlos, no solo es un enemigo del bien

público, pero tambien del mismo Dios. »

Luego , Jayme I, sus jurisconsultos y teólogos se equivocaron cuando, para refutar la doctrina de Buchanan y Knox sobre esa soberanía del pueblo, que debia llevar á los reyes al cadalso, arrastrando a los pueblos á una anarquía interminable, opusieron un derecho divino en virtud del cual todos los reyes serian absolutos, en vez de invocar la forma antigua del gobierno ingles, cual habia sido establecida desde cuatro siglos por la gran carta ; en la que venian arreglados los derechos de la corona y los de los consejos de la nacion, garantizando al monarca su inviolabilidad con todas sus prerogativas, y al parlamento el libre otorgo de los subsidios con todos sus privilegios.

Luego M. de Chateaubriand, teniendo por contraria á la opinion de la Inglaterra, y tratando de impugnar á una revolucion contra la cual debia la Francia ejecutar el voto de la grande alianza europea, pudo decir estas palabras : Ć

Creeis acaso que Alejandro haya querido la guerra, á , toda costa,

en virtud de no sé cual derecho divino y en » odio de las libertades de los pueblos ? » Hablaba de ese derecho divino en la acepcion que le daban sus adversarios los Ingleses; y conformábase con la doctrina de Bossuet añadiendo : « Bastantes libertades nacionales apoyan en » las leyes de las antiguas cortes de Castilla y Aragon

para que los Españoles hallen á un tiempo un preservativo » contra la anarquía y el despotismo.

Tambien habia hablado M. Bignon, en la penúltima sesion, del derecho divino. « Nosotros ( decia este gefe del partido, » liberal ) somos los que queremos asegurar constantemente

por todos los artículos de las leyes, á la casa reinante la legitimidad constitucional de la casa de Hanower. Los

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» señores ministros y sus parciales son los que se esmeran en

privarla de esta legitimidad nacional, para no dejarle mas · que la legitimidad divina de los Stuarts. »

No, no tratamos de fundar los derechos de nuestra casa reinante en el sistema de los teólogos anglicanos del siglo décimo séptimo , pero sí en la doctrina espositada por Bossuet (44); los fundamos en una sucesion de ochocientos y treinta años, la mas gloriosa y la mas dilatada que cuenta la historia del género humano.

CAPÍTULO XIII.

Algunas consideraciones sobre la restauracion de la monarquia

española y sobre las memorias que ofrecen las restauraciones de, Henrique IV , rey de Francia , y de Carlos II, rey de

Inglaterra. La entrada de S. A. R. el duque de Angulema en Madrid el dia 24 de mayo de 1823, ha sido igualmente brillante que la de los soberanos aliados en Paris el dia 1 de abril de 1814. La Francia y la España, despues de haber esperimentado la horrorosa tiranía de los gobiernos revolucionarios, han recibido á sus libertadores con las mas vivas espresiones de agradecimiento.

Pero al ver la restauracion de 1814 seguida tan inmediatamente de la invasion del usurpador, y pocos años despues, de las revoluciones de España, Portugal , Nápoles y Piamonte , es natural indagar como el gefe eternamente querido de la casa de Borbon estableció dos siglos atrás el orden en Francia de un modo tan firmo

у tan permanente despues de una revolucion que durante seis años habia sepa- . rado á la capital y á las mas de las provincias de la autoridad

real; y como el solo ejército de siete mil hombres á cuyo frente entró aquel príncipe en Paris , inspiró á los pueblos mayor seguridad de la que, hasta ahora , han podido inspirarles los ejércitos inmensos de los soberanos aliados.

La diferencia de los principios que en esas dos épocas han dirigido la política, nos da una esplicacion completa de la diferencia de los efectos producidos : esto es lo que nos parece muy del caso examinar.

Henrique IV vuelto solemnente al gremio de la Iglesia católica , hizo publicar un edicto en el que prevenia a todos , los de la Union que se separasen de cualesquiera ligas y

asociaciones, y que en el término de un mes se reuniesen bajo la obediencia de S. M., quien les recibiria con olvido » perpetuo de lo pasado.... Y no cumpliéndolo asi , man» daba á las cortes de parlamentos y á todas las varas de jus

ticia que tratasen aquellos que por su obstinacion se hacian

indignos de la presente gracia é indulto, como reos de , lesa-majestad en primer grado....

» Este edicto ( dice el presidente de Thou) dado á 27 de » diciembre de 1593 , no fue registrado en el parlamento

á la sazon estaba en Tours, hasta el 1.er de febrero del » año siguiente. El parlamento añadió que

todos aquellos que « habian tenido parte en el parricidio del difunto rey , y

los que habian sido convencidos de haberla tenido en el proyecto de matar al príncipe reinante, no fuesen comprendidos en la amnistía concedida por este edicto.

El dia 22 de marzo siguiente, el gobernador de Paris ( el conde, despues duque de Brissac, ) de acuerdo con los demas magistrados, abrió las puertas de aquella ciudad á Henrique IV. Este principe fue en derechura á la iglesia catedral para

* Hist: liy. CVIII.

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» que

,

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