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un poder arbitrario y absoluto, para borrar de los cora. zones de los pueblos aquellos sentimientos que Dios mismo grabó en ellos, el amor á su religion , y por consiguiente el amor á sus principes; la filosofía es la que necesita un poder arbitrario y sin límites, ( cual lo tuvo la convencion de 1793) para horcar al último sacerdote con las tripas del

último rey,

Si, en 1759, el Portugal hubiese conservado sus antiguas cortes, la filosofia no hubiera elegido este reino para hacer en él el primer ensayo de sus persecuciones. Hubiera tenido que penetrar separadamente en las cámaras del cleTo, de la nobleza y de los comunes. Faltando estos cuerpos políticos , bastóle asegurarse de un hombre hábil y corrompido : este fué el marques de Pombal. El primer ataque de la filosofia debia ser dirigido contra aquella cor poracion de misioneros que predicaban el Evangelio en todas las partes del mundo, y que Voltaire llamó los granaderos del Papa. El marques de Pombal los arrebató de las selvas del Paraguay y de sus colegios de Portugal, y hacinados en el fondo de los navios, como lo fueron despues, en 1793, por los filósofos, los sacerdotes franceses, fueron arrojados a las costas de los estados pontificios , llevando consigo el sentimiento de todos los habitantes de las posesiones portuguesas. El marques de Pombal mandó prender a los obispos que defendian este instituto , y pa. ra que su tiranía no pudiese hallar otros obstáculos, fingió conspiraciones para esterminar las familias mas pode

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rosas.

Algunos años despues, el conde de Aranda corresponsale de Voltaire, é instrumento del duque de Choiseul, persuadió á Cárlos III que estos mismos misioneros eran sus enemigos personales. Fueron desterrados á un mismo

tiempo de España , y de las dos indias, y tambien arrojados á millares á las costas del estado eclesiástico. Cárlos III , engañado por su ministro , no quiso manifestar, ni al Papa mismo, el motivo de esta persecucion. Declaró que guardaba este secreto en su real conciencia. Si hubiese ha. bido cortes en España, nunca se hubiera tentado un golpe semejante. La España, como el Portugal, no tendria que llorar en el dia la pérdida de aquellos preceptores de la juventud ( 19 ), que la hubieran preservado del contagio de las doctrinas impías y revolucionarias, y la colonia cristiana del Paraguay, hubiera bastado sola para mantener á todas las colonias de América en la obediencia de los dos soberanos.

Pero principalmente cuando los revolucionarios han triunfado en una nacion, y cuando han logrado apoderarse de su gobierno , entonces se hace indispensable un congreso formado de los varios estamentos de la misma.

Cuando Sila hubo renunciado la dictadura, interrogado por el filósofo Eucrates en que fundaba su seguridad, contestó : « Sila acaba de dar á cada familia de Roma

un

ejemplo doméstico y terrible; cada romano me tendrá con► tinuamente á la vista ; y hasta en sus mismos sueños: le ► apareceré cubierto de sangre ; creerá que está viendo aun » las listas funestas, y que lee su nombre el primero en» tre los de los proscritos

Este terror ( 20 ) que inspiran los revolucionarios aun cuando ya no empuñen el cetro, es el que hace necesario para la seguridad del estado, llamar al rededor del mo

aquellos de entre sùs vasallos que tengan mas interes en la conservacion del mismo estado. Todo hijo de Adan está espuesto a la seduccion у

al error, y mucho mas que los demas hombres. El privado de Jaime I

narca

los reyes

de ver

?

el duque de Buckingham excitando el primero una opo: sicion facciosa en la cámara de los comunes para hacerse necesario á su rey , preparó el cadalso en que pereció Carlos I. MM. Turgot, Malesherbes ( 21 ) y Necker, en quienes Luis XVI puso su confianza , fueron la causa in mediata de la caida del trono de Francia. Manuel Godoy llevó á Cárlos IV y á toda su familia á Bayona; acabamos

como Ballesteros y Abisbal , de quienes se fiaba FERNANDO VII, lo han arrastrado al cautiverio.

El general Elio, viendo que la revolucion estaba para estallar al rededor del palacio mismo de su rey, á principios de 1820 vino á Madrid á ofrecer sus servicios á FERNANDO VII, y le propuso el tomar la ofensiva contra los francmazones de Madrid, como lo habia practicado el general Eguia en 1814: El duque de S. Fernando le man. dó que se volviese á Valencia, tratándole de Ultrarealista.

El Rey está perdido y nosotros tambien, dijo Elio , vol. viéndose á Valencia ; y ha sufrido el garrote , seis meses antes que el ex-ministro S. Fernando haya tenido que oir decir al rey por uno de sus sucesores en el ministerio, que lo mandaria atar para llevarlo donde quiera que las cortes dispusiesen. Si FERNANDO VII, desde 1814, hubiese çonvocado las antiguas cortes por estamentos , no cabe duda que los generales Elio , Eguia , Castaños y otros mil vasallos fieles hubieran ocupado un lugar en alguna de las cámaras. Todos los venerables obispos de España hubieran estado al rededor del rey , y los tres órdenes del estado, le hubieran manifestado la conducta de Abisbal y de sus pérfidos cómplices ; los vocales de aquel gran congreso , llamados de todos los puntos del reino, le hubieran hecho conocer aquellas sociedades secretas , que últimamente, por

Asi es que

la desidia del gobierno, ya eran públicas, y á buen seguro que el trono de España aun mantendria todo su esplendor.

los
que

han tenido ocasion de tratar con frecuencia á los emigrados españoles, todcs han reparado que, aunque divididos en punto á la eleccion de sus gefes , estaban perfectamente acordes en su opinion para la convocacion de cortes por estamentos, é igualmente convencidos de que su monarca estaria en el mayor peligro, si se le dejase otra vez solo y desamparado, ante la violencia, la osadía y las astucias de los revolucionarios.

Concluyamos sobre este asunto. Algunos estrangeros habian creido que podria establecerse en España y en Portugal un parlamento con dos cámaras, pero estas dos naciones enteramente cristianas у católicas nunca consentirian á que el clero no tuviese su voto separado en las cortes, y el poder de contrarestar todo aquello que podria disminuir el influjo de la religion. Algunas observaciones sobre las divisiones que se hart

manifestado entre los realistas españoles. Entre los realistas españoles se han originado ciertas disensiones, como se originaron entre los gefes de la Vandea. Cuando en una monarquía empieza la guerra civil, y no se presenta un príncipe de la familia real para capitanear a los defensores del trono, es imposible que no se manifiesten competencias muy sensibles entre los gefes, cuyos derechos son iguales. ¿ No hemos visto , acaso, despues de los cien dias , al conde de Autichamp por una parte , y por otra al general Canuel y al conde Augusto de Larochejaquelein, escribiendo memorias en que recordaban que habia existido la desunion mas funesta entre los generales Vandeos ? Sin

embargo, ¿quien puede dudar de la decision y de la pureza de sentimientos de estos excelentes realistas ?

Dos ministros fieles de Fernando VII estaban emigrados en Francia, el teniente general Eguia, antiguo ministro de la guerra, y el marques de Matailorida, que se hallaba de ministro de gracia y justicia cuando el rey perdió su libertad. El general Eguia fue el que precedió al Rey á Madrid en 1814 y ejecutó con firmeza y prudencia las órdenes de S. M. C. para la disolucion de la regenı ia у

de las cortes. El dia en que fue retirado del ministerio y sustituídole Ballesteros, fue mirado por todos los buenos españoles, como presagio de las mayores desgracias. Bajo sus órdenes , los generales Quesada y Santos Ladron han sido los primeros que han desplegado el estandarte real en Vizcaya y Navarra; el cura Merino y Závala nunca han dejado de tener correspondencia con este general

Besieres se apoderó de Mequinenza en julio de 1822 ; el Trapense y Romagosa tomaron, poco despues , las fortalezas de Urgel ; el teniente general baron de Eroles sujetó todo el valle del Segre desde el Pirineo hasta las bocas del Ebro. El marques de Mataflorida , quien , segun se cree contribuyó principalmente a la direccion de los sucesos de Cataluña , salió entonces de Tolosa, y proclamó en Urgel, á 13 de agosto la instalacion de una regencia, cuyos miembros fueron , este mismo ministro , el arzobispo de Tarragona, y el baron de Eroles.

Todos los españoles conocieron cuan necesaria era la unidad del gobierno; el Trapense fué á Navarra en busca del general Quesada, y le persuadió que viniese á reconocer a la regencia de Urgel. Por fin el general Eguia aunque era el general mas antiguo de España y consejero de estado , hizo el noble sacrificio de su rango, y reconoció la regencia.

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