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CAPÍTULO XXXI

De las demás poblaciones importantes de ambas provincias durante la Edad

media y el Renacimiento

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AMOs á terminar nuestro estudio sobre el arte monumental en las provincias de Sevilla y Cádiz recorriendo las poblaciones que mayor interés

ofrecen en una y otra provincia fuera de sus dos

capitales. Y puesto que para viajar con la fantasía á nuestro albedrío no tenemos necesidad de sujetarnos á las condiciones comunes, y no siempre gratas, de la locomoción por mar ó por tierra, en carruaje ó ferro-carril, dispondremos de la manera que nos sea más cómoda nuestras excursiones. Sin

que nos arredren ásperas sierras ni hondos barrancos, ni los impetuosos torrentes, ni los caudalosos ríos y brazos de mar, iremos visitando castillos, palacios, templos, seculares ruinas de construcciones de todo género, empezando por las risueñas poblaciones que contornan la bahía gaditana, y encaminándonos luego á todos los otros puntos donde la historia del arte ó la de nuestra antigua civilización cristiana tengan alguna obra notable ó algún recuerdo halagueño que registrar.

Inclinado un tanto al nordeste respecto de Cádiz, y en una punta de piedra que entra en la mar, se halla sirviendo de fortaleza avanzada al Puerto de Santa María, y marcando por un lado la boca de la hermosa bahía, el castillo de Santa Catalina. Alzase allí como el espectro de un gigante descabezado á quien es inútil interrogar acerca de su origen y vicisitudes. La primera población importante que, penetrando en la espaciosa ensenada, hallamos á nuestra izquierda, es el mencionado

PUERTO DE Santa María, antiguo puerto de Menestheo.Esta ciudad, cuyo caserío lame el Guadalete para desaguar en la bahía formando en su desembocadura una peligrosa barra, es más célebre por sus corridas de toros y sus bodegas que por sus antiguos monumentos. En el comercio de vinos compite con Jerez y excede á San-Lúcar, pero en antigüedades queda muy inferior a ellas. Es fama que cuando el rey don Alonso el Sabio restauró este puerto de los moros por los años 1264, lo encontró todo destruido y asolado, y lo reedificó en honor de la Virgen María, con cuyo sagrado nombre pretendió borrar el recuerdo gentilico de la diosa Juno, que en él tuvo un famoso templo. Fundó el propio rey su iglesia parroquial y prioral, que lleva la advocación de Nuestra Señora de los Milagros, y dice Horozco que mandó pintar en sus puertas la persona del grande y fortísimo san Cristóbal con la divina carga de Dios sobre sus hombros, costumbre originada de la que tenían los gentiles de poner á la entrada de los templos consagrados á Juno, á Hércules con el mundo á cuestas, ó con la muestra de cualquiera otra de sus hazañas.---Parecióle esta iglesia al citado historiógrafo muy semejante en su exterior a la Catedral de Se. villa; ¡qué candorosa alucinación! La recuerda algún tanto en la disposición del pretil ó lonja que la circuye al occidente, con marmolillos que quizá son antiguas columnas; en el atrio que conduce á su imafronte; en el muro de cerramiento de dicho atrio, fortalecido á trechos con estribos, en el cual duran todavía dos lindas ventanas con sus columnillas y baquetones que están claramente indicando la primera construcción del siglo xiii (1); recuérdala, por último, en su fachada gótica, que aún está sin concluir después de haber habido dinero bastante para levantar á la entrada del atrio en el siglo xvii una portada barroca; pero ciertamente, y por fortuna, nada hay en el exterior de la Catedral de Sevilla que se parezca á esta portada, en que la afición á las columnas de balaustres y palitroques raya en manía.

Fué el Puerto cedido por el rey don Sancho el Bravo por juro de heredad al almirante genovés Micer Benedicto Zacarías; vendido por éste á doña María Alonso Coronel, la esposa de don Alonso Pérez de Guzmán, á quien hizo merced el rey de toda la tierra que abraza la costa desde la desembocadura del Guadalquivir hasta el Guadalete, y de todas las almadrabas desde el Guadiana hasta la costa de Granada; convertido luego en dote de doña Leonor Pérez de Guzmán al casarse ésta con el duque de Medinaceli, don Luís de la Cerda; erigido en cabeza de condado por los reyes Católicos en favor de sus poseedores; incorporado por último á la corona por Felipe V para pade. cer durante la guerra de Sucesión con la mayor lealtad la invasión y el saqueo de los aliados. Durante los siglos XIII, XV y xvi, se prepararon en el expediciones contra Marruecos, para la conquista de las Canarias y para invadir á Portugal, y los nombres de Zacarías, Pedro de Algaba y Pedro Fernández, Juan de la Cosa, Cristóbal Guerra y don Alvaro de Bazán, son entre sus naturales gloriosos y populares.— El siglo xviii comenzó aciago para el Puerto en 1702: mientras el animoso Felipe de Borbón guerreaba en Italia reivindicando sus derechos, la es. cuadra combinada anglo-holandesa, auxiliar del archiduque Carlos, sorprendía á Cádiz; y en tanto que el príncipe de Darmstadt que la mandaba promovía por medios secretos el levantamiento

(1) V. la lámina: Puerto de Santa Maria-Iglesia mayor.

de toda la Andalucía, sus tropas se dieron á saquear las poblaciones de la marina, adonde los consternados gaditanos habían mandado sus papeles y tesoros; y el Puerto de Santa María experimentó, juntamente con Rota y Puerto Real, los abominables excesos de una soldadesca desenfrenada.

Además de la iglesia parroquial, tiene el Puerto otros templos pertenecientes á conventos de regulares y de monjas y á institutos de beneficencia: el Hospicio, el Hospital de la Caridad, san Juan de Dios, la Casa de huérfanas, la Capilla de Jesús, la Ermita de la Sangre, San Marcos, el Espiritu Santo, la Purísima Concepción, las Capuchinas, san Francisco, san Agustín, los Franciscanos Descalzos, los Mínimos de la Victoria: todas iglesias desnudas de bellezas artísticas, así en su arquitectura como en sus retablos y altares. Entre los conventos que fueron de regulares, solo los de san Francisco, san Agustín y la Victoria, existían á fines del siglo xvi; entre los de religiosas solo pertenece á buena época el del Espíritu Santo; pero todos eran pobres, á excepción del de Mínimos de la Victoria, fundación de los duques de Medinaceli, que todavía muestra en los robustos pilares y en la gentil bóveda artesonada de piedra blanca de su iglesia, y en los suntuosos claustros у

escalinata del convento anejo (1), la piadosa liberalidad de su patrono. Los de San Agustín y San Francisco contenían sin embargo, el primero un Jesús Nazareno con la cruz á cuestas, del Praxiteles andaluz, Martínez Montañés, y el segundo una Sacra familia del Caravaggio setabense, Jusepe Ribera, repetición de otro que existió en la iglesia vieja del Escorial (2).

(1) El convento de la Victoria, antes de la revolución de 1868 sué cedido á los laboriosos Jesuítas, que tuvieron en él un Noviciado.- Después de la revolución, ya en pleno período republicano, se pensó en hacer de este convento una penitenciaría política. Dictóse la medida por el ministerio de la Gobernación, pero consta que en 1876 ya estaba este proyecto dado al olvido, porque con fecha del 31 de agosto de dicho año proponía el Sr. D. Adolso de Castro, en el seno de la Comisión de Monumentos de Cádiz, que suese destinado á panteón de hijos ilustres de la provincia.

(2) V. á CEÁN, Diccion. art. Ribera.

Hermosa es la situación del Puerto, espaciosas y limpias sus calles, alineadas y alegres sus casas, que lucen como las de Cádiz el lujo de sus revoques y tersos cristales; grato solaz ofrece el paseo de la Victoria con sus perfumadas y sombrías alamedas de naranjos y acacias; y las famosas bodegas, rivales de las de Jerez, en que tiene el dios Libre templos en forma de basílicas, brindan con deleites epicúreos de la indole más aristocrática;- pero nada de eso nos interesa á nosotros, humildes

у sobrios peregrinos en la tierra de las artes y de la historia, solo codiciosos de bellezas que hablen al alma más que á los sentidos (1). — Crucemos, pues, la mansa corriente del Guadalete por el elegante y ligero puente de hierro con que la moderna industria ha suplido la falta del antiguo puente de fábrica: allí quedan anegados los arranques de los robustos pilares de éste, atestiguando la verdad con que se dolía el buen Horozco de que no había estómago para reedificarle: atravesemos el río de San Pedro y las marismas de la lengua de tierra que se prolonga para formar el estrecho paso que defendían en otro tiempo el Puntal y Matagorda, nuestros Dardanelos en la bahía gaditana, y hagamos una breve parada en la villa de

Puerto Real. — Fundaron esta población los reyes Católi. cos en 1488, asomándola al seno más interior ó segunda ensenada de la bahía, sobre las ruinas del antiguo puerto gaditano que construyó Balbo. Su historia es enteramente moderna, porque no empieza a adquirir importancia sino en la guerra de Sucesión, ni á inspirar interés sino cuando la señorean en el mencionado año 1702 las tropas del Archiduque, y la dejan entregada á su triste desolación al abandonar el intento de expugnar á Cádiz. Los franceses durante la guerra de la Indepen

(1) Durante nuestra breve visita al Puerto, vimos restos poco interesantes de un castillo acerca de cuya historia y vicisitudes no hemos podido adquirir datos. El edificio se hallaba enteramente arruinado y no encontramos en el accidente alguno arquitectónico que nos permitiese columbrar su época. Por esta razón no lo hemos incluido entre los monumentos notables de esta ciudad.

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