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gente de

dilatada en que forman variado tapiz los cortijos, los olivares, las mieses, las dehesas: inmenso idilio que embalsama el corazón y fortifica el espíritu con la dulce esperanza de que quizá no volverán ya nunca á asolar y despoblar esas fértiles campiñas contiendas feudales y guerras fratricidas; y de que en las dilatadas llanuras de la izquierda del Guadalquivir, ubres copiosas de la España meridional, habrá sucedido para siempre al atropellado y ominoso discurrir de los bandos armados, el sose. gado y lento desfilar de los rebaños; al agrio clarín que infundía espanto en los sencillos campesinos, la alegre algazara de las ferias y romerías: á los lamentos de la familia esquilmada por la

guerra, los cantos de júbilo de los labradores que ven colmadas sus trojes, rebosando sus lagares, destilando oro líquido sus vigas, y llevando al mercado sus bueyes en carretas enramadas la bendición del cielo en los ópimos frutos de sus campos.

La deslumbradora cal de Morón, que causa grima al anticuario, y que sin embargo da á larga distancia tan alegre aspecto de vida y aseo á las poblaciones andaluzas, disfraza muchas antiguallas de Carmona. Felizmente las puertas de esta ciudad no están blanqueadas, y la que lleva el nombre de Puerta de Sevilla presenta en toda su adusta grandeza los restos de la antigua fortificación: -arcos semi-circulares de inmensa altura, lienzos de muralla cortados por gigantescos cubos de sillares almohadillados en la base, barbacana, plaza de armas con aljibes, capilla arruinada, arcos árabes que no se sabe ya qué edificio formaron. Otra puerta, que se halla al extremo opuesto de la ciudad, y que conduce al camino de Córdoba, construida sobre los fundamentos de una puerta romana, lleva emparejadas dos obras de arte y estilo opuestos, un ligero arco sarraceno de ojiva túmida, y una pesadísima portada greco-romana, de Herrera.

Los templos de Carmona son semejantes á los de las otras poblaciones que acabamos de recorrer: las bóvedas ojivales alternan con los alfarjes moriscos: en las naves, los pilares greco-romanos con los haces de columnas; en los cruceros, las bóvedas por arista con las cúpulas; en las portadas, las líneas del siglo xv con las reminiscencias arábigas ó mauritanas, у

el ladrillo con la piedra; en las torres, las agujas y cupulinos de brillantes azulejos con los cuerpos de órdenes sobrepuestos de la escuela greco-romana, más o menos decadente. Así son Santiago, Santa María, Santa Clara, San Salvador, San Bartolomé у San Felipe (1).

Detrás de la iglesia parroquial de Santa María descubrimos una casa palaciana con una mediana fachada de la pasada centuria, dórica en el primer cuerpo, jónica en el segundo. — Otra

(1) Santiago.-Tres naves, tres ojivas muy sencillas á cada lado, bóvedas por arista, arco ojival en la entrada al presbiterio. Coro á la entrada. Fachada con puerta ojival sencilla. À la derecha una torre de planta cuadrada: arabescos en su parte anterior: en el remate, cupulita ó linterna.

Santa Clara.-Una sola nave, con las paredes cubiertas de imágenes de santos. Techumbre artesonada. Arco ojival á la entrada del presbiterio, sobre gruesas columnas istriadas: la bóveda del presbiterio, por arista. Fachada antigua, tapiada: presenta una sencilla ojiva encuadrada, con una ligera cornisa encima.

Parroquia de Santa María.-La precede un patio en que quedan vestigios de mezquita musulmana, según dijimos al tratar de la Karmunah sarracena. Iglesia de tres naves, separadas por haces de columnillas, sobre cuyos capiteles bajos cargan las ojivas laterales y las de las naves menores, y en cuyos capiteles altos descansan las ojivas de la bóveda central, llena toda de claves y nervaturas de la decadencia gótica : capillas ojivales. - Coro en medio del templo.- Crucero, de bóveda por arista, muy elevada.-Fachada de ladrillo, con una torre de elegancia suma. La planta de la torre es cuadrangular: lleva en lo alto del primer cuerpo cuatro agujas; el segundo cuerpo está decorado con ménsulas que sostienen una graciosa cornisa; el tercero tiene pilastras, y aguja de azulejos por remate. Angostas lumbreras dan luz a estos cuerpos. – Tiene esta iglesia una portada ojival encuadrada, toda de ladrillo muy fino, con una archivolta de piedra exornada de puntas de diamante.

San Salvador.–Tres naves divididas por pilares, con pilastras de orden compuesto, con su entablamento, dos zonas sobrepuestas, dos órdenes de arcadas, dos coros, uno alto y otro bajo.-Bóvedas por arista : bella cúpula en el crucero: altar mayor adocenado; dos puertas laterales.-Fachada dórica muy sencilla, pero de bastante elegancia, con dos solas columnas; un escudo de armas en un segundo cuerpo, y dos torres, una de ellas sin concluir.

San Bartolomé.—Bella fachada ojival, con la archivolta de la puerta encuadrada. Interior de tres naves.

San Felipe.-Puerta ojival abierta en una torre de planta rectangular, con lumbreras angostas decoradas de ligeras columnillas. Tiene tres fachadas laterales por el mismo estilo, pero aún más severas. Interior de tres naves, divididas por pilares con columnas adosadas á ellos. Arquería ojival; techumbre de madera.

casa de no inferior jerarquía, y de no menos agradable estilo, existe en frente de la que debió ser fachada principal de la propia parroquia.—Por último, salimos de la ciudad con el disgusto de no saber á quién pertenece otra graciosa joya de arte, que es una antigua casa, situada en un ángulo de la espaciosa plaza de Isabel II, que presenta ocho bellísimos ajimeces sostenidos por esbeltas columnillas de mármol, decorada la pared con alicatados árabes y azulejos.

Descendemos de la altura de Carmona, y por entre frondosos y alegres olivares, blancos cortijos y bardales contornados de pitas, que dan el aspecto de una decoración de fiesta á la abierta y descampada Luisiana, llegamos á una suave pendiente, desde cuya cima descubrimos, majestuosamente tendida en una espaciosa hondonada que fertiliza el Genil, y alzando al cielo sus ligeras torres que relumbran al sol revestidas de matizados azulejos, la populosa ciudad, término de nuestro largo y fatigoso viaje:

ÉCIJA.-Émula de Córdoba y Sevilla por su riqueza y monumentos artísticos bajo las tres dominaciones romana, visigoda y sarracena, apenas podría rivalizar hoy con los más modestos pueblos de la campiña en galas de arte cristiano. Los templos de Écija ofrecerían vasto campo á nuestras descripciones, si en vez de detener la pluma en el límite final del período del renacimiento, hubiera sido nuestro objeto trazar la historia de la decadencia de la arquitectura desde esa época hasta nuestros días. Sus torres, adornadas de cartelas, balaustres y azulejos, aunque vistosos indicios de una inusitada magnificencia, no tienen cabida en nuestro cuadro. Lo mismo decimos de los palacios de sus magnates: ciertos accidentes escenográficos de buen efecto, algunas portadas, algunos balconajes, algunas decoraciones y revoques de gusto italiano, y de más opulencia que belleza, no constituyen timbres artísticos dignos de loa.

Lector amigo, es llegado el momento de despedirnos. Quisiéramos tal vez tú y yo haber completado nuestras exploraciones

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arqueológicas con un nuevo giro por la tierra que a la derecha del Guadalquivir nos brinda aún, si no con monumentos de grande interés, al menos con memorias de los gloriosos días de la restauración. Catilbanco, Guillena, Alcalá del Río, la Rinconada, Gerena, la Algaba, Valencina, Castilleja, Tomares, Espartinas, Sanlúcar la Mayor, Umbrete, Gelves, Coria, Bollullos, Aznarcollar, Rianzuela y otros varios pueblos que caen á ambas márgenes del río de Sanlúcar, merecerían en efecto los honores de una visita, aun cuando no fuera más que por haber albergado en sus caseríos á unos cruzados de no menos fuste que los que siguieron á los Godofredos y Balduinos á la conquista del Santo Sepulcro. Pero la noticia casi exclusiva de sus franquicias y privilegios, recompensa de la lealtad y del valor, sería escasa cosecha como indemnización de nuestra fatiga. Esta, por otra parte, sería demasiado grande para el que, como nosotros, tántos tumbos ha dado ya y sinsabores ha sufrido en la bendita tierra de María Santísima. Hagamos alto en la sartenilla de Andalucía; mas antes de regresar a nuestros hogares, descansemos un instante en la florida Alameda: y al pié de esas estatuas alegóricas y barrocas de las Estaciones, respirando el ambiente aromático de los valles que baña el Genil, recibe, según la costumbre de nuestra patria, esta mano dispuesta á estrechar la tuya en testimonio de amistad y acción de gracias por tu fiel compañía.

FIN

INDICE

Páginas.

INTRODUCCIÓN.

Capítulo I.-Nociones geográficas y etnológicas relativas a las dos

provincias de Sevilla y Cádiz.

Cap. II.-Sevilla y Cádiz en los tiempos prehistóricos.-Narraciones

y monumentos más o menos fabulosos y apócrisos..

Cap. III.-Inmigraciones de los fenicios.-Conjeturas acerca del famo-

so templo de Hércules...

CAP. IV.- Fábulas é historias referentes á otras construcciones de los

fenicios. . . .

Cap. V.-Inmigraciones de griegos, cartagineses y romanos, y sus co-

lonias.—Navegaciones de los gaditanos.-Luchas entre los carta-

gineses y los naturales..

Cap. VI.-Sevilla y Cádiz bajo la dominación romana..

Cap. VII.—Memorias y monumentos artísticos de la época romana.-

Astigi. Ilipa. Itálica..

Cap. VIII.-Continuación.-Hispalis.-Osset. - Solia.-Carmo.-Hie.

nipa.—Orippo. Caura Betis ó Utriculum.— Searo.-Ugia.-Ne-

brissa..

Cap. IX.-Continuación: Urso ó Ursao, Colonia Genitiva Julia y Ge-

netiva Urbanorum.— Astapa.-Ventipo.- Calentum.- Maxilua.-

Carteia.—Julia Transducta.-Mellaria.--Belone.-Bessipo.-Pro-

montorium Junonis. - Erytheia.-Gadira. - Menesthei portus.-

Turris Capionis.-Lucendubia. .

Cap. X.—De otras poblaciones en lo interior de la provincia romana:

Asta.-Asido. --Ceret.-Arci.-Carissa.-Lastigi.

CAP. XI.- Principios del cristianismo en las provincias de Sevilla y

Cádiz.-Las iglesias de los tres primeros siglos. .

Cap. XII.-El cristianismo bajo la paz de Constantino: periodo de

transición. .

Cap. XIII.-Los Bárbaros en la Bética.—Situación de las iglesias bajo

su dominación..

Cap. XIV.-Influencia benéfica de la Iglesia gótica.

Cap. XV.-Leovigildo y Hermenegildo.

CAP. XVI.-Recaredo y sus sucesores.-Actitud del clero.-Leandro

é Isidoro.-La escuela isidoriana.-Cuadro de la civilización visi.

goda.

Cap. XVII.-Irrupción agarena.-Rota de Guadalete.

Cap. XVIII.—Tarik y Muza.--Razas y tribus que se establecen en

Andalus.-Constitución del Califato..

Cap. XIX.-Los mozárabes. — Los normandos. — Antagonismo entre

cristianos y muslimes.—Monumentos del Califato en las provincias

de Sevilla y Cádiz.

Cap. XX.-Tracto del siglo xi al XII.-Reinos independientes.-Almo-

ravides y Almohades.

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