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Página 174 - Un ángulo me basta entre mis lares," un libro y un amigo, un sueño breve que no perturben deudas ni pesares.
Página 169 - El ánimo plebeyo y abatido elija, en sus Intentos temeroso, primero estar suspenso que caído; que el corazón entero y generoso al caso adverso Inclinará la frente antes que la rodilla al poderoso.
Página 177 - La codicia en las manos de la suerte se arroja al mar, la ira a las espadas, y la ambición se ríe de la muerte.
Página 176 - No resplandezca el oro y los colores en nuestro traje, ni tampoco sea igual al de los dóricos cantores. Una mediana vida yo posea, un- estilo común y moderado, que no lo note nadie que lo vea.
Página 27 - Dilata hasta los montes su ribera. Aquel entre los héroes es contado Que el premio mereció, no quien le alcanza Por vanas consecuencias del estado. Peculio propio es ya de la privanza Cuanto de Astrea fué, cuanto regía Con su temida espada y su balanza.
Página 175 - Mas no podrás negarme cuan forzoso este camino sea al alto asiento, morada de la paz y del reposo. No sazona la fruta en un momento aquella inteligencia que mensura la duración de todo a su talento.
Página 340 - Aquí de Elio Adriano, de Teodosio divino, de Silio peregrino rodaron de marfil y oro las cunas; aquí ya de laurel, ya de jazmines coronados los vieron los jardines que ahora son zarzales y lagunas.
Página 337 - ¡oh fábula del tiempo!, representa cuánta fue su grandeza y es su estrago, ¿Cómo en el cerco vago de su desierta arena el gran pueblo no suena? ¿Dónde, pues fieras hay, está el desnudo luchador? ¿Dónde está el atleta fuerte? Todo despareció: cambió la suerte voces alegres en silencio mudo; mas aun el tiempo da en estos despojos espectáculos fieros a los ojos, y miran tan confusos lo presente que voces de dolor el alma siente.
Página 174 - ... arder, que estaba muerta. Quiero, Fabio, seguir a quien me llama, y callado pasar entre la gente, que no afecto los nombres ni la fama.
Página 248 - Y no valdrán las puntas de tu rama Ni tu púrpura hermosa A detener un punto La ejecución del hado presurosa. El mismo cerco alado, Que estoy viendo riente, Ya temo amortiguado, Presto despojo de la llama ardiente. Para las hojas de tu crespo seno Te...

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