Sangre patricia

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Tip. J. M. Herrera Irigoyeb & Ca., 1902 - 233 páginas
 

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Página 27 - Pero la rama principal, aquella a donde la fuerza del raigamen ascendía como una ola, se presentaba siempre, a la cita de la cosecha, con su carga de talentos y virtudes. Y en Tulio, último brote de esa rama, la conciencia del valer de su estirpe despertó la conciencia de su responsabilidad abrumadora.
Página 32 - Esos mismos no tardaron entonces en averiguarle un cierto extravío del cerebro. Su extrañeza consistía en no sentir y pensar como los otros. Y los otros no se lo perdonaban, como no le perdonaban sus actos de generosidad, porque veían en ellos una injuria.
Página 50 - ... esclavos, y los próximos a delinquir; unos, porque hallaron en él un pretexto fácil a su inacción y vileza; otros, porque en él hallaron preparada, como por manos complacientes, la mejor de las excusas. ¡Los cobardes! Nada sin la guerra se crea. En la naturaleza, una guerra perpetua es la perpetua creadora. La guerra forma pueblos, constituye naciones, hace la unidad y grandeza de las razas. Da vida, pan, oro y belleza. Cuando parece destruir, construye; cuando parece empobrecer, acumula...
Página 31 - ... le tocara ser un miserable héroe del sueño. Pero nunca dentro de su corazón volaron las albas palomas místicas, y si a la verdad pensaba con deleite en cosas de arte, cuando la palabra "artista" se asomaba a su espíritu algo tímida y recelosa, la fulminaba con un rayo de soberbia y la ahuyentaba y perseguía con su desdén más profundo: "¡Eso jamás, jamás, jamás!
Página 80 - Belén tenía los ojos como glaucos remansos limpísimos cuajados de sueño, y el cabello como un alga rizada y obscura que trenzaron las ondinas con sus diáfanos dedos luminosos. En el fondo del océano, según el creer de los pueblos, hay pérfidas deidades y monstruos malignos. Tal vez con aquella muerte, la mar y sus dioses vengaban antiguas pero inolvidables injurias.
Página 29 - En verdad, su estirpe guerrera, al través de muchas generaciones, apenas había consagrado al sueño breves pausas y raros individuos. De todos los Arcos, numerosos como un ejército, apenas hubo dos que penetraron el secreto de la miel escondida en la copa insondable y azul del ensueño.
Página 12 - ... aquella novia que mostraba en su belleza algo del color, un poco de la sal y mucho del misterio de los mares. Bien se podía ver en su abundante y ensortijada cabellera la obra de muchas nereidas artistas que, tejiendo y trenzando un alga, reluciente como la seda y negra como la endrina, encantaron el ocio de las bahías y las grutas; al milagro de su carne parecían haber asistido el alma de la espuma y el alma de la perla abrazadas hasta fundirse en la sangre de los más pálidos corales rosas;...
Página 35 - ... herencia a Tulio Arcos, y éste la disfrutaba con una tía abuela, sobreviviente de la última generación, y una tía materna que, a la muerte del marido, se acogió al amparo de Tulio, pobre de hacienda y rica de prole. Y de uno en otro la casa había llegado a Tulio, conservándose así como floreció en el duro corazón de la colonia, con su rigidez conventual y sus aires de patricia. Entre las de su especie, era de las pocas aún enteras, porque las otras habían recibido ya, en sus altas...
Página 12 - Ilusión, esta última, fácil de concebir ante aquella novia que mostraba en su belleza algo del color, un poco de la sal y mucho dal misterio de los mares. Bien se podía ver en su abundante y ensortijada cabellera la obra de muchas nereidas artistas que, tejiendo y trenzando un alga, reluciente como la seda y negra como la endrina, encantaron el ocio de las bahías y las grutas; al milagro de su carne parecían haber asistido...

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