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se en aquella villa la mencionada familia; nada tampoco se dice sobre esto en los Anales y cartas reales de la corte de Navarra.

El cuadro es de la segunda parte del siglo diez y siete o primera del diez y ocho, y parece, que sucedió a la opinión, que se debió generalizar no mucho antes; lo de la casa no tiene valor, porque parece más moderna; y la creencia de la villa no se ve que se remontara más allá del siglo XVII. En todo caso no hay indicios. Por otro lado más creo que se ha de explicar dentro de los hechos ciertos de la historia lo de Puente, que no transformar Rada en Reina. Y ahora lamento más la pérdida de los papeles, que escrutó Juan Bautista Pérez. Pienso que por ventura lo que leyó Pontis era montis; (1) por serlo así el alto de Rada. Sin embargo la misma situación topográfica nos induce todavía más fuertemente a sostener que la lectura de los citados autores es exacta y que hay que admitirla. Rada está separado del interior de Navarra al norte y occidente por el río Aragón, que allá en lo profundo se desliza hacia el Ebro. Es seguro que tenía comunicación por un puente propio, que igualmente hubo de ser destruído con ocasión de la vandálica destrucción de la villa. Y muy natural es que hubiera costumbre de nombrar a Rada con alusión antepuesta al Puente, en la época de la vida de Rodrigo Jiménez de Rada, y así se registró en los escritos.

Entre los autores graves quien dió momentáneamente cierta importancia al modo de discurrir de los que supusieron que Rodrigo pudo nacer en la comarca de Soria, fué Loperráez, el cual llevó el rumor corriente de entonces a su libro con un «dicen, que nació en tierra de Soria» pero enseguida lo rechaza así: «Según opinión común nació en Navarra» (2)

Quizás se alegue en favor de Puente la Reina el hecho de que el Arzobispo hablaba el vascuence o navarro como dicen los documentos. Pues de Puente la Reina se sabe que era su lengua. Nada concluye. También lo era de Rada. El navarro o vascuence era, según Sancho el Sabio, la lengua nacional, pues le llamaba «lingua navarreorum» Aun en el siglo XVII después de la venida de los Borbones a España, lo era de la parte superior de la Merindad de Olite, a la que Rada pertenecía. (3) El mismo Rada es voz vasca. Por lo demás reconozco que el argumento negativo, que he sacado en contra de Puente la Reina, no es perentorio. Pudo el padrede D. Rodrigo ser algún tiempo Señor de esa villa, de encargo del rey, y no tener ocasión de firmar cartas reales en ese tiempo y nacer allí entonces nuestro hombre inmortal. Lo que es imposible resistir es la lectura de Pérez, Mariana y otros, que nos conservan las noticias sacadas de los documentos de Toledo, en que aparecía Rada.

(1) En letra gótica, en particular la p y m pueden escribirse en muy confundibles formas.

(2) Ese «dicen» ejerció singular sujestión en Vicente de la Fuente, que muchas veces muestra lo que le cuesta ceder paladinamente tan grande gloria a Navarra; sin duda bajo el influjo de la rivalidad histórica de los aragoneses y navarros. En el Elogio parece que hay por de pronto intento de dar la impresión de que es aragonés, y apartar la vista de Navarra, al decir: «Nacido al pie de Sobrarbe oriundo de Castilla, su patria adoptiva» Es cierto que después copia el verso conocido y dice que era navarro. En la primera edición de la Historia, solo escribe que en las Navas «con su ardiente sangre navarra movia la pelea» En la segunda edición carga mucho sobre el «dicen» de Loperráez, sin dar argumentos; aunque termina así «según opinión más probable es navarro y nació en Puente la Reina (Tom. V. 228.) Escribe también el error de que sus padres, eran oriundos de Castilla. En Zurita veía lo contrario. ¿Qué le pasaría al hombre?

(3) Nobiliario de Val de Orba» por Elorza y Rada. Prólogo.

CAPÍTULO II

(1170-1202).

Niñez de Rodrigo.—Sus estudios en España.-San Martín de Finojosa, su tío.— Estudios de Jiménez de Rada en Italia y Francia.-Extensión de conocimientos que adquiere.

El mejor historiador de la Iglesia de España, llamando la atención acerca de la semejanza, que existe entre D. Rodrigo y el gran Lotario, que la Historia ensalza con el nombre de Inocencio III, escribe así: «Al lado de este gran Pontífice se levanta en España, pura y radiante, la gran figura del Prelado de Toledo, D. Rodrigo Jiménez de Rada, primer historiador de España, también Obispo a la edad de treinta años, y, siendo diácono, noble trasunto del gran Papa Inocencio, de quien fué amigo y panegirista.» (1) Y adviértase, que esta semejanza aparece hasta en la obscuridad en que se ocultan los primeros años de ambos personajes. De Inocencio III se ignora el año del nacimiento; y de sus estudios, se sabe solamente que los inició en Roma y los terminó en París.

En primer lugar también ignoramos el año del nacimiento de D. Rodrigo. Unos, con el Cardenal Lorenzana y Vicente de la Fuente, creen que nació hacia 1180; otros, con Cerralbo, Cejador y Altamira, que hacia 1170, en el mismo año, que su glorioso pariente Santo Domingo de Guzmán. Lo que se puede asegurar con certeza es que vino al mundo en el decenio del año 1170 a 1180, como se deduce de la siguiente observación, y en todo caso, antes de 1180.

Tenía establecido el tercer Concilio Lateranense, (2) habido en 1175, que a nadie se promoviera al episcopado antes de los treinta años. Luego en 1206, cuando los electores no encontraron obstáculo alguno para investirle de la dignidad episcopal de Osma, y en 1208 para elevarlo a la arzobispal de Toledo, ya había llegado a los años, que tan reciente cánon en absoluto señalaba. Hay más. Nos dice el mismo Rodrigo que vió al ínclito iniciador de la Orden de Calatrava, el valeroso castellano Diego Velázquez, (3) y murió este inspirador de San Raimundo de Fitero en 1194, alguno dice que dos años después. (4) Más convincente es todavía otro argumento, que sin intención alguna nos proporciona el mismo Arzobispo. Sabido es cómo el restaurador del reino de Navarra contrajo segundas nupcias con Doña Urraca, hija de Alfonso VII de Castilla. El buen rey García murió en 1150, dejando en la plenitud de la vida a su segunda mujer, la cual quedó sin hijos, y pronto

(1) Vicente de la Fuente.-Historia Eccl. tom. IV. p. 228. (ed. 2.) (2) P. Richard.-Concilios Generales y Particulares.-Siglo XII. año 1173. (3) «De rebus». Quem memini me vidisse. (4) De la Fuente. Hist. tom. IV. p. 295 (edic. 2.".)

abandonó a Navarra, para entregar su mano al noble y opulento Señor, Alvaro Rodríguez; y finó esa señora el año 1170. Don Rodrigo escribe de esa ex-reina de Navarra, «y me alcanzaron sus días». (1)

Conservó D. Rodrigo el nombre de su padre, al estilo de aquella era, llamándose Rodericus Simoni, como se ve en el testamento, que estando enfermo en París, otorgó. Vése claro, que Jimeno y Ximeno proceden de Simón o Simeón. Y vemos en los documentos cómo el padre del Arzobispo se firmaba Semen de Rada. «Bartolomeo de Rada, fijo que fué de Semen de Rada» (2) Otras veces se firmaba Eximeno de Rada. (3) Por eso los autores extranjeros le llamaron en latín, a D. Rodrigo, Semeno. Así Auberto Mireo (4) y Juan Alberto Fabricio. (5) Extraña es la evolución de Simón en Ximénez y Jiménez y no atina uno a que fenómeno fonético obedece.

No fué D. Rodrigo un vástago gigantesco, que agotara el vigor de su afortunada familia: vivió sus primeros años en el bullicio de otros hermanos, que dieron su nombre a la posteridad. Asombra la ignorancia y la confusión, que durante tantos siglos ha existido, archivándose, como se archivan, datos claros y copiosos. Todo lo que supo Mariana acerca de esto, lo expresó así: «Tuvo por hermana a doña Guiomar de Rada, por sobrino a D. Gil de Rada, a quien el mismo dió la tenencia de algunos castillos» (6) y a pesar de mencionar la famosa fundación de misas en beneficio de su familia, lo mismo que Garibay, no reparó en aquella cláusula terminante: «Establecemos otra capellanía por las almas del padre y de la madre y por mis hermanos y hermanas, que procedieron del seno de mi madre» (7) Los demás historiadores no han investigado más, y nadie ha dado otras noticias de los hermanos del Arzobispo.

Tres hermanos aparecen en el importantísimo convenio, que Teobaldo I celebró con uno de ellos el año 1238 (8). El que pacta con el rey es Bartolomé Jiménez de Rada, y hablando con el rey descubre de esta manera los nombres de sus dos hermanos: «Et mi hermano Bartolomé Seménez, qui las casas (de Rada) tiene en fieldad por vos et por mí, que vos libre (entregue) quietament» Después de dos frases sigue así: «que si D. Bartolomé Seménez mi hermano, deviniesse (faltase) Miguel Siménez, mi hermano deviniesse..., (9) Aquí están tres hermanos de D. Rodrigo. De otro cuarto consta por la carta de venta de sus bienes, que María, hermana de D. Rodrigo, otorgó en 1211 en Burgos. Llamábase Pedro Jiménez, que murió en Tierra Santa, (que eso significaba entonces el ultramare.) No sabemos qué aventura le llevó a aquellas regiones; pero puede creerse que la de las cruzadas. Exigió Sancho el Fuerte de Navarra a D. Bartolomé la escritura de homenaje, porque llevaba una conducta ambigua y poco ejemplar, como patriota, inspirando recelos de que quería pasar a otro soberano con su Castillo de Rada. Por eso Sancho el Fuerte de Navarra le requirió que pactase homenaje de fidelidad, y lo hizo el 23 de marzo de 1222 noblemente, como era su deber: «Bartolomé de Rada. hijo que fué de Semen de Rada devino vasayllo del rey Sancho de Navarra e hizo convenienzas»> (10) dice un documento antiquísimo.

Y ¿qué significa la cláusula restrictiva de D. Rodrigo, que en su documento escribe: «qui de matris meæ utero processerunt» (que procedieron del seno de mi madre)? Sugiere la idea de que debía tener otros hermanos no uterinos, pero sí procedentes de su padre, acaso de distinto matrimonio, quizás de otro modo, se

(1) De rebus. V c. 24 «et me sua tempora invenerunt.» (2) Arigita-Documentos... n.° 497. p. 342. (3) Vide. El Fuero de Tafalla. (4) Auctar. de Script. c. 392. (5) Bibli. Med. et infimo latinit c. 17 (6) Hist. XI c. 21. (7) Vid. Ap. LXII. (8) A su tiempo veremos todo lo que fué. (9) Cartulario de Teobaldo. p. 37 y 38. (10) Arigita Documentos. p. 342.

gún las facilidades, que daban las anchas tragaderas del fuero navarro a los nobles menos castos, tolerándoles uniones reprobadas por la moral cristiana.

De matrimonio posterior no puede ser; porque en la fundación de misas, en 1215, D. Rodrigo menciona a su padre y madre como difuntos, y en 1211, en la carta de venta de su hermana María, se habla de ellos, como vivos, y por lo tanto, si D. Jimeno tuvo varias mujeres legítimas, y procreó de ellas, la última de ellas fué doña Eva, madre de D. Rodrigo. Y ¿qué eran aquellas tres Señoras, D.a María, D.a Urraca y D.a Gracia, cuya heredad donó el Arzobispo al monasterio de Fitero el año 1214, y a las que llama hermanas, sororibus?

Algún tiempo creí que eran hermanas del Arzobispo: pero bien estudiada la frase (hæreditas quæ fuit Dœ. Maria et Dœ. Urraca et Gratiœ, sororibus) cesa la ilusión. Dice simplemente hermanas, pero no añade mías, (meis). Además esa doña Urraca parece ser que es aquélla Urraca de Rada, que en 1147 donó bienes a San Raimundo de Fitero, y hermanas suyas María y Gracia, y tías de D. Rodrigo, de las que heredó esos bienes, que donó al Monasterio de Fitero, para costear las magníficas fábricas que el Arzobispo construyó para los cistercienses en la villa riberana, y son hoy su mejor ornamento. Esto opinamos; pero confesando que también puede ser que fueran hermanas de D. Rodrigo; de forma que María fuera la monja de Burgos, y Urraca y Gracia, hermanas de ella; y que a las tres compró toda la heredad con el fin de donársela íntegra al monasterio fiterano. En este caso la Urraca de Rada de 1170 era distinta de la Urraca de que se habla aquí.

Moret adjudicóle otro hermano diciendo: «El Maestro Bibiano sucedió en el Obispado de Calahorra a D. López de Cadreita, caballero navarro, y en cuanto podemos entender, hermano del Arzobispo D. Rodrigo Jiménez» (1). Esto es una equivocación del analista navarro, proveniente de ese toponímico «de Cadreita>> Pero basta fijarse en ese López para caer en la cuenta de que es hijo de Lope y no de Jimeno, ese caballero navarro, que fué Obispo de Calahorra desde el año 1232 adelante, llamándose Lope Aznar, sin añadir lo de Cadreita. Fué varón de relevantes prendas, y se relacionó mucho con nuestro Arzobispo, como ya explicaremos.

Fué por lo tanto D. Rodrigo, hijo de una numerosa familia. Es imposible determinar qué lugar ocupa en el orden de los nacimientos de la misma. Si fué de los últimos, sus padres alcanzaron una venerable ancianidad; puesto que murieron cuando D. Rodrigo pasaba de los cuarenta años, en 1212, o en 1213.

Al compás del estruendo y zozobras de las guerras se meció la cuna del futuro salvador de España. La equivocada política del más grande monarca de los navarros preparó a la patria de D. Rodrigo dos centurias de guerras cruentas; y la época del nacimiento y juventud del héroe que estudiamos, fué la más recia y angustiosa.

Sancho el Mayor creó los reinos de Castilla y Aragón para coronar las frentes de sus hijos, Fernando y Ramiro, con la diadema real. Brotaron envidias y rivalidades entre los hermanos, y se guerreó sañudamente largos años, hasta que por el crimen de los Infantes navarros, perdiendo su rey, los navarros proclamaron por suyo al de Aragón. Pero el desacertado testamento de Alfonso el Batallador les movió otra vez a recoger la corona real y colocarla en la cabeza de un Infante heróico, D. García, nieto del precipitado de la Peña de Funes, mientras que los aragoneses, guiados por la influencia y hábil política del abuelo de D. Rodrigo, Pedro Tizón, proclamaban por rey suyo a Ramiro el Monje. Aquel día alboreó el siglo más sangriento para Navarra. Digno de notarse, todo el siglo (1134 1234) ocupa

(1) Lib. XXII. c. 3. n. 17

ron el trono navarro tres héroes coronados, García el Restaurador, Sancho el Sabio y Sancho el Fuerte. Aragón y Castilla se unieron con estrechos y reiterados pactos para arrojar del trono al rey y dividirse a Navarra: «pacto de partición de la túnica del justo» dice un historiador insigne de Castilla, el Ilustrísimo Prudencio Sandoval; pero pacto frustrado, porque dice de su parte el Príncipe de los historiadores castellanos, Mariana «repartían la caza antes de haberla apresado». Los tres reyes tuvieron que luchar cien veces desesperadamente contra los dos reinos coaligados, que a la vez acometían las fronteras navarras. La lucha ardió más titánica en el apogeo de la estirpe de los Radas, pues, como caudillos bravos de la independencia, se batieron al lado de sus reyes.

En los primeros años de la vida de Rodrigo, la presión de las armas de Aragón y Castilla fué terrible; y Sancho el Sabio, monarca ingenioso, lo expresó de esta manera, según cuenta Sandoval. «Tomó el rey don Sancho por divisa, aludiendo a los dos reyes enemigos, que le querían tragar el reino, una banda de oro en campo colorado, con dos leones que la tragaban, asiendo por los cabos la banda: queriendo decir en esto que así le querían los príncipes tragar el reino pequeño, si bien de oro en el valor y nobleza de los naturales y fertilidad de la tierra». (1)

Mientras así corría el padre del niño Rodrigo, de campaña en campaña, y de batalla en batalla, regresando a temporadas en compañía de los demás Radas a su familia, a descansar de sus hazañas, y a narrar las acciones y peripecias de la guerra, el nuevo vástago fué creciendo al tenor de los años, saturándose su espíritu en aquella atmósfera de valor y de bélicas empresas, que dieron a su ánimo aquel temple y genio guerreros de primer orden.

Pero esta atmósfera de táctica militar y narraciones bélicas de los héroes de su casa no determinaron rutinariamente la carrera del niño Rodrigo. Dejando la de su padre y abuelo, se lanzó por la de las letras, que en aquella edad no lograban, en las casas de alcurnia, el alto honor que siempre merecen, por ser el primer timbre del espíritu humano la aureola de la sabiduría.

La Providencia, que ciertamente enviaba a España a este niño con fines altísimos, le deparó un ambiente propicio para que germinara en su inteligencia el amor de las letras, y se desarrollara con exuberancia.

El rey, en cuya corte vivía su padre, y a quien Rodrigo «conocía» (2) y trató, era un amante de la ciencia, el primer soberano, que en España mereció el sobrenombre de Sabio. La primera autoridad eclesiástica, estaba en manos del sabio Obispo, Pedro de París, hijo de Artajona, enamorado de los hombres cultos, varón señalado por su sabiduría. Rozándose, como a la fuerza se rozó, por seguir la familia Rada la vida de la corte navarra, con este elemento tan adecuado, el joven Rodrigo, nacido para escalar la cima de la más alta cultura, no es extraño, que se decidiera, como se decidió, a emprender la carrera de las letras.

¿Dónde hizo D. Rodrigo los estudios? Distingamos. Ya sabemos dónde adquirió la cultura superior, que en aquella edad adquirían los que, después de poseer todo lo que necesitaban para desempeñar dignamente los ministerios eclesiásticos de todas las jerarquías de la Iglesia, (ilustración común, que el clero español alcanzaba en su país) aspiraban a profundizar y ampliar más singularmente los estudios superiores. Pues era costumbre entonces acudir a sabias Universidades extranjeras con ese objeto, como lo hizo Inocencio III a los veinte años, lo hizo San Raimundo de Peñafort en 1210, e hicieron San Juan de Mata, Alejandro de Alés,

(1) Catálogo, p. 85. col. 1.a (2) Moret. Anales Lib. XIX c. 1. n. 1.

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