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que, con mano firme, sostuvieron la enseña de la ley, sin que flaqueara su ánimo ante el incentivo del peculado tentador, ni se dejasen arrastrar del malévolo espíritu de funesto despotismo.

Menester es convenir, sin embargo, en que, en tesis general, el aficionado á las letras prefiere, por ejemplo, el conmovedor idilio de Atala de Chateaubriand y las perfumadas páginas de Graziella de Lamartine al extracto de las cédulas reales sobre el tributo anual que nuestros aborígenes satisfacían como signo de vasallaje de la raza conquistada á los monarcas castellanos. Un cuento humorístico del travieso Luis Taboada, un ameno artículo de la bien reputada Pardo Bazán y los Recuerdos del tiempo viejo de don José Zorrilla, en los que el poeta se destaca en su juvenil edad, atormentado por amargas incertidumbres, decidido á emanciparse de las aulas de derecho, para disfrutar de su individualismo y hacer sacrificios en aras de las Musas, como si un genio profético le anunciara la rica herencia que a las castellanas letras iba á transmitir; esos y otros trabajos literarios análogos dan al espíritu un solaz que no proporciona en nuestros fastos coloniales el levantamiento, verbigracia, de los indios de Chiapa, ó el informe del señor de la Haya sobre la situación de Costa Rica, ó el viaje, si se quiere, del oidor Alvarez de Castro á Honduras para perseguir á los traficantes contrabandistas y pesquisar al gobernador don Hermenegildo de Arana, acusado de indebidos manejos en el desempeño de su oficial mandato.

La ausencia del elemento político, pues es el administrativo el que en esta clase de obras prevalece, retrae comunmente de su lectura; pero si no hay intrigas palaciegas, boato y brillo de cortesanos, pactos de alianza, ni relaciones de batallas que con sus choques de lanzas y es

padas, con el estallido de mortífero cañón y los horribles sacrificios de humanos seres gastan la vitalidad de los pueblos, hay risueñas y pacíficas escenas, que denuncian el candor y el atraso propios de la infancia de las sociedades, cuadros de relativo interés, de simpático colorido, que instruyen á los hombres serios y que si no deslumbran con el ostentoso aparato de hábil política, gloria militar y empresas gigantescas, enseñanles cómo vivían los aborígenes y las gentes de otras razas, cómo administraban estas regiones los delegados del poder central, cómo se ponían en práctica las sabias leyes que el Consejo de Indias elaboraba, cuáles eran los efectos del régimen adoptado; en una palabra, cuáles los elementos constitutivos de la sociedad que aquí vino formándose y de la que es una prolongación la que hoy, en brazos del gobierno propio y dueña de su suerte, se alza rebosando de energía y se afana por un lisonjero porvenir en la tierra misma en que se meció la cuna de las generaciones hundidas ya en el abismo de la nada. No por correr tras lo agradable ha de desecharse lo útil; que todo tiene su lugar, y sería síntoma de mental dolencia no simpatizar con lo que contribuye á llevar luz al espíritu. Mas no por eso se crea que rehusen su seductor esmalte á estas páginas esos acontecimientos que impresionan el ánimo de los que, si no hallan amenidad en una obra, la arrojan lejos de sí, relegándola al desprecio y al olvido.

Corren los siglos, caducan y se cambian las instituciones, los hombres mueren; pero las sociedades nunca perecen, siempre están renovándose, y la ley de la solidaridad rige imperturbable á la familia humana, estimulándola á escudriñar el pasado, punto de partida de la actual existencia. Al volver la vista al teatro de la colonia van ya vislumbrándose las ideas que habían de encauzar nuestra

marcha en más felices tiempos, por más que en aquellos, en que la ciega obediencia, las preocupaciones y el fanatismo religioso dominaban, no se conociese sino como una vaga aspiración, en reducido círculo contenida, cual debil destello de lejana luz, el sentimiento de la libertad individual, fuente inagotable de progreso en las asociaciones que han luchado por constituirse y engrandecerse.

La savia del añoso tronco hispano que daba vida al naciente organismo colonial de Indias, siguió alimentando al reino de Guatemala en el espacio de tiempo que abraza este libro. El espíritu castellano apareció en estas tierras · con la conquista; y al salvar distancia tan larga, flotando invisible, cual impalpable átomo, entre la niebla del Océano, ó bajo el sol del trópico, al penetrar en nuestras selvas vírgenes y en nuestros feraces campos, con los recuerdos de un glorioso pasado y las esperanzas de risueño porvenir, hizo ya columbrar en nuestros horizontes la transformación incesante que experimentarían las entidades que, producto de la fusión de españoles é indios, asomaban á la vida allí donde tuvieron su asiento los pueblos que entre amarguras y lágrimas inclinaron sumisos la cerviz bajo el incontrastable poder europeo.

La sujeción del Petén Itza, obtenida por la fuerza de las armas, ya que de otro modo no fué dado alcanzarla, descuella entre los culminantes hechos de aquel período; beneficio semejante no se consiguió sino después de intentos malogrados, cuantiosos gastos y trabajos estériles. Ocupa también un lugar entre lo más conspicuo el paso por el escenario público del visitador don Francisco Gómez de la Madriz; su afán inmoderado de oro y poderío, de fandangos y bureos, sus despóticas providencias, sus intrigas de mala ley, su fuga, su prisión y los motines y sangrientos conflictos por él provocados, le exhiben con

los caracteres propios de una siniestra personalidad. Hay además otros hechos de singular interés, tales como la insurrección de los zendales, sofocada á expensas de ingentes sacrificios, y en la que muy triste papel representan el diocesano de Chiapa, los magnates de Ciudad Real y algunos funcionarios públicos: los abusos cometidos por belethmitas y reprobados severamente por el monarca, con todo lo que concierne á esa institución de hermanos hospitalarios: la ruina de la ciudad de Guatemala por causa de los sacudimientos de tierra de 1717: los pavorosos fenómenos volcánicos de 1723, en Costa Rica: las perturbaciones de León de Nicaragua y el asesinato del gobernador Poveda: el proceder ilegal de varios capitanes generales: la fundación de la Casa de Moneda y de la Gaceta: el Santo Oficio: el Corregimiento del Valle: la creación del Arzobispado: los disturbios de 1715 en Honduras; y las especiales facultades del coronel Vera en esa provincia y del brigadier Fernández de Heredia en Nicaragua. Esos y otros asuntos que sería largo enumerar, como la suspensión y el confinamiento del capitán general señor Barrios Leal, con su séquito de curiosas peripecias, se destacan como principales rasgos en las páginas de este volumen. (*)

Era la Real Audiencia Pretorial quien gobernaba; en esa agrupación de letrados radicaba la plenitud del poder público: imcumbíale en tal concepto satisfacer las necesidades materiales y morales; y bien se alcanza que, en tan amplia esfera de acción, en el vasto campo á su labor abierto, érale imposible operar cumplidos beneficios. No se provee al bien común cuando se concentran así las fuerzas necesarias para proteger los intereses colectivos,

(*) Los tomos 1o y 29 de esta obra se deben á la muy acreditada pluma del inolvidable escritor guatemalteco don José Milla.

que demandan, para ser cual conviene administrados, especiales aptitudes y expeditos procedimientos, inconciliables con la lentitud de los trámites. Sistema peligroso por varias razones es la concentración de poderes, y lo administrativo y lo judicial son ramos del gobierno que deben estar uno de otro separados. Por fortuna, no duró mucho ese régimen: en 1560 se expidió cédula real encomendando exclusivamente el gobierno al presidente de la Audiencia, para que á ésta no se reservara más que la justivia criminal y civil. Quedó así esta colonia equiparada en ese punto á la Nueva España, porque los virreyes residentes en Méjico tenían el gobierno, y la Audiencia, cuyo parecer consultaban en negocios arduos, sólo tenía á su cargo, y era bastante, el alto señorío de la justicia.

Agrias contestaciones, que más de una vez resonaron con doloroso estrépito en el cuerpo social, ocurrieron en Guatemala, con desprestigio de la autoridad y menoscabo de los públicos intereses, entre capitanes generales y oidores; frutos amargos de las condiciones especiales del país, en el que todo tenía que presentarse erizado de dificultades.

Importante papel desempeñaban los Ayuntamientos, y es que su gestión, en vez de ceñirse al gobierno local, penetraba en lo político hasta cierto punto: reflejábase quizá, aunque débilmente, en esas corporaciones populares la imagen de los Concejos de la Edad Media en España, ó el espíritu del Municipio romano del tiempo de los visigodos en la Península; puede decirse que conservaban algún resto de sus antignas facultades, de sus primitivos privilegios. Incuestionable era, pues, si prestigio, y los cargos de capitulares fueron tan deseados, que los regimientos, puestos en público remate según la ley, disputában

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