El sacramento de nuestra fe: el misterio y el culto de la eucaristía

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Centro De Pastoral Liturgic, 1997 - 58 páginas
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Página 30 - Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna...
Página 18 - XXII, 1902-1903, p. 123), es necesario escuchar dócilmente la voz de la Iglesia docente y orante. Ahora bien, esta voz, que constituye un eco perenne de la voz de Cristo, nos asegura que Cristo no se hace presente en este sacramento sino por la conversión de toda la substancia del pan en su cuerpo y de toda la substancia del vino en su sangre; conversión admirable y singular a la que la Iglesia católica justamente y con propiedad llama transubstanciación (cf.
Página 19 - Pa-dres, la virtud que realiza esto, es la misma virtud de Dios omnipotente que al principio del tiempo creó el universo de la nada.
Página 34 - Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.
Página 6 - El que co"me mi carne y bebe mi sangre tiene la "vida eterna y Yo le resucitaré el último "día.
Página 13 - Conviene, además, recordar la conclusión que se desprende "de la naturaleza pública y social de toda misa" (Const. De Sacra Liturgia, n. 27). Porque toda misa, aun la celebrada privadamente por un sacerdote, no es privada, sino acción de Cristo y de la Iglesia, la cual, en el sacrificio que ofrece, aprende a ofrecerse a sí misma como sacrificio universal, y aplica a la salvación del mundo entero la única e infinita virtud redentora del sacrificio de la cruz.
Página 19 - No es el hombre quien convierte las cosas ofrecidas en el cuerpo y la sangre de Cristo, sino el mismo Cristo que por nosotros fue crucificado. El sacerdote, figura de Cristo, pronuncia aquellas palabras, pero su virtud y la gracia son de Dios. Este es mi cuerpo, dice. Y esta palabra transforma las cosas ofrecidas
Página 15 - Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 19-20).
Página 16 - real» no por exclusión como si las otras no fueran «reales», sino por antonomasia, ya que es substancial, ya que por ella, ciertamente, se hace presente Cristo, Dios y Hombre, entero e íntegro (cfr.
Página 10 - La norma, pues, de hablar, que la Iglesia con un prolongado trabajo de siglos, no sin ayuda del Espíritu Santo, ha establecido, confirmándola con la autoridad de los Concilios, y que con frecuencia se ha convertido en contraseña y bandera de la fe ortodoxa, debe ser escrupulosamente observada y nadie, por su propio arbitrio o con pretexto de nueva ciencia presuma cambiarla.

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