Imágenes de páginas
PDF
EPUB

midable de las ideas que atraviesan el espacio en alas del vapor y cruzan los horizontes del alma como ráfagas de tempestad?

Nuestro pueblo, ántes sencillo y creyente, se vuelve díscolo y materialista. Hay que cerrar los ojos á la luz para no ver que el termómetro religioso ha bajado espantosamente. Primero la indiferencia, luégo la duda, despues la negacion, y, finalmente, la rebelion abierta y furibunda contra las Instituciones religiosas.

El mal cunde. No quiero apelar á subterfugios ni paliativos. Se conoce que la semilla de incredulidad germina en los espíritus. Esas masas de pueblo, esas legiones de hijos del trabajo, que ántes escuchaban reverentes al sacerdote y se postraban á sus piés, para recibir de él la direccion de la conciencia; ahora le tratan con frialdad, ó con benevolencia no sentida. Es que la tempestad nos ha hallado desprevenidos; y el enemigo ha roto el fuego contra nuestras filas, contra las filas cristianas, cuando nos encontrábamos aislados y en lucha interna nosotros mismos. No me refiero á lo que está sucediendo en el Continente; hablo de Mallorca, de nuestra querida patria, por cuya fe y religiosidad proverbiales me asaltan serios temores. ¡Qué horrible fuera ver un día á la Isla vírgen, á la patria de Ramon Lull, de Catalina Tomás y de Junípero Serra, maniatada á los piés de los herejes, ó sumergida en el lodazal del sensualismo! ¡Sus sacerdotes perseguidos; las vírgenes del Señor expatriadas; las agujas de la Seo rodando sobre las rocas de la orilla; el pueblo entregado á los falsos dioses; y el Crucifijo redentor huyendo de las hogueras encendidas por renegados de su Dios y de su raza!

II.

Ésa es la triste situacion en que puede algun día hallarse la Iglesia de Mallorca.

¿Quién ademas de los sectarios habrá tenido la culpa? ¿Quién habrá sido el motor de la decadencia religiosa? ¡Ah! Esto es largo de contar: á tener que decir ahora todo lo que me ocurre, segun mi leal saber y entender, no bastarían los límites de este artículo; se necesitaría escribir un tomo. Muchos son, sin contar los impíos, los que serán responsables ante Dios y ante la patria de nuestra indiferencia religiosa; muchos los que recibirán por ello el condigno castigo. Permítame V., empero, Señor Ecónomo, ya que tengo en la mano la pluma, permítame que apunte alguna de las causas. En mi concepto, (y en esto abrigo convicciones firmisimas), la principal causa de nuestro indiferentismo, y de los progresos de las sectas disidentes es que los católicos mallorquines nos apartamos no pocas veces en nuestra línea de conducta, del espiritu y tendencias del Cristianismo. Este espíritu y estas tendencias son, en lo tocante á la vida presente y á las relaciones de los hombres en sociedad, realizar los eternos principios de Justicia, empezando por la equidad natural, cuyo fundamento es aquel axioma evangélico: Lo que no quieras para ti, no lo quieras para otro.

¡Ah, Señor Ecónomo!, si en Mallorca nos inspiráse– mos todos, y especialmente los directores de las almas, los gobernantes del espíritu, si nos inspirásemos siempre y en todas ocasiones en los principios de la equidad natural de que se han apartado, y no temo decirlo, nuestros antecesores, muchas, muchísimas veces, con singular y nefanda obcecacion; si siempre se hubiesen obede

cido aquí las tendencias simpáticas y de atraccion, nunca de exclusion del Cristianismo primitivo; no tendríamos que deplorar, estoy seguro de ello, los sucesos que deploramos; no tendríamos que llorar algun día con lágrimas de sangre la desviacion religiosa de una parte del pueblo.

Esta equidad natural, á cuya realizacion aspiraba ya el Derecho romano; esta equidad natural, cuyo desenvolvimiento en la sociedad impiden sólo las almas viles, muchos de los favorecidos por la fortuna ó el nacimiento, los egoístas, los chismosos, los cobardes, todos los corazones podridos; es el sublime deseo de las almas generosas, de las que están prontas á sacrificarse por Dios y por el prójimo. ¿Y cómo no, si este principio de la equidad resplandece en todas las páginas del Evangelio? Oídlo: «Omnes estis fratres; TODOs sois hermanos.» Hermosa palabra que yo grabaría en el dintel de todas las casas. Oíd á San Pedro que en las Actas de los apóstoles, capítulo X versículo 34, dice: «In veritate comperi, quia non >>est personarum acceptor Deus; Verdaderamente reco»nozco que Dios no es aceptador de personas.» Y eso despues de haberle dicho el Espíritu Santo: «Lo que Dios >>ha purificado y hecho limpio, tú no lo llames bajo y

>>comun.»

Oíd á San Pablo, que en su admirable carta á los Romanos, que bien pudiera llamarse el código de la igualdad cristiana, estampa estas profundas y bellas frases: «Dicit enim Scriptura: Omnis qui credit in illum »>non confundetur. Non enim est distinctio Judæi et Græci; »nam idem Dominus omnium, dives in omnes qui invocant »illum; (cap. X vers. 11 y 12.) Dice la Escritura: Todo >>el que cree en Cristo no será abochornado. Porque no >>hay distincion de Judío y de Griego: puesto que uno >>mismo el Señor de todos, rico para con todos los que >>le invocan».

Oíd á Santiago. Quiero citar del gran apóstol, primer obispo de Jerusalem y próximo pariente de nuestro Señor, un capítulo que merece ser engarzado en piedras preciosas. Dice así (cap. 11 de de su carta): «Hermanos >>míos, no queráis poner la fe de la gloria de nuestro >>Señor Jesucristo en acepcion de personas. Porque si >>entrase en vuestro congreso algun varon que tenga ani>>llo de oro con vestidura preciosa, y entrase tambien un >>pobre con vestido humilde; y atendiendo al que viene >>vestido magníficamente, le dijereis: Tú siéntate aquí en >>este buen lugar; y dijereis al pobre: Éstate tú allá en »pié; ó siéntate aquí debajo del estrado de mis piés: ¿no »es cierto que hacéis distincion dentro de vosotros mis>>mos, y que sois jueces de pensamientos inicuos? Oíd, >>hermanos míos muy amados, ¿por ventura no ha ele>>gido Dios á los pobres de este mundo, para ser ricos en >>fe y herederos del reino que prometió Dios á los que le »aman? Vosotros, al contrario, habéis afrentado al pobre. »¿Los ricos no os oprimen con su poder, y hasta os arras»tran á los juzgados? ¿No blasfeman ellos del gran Nom>>bre que ha sido invocado sobre vosotros? Si cumplís la »ley real conforme á las Escrituras: Amarás á tu prójimo »como á ti mismo, bien hacéis: más si tenéis acepcion de >>personas, cometeréis pecado, siendo reprendidos por la »ley como transgresores. Porque cualquiera que hubiese >>guardado toda la ley, y faltare en solo un punto, se ha >>hecho culpable de todo. Porque el que dijo no cometerás »>adulterio, dijo tambien: no matarás. Y si matares, aun>>que no hubieses cometido adulterio, eres transgresor de »>la ley. Así hablad y así haced, como que empezáis á >>ser gobernados por la ley de la libertad.» (1)

(1) Texto latino:

1 «Fratres mei, nolite in personarum acceptione habere fidem Domini nostri Jesu Christi gloriæ.

Esta ley de libertad, esta ley soberana y real del Evangelio no es otra, para las relaciones sociales, que la justicia natural, que el derecho primitivo de que hago mencion, derecho que manda que no se injurie á nadie, que á nadie se afrente ni abochorne, que se reconozca á cada uno la dignidad, el sér y las prerrogativas de hombre, igual á los demas, que son hermanos suyos, en iguales ó parecidas circunstancias. Por eso decía Jesucristo, dando sancion penal á este derecho: Qui dixerit fratri suo RACA, reus erit concilio. (Cap. V, vers. 22 de San Mateo). Como si dijera: «El que afrentare con palabras injuriosas, pública ó privadamente, á un HOMBRE, será condenado ante el tribunal de Dios; y mucho más si en lugar de injuriar á su hermano con palabras, le injuria horriblemente con obras. Para ese tal que no respeta el derecho humano, señala terribles expiaciones el derecho divino.» Y un poco más abajo el Salvador se expresa de este inefable modo, como quien enseña la práctica despues de la teoría: «Si ergo offers munus tuum ad altare, et ibi recordatus fueris, quia frater tuus habet aliquid adversum te; relinque ibi munus tuum ante altare, et vade prius reconciliari fratri tuo: et tunc veniens offeres munus tuum. (Cap. V. versos 23 y 24.)» Y me parece, Señor Ecónomo, que la más legítima interpretacion de ese sublime pasaje es ésta: Cristiano, que vas á oír misa, á celebrarla,

2 Etenim si introierit in conventum vestrum vir aureum annulum habens in veste candida, introierit autem et pauper in sordido habitu; 3 Et intendatis in eum, qui indutus est veste præclara, et dixeritis ei: Tu sede hic bene: pauperi autem dicatis: Tu sta illic; aut sede sub scabello pedum meorum:

4 Nonne judicatis apud vosmstipsos, et facti estis judices cogita tionum iniquarum?

5 Audite, fratres mci dilectissimi, nonne Deus elegit pauperes inhoc mundo, divites in fide, et heredes regni, quod repromisit Deus diligentibus se?

6 Vos autem exhonorastis pauperem. Nonne divites per potentiam oprimunt vos, et ipsi trahunt vos ad judicia?..... etc.

« AnteriorContinuar »