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¡Oh virtudes fáciles, execradas por todos los hombres de bien! Razon tiene al decir de vosotras un poeta contemporáneo:

no conocen

La gran virtud del que padece y ama.

Y á propósito del pueblo. Deja V. entender que se nos impide el ministerio de la predicacion, porque «quizá el público no esté todavía suficientemente preparado para oírla de nuestros labios». Ese quizá es delicioso. ¿Conque quizá? ¿Y si no hubiera ese quizá, predicaríamos, y obtendríamos la abolicion de los abusos? ¡Oh qué quizá tan terrible! ¿Quién nos quitaría de encima ese quizá? Pero vamos á cuentas, y repare V. en este par de razones: 1. Las puertas de la iglesia están abiertas desde la mañana hasta la noche; no se impide la entrada ni la salida á nadie. Si el público del quizá de V. no estaba preparado para escuchar nuestros sermones, y otras cosas que no son sermones; otro público que no es del quizá, lo estaba. Cuestion de asistir ó de no asistir á la fiesta. 2. Si es el pueblo el que está preocupado, ¿cómo se les ocurre á Vds. el que empecemos á predicar en las iglesias más populares, en los barrios bajos, en el campo, en oratorios á que sólo concurre el pueblo? Lo natural sería empezar por las iglesias á donde acuden principalmente las personas ilustradas; la Catedral ó las parroquias. Así el pueblo tomaría ejemplo; y subiríamos modestamente, como dice V., (sin que podamos entender su frase, pues me parece que no hemos subido nunca inmodestamente), las gradas del púlpito.

II.

Justicia vindicativa y distributiva.

=«Ya que el Sr. Taronji»-continúa escribiendo >>D. Miguel Maura-«y muchos otros de sus compañeros, >>han recibido del cielo admirables dotes de entendimiento »y de corazon con que desempeñar honrosamente estos mi»nisterios (los ministerios eclesiásticos), ¿qué es lo que >>aconseja su interes bien entendido? Mostrarse humildes y »>modestos en sus aspiraciones, y MIENTRAS PRUEBAN CAPA»CIDAD para muy altos destinos, contentarse con los infe»riores, interesando, así á favor suyo los sentimientos de »las almas nobles y generosas.»=

Respondo:-Que lo que se nos aconseja en ese párrafo es una bajeza y una indignidad. Eso se comprende en un país de favoritismo y pandillaje, pero no en un país de cristianos, en donde ha de dominar exclusivamente la Justicia y el imperio de la ley. ¡Extraña ocurrencia la del Sr. Maura! ¿En qué hará consistir la justicia distributiva ese señor? No lo sabemos; pero dice que si PROBAMOS CAPACIDAD para muy altos destinos, DEBEMOS CONTENTARNOS Con los inferiores. Generalícese el argumento, y resultará que los que prueban capacidad para altos destinos deben desempeñar los bajos é inferiores; y, al contrario, los que prueban incapacidad deben desempeñar los más elevados y sublimes. ¡Perfectamente! Eso está muy conforme con el principio de la distincion social; pero, amigo, no le doy á V. una higa por su principio y su famosa consecuencia. ¡Vaya si es piramidal todo eso! Pues la justicia distributiva ¿en qué consiste? Veamos qué es la Justicia, segun las definiciones adoptadas en las

escuelas y propuestas por los grandes doctores escolásticos. El Padre Gury, en la obra más arriba citada, siguiendo la doctrina de Santo Tomás, dice (De Justitia et Jure; cap. I.):

<«<La Justicia en su sentido más general significa cierta »>igualdad, ó caridad, ó la universalidad de las virtudes..... >>La Justicia es una especial virtud que se propone el >>cumplimiento del deber, y guardar la debida igualdad >>entre todos y cada uno de los hombres... Hay cuatro >>clases de Justicia: legal, distributiva, vindicativa, y >>>conmutativa... La justicia distributiva obliga al Su»perior y á sus ministros à la justa distribucion de las »cargas y bienes. Pone en relacion ordenada al Superior »y á la generalidad con los súbditos y particulares, co»mo á un todo con las partes. La justicia vindicativa »obliga al Jefe ó Superior á castigar á los delincuentes, >>en bien de la sociedad, con penas correlativas.» Hasta aquí el referido P. Gury. Ya ve V., pues, Sr. adversario, que la justicia distributiva obliga á la justa distribucion de los empleos; es decir, que por ley natural, indeclinable, imprescriptible, un cargo, un honor, ó un empleo, se han de conceder al más digno, ó por lo menos al que pruebe capacidad y dignidad; y de tal manera que si no se lo conceden, se comete un robo, y hay estricta obligacion de restituir. ¿Cómo nos aconseja V., pues, que mientras probamos capacidad, (son palabras de V.), para muy altos destinos, nos contentemos con los inferiores? Muy dadivoso es V. Pues francamente, nosotros no lo somos tanto; nosotros no renunciamos tan pronto á los sentimientos de Justicia innatos en el alma. Ni creo que haya persona humana que tenga la Justicia como cosa tan insustancial y baladí. Ahora comprendo por qué abandona V. al tiempo el hacernos justicia, y que diga V. que el desarraigo del mal no puede ser

sino LENTO Y PAULATINO, y que el deber de todos es cooperar al desarrollo LENTO de los frutos de bendicion que entraña en su raíz la sancion de hijos de Dios que nos ha dado la Iglesia. Desarraigo lento y paulatino; desarrollo lento. Mucha pereza veo en tantas palabras. Se conoce que somos meridionales, y que nuestro espléndido sol nos envía rayos abrasadores, debilitando la energía propia de séres racionales. Eso podrá ser muy moderado, muy místico; pero justo, equitativo, y prudente con la prudencia del Evangelio, no hay que pensarlo. ¿Esperar que el tiempo nos haga justicia? ¿Interesar los sentimientos y la misericordia de los compasivos, cuando se nos desconoce un derecho, cuando se viola la ley de la humanidad, que no debemos á los compasivos ni á nadie, sino á Dios, á quien plugo formarnos así? Pero, Señor, ¿en qué tierra vivimos? ¿Hay ó no hay principio de autoridad? ¿Tiene ó no tiene la autoridad competente, fuerza coactiva para impedir el mal? ¿Tiene ó no tiene la espada de la ley, para cortar de raíz los abusos? ¿Tiene ó no tiene voluntad, prestigio, sancion, fuerza obligatoria, para que se obedezcan sus mandatos? Si no lo tiene, no es autoridad. Si lo tiene, ¿por qué esperar que el tiempo nos haga justicia? ¿por qué eso del desarrollo lento, del desarraigo lento y paulatino?...

Y la justicia distributiva obliga por otros motivos á que no se permitan más desafueros. Conocido es el axioma Qui sentit onus sentiat et commodum. Quien sostenga las cargas, reciba tambien el beneficio. Pues bien; nosotros siempre hemos sostenido las cargas; hemos contribuido con nuestros fondos á sostener las cargas del Estado y de la Iglesia; y nunca hemos recibido los beneficios que en proporcion nos correspondían. En tiempo de los Diezmos, nuestros propietarios y agricultores los pagaban religiosamente, sense fer negun frau

ni engany. Hoy, con la moderna tributacion, pagamos, en lo que nos corresponde, los presupuestos generales del Estado, y por tanto el presupuesto del culto y clero. Es decir que nosotros que no hemos podido ser coadjutores, ni párrocos, ni canónigos, ni siquiera beneficiados reales, por causa de nuestro apellido, hemos dado bonitamente nuestro dinero á los beneficiados, á los canónigos, á los párrocos y á los coadjutores. Y nosotros que no hemos alcanzado nunca la gracia de vestir hábito ni ceñir tocas, hemos satisfecho las mensualidades presupuestadas, á las monjas y á los frailes. Eso en todos tiempos. Y si no, ahí va un dato que tengo á la vista, y que al mismo tiempo nos servirá para entrever la presion que se ejercía en aquellos infaustos días del antiguo régimen, sobre las familias degradadas. Es extracto de un documento del siglo XVIII: en resúmen, é incluyendo ahora una porcion de cantidades que omití en la primera edicion de este folleto, dice: «Constituido el Pro>>visor Eclesiástico Mallorquin y Noble en la casa de N..... >>por haber muerto N... ab intestato, y ser costumbre »><disponer la manda pía dicha autoridad; ademas de la »>manda momentánea y usual (que fué extraordinaria, >>con funeral en todas las iglesias), fundó los censos si>>guientes: 60 libras á la Crianza; 30 libras á la Cate>>dral; 15 libras á San Nicolas; 30 libras para la lactancia >>de niños expósitos (del Hospital); 100 libras semel tan»tum á cada una de las causas pías del B. Raymundo »>y Venerable C. Tomás; 12 libras (censo tambien) á la >>disposicion del Provisor, que, segun tradicion, sirvieron »para dotar una monja teresa; y 15 libras semel tantum »>á un tal Ferrer.-Los donativos forzosos eran: 300 li>>bras á las monjas de Santa Magdalena; 15 á los pobres >>de la Misericordia; 150 á las niñas huérfanas; 60 á la >Casa de educacion de la Vírgen inmaculada, de la villa

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