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un conjunto de reglas para su aplicación práctica. En pedagogía, lo primero es la comprensión teórica de su práctica. Esto sirve de guía á los maestros y les permite entender lo que han de hacer. La comprensión teórica de la práctica les proporciona material científico, les familiariza con las peculiaridades mentales, emotivas y volitivas de sus alumnos en diferentes. etapas de su desarrollo, y les permite comprender porqué escogemos para la instrucción ciertas materias, y porqué rechazamos las demás. Tendrá opiniones decididas sobre el valor de ciertas materias, v. gr., son los estudios matemáticos más valiosos que los lingüísticos. También sabrá si la escuela pública ha de dar una educación general ó especial. En una palabra, la teoría de las normas de la práctica. Y el maestro debe entender estas normas, poniéndolas en relación con otros problemas modernos. Una ciencia siempre es algo más que un simple inventario de los hechos; es la combinación de estos hechos en un sistema de tal modo que cada sistema aroje luz sobre los otros. Y como esta conexión no puede hacerse sin un principio general, los principios pedagógicos son tan necesarios como los hechos para formar una ciencia.

¿Cuál es, pues, la misión de la pedagogía científica? La pedagogía es una ciencia experimental, que tiene su material y sus principios propios. El alcance de estos hechos es tan grande como el de la acción humana. La pedagogía científica y experimental, no sólo ha de explicar y describir los hechos pedagógicos, sino que ha de trazar el sendero que la educación debe seguir. Además, constantemente se halla investigando si la educación práctica realiza sus fines. La pedagogía prescribe ciertas normas: es, por tanto, una ciencia normativa.

La pedagogía es una ciencia independiente, porque tiene sus fundamentos propios. El punto de vista es exclusivamente pedagógico. Ninguna otra · ciencia ocupa este punto de vista. Ninguna otra estudia, pues, como ciencia la pedagogía. Es imposible escribir una pedagogía como una psicología ó una ética apli

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cada. Tampoco se le puede considerar como lógica aplicada. Hay muchas ciencias que toman sus hechos de otras ciencias afines ó no afines, como la psicología, la ética, la lógica, la estética, etc. Y, sin embargo, ninguna de esas ciencias se confunde con la psicología, la moral ó la lógica aplicadas. Porqué, pues, llamo frecuentemente á la pedagogía la aplicación de ésta ó de aquella ciencia, cuando se limita á tomar hechos, como lo hacen otras ciencias? No hay, al parecer, respuesta plausible á esta pregunta. Sí, la pedagogía es una ciencia independiente. Ninguna regla pedagógica procede de la psicología ó de la lógica. Los hechos de la pedagogía experimental demuestran claramente que la psicología es una ciencia con sus hechos y material propios, y su propio punto de vista.

Muchos aceptan la fórmula, bien conocida, de Herbart, según la cual la pedagogía depende de sus ciencias hermanas, la moral y la psicología. La moral formula el fin, la psicología los medios de la educación. Pero esto no es suficiente. La pedagogía tiene como auxiliares, no sólo la moral y la psicología, sino también la filosofía, antropología, fisiología, sociología, estética, historia de la cultura, etc. La ética no puede formular todos los fines de la educación porque la moral no es todo lo que el niño ha de adquirir en la escuela pública. No hay que olvidar que el fin primario de la educación es la instrucción intelectual es decir, conocimiento y destreza), y que la disciplina moral es sólo uno de los fines secundarios.

La pedagogía como ciencia ha de abarcar los problemas que se expresan á continuación:

A. La naturaleza psicológica del niño y su desarrollo (psicología individual). Aquí necesitamos un concepto amplio de la niñez, Como el estudio del niño, ó mejor, el del alumno “señala la introducción del pensamiento evolutivo en el campo del alma humana" (G. S. Hall), ó, como dice Lay en su “Experimentelle Paedagogik (1905, p. 105)”, sie muss die naturale und soziale Seite der biologischen Lebensgemeinschaft gleichzeitig und gleichmaessig beachten. Así, pues, la

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pedagogía como ciencia ha de estudiar cuidadosamente:

1. Los períodos y etapas del crecimiento y desarrollo (pedagogía biológica). 2. La diferencia entre un niño y un adulto; la comparación del tipo físico y mental del niño y el del adulto (antropología escolar). 3. El papel del escolar - del alumno, no del niño en general-en la obra de la escuela (pedagogía experimental).

1. Análisis de las diferencias clases de procesos mentales. 2. ('ondiciones favorables ó desfavorables, ya interiores ó exteriores, del trabajo. 3. Técnica y métodos de trabajo mental (aprendizaje económico). 4. Relación entre la obra del alumno y la escuela (higiene del trabajo escolar y doméstico). 5. Estudio de la naturaleza emocional y volitiva del alumno. (Desarrollo de los ideales, fines prácticos, juicios morales, etc., del alumno).

B. Métodos de enseñanza y educación (didáctica experimental).

C. Material y medios de enseñanza (las necesidades de la psicología y de la lógica merecen aquí la más alta consideración). Aquí debemos dar una base científica á la presentación de los estudios escolares en los libros de texto (metodología escolar).

D). Organización de escuelas (pedagogía práctica).

E. Los fines más altos de la educación (morales y estéticos) (filosofía de la educación).

F. Las relaciones que existen entre el niño y las diferentes clases de la humanidad ó sea las relaciones entre el niño y la sociedad, el estado y la casa (pedagogía social).

Hay actualmente una necesidad imperiosa del estudio crítico y sistemático de la pedagogía como ciencia. Estas breves frases no son más que indicaciones preliminares.

Pablo R. RADOSAVLJEVICH (De “The Pedagogical Seminary”)

El arte en la escuela

(Véase el número anterior)

III

No sería acaso fácil pero sí lógico, establecer como principio de decoración escolar, el mismo, seguro bien que inconsciente, que nos guía en la elección de los alimentos. El paladar acepta ó rechaza — sin dar el motivo de sus determinaciones—lo que lo impresiona favorable ó desfavorablemente. Igual cosa hacen los demás sentidos.

La vista del cielo azul y de la luz del sol alegra el espíritu y aleja de él las nieblas del esplín. Cuando el espacio se cubre de obscuras nubes, el espíritu siente, á su vez, la invasión de ideas fuliginosas. Igual cosa ocurre con la vista del mar. La onda encalmada difunde su apaciguamiento en el ambiente. Cuando la tempestad la revuelve y sacude, todo se trastorna, la materia inerte, la planta, el irracional y el ser hu

mano.

La brutalidad del hombre perpetúa aún un expectáculo de épocas de barbarie: las corridas de toros. En ellas el trapo rojo, con su color petulante, excita el encono de las bestias y provoca sus feroces embestidas.

A nadie se le ocurre, aunque se cobije en una rui

una

nosa casa centenaria, que el techo puede venirse abajo y aplastarle. Pero, si en el cieloraso se

suspendiera un adoquín, sostenido por una cadena que ni Polifemo pudiera arrancar, seguramente no se hallaría quien se colocara perpendicularmente debajo, aún después de haberse asido de la piedra y estar bien seguro de que no podría desprenderse.

La espada de Damocles colgaba de un cabello, según cuentan. Podía haber pendido de un fuerte cable asegurado á un poderoso gancho. No hubiera dejado, por eso, de inspirar el mismo recelo, una molestia insoportable, una preocupación angustiosa, una obsesión trastornadora.

Es carganté tener frente a la propia ventana un letrero insulso, mal ortografiado ó zurdamente trazado y estar forzado á leerlo cada vez que se mira por los cristales.

Destruir una sensación molesta; eliminar causa de preocupación. No se necesita más para producir una sensación de agrado, de simpatía, de bienestar, de belleza. ¿Qué otro fin inmediato puede tener la decoración escolar ?

La decoración de la escuela primaria debería así estar subordinada á un primer principio de sencillez, y, en consecuencia, alejar de sí toda obra dispendiosa.

Las fachadas monumentales, costosos injertos que dan, exteriormente, á las escuelas el aspecto de Templos griegos con sus columnas colosales, sus frontones y su ribete de estátuas, deberían ser proscriptas. De piedra, su misma grandiosidad no les da ese aspecto afable que debiera ser la característica de la fisonomía del edificio escolar. De ladrillos, argamasa y cemento, remedan el aspecto pretensioso de esas caras envejecidas que hacen mohines al traves del colorete y las pomadas.

El edificio de la escuela no debe tener el aspecto de un templo, un banco, una estación de ferrocarril, un cuartel ó un hospital. La escuela es la escuela, la sencillez, la verdad, el saber y la alegría. Su fachada debe ser tranquila. Nada de adornos ni emblemas;

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