Obras del M. Fr. Luis de Leon ...

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En la imprenta de la viuda de Ibarra, 1816
 

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Página 5 - ¡Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruido, y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!
Página 64 - Aquí la envidia y mentira me tuvieron encerrado. Dichoso el humilde estado del sabio que se retira de aqueste mundo malvado, y con pobre mesa y casa en el campo deleitoso, con sólo Dios se compasa, ya solas su vida pasa ni envidiado ni envidioso FRANCISCO DE LA TORRE Pocos datos biográficos.
Página 15 - El aire se serena y viste de hermosura y luz no usada, Salinas, cuando suena la música extremada por vuestra sabia mano gobernada.
Página 42 - ¿Qué mirarán los ojos que vieron de tu rostro la hermosura, que no les sea enojos?
Página 2 - Y ansí tenía por vanidad excusada a costa de mi trabajo ponerme por blanco a los golpes de mil juicios desvariados, y dar materia de hablar a los que no viven de otra cosa. Y señaladamente siendo yo de mi natural tan aficionado al vivir encubierto, que después de tantos años como ha que vine a este Reino, son tan pocos los que me conocen en él, que, como Vmd. sabe se pueden contar por los dedos.
Página 23 - ... las enciende con hermosas Y eficaces centellas; Por qué están las dos osas De bañarse en el mar siempre medrosas. Veré este fuego eterno, Fuente de vida y luz, do se mantiene; Y por qué en el invierno Tan presuroso viene: Quién en las noches largas le detiene.
Página 32 - ¿Qué mortal desatino de la verdad aleja así el sentido, que de tu bien divino olvidado, perdido, sigue la vana sombra, el bien fingido? El hombre está entregado al sueño, de su suerte no cuidando, y con paso callado el cielo vueltas dando las horas del vivir le va hurtando.
Página 7 - Y luego sosegada el paso entre los árboles torciendo, el suelo de pasada de verdura vistiendo, y con diversas flores va esparciendo. El aire el huerto orea, y ofrece mil olores al sentido, los árboles menea con un manso ruido que del oro y del cetro pone olvido.
Página 30 - Acude, acorre, vuela, traspasa la alta sierra, ocupa el llano; no perdones la espuela, no des paz a la mano, menea fulminando el hierro insano.
Página 187 - Lo que fecunda el campo, el conveniente Romper del duro suelo, el sazonado Juntar la vid al olmo, y juntamente Cómo se cura el buey, cómo el ganado, Y de la escasa abeja diligente Su industria, y saber mucho no enseñado. Aquí, Mecenas claro, comenzando Por orden cada cosa iré cantando.

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