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conservarán el orden, inspirarán respeto a la dignidad Real, la harán conocer su estado, y le manifestarán honradamente sus necesidades ; su caracter será el de una resolucion invariable, sus armas serán palmas, su grito Ley y Rey, su divisa la Constitucion. Ninguna voz de “Muera," ni aun dirigida a los malvados, empañará el aire puro de libertad y gloria que llenará nuestra atmósfera el dia 7 de Marzo. Así fue puntualmente; el Pueblo y la heróica guarnicion de Madrid, hechos, lo que realmente son,

, una familia de hermanos, se cubrieron de una gloria á que ninguna nacion ha llegado, haciendo una revolucion, sin mover una bayoneta, sin una gota de sangre, sin desorden alguno. En la guarnicion, desde el General hasta el último soldado, y en el Pueblo, desde el sabio hasta el mas inculto, parecía haberse despertado, como por encanto, una gloriosa y nunca vista emulacion de egercitar las nobles y sublimes pasiones, que elevan á los hombres sobre su comun esfera. Nunca se vió tanta union y fraternidad; nunca se enunció la voz de Patria, Ley, Rey, con la virtud y dignidad que merecen tan caros obgetos. ¡ Amor Santo de la Patria! tuyo es este prodigio; tu convertistes á los guerreros en heroes de paz, y á los ciudadanos en soldados de la razon. En este dia prometió S. M. jurar y guardar la Constitucion de nuestra monarquía, y verificado este juramento el dia 9, con la mayor espontaneidad del bondoso Monarca, el entusiasmo y la ale. gría pública no tuvieron límites: reuniones, fiestas, iluminaciones, canciones patrióticas, animado del grito de, “Viva la Constitucion, Viva el Rey Constitucional," formaban el delirio de placer, á que se entregó el pueblo sin intermision los dias siguientes, por manera que la Junta habló con esactitud geométrica el dia 2 de Mayo, cuando dijo, que la revolucion de España y variacion de su gobierno, se había hecho con seis años de paciencia, un dia de esplicacion y dos de regocijo.

Pero las nuevas instituciones que acababan de jurarse á la faz de Dios у

de los hombres, no podian ser establecidas por los principales agentes del anterior gobierno; el pueblo necesitaba garantía de la buena fé de este, y el Rey de la seguridad y decoro de su trono y su Real Persona. Obgetos tan sagrados no podian entregarse á la justa desconfianza, que debian inspirar al Pueblo los gobernantes del régimen arbitrario, y al Rey la instabilidad y riesgos de los movimientos populares. De aquí nació la formacion de esta Junta Provisional, compuesta de personas de la confianza del Pueblo y de S. M., quien el dia 9 la mandó reunir, para consultarle las providencias que emanasen del gobierno, hasta la reunion de las Cortes que debian convocarse cuanto antes *.

* Real Decreto de 9 de Marzo.

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Reunida la Junta, y animada del mejor deseo del acierto, comenzó sus trabajos por fijar sus ideas, para que sus operaciones no incurriesen jamas en contradicciones ó en errores, que por pequeños que fuesen en sí, la naturaleza de las circunstancias podía hacerlos de la mayor importancia y trascendencia. De pequeños principios y deslices, al parecer despreciables, nos manifiesta la Historia que han tenido su origen los grandes y funestos sucesos que han trastornado los gobiernos y las naciones en crisis de esta especie. Generalmente se ha creido que una revolucion es una mudanza de gobierno, y se ha confundido una idéa, que bien conocida de los pueblos, ó de los que los han guiado en tales casos, los hubieran libertado de gravísimos males. La Junta se penetró bien de que la revolucion es la reaccion natural de la libertad contra la opresion, y la mudanza ó variacion de gobierno es, ó debe ser, su obgeto. Toda revolucion que dure mas de un dia, es necesariamente sangrienta y desgraciada, porque su duracion supone falta de gobierno, y á esta sigue inmediatamente la anarquía.

De aquí se siguen dos consideraciones de consecuencia gravísima: 1°. Que la revolucion, ó lo que es lo mismo, la reaccion de la libertad contra la opresion, siendo una operacion física, debe ser igual y contraria á la accion que la produjo, y esta es la causa por qué las revoluciones de Inglaterra, Francia, y otros paises han cubierto de sangre y de delitos su suelo, vengando en meses ó años de reaccion la opresion de siglos enteros. Pero si la prudencia puede quitar á esta reaccion el caracter de fisica, y hacerla en cierto modo moral, entonces las Leyes se varian tranquilamente, y sin horrores ni crímenes, antes bien poniendo en egercicio las virtudes. 2. Que toda variacion, ó sea revolucion por ceñirnos á la espresion vulgar, que haga el Pueblo por sí mismo, debiendo ser larga y por consecuencia des. graciada, y acabar en nueva tiranía, solo puede ser feliz cuando indicada por el pueblo, sea egecutada por el gobierno mismo; de lo que se sigue, que es necesario conservar el gobierno, y no así como quiera, sino conservarle con la consideracion y fuerza necesaria para que se haga obedecer. La fuerza disuelta y tumultuaria de los pueblos no sirve, por grande que sea, para establecer nuevas instituciones; solo puede hacer esta operacion con la fuerza continua y reunida de los gobiernos. Así pues, lo que necesitabamos era transformar el gobierno, pero no destruirle. De haber comenzado los pueblos por destruir su gobierno, han resultado las calamidades de todas las revoluciones, y esto provino de haber transportado á los hombres el aborrecimiento que solo debe tenerse á las cosas.

Las Naciones en una larga serie de siglos, asesinando Príncipes y Magistrados, no han hecho

substituir un tirano á otro; si en lugar de decir, “Muera el tirano," hubieran dicho, "Muera la tiranía,” lo hubieran acertado.

mas que

Como las tempestades en el orden fisico de la naturaleza, son las revoluciones en el orden moral de la sociedad. Aquellas son un efecto necesario del desorden y falta de equilibrio de principios naturales, y estas lo son del abuso del poder y falta de equilibrio en los derechos y obligaciones; el efecto de las primeras es el restituir el vigor y lozanía á la mustia y moribunda naturaleza, y el de las últimas restablecer la fuerza de las Leyes protectoras de los pueblos. Pero el efecto de las primeras es fijo y seguro, porque la naturaleza obra siempre por leyes invariables; y el de las segundas es tan vario, como lo son las opiniones que dominan en los hombres; y de aquí procede, que la mayor parte de las revoluciones han acabado por establecer una nueva tiranía sobre las ruinas de la antigua, porque no fijandose en principios seguros la marcha de las nuevas disposiciones, su continua y penosa situacion fatiga á los pueblos y á los gobiernos, y se abandonan á la muerte; los unos, cansados de no ver cumplidos nunca sus deseos, y los otros, de no acertar á satisfacerlos; aquellos, de tocar males en lugar de los bienes que se prometian, y estos, de encontrar vituperios donde esperaban alabanzas.

El movimiento del Egército y del Pueblo había sido solo el relámpago precursor de la tempestad que amenazaba, preñada de venganzas, pasiones é intereses opuestos que nunca se concilian, una vez desatados, y ¿ como impedir su funesta esplosion? Conteniendo la exaltacion, y desarmando la arbitrariedad; guiando al Monarca por el camino de la Ley, y al Pueblo por el de la obediencia racional; anticipandose, ó previniendo la esplosion de la revolucion, así como el sabio físico, que para evitar la de una nube, la descarga del eléctrico, y restituyendo por este único y verdadero medio el equilibrio á la naturaleza, restablece la atmosfera á su brillante serenidad, sin pasar por los horrores del trueno, ni los estragos del rayo.

No adormecía al vigilante celo de la Junta la apariencia de tranquilidad y buen orden con que el Pueblo había hecho su movimiento, porque conocía que nunca en su principio se desencadenan las pasiones innobles que las revoluciones abortan, ni se manifiesta en el principio la discordia, porque la primera impresion del peligro causa naturalmente la union, que la imprevision atribuye á igualdad y conviccion de principios. Lejos de este funesto error, la Junta comprendía toda la estension de las consecuencias necesarias de una revolucion, que cualquiera que fuese su primer aspecto, podía ser tanto mas terrible, cuanto ademas de romper el antiguo yugo

del poder arbitrario, tenía que vengar á la razon ultrajada, por seis años de persecuciones inicuas que habian ofendido a todos, y hecho gemir millares de familias; añadíase á esta consideracion la del efecto que producen en tales crisis, las teorías exaltadas, que confunden los hombres con las cosas,

Tal se

y el derecho del pueblo con su fuerza, no considerando que no hay derecho contra razon en nadie, aunque en el pueblo hay fuerza para todo.

La situacion en que se hallaba la Junta era delicada, porque su fuerza moral tenía que ser á un mismo tiempo el escudo del Rey y del pueblo; uno y otro esperaba de ella la seguridad de sus respectivos derechos, y era dada

por

ambos como una garantía mutua de sus operaciones. consideró la Junta, tal se hizo considerar del Pueblo y del Gobierno, para que ambos se persuadiesen, de que conservaría escrupulosamente la línea de demarcacion de sus derechos y obligaciones, y nada propondría que no fuese dirigido á guardar y asegurar los del trono y del pueblo, evitando cuidadosamente toda invasion del uno sobre los del otro, que es el verdadero medio de derramar el saludable bálsamo de la confianza, único calmante de las agitaciones políticas. Tenía pues que contener la natural tendencia del pueblo y del gobierno á abrogarse derechos, y disminuir obligaciones; y como el mantener este justo equilibrio, así como es la mayor dificultad, es el único medio de llevar á efecto la salud de la Patria, la Junta formó desde luego la resolucion de mantenerle tan invariable, que el que hubiese querido invadir los derechos del otro, hubiera tenido que pasar por encima de sus cadáveres, así el pueblo para atacar los derechos del trono, como el Rey para invadir los del pueblo.

Dificil cosa parecía que nuestra revolucion no fuese acompañada de los desastres que

todas las de otras naciones, pero la Junta se atrevía á esperarlo, siguiendo sus principios, y aprovechando con arreglo á ellos el momento decisivo que cada cosa tiene en el mundo, y aunque conocerlo y aprovecharlo sea el mayor esfuerzo de la prudencia, sus buenos deseos le ocultaron la escasez de la suya, fiada en que, tomando sobre sí la revolucion en el instante de su crisis, podría darle una direccion fija y favorable, y conseguir así el sugetar sus resultados á calculo; porque, sin duda, sin una direccion determinada, las revoluciones marchan ciegamente entregadas al acaso; los hombres no ven el fondo del abismo que se abre á sus pies, y cada dia es una nueva revolucion, que aborta y engendra al mismo tiempo sucesos, que los hombres mas sabios no pueden esperar ni prevenir. Uno de los principales resultados que la Junta se proponía sacar de su conducta, fundada en estos principios, era hacer amable la causa de la libertad, separando de ella las tristes escenas que suelen acompañar, ó mas bien impedir su establecimiento, y lograr que el despotismo huyese de vergüenza y confusion del suelo de las Españas, probando al pueblo y al gobierno que la libertad bien organizada, no solo se conforma con la Ley, sino que la fortifica y ennoblece.

No era menos grave el cuidado que la Junta debía tener de no dejarse

sorprender, tanto por los estravíos de la exaltacion de los amantes de la Jibertad, como por las arterías y sugestiones de los enemigos de ella, y mucho mas conociendo la astucia de los últimos para sacar partido y servirse de la efervescencia de los primeros, como del instrumento mas á propósito para minar los cimientos de la libertad naciente. La exaltacion por sí sola en cualquier sentido que sea, trae consigo la intolerancia y la infraccion de las Leyes protectoras de la libertad, y presentando siempre á los gobiernos un estado inseguro y revolucionario, tiraniza la opinion, y esparce la alarma y la zozobra. La Junta, pues, se propuso como un principio de conducta de la mas alta importancia, evitar toda exaltacion en sus disposiciones, y no dar margen á la pública, fijando en su corazon la importante verdad de que, “Los Reyes se harán tiranos por política, siempre, que sus súbditos se hagan rebeldes por principios.”

Tendida la vista sobre el vasto espacio de las revoluciones, y adoptados principios generales para conducirla felizmente, faltaba todavía considerar los obstáculos que presentaba el estado particular de las Provincias. La guerra civil había comenzado desde que el Egército, reunido en Andalucía, recibió la orden de obrar hostilmente contra las tropas de la Isla ; la causa y el nombre de Nacional de un Egército, y de Real del otro, hacian verdaderamente enemigos unos de otros á los Españoles, y las hostilidades empezadas entre los dos Egércitos, ofrecian ya todo el caracter у

encarnizamiento de la guerra civil.

El aspecto de las Provincias levantadas, que habian formado sus Juntas Provisorias cada una de por sí, y cortado toda comunicacion con el gobierno, partiendo sin uniformidad, aunque con el mejor orden interior, amenazaba una escision, ó que tal vez levantase la cabeza la hydra del federalismo. El gobierno acababa de ceder, despues de dos meses de lucha ; su trasformacion de absoluto en moderado no podía ser obra de un momento, y hasta que los principales agentes fuesen substituidos por otros, y el régimen Constitucional se estableciese, ni el Egército de la Isla, ni las Provincias podian ni debian dejar su actitud imponente y armada, porque esta era su única salvaguardia y garantía; invitarlos á desarmar y á entrar en comunicacion de pronto, sin que antes se les diesen pruebas de la buena fé y decision del gobierno, podía parecer un lazo tendido por este para reducirlos á la obediencia pasiva, y como no tenian ciertamente motivos de esperar ningun bien, y sí de temer todo mal, segun la esperiencia de seis años, su suspicacia era justa, era necesario respetarla, y abrir á la confianza el único camino de la buena fé, con pruebas indudables de una marcha leal y constante por la noble senda de las nuevas instituciones.

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