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Pido, pues, que con arreglo á la Constitucion se declare, haber lugar á la formacion de causa contra todos los que han firmado la representacion hecha a las Cortes; y que así acordado, se pase al Gobierno el expediente, para los efectos que correspondan.

7. Discurso pronunciado por el Señor Romero Alpuente en la dis

cusion sobre el mismo asunto de que trata la segunda parte del dictamen de la Comision, nombrada por las Cortes para informar y proponer las medidas oportunas sobre las ocurrencias de Cadiz

.

y Sevilla,

El Señor Romero Alpuente.-Me opongo al dictamen de la Comision; porque

lo

que propone me parece poco con respecto á los Ministros, y anticonstitucional y oficioso en cuanto a la invitacion sobre nuevas medidas. Esto último se demuestra con sola la observacion, de que al poder ejecutivo toca hacer á las Cortes Estraordinarias las propuestas que crea convenientes, para que el legislativo pueda ofrecer lo que necesite. Lo primero, ó lo relativo á los Ministros me parece poco, porque la separacion ha de ser de todos, todos los actuales; y su reemplazo ha de hacerse con otros tantos que, á las calidades de sus respectivos destinos, junten una firmeza varonil de caracter, y la de ser conocidamente amantes de la Constitucion. Hace mucho tiempo, Señor, que formé juicio de que estos Ministros no eran á propósito para las circunstancias, que no tenian todos aquellos conocimientos y aquella energía que eran menester, para resistir á tantos enemigos como habian de atacarlos; y que reducidos por sus arterías palaciegas, los convertirían en instrumentos de sus pérfidas miras y de nuestra esclavitud. Este triste vaticinio iba á cumplirse de lleno si Cadiz no hubiera levantado el grito, y la demostracion de tan importante como amarga verdad formará el objeto de mi presente discurso.

Acaban las Cortes de oir el empeño que tenian algunas de las otras naciones, en que los Ministros pasados fueran separados de sus destinos. Es imposible que el Congreso haya olvidado el mismo empeño que nuestros enemigos interiores del sistema, ó la junta suprema de conspiradores que hay oculta en Madrid, habia formado para llevar a cabo sus tramas, y sobretodo salvarse del peligro que corria, por haber cogido los Ministros los hilos de ellas, como con referencia á documentos lo aseguró al Congreso en la legislatura pasada la Comision de su seno, nombrada para informarse sobre el estado de la nacion. Mucho menos han podido olvidar las Cortes la simultánea y sorprendente separacion de todos los Ministros pasados, de que se les dió parte en los momentos de que eran mas necesarios, como los primeros dias de la legislatura, por deber enterarla en ellos del estado de la administracion pública en sus respectivos ramos. ¿Quien, pues, podrá dudar que esta separacion repentina y simultánea de los Ministros, fue la obra y el triunfo de los Gabinetes estrangeros y de la junta de conspiradores, y que consistiendo sus ventajas en arrancar primero de los Ministros los hilos de las tramas para salvarse del peligro, y trabajar despues seguros dentro y fuera de España en nuestra ruina, todos sus tiros con los nuevos Ministros habian de dirigirse al principio á poner las tramas de su conspiracion tan á cubierto, que para siempre jamás se perdiesen sus hilos, y despues á hacer por sus manos lo que era imposible á las suyas ? Siga conmigo, el que lo dudare, el camino que ha de llevarnos al conocimiento de estas verdades.

Los hilos de la trama estaban en los Ministros impropia é indirectamente ; ni podian estar de otra manera en los agentes del poder ejecutivo; estaban porque los sabian, y los sabian porque los jueces interinos, que habian puesto, querian y sabian cogerlos. Los hilos estaban propiamente en las causas formadas, y las causas en poder de jueces amantes de su patria, sabios é incorruptibles. Estaba la mayor y mas interesante parte de ellas en Guerrero de Murcia, en Serrano de Valencia, en Lanuza de Alcalá de Henares, y en Castejon de Madrid. Guerrero y Serrano habian estado presos, por amor á la Constitucion, los dos últimos años del despotismo; y Serrano es el que firmó la sentencia de muerte contra Elío, y ha sido nombrado Diputado para las próximas Cortes por la provincia de Valencia, siendo natural de la de Aragon. Lanuza es un hombre venerable por sus vastos conocimientos y por su acendrada probidad, por su decidido amor al sistema y por sus canas, digno de ocupar una silla en el tribunal supremo de justicia. Castejon fue síndico de Madrid, luego que se restableció la Constitucion; era uno de los abogados de su colegio mas acreditados por su ilustracion, sensatez y virtudes. Nombrado juez interino de primera instancia de esta Corte, fue condecorado con los honores de la Magistratura, y en estas elecciones ha sido nombrado Diputado á Cortes por la provincia de Madrid, como vecino, y tambien por la de Aragon, como hijo suyo. Tales eran las manos que habian cogido los hilos de la trama, y manos tan respetables, aun para el Gobierno mas absoluto, era preciso despedazar, y despedazar aun con ignominia en un gobierno representativo, para conseguir que los hilos desapareciesen para siempre, como se pretendía. A pesar, pues, de todo, manos tan respetables se despedazaron con ignominia; porque estos jueces interinos dejaron de serlo; las causas pasaron á otras manos, y los hilos de la trama se perdieron

para no cogerse jamas ; ; cuales serían los esfuerzos de los conspi

U

radores, y cuanta la imprevision ó debilidad del Ministerio para una injusticia tan ofensiva al pudor y tan escandalosa! Siempre hubiera sido increible quedar sin sus juzgados Guerrero, Serrano y Lanuza, porque aun cuando no estuviesen ya entendiendo en estas causas, debía buscarseles y rogarseles que se encargaran de ellas; pero la injusticia nunca sería tan escandalosa y tan ofensiva á las leyes del pudor como la ejecutada con Castejon ; porque ni las causas de los otros estaban en Madrid como las de este, ni la gravedad de las de afuera era igual a la de las de esta Corte: ninguno merecia mas los honores de magistrado que Castejon, Señores; propuesto por el Consejo de Estado para la propiedad de juzgado en el primer lugar de una terna, no fue nombrado; y vuelto á proponer por el mismo Consejo para la propiedad, tambien en el primer lugar de otra terna, segunda vez fue desatendido. Pondere ahora el Ministro su patriotismo y virtudes; nunca podrá negar que este fue el triunfo mas dificil y completo que pudieron imaginar los conspiradores, y que para la seguridad de los buenos, tanto como de las libertades patrias, fue un golpe casi mortal, Si así no lo conoció, confiese su ignorancia; si lo conoció y no pudo resistirle, confiese su debilidad. La debilidad ó la ignorancia son defectos ó vicios en las personas particulares; pero en los Ministros son crímenes, tanto mas peligrosos cuanto son menos notables, mas fáciles de cometerse, y de consecuencias mas ruinosas al Estado que los verdaderos crímenes de accion, como la concusion y el prevaricato; y aunque nunca se confundirán los principios de donde proceden unos y otros, la falta de malicia podrá librarlos de las penas criminales, pero la falta de prevision ó de fortaleza, siempre los arrojará con ignominia de unas sillas destinadas para almas mas grandes.

Consecuencia terrible, pero cierta; nos quedamos no solo sin los hilos de la trama, dejando en absoluta seguridad á los conspiradores, sino tambien sin justicia criminal para los enemigos del sistema. Porque si unos jueces de tanta rectitud, como los cuatro de Valencia, Murcia, Alcalá y Madrid, perdieron sus juzgados interinos, y no obtuvieron la propiedad por ser justos é inflexibles contra los enemigos del sistema, ¿qué juez tendría

ya
valor
para
mirarlos sino con el

mayor respeto, para no huir de donde pudiera tropezar con ellos, y para no examinar y volver á examinar los testigos para desvanecer hasta los mayores cargos ? Si, Señor, la España se quedó desde entonces sin justicia criminal para sus enemigos, porque así se ha castigado á los jueces que trataban de administrarla ; y al contrario, hay injusticia criminal para los amigos de la Patria, porque hay un interes muy grande en su esterminio; y lejos de ser esto un crimen, puede alegarse como un mérito distinguido para los ascensos. Hay

no

escándalo de justicia, sí Señor, porque no la hay; los encargados de ella llegan á temblar, porque hay muchos que quieren confundirse con los Vinuesas, habiendo dado lugar á esto el Ministerio mismo; porque con su conducta ha ligado las manos á los jueces, y ha forzado al Pueblo á que se la administre. De aquí ha provenido que hasta los mejores magistrados, como la mayor parte de los que entendieron en la causa del revocador, amigos mios y hombres sin mancha, hayan sido comprometidos y confundidos con los perversos, por haber perdido su fuerza moral la administracion de la justicia en España, desde que el Ministerio la proscribió con el escandaloso ejemplo de los cuatro jueces.

Sigamos ahora la historia de sus contemplaciones y condescendencia con nuestros enemigos. Libres ya del horroroso peligro que corrian en manos de Jueces tan incorruptibles, reemplazándolos otros, probablemente á propósito para servir menos á su Patria que á los protectores de ellos, no les quedaba que hacer sino proseguir impávidamente los planes de la conjuracion, y como para ello era menester que el Pueblo que es el campo en que estaban trazados, se preparase para recibir todo el impulso, hicieron lo que era muy natural, apretar de nuevo las vendas á sus ojos, para que no conociera los errores en que le babian criado, ni viera las ventajas que le ofrecia el venturoso nuevo sistema.

Para esto no se habia de hacer novedad con los malos Obispos, y las órdenes dadas sobre la secularizacion de religiosos habian de entorpecerse por los mismos Obispos, de acuerdo con el Nuncio y Su Santidad; porque secularizados sin dilacion los regulares se hubieran derramado sin medida las luces; y estrañados los malos Obispos, los hubieran substituido Gobernadores que no hubieran consentido el uso del confesionario ni el del púlpito, sino á los dignos Ministros del Dios de paz; ni hubieran hecho á los Pueblos las visitas que algunos para alucinar á los incautos, y fijando su vista en el aumento de contribuciones, apartarla de la baja de los diezmos para que, en vez de conocer la ganancia, no hallasen mas que pérdidas en el sistema, y en lugar de estirpar los errores de la supersticion, arraigarlos mas, disponiendo los ánimos á la rebelion contra la augusta lápida, asegurando la mas colmada cosecha de sus trabajos, cuyas muestras se dejaron ya ver muy á los principios en Alcañiz; y segun el correo de hoy se han dejado ver tambien en Caspe, Calatayud y Huesca, habiendose arrancado la lápida en esta ciudad, y capitaneado á los rebeldes un sobrino del Obispo de Tarazona. Pero para tantas medidas era preciso ganar á los Ministros: el de Estado, para que no nombrara un representante sabio, firme, ardiente y patriota, cerca de la Corte de Roma, que diera á conocer á su Santidad y á su Nuncio los derechos de la España, y no hiciera ninguna mudanza en sus empleados ; el Ministro de la Gobernacion, para que no pusiera por Gefes Políticos á Militares, que supiesen esgrimir la espada y no la pluma, como convenía para descubrir á los facciosos, vigilarlos y perseguirlos; el Ministro de Gracia y Justicia, para que las representaciones que llovian contra los malos Obispos de Cataluña, Aragon y Castilla la Vieja, quedasen desatendidas; las reclamaciones contra las visitas que hacian por los Pueblos, no para edificarlos, sino para destruirlos, se echasen bajo la mesa ; los acuerdos del Congreso que le facilitaban el estrañamiento de los que lo merecian, especialmente el de los Obispos de Osma y Calahorra, descubiertos en la insurreccion de Merino, fuesen dados en vano; el Ministro de la Guerra, para que no solo consintiera en los cuerpos los Gefes sospechosos y malos, no solo aumentase su número, dando ya decretos para que los ascensos fuesen

por

antigüedad, ya plazas de Capitanes á pages del Rey admitidos en su servicio en estos seis años últimos, habiendo mas de dos mil Oficiales sobrantes, sino que los forzara á callar, privandoles la reunion en cuerpo para el ejercicio de su derecho de peticion. Empresa era bien dificil reunir tantos Ministros para tantos puntos, todos tan convenientes á los enemigos de la patria ; empresa tanto mas dificil cuanto envolvia el empeño, de que estos Ministros encargados de llevar adelante el tránsito de la esclavitud á la libertad, estaban obligados, por una parte, á disponer las cosas de manera que los enemigos del sistema se hiciesen sus amigos, ó se les redugese á la impotencia absoluta de hacernos daño, y por otra, á conservar el ardor de los amigos nuestros, y aumentar su número y su fuerza; y los conspiradores venian á pedirles todo lo contrario. ¿Y lo consiguieron? El éxito escedió sus esperanzas. El Ministerio de Estado, no solo no hizo novedad en los cónsules, enviados y ministros cerca de las Cortes estrangeras, manteniendo de consul en Burdeos á Montenegro que fue de la Camarilla, en Bayona á otro cónsul que no inspira la mayor confianza, en su Secretaría á todos los oficiales que habia antes, sino que para la embajada á Portugal, tan importante en estas circunstancias, nombró á Revillagigedo, cuyas pruebas de amor á la Constitucion son ó podrán ser las que se quieran, pero carecen de la publicidad que tienen las de otros conocidamente á

propósito para una comision de tanta consecuencia ; el Ministerio de Paris, mas delicado aun que la embajada de Portugal, se ha provisto en Casa Yrujo que ha servido bien al despotismo; y cuando mas que nunca, reclamaban los derechos de la nacion ministros intrépidos por la libertad, y sabios en todos ramos, especialmente en el de la diplomacía, en las Cortes de Roma, Viena y Petersburgo por las notas pasadas á las otras Cortes, injuriosas á las nuestras, los tienen vacantes ; porque aunque el de Petersburgo

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