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bunal de Justicia, y las públicas por un inmenso concurso, el Señor Secre. tario Don Marcial Lopez, leyó la lista de los individuos que habian de componer la Diputacion destinada á recibir á S. M. la Reyna, y Señoras Infantas, para quienes estaba dispuesta y elegantemente adornada una de las tribunas, los individuos de la Diputacion eran los Señores Golfin, Dolarea, Marin, Jonte, Quintana, Azaola, Zayas, Baamonde, Losada, Gareli, Carrasco, Gisbert, Montoya, Arispe, Inojosa, Justo García, Arneda, San Miguel, Cuartero, Navas, Victorica, Alvarez, Soto-Mayor, Lasanta, Zapata, Zufriategui.

El mismo Señor Secretario Don Marcial Lopez leyó á continuacion la lista de los Señores Diputados nombrados para recibir al Rey, y fueron los siguientes : Conde de Toreno, Vargas Ponce, Serrallac, Cuesta, Quiroga, Centolla, Vadillo, Moreno Guerra, Lobato, Villa, Lariva, Lagrava, Morales, Cortes, Ledesma, Fondevilla, Banqueri, Traver, Muñoz Torrero, Lazaro, Florez Estrada, Vecino, Calderon, Cantero, Oliver, Rey, Janer y Peñafiel.

Habiendose anunciado la llegada de la Reyna, salió la Diputacion nombrada para recibir á S. M. y AA., quienes poco despues con su respectivo acompañamiento se dejaron ver en su tribuna, endonde se mantuvieron de pie hasta la entrada del Rey, que se verificó pocos momentos despues, precedido de la Diputacion que había salido á recibirle, y acompañado de SS. AA. RR, sus augustos hermanos, y seguido de su brillante y numerosa servidumbre de Gentileshombres, Mayordomos &c., que se quedaron en la barandilla. El Rey entró descubierto, subió al Trono, y se sentó en él. Sentáronse á su izquierda los Señores Infantes; quedó á su derecha de pie el Mayordomo mayor, y á su izquierda detras de la silla el Capitan de la Guardia, y los Secretarios del Despacho quedaron tambien á pie á los lados del Trono. Subieron entonces el Señor Presidente y los Señores Secretarios. El Señor Presidente se puso á la derecha del Rey, y los Señores Secretarios al frente, teniendo abierto los Señores Clemencin y Cepero, como Secretarios mas antiguos, el libro que contenía la forma del juramento. El Señor Presidente tenía en sus manos el Libro de los Evangelios, y levantandose el Rey, y con él todos los Señores Diputados y espectadores, S. M. puesta la mano derecha sobre los Santos Evangelios, hizo el juramento en los términos siguientes :

Don Fernando VII. por la gracia de Dios y la Constitucion de la Monarquía Española, Rey de las Españas, juro por Dios, y por los Santos Evangelios, que defenderé y conservaré la Religion Católica, Apostólica Romana, sin permitir otra alguna en el Reyno: que guardaré y haré guardar la Constitucion Política y Leyes de la Monarquía Española, no mirando en cuanto hiciese sino al bien y provecho de ella; que no enagenaré, cederé, ni desmembraré parte alguna del Reyno; que no exigiré jamás cantidad alguna de frutos, dinero, ni otra cosa, sino las que hubieren decretado las Cortes ; que no tomaré jamás á nadie su propiedad ; y que respetaré sobre todo la libertad política de la Nacion, y la personal de cada individuo ; y si en lo que he jurado ó parte de ello, lo contrario hiciere, no deseo ser obedecido, antes aquello en que contraviniere sea nulo, y de ningun valor. Así Dios me ayude y sea en mi defensa, y si no, me lo demande."

Concluido el juramento se sentó el Rey, y los Señores Presidente y Secretarios bajaron las gradas del Trono; sentáronse los Señores Infantes y Diputados, y el Señor Presidente, ocupando su lugar y puesto de pie, dirigió á S. M. el discurso siguiente:

"SEÑOR, “Las Cortes en tiempo de menor ilustracion, pero de grandes y sublimes virtudes, conservaron las Leyes fundamentales del Reyno, la gloria y esplendor del Trono, y la prosperidad Nacional ; pero una tan sabia institucion

que unía al Rey y á la Nacion con los grandes y nobles sentimientos de amor y lealtad, vino progresivamente á menos ; cayó por último en olvido, y la Nacion llegó á ser el Teatro de la ambicion, como el Rey el instrumento de las pasiones. El dia del nacimiento de V. M. fue la aurora de la restauracion de España, y mas de veinte millones de habitantes vieron en el tierno Príncipe, el digno sucesor de San Fernando. Congratulábanse con estas dignas esperanzas, cuando al mismo tiempo, en el seno de la Nacion, se concebía el sacrílego proyecto de atentar á los sagrados derechos de V. M.; un vil impostor introduce con la mas negra perfidia sus huestes enemigas, y arranca de los brazos de los fieles Españoles á su amado Monarca, en el momento mismo en que felizmente se había sentado en el Trono de sus gloriosos progenitores. Entonces rugió el Leon de España, y un grito general y uniforme da aliento y vigor á los esforzados hijos de Pelayo, y mientras que los bravos guerreros presentan sus pechos de bronce, y auyentan de este virtuoso suelo las Legiones del Tirano, los Padres de la Patria que habian sido llamados por el voto general de las Provincias, restablecen la Constitucion de la Monarquía Española, que declarando solemnemente sagrada é inviolable la persona del Rey, afianza mas la Corona sobre las Reales sienes de V. M.; le asegura de las viles asechanzas de algun valido, y puede V. M. hacer así mas libremente el bien de los Pueblos, y su pública felicidad.

“Creian los dignos hijos de la Madre Patria, que no podian corresponder mejor á la confianza cop que les habian honrado las Provincias, ni ofrecer á su Rey un obsequio mas agradable, que dar firmeza á un Trono vacilante, apoyandole sobre la base de una Ley fundamental, que siendo el testamento de nuestros Padres, y la espresion de la sabiduría, de la justicia y de la voluntad general, cerraba las puertas, no menos á la vil lisonja, que á una injusta agresion; aseguraba la administracion de la justicia ; establecía un sistema justo en la hacienda pública, y sancionaba el debido respeto, obediencia y veneracion a las Leyes y á la autoridad Real. Así pensaban en Cadiz los Representantes de la Nacion. Yo les ví, Señor, lanzar profundos suspiros al Cielo, al acordarse del duro cautiverio de su Rey. Yo les ví, como hijos desamparados, derramar lágrimas de dolor y de amargura, y humillados ante los Altares del Cordero de Dios, pedir que volviese tan tierno Padre á los brazos de su numerosa y desconsolada familia. Yo les ví, arrebatados de Júbilo y alegría, desahogar su oprimido corazon, cuando supieron que el Señor se había dignado oir sus fervorosas oraciones, y que el Angel tutelar de la España había bajado á despedazar las duras cadenas de la tiranía. Tales eran sus generosos sentimientos, cuando el sórdido interés, la sagaz ambicion, la atroz calumnia, y una cruel venganza, despues de haber meditado en la lóbrega mansion del crimen de sus detestables maquinaciones, se atrevió á llegar hasta el Trono y profanar sacrílegamente el Santuario de la Magestad. Pero cubramos, Señor, con un velo estos tristes testimonios de la flaqueza humana.

“Llegó por fin el dia feliz en que apareciese sobre el horizonte Español, un astro luminoso que disipará las nubes espesas que había estendido la intriga y la maledicencia, y se presentará la Santa Verdad con toda la brillantez, que escita en muchos la admiracion, el respeto en otros, la confusion en muchos, y el convencimiento en todos. La España vuelve dichosamente á ver reunidas las Cortes, que hicieron tan gloriosos los reynados de los Alfonsos y Fernandos; y la mas virtuosa de todas las Naciones, olvida los agravios, perdona las injurias, y solo se ocupa y se complace con el restablecimiento de un Gobierno Constitucional; en conservar la pureza de la Santa Religion, y en dar testimonio de gratitud y veneracion á su Rey, sentado ya sobre su augusto Trono en el Congreso Nacional, despues de haber prestado un solemne juramento, con el que se ha hecho mas grande que el hijo de Filipo con la conquista de los Reynos del Oriente. ¡O Rey magnanimo! los nobles y leales Españoles reconocen los innumerables males de que los habeis salvado con este acto generoso, derrocando el genio del mal, que estaba para arrojar la tea de la discordia entre nosotros. Todos esperan que se acabe de sofocar este germen ve. nenoso, y que en su lugar tome un asiento eterno la paz y la concordia.

Desaparezcan para siempre los temores, los sobresaltos y la desconfianza que almas criminales han procurado inspirar continuamente en el corazon del mejor de los Reyes, y todos se miren al rededor del Trono con aquella alianza fraternal, que asegura el orden, produce la abundancia, mantiene la justicia y conserva la paz. Y yo órgano fiel de este Congreso, y de la grande Nacion que representa, permitidme, Señor, que os ofrezca el debido homenage de su lealtad, y de los nobles sentimientos que le animan.

“ La misma España que en todos tiempos ha dado claros testimonios de lealtad y amor á sus Reyes, solemnemente os ofrece, que si las virtudes de sus esclarecidos Padres fueron siempre el mas firme apoyo del Trono y del Monarca, sus hi os que acaban de dar en la guerra mas sangrienta, egemplo de fidelidad que no conocieron las generaciones pasadas, harán sacrificios dignos de los héroes Españoles, y de la admiracion de los futuros Siglos."

A este discurso del Señor Presidente contestó S. M. diciendo:

“Agradezco las espresiones y sentimientos de amor y lealtad, que por el órgano de su Presidente me manifiestan las Cortes, y con su cooperacion espero ver libre y feliz a la Nacion que tengo la gloria de gobernar."

Concluidas estas palabras, leyó S. M. el discurso siguiente :.

“SEÑORES DIPUTADOS, “Ha llegado por fin el dia, obgeto de mis mas ardientes deseos, de verme rodeado de los Representantes de la heróica y generosa Nacion Española, y en que un juramento solemne acabe de identificar mis intereses y los de mi Familia con los de mis Pueblos.

“Cuando el esceso de los males promovió la manifestacion clara del voto general de la Nacion, obscurecido anteriormente por las circunstancias lamentables, que deben borrarse de nuestra memoria, me decidí desde luego á abrazar el Sistema apetecido, y á jurar la Constitucion Política de la Monarquía, sancionada por las Cortes generales y estraordinarias en el año de 1812. Entonces recobraron, así la Corona como la Nacion, sus derechos legítimos, siendo mi resolucion tanto mas espontanea y libre, cuanto mas conforme á mis intereses,y á los del Pueblo Español, cuya felicidad nunca había dejado de ser el blanco de mis intenciones las mas sinceras. De esta suerte, unido indisolublemente mi corazon con el de mis súbditos, que son al mismo tiempo mis hijos, solo me presenta el porvenir imágenes agradables de confianza, amor y prosperidad.

“; Con cuanta satisfaccion he contemplado el grandioso espectáculo, nunca visto hasta ahora en la historia de una Nacion magnánima, que ha sabido pasar de un estado político á otro, sin trastornos ni violencias, subordinando su entusiasmo á la razon, en circunstancias que han cubierto de luto, é inundado de lágrimas á otros paises menos afortunados ! La atencion general de Europa se halla dirigida ahora sobre las operaciones del Congreso que representa á esta Nacion privilegiada.

“De él aguarda medidas de indulgencia para lo pasado, y de ilustrada firmeza para lo sucesivo, que al mismo tiempo que afiancen la dicha de la generacion actual y de las futuras, hagan desaparecer de la memoria los errores de la época precedente, y espera ver multiplicados los egemplos de justicia, de beneficencia y de generosidad, virtudes que siempre fueron propias de los Españoles, que la misma Constitucion recomienda, y que habiendo sido observadas religiosamente durante la efervescencia de los Pueblos, deben serlo mas todavía en el Congreso de sus Representantes, revestidos del caracter circunspecto y tranquilo de Legisladores. Tiempo es ya de emprender el examen del estado en que se halla la Nacion, y de entregarse á las taréas indispensables para aplicar remedios convenientes á males producidos por causas antiguas, y aumentados por la invasion enemiga que sufrió la Peninsula, y por el sistema estraviado de los tiempos que siguieron.

“La esposicion que presentará el Secretario de Estado respectivo, sobre la situacion de la Hacienda pública, pondrá de manifiesto su decadencia y atrasos, y escitará el celo de las Cortes para buscar y elegir entre los recursos que aun tiene la Nacion, los mas oportunos para atender a las obligaciones y cargas forzosas del Estado. El examen de este punto afianzará mas y mas la idea de lo esencial y urgente que es, el establecer el Crédito público sobre las bases inmudables de la justicia, de la buena fé, y de la escrupulosa observancia y satisfaccion de los pactos, de donde nace el bienestar y la tranquilidad de los acreedores, la confianza de los Capitalistas naturales y estrangeros, y el desahogo del Erario. Yo cumplo con uno de los deberes mas sagrados que me imponen la dignidad Real y el amor de mis Pueblos, recomendando eficazmente este importante asunto á las Cortes.

" La administracion de justicia, sin la cual no puede existir Sociedad al. guna, ha descansado hasta ahora casi esclusivamente en el honor y probidad de sus Ministros, pero sugeta ya á principios conocidos y estables, ofrece á los Ciudadanos nuevos y mas fuertes motivos de seguridad, y promete todavía mayores mejoras, para cuando reformados cuidadosamente nuestros Códigos, adquieran la sencillez y perfeccion que deben darles las luces de la esperiencia del Siglo en que vivimos.

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