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los socios obraban por el ministerio de un factor, dependiente, ó mandatario [1]. Sobre las clases de sociedades Gayo distinguia dos, universales y particulares; pero Ulpiano indica cinco: 1.0 societates universorum bonorum: 2.° societas universorum quce ex quæstu veniunt: 3.0 societas negotiationis alicujus:

4.° societas vectigalis: 5.° societas rei unius; y aunje que cada una reconoglia principios distintos [2) eran

en general administradas por los mismos socios, que se dívidian las funciones, ó por magistri que dirijian la contabilidad y corespondencia,y presidian las asambleas, obligando a la sociedad con los terceros por sus actos y contratos: magistri societatum pactum et prodesse et obesse constat (3). Además, los principios espuestos sufrian la influencia de los generales del mandato. Así, no pudiendo la persona del ciudadano romano ser representada por otro en los actos de derecho puro, resultaba de aquí que los socios no podřan adquirir, enajenar, ni obligarse sino en nombre propio. De que las sociedades no podian contraerse por el intermedio de otro, ni activa ni pasivamente, resultaba tambien que el sccio que se obligaba con un tercero ú obligaba á éste, era el único que tenia accion contra él, [4] ó que estaba sujeto a su accion. La sociedad en cierto modo era estraña á los actos de sus miembros (5).

[1] Massé t. 5, n. 38 bis-Segun Fremery los jurisconsultos romanos no profesaron nunca la doctrina que les atribuyen sus comentadores. Etud. p. 25.

(2) Así, la universal podia tener lugar, etiam inter eos qui non sunt æquiis facultatibus. L 581, D. pro socio.

[5] Gayo l. 14 D. de pactis.
[4) Quod emit, ipsius fit, non commune.

L. 74 D. pro socio.

15] Por mas detalles sobre el carácter de este contrato entre los Romanos, véase Foureix societés commerc. notions historiques.

2—El espíritu de asociacion desapareció con la caida del imperio romano, ó fué á ocultarse en algunos lugares apartados, y solo en el siglo 8.o vuelven á encontrarse trazas en Italia y Francia de los esfuerzos tentados por las clases laboriosas para poner en comun su trabajo y economia [1], contribuyendo no росо

al desarrollo del espíritu de asociacion las reglas del derecho canonico que por ese tiempo prohibian el préstamo á interés, y obligaban por esta razon á entregar el dinero á cambio de una parte anual en los beneficios. Las cruzadas y el descubrimiento de la América aceleraron este movimiento, y bien pronto se sintió la necesidad de nueva jurisprudencia y de reglas fundamentales. Entonces nacieron las ordenanzas de Luis 14, de donde se tomaron las de Bilbao[2], que reconocen ya dos clases de sociedades comerciales, en nombre colectivo y en comandita, consagran decididamente los derechos de los terceros, establecen el arbitraje forzoso, la publicidad para fundar y renovar la compañia, y el gran principio de la solidaridad, con escepcion de los socios comanditarios que no responden sino con el capital que aportan y beneficios que realizan (3); conteniendo además los gérmenes mismos de la habilitacion y sociedad en participacion [4]. El Codigo ha abrazado y estendido estos principios, como vamos á verlo tratando de cada sociedad particular; pe-ro antes sentaremos algunociones generales que dominan la materia,

(1) En el siglo 15 se decia proverbialmente, genuensis est, ergo mercator: valet consequentia.

(2) Los demás Codigos presentan las faces de la época en que se redactaron. En el Fuero Juzgo y el Fuero Real no se encuentra ley alguna sobre las compañias. Las Partidas copian las leyes Romanas. Las Recopiladas preparan las Ordenanzas.

[3] Bilbao cap. 10.

(4) Bilbao c. 10, n. 14 y cap. 11, n. 4. sobre la compra venta.

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CAPITULO PRIMERO

FORMACION DE LA SOCIEDAD

3—La compañia es una convencion, dice el Codigo, por la cual dos ó mas personas se unen poniendo en comun sus bienes é industria, ó alguna de estas cosas, con ánimo de partir el lucro que pueda resultar (1) "Compañia es ayuntamiento, dicen las Partidas, de dos omes ó de mas, que es fecho con intencion de ganar algo de so uno, ayuntándose los unos con los otros” [2]. Para constituir pues sociedad, proprié loquendo, es preciso convenio, no basta el simple hecho capaz de producir indivision ó comunidad [3]. Se necesita tambien que cada asociado traiga algo apreciable en dinero, ó suceptible de produccion, que sea comun el interes y riesgo, y lícito el objeto. Necesitase en fin que

los socios se propongan un beneficio pecuniario, lucrum, ó por lo menos el goce comun de la cosa adquirida en sociedad [4]. La convencion

por
la cual se ofreciese dar parte en las

ga

[1] Art. 387 del Cod. En esta definicion no entra la sociedad en participacion que nada pone en comun. V. el art: 444 del Cod.

(2) L. 1. tit. 10 P. 5.

[3] .G. Lop. gl. 1. á la l. 1, tít. 10, P.5. La sociedad es un contrato, dice Pothier, y la comunidad un casi contrato. De la societé n. 2 y append. n. 182.

(4) Art. 388 y 389 del Cod. Por cuenta y riesgo comun, decia la Ord. c. 16, n. 1. Del objeto lícito habla la 1. 2. tit. 10, P. 5, y del lucro el proemio tít. 10, P. 5, "para poder ganar al go mas de ligero”.

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que

nancias al que nada pusiese, seria una pura donacion; y la que ofreciese una parte de las mismas ganancias al que pusiese solo su crédito, seria nula, porque el crédito no es cosa apreciable (1). No se necesita sin embargo que las cosas que se traen á la sociedad sean de la misma naturaleza, societatem uno pecuniam conferentem, alio operam, posse contrahi magis obtinuit (2); y en cuanto al interés, basta que pueda esperarse en un caso dado [3].

4-De la sociedad es un contrato resulta que no debe confundirse con el casi contrato de la comunidad. La primera es un ser moral, la segunda un estado negativo. Los socios son mandatarios unos de otros. Los comunistas carecen de poderes hasta para simples actos de administracion[4]. Pero no se crea que este ser moral que la ley ha creado sea nuevo, pues se le encuentra, aunque en embrion, en las sociedades vectigales, societates collegiato, de los romanos; y du: rante la edad media, en las que se formaban para el cultivo de las tierras feudales (5). Así, Stracha decia ya, societas est corpus mysticum ex pluribus nominibus conflatum. La jurisprudencia moderna no ha hecho sino adoptar esta personificacion eminentemente útil en el comercio, porque con nuestro sistema hipotecario y legislacion sobre quiebras, los resultados, sin la creacion de esta persona juridica, serian desastrosos, y las complicaciones inestricables (6). De que la sociedad debe tener un objeto licito,

() Pothier de la societé n. 8 y 10.
(2) L.

L. 1, Cod. pro socio.
V. la l. 44 D. pro

socio.
(4) Foureix des societés n. 8.

(5) La liga ansiatica, dice Massé, no fué mas que una vasta asociacion comercial, en que las personas eran ciudades, t. 6, n. 303.

(6) De la solidaridad resultante de aquí tratamos mas abajo.

que la

resulta tambien

que se contrajese sobre hechos ilicitos, ó contrarios á las buenas costumbres, no producirá derechos ni obligaciones entre los socios, salvas las responsabilidades en que incurrieren por los mismos hechos [1]. Así, seria nula la sociedad que tuviese por objeto hacer el contrabando, ó robar, nec enim utia societas maleficiorum, decia la ley romana [2].

5- El derecho comercial por lo demás no conoce sino sociedades particulares, que se distinguen de las civiles

por el mismo signo que el comerciante del no comerciante, es decir

por

los actos de comercio de que aquel hace su profesion habitual [3]. Las sociedades comerciales son pues las que se forman con el fin de ejecutar actos de comercio o de especular con tal ramo de industria; y las sociedades civiles por el contrario, las que tienen por objeto operaciones estrañas al comercio [4]. Hay sin embargo sociedades que no se sabe donde colocarlas, como los seguros mútuos y las tontinas (5).

6-Por las leyes civiles basta para formar las sociedades el simple consentimiento, admitiéndose toda prueba de su existencia (6). Pero por razones de interés público, y á fin de prevenir á los terceros, su formación se ha sujetado en lo comercial á ciertas for

t ᅦ

(1) Art. 198 y 388 del Cod. En las Partidas véanse las le. yes 2 y 9 tít. 10, P. 5, 13, tít. 5y 28, tít. 11, P. 5.

(2) L. 1, %. 14 de tut. et rat. distr. Nec societas aut mandatum, dice tambien la l. 35, . 2, D. de contr. empt. flagitios o rei ullas vires habet.

(3) Entre nosotros se distinguen tambien por la solidaridad Arg. de la 1. 4, tít. 16, lib. 5, R. Cast.

(4) Foureix soc comm. n. 11.
(5) Sobre los seguros mútuos v. el art. 674 del Cod.

(6) La ley 115 tít. 8, P. 3 va hasta sobreponer en ciertos casos la prueba testimonial á los instrumentos públicos.

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