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pasando la noción positiva de que nosotros sentimos ser un sujeto, divaguemos sobre si este sujeto es alma ó espiritu, es mortal o inmortal, es o no reflejo ó destello de Dios, etcéte. ra, etc., por el mero hecho de estos padrinazgos filosóficos que momentos antes he aludido, la Medicina no recabará to. dos sus derechos para formar parte de las verdaderas ciencias y no pasará de ser un intento de ciencia, una ciencia sin constituir. La Medicina, para ser ciencia positiva, debe emanciparse de todo tutelaje filosófico y no debe desarrollarse al amparo de conceptos que ni nos constan ni podemos hoy día demostrar. Así como no hay una Fisica espiritualista, ni una Química animista, ni una Astronomia materialista, sino una Física, una Química y una Astronomía, así también no debe haber una Medicina de tal ó cual color ó de tal ó cual secta, sino simplemente una Medicina, la Medicina científica.

No creáis tampoco, por lo que acabo de decir, que quiero hacer de la investigación experimental la panacea de la investigación científica. Lo dicho sirve para probar la estrecha relación que antes indicaba existe entre el orden con que se han conocido los métodos de investigación científica y el orden jerárquico y cronológico de las ciencias, cuya relación viene también en apoyo de que la inteligencia humana, como la naturaleza, parte de lo más fácil y sencillo para llegar, paulatina é insensiblemente, á lo más difícil y complicado. La experimentación es un medio de investigar la verdad, aplicable especialmente á determinado número de ciencias, como á ciencias de otra determinada clase son aplicables particularmente el razonamiento y la observación. Mientras el razonamiento es el método apropiado y único para la total construcción científica de la Lógica y de las Matemáticas, la observación es el peculiar de la Astronomia, la cual emplea además, como auxiliares, el razonamiento puro de la Lógica y el calculista de las Matemáticas, y la experimentación es el fundamental de la Física, de la Química y de la Biologia, las cuales, á su vez, para llevar á cumplido y exacto término la investigación, lejos de desdeñar los dos métodos anteriores, se sirven de ellos como sus directos auxiliares y sus verdaderos complomentarios. Esto nos explicará por qué el método experimental, cuando se aplica á las ciencias morales y políticas, á las del derecho, etc., etc., no sólo no se sale de los límites de su fecundo campo, sino que si dichas ciencias han de seguir con paso firme y rápido por el camino progresivo que conduce al máximo desarrollo y perfeccionamiento á que toda ciencia aspira, es necesario que estén inspiradas en el valor positivo real de dicho método y en el formal del rigor de sus procedimientos.

Siendo el hombre el objeto de estudio más complicado de la Biologia, y, por su organización, susceptible de delinquir, de mantener relaciones con el Estado, de agruparse en colectividades, etc., etc., resultará que las ciencias que se ocupen del hombre en cada uno de dichos aspectos, como el Derecho penal, el Derecho civil, la Sociologia, etc., etc., por el solo hecho de ocuparse del hombre, tendrán que acudir al método experimental, si quieren elevarse del rastrero nivel de huera palabrería, al alto sitial de ciencias constituídas. El pretender que dichas ciencias han de vivir con el brillo y la nitidez con que nacieron, en la creencia de que puede mancharla ó empañarlo el método experimental con su tosca y callosa mano, ó con su irritante y descarnada realidad, se refleja, con sobrada elocuencia, en las aberraciones y en los desatinos legislativos que más directamente afectan al hom. bre, ya que, desconociéndole los legisladores o, cuando más, teniendo de él un concepto erróneo, incompleto, ficticio, rara vez cierto, completo, real, en apurado trance se han de ver cuando de él se ocupen, dado que siempre ha de resultar muy difícil, cuando no imposible, legislar lo desconocido. ¡Así resultan las leyes! Hoy día, la cuestión política ó de legislación, se resuelve en una cuestión técnica. Mientras los abogados sólo vean en el hombre una entidad psicológica y los médicos sólo una entidad material, la Abogacía y la Medicina serán instituciones raquíticas, por incompletas, y, con frecuencia, erróneas en sus apreciaciones, por exclusivistas. La

Anatomia y la Fisiologia, por un lado, y la Psicologia por otro, formando la verdadera Antropologia, constituyen el único terreno adecuado para sembrar la semilla de todas las ciencias que tienen por principal objeto el hombre; en él deben germinar, primero, y elaborar la savia que les ha de nutrir, después, todas las ciencias que estudian al hombre desde algún punto de vista. Los jurisconsultos, los legisladores, los médicos y hasta los sacerdotes, es necesario que apoyen sus conocimientos especiales sobre el general de la naturaleza humana, que es el que debe suministrar la Antropologia; porque, tanto unos como otros, sólo conociendo la total naturaleza del hombre, podrán orientarse con facilidad en el estudio recto y fructífero de sus parciales objetos. La Antropologia clásica debiera representar el atrio común que diera acceso a todos los edificios científicos erigidos para estudiar desde algún punto de vista la naturaleza del hombre, y por el cual tuviera que pasar forzosamente todo aquel que pretendiera llegar hasta ellos con el fin de cultivar algún ramo de la CIENCIA HUMANA, con que se podría apellidar la suma de las sumas de conocimientos que en cada uno de ellos se atesoraran.

Demostrada la idoneidad de la experimentación para cultivar con provecho esta clase de ciencias, urge, á mi propósito, señalaros el extremo lamentable en que hemos caido por abuso del criterio experimental. Una vez acostumbrados al sabor positivo, real y, por lo tanto, convincente de todos los hechos que la observación nos enseña y la experimentación nos comprueba, sin darnos cuenta, nos hemos dejado arrastrar por el torbellino de los hechos, olvidándonos por completo del razonamiento, sin pensar que, procediendo de este modo, nos colocábamos en el extremo opuesto al del razonamiento puro, pero tan perjudicial y vicioso como éste para tales ciencias, por exclusivista, puesto que si ningún principio es capaz de negar el valor real de un solo hecho, tampoco ningún hecho es capaz de dar de por sí un solo prin. cipio. Si se entiende por ciencia la teoria del arte, y el arte

consiste en la aplicación práctica de un sistema de conoci. mientos, resultará que ni la ciencia es primogénita del arte, ni el arte primogénito de la ciencia, sino que los dos son hermanos gemelos, y, por lo tanto, donde hay arte puede haber ciencia y donde hay ciencia puede haber arte, porque los hechos que en éste se observan y se comprueban, son los materiales que aprovecha la razón para construir la ciencia, pero ésta, a su vez, formula principios y reglas que aquél aprovecha en sus aplicaciones prácticas, representando, en suma, la Ciencia y el Arte, un juego de dos ruedas dentadas que, al propio tiempo que no se concibe pueda moverse la una quedando inmóvil la otra, óbrese sobre cualquiera de las dos, las dos se ponen en movimiento. De donde resulta que la experimentación, por más que representa el medio de investigación más positivo, no debe ser el único empleado por las ciencias que por su especial objeto les corresponde de derecho como peculiar y principal, sino que debe ampararse del razonamiento como medio auxiliar y complementario. De no ser así, nos veremos envueltos y arrollados por el ciclón anárquico de los detalles, como en plena anarquía detalladora se encuentra en particular, y especialmente en nuestros dias, la Medicina, y las ciencias no tendrán otro valor que el de un almacén, en el que se guardarán los hechos en informe montón, y las artes no traspasarán los límites reducidos y vergonzosos del rutinario empirismo.

Estos defectos, no de la investigación experimental como investigación científica, sino del hombre como agente inves. tigador, ya que aquélla ni es buena ni mala, sino apropiada ó impropia para determinados sistemas de conocimientos, están en gran escala y suficientemente compensados por los beneficios que ha reportado al desarrollo formal y serio de cada una de dichas ciencias. Gracias a la investigación experimental, se han desterrado de toda construcción científica; digna de este nombre, todas aquellas absurdas hipótesis é intrincadas teorias que más demostraban el afán exhibitivo y las pretensiones de originalidad que el sazonado fruto de una

inteligencia bien cultivada; gracias a los rigurosos procedi. mientos de la investigación experimental, se han borrado las incertidumbres y las dudas que envolvian las cuestiones cien. tíficas, en el sentido de que hoy día damos por cierto lo verdadero y lo probado, no aparentamos saber lo que no sabe. mos, y hemos llegado, por este solo hecho, á la posesión del mejor asiento para afianzar con seguridad el desarrollo científico real, el cual estriba en saber lo que se conoce y en conecer lo que no se sabe; acostumbrados a la comprobación de todo lo que se nos da como verdadero, por virtud del mé. todo experimental, ha desaparecido el pernicioso magister dixit, y sólo la reiterada prueba y contraprueba es la que da el valor preciso al hecho investigado; debido a la meticulosa escrupulosidad del método experimental, se aprende que todo error de resultado es error de procedimiento, y el investigador, en relación intima y constante con la naturaleza, com. prendiendo las grandes dificultades que tiene que vencer y el caudal de paciencia que tiene que gastar para dar una explicación satisfactoria al más insignificante problema científico, y vislumbrando las inmensidades de lo desconocido, con bondadosa sonrisa en los labios y con aparente calma de espíritu, pero con amarga y desconsoladora pesadumbre en el corazón, oye sorprendido á esas gentes en toda ocasión dispuestas a hablar de todo, aparentando saber lo conocido y lo desconocido, y descubre, en tan aparente sabiduría como indiscreto comportamiento, la ignorancia que les consume y la temeridad que les alimenta; merced, por fin, á la investi. gación experimental, el hombre ha conseguido disponer á su antojo de los elementos y de las fuerzas que espontáneamen. te la naturaleza le brinda, y ha llegado, penetrándose de la precisión y rigor que la caracterizan y combinando artisticamente unos y otras, á resolver cuestiones calificadas antes de irresolubles, á conquistar verdades tan asombrosas como inesperadas, á descubrir horizontes tan desconocidos como dilatados, cuestiones, verdades y horizontes que han sido y son la inagotable fuente de riquezas, representadas por la

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