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puzolanas; rocas cavernosas y escoriáceas, propias de terrenos volcánicos, y que todo hace creer fueron arcillas en su origen, modificadas más tarde por acciones geológicas: las mezclas hidráulicas de Roma eran, por tanto, lo que hoy conocemos con el nombre de pastas puzoldnicas. Estas pastas han caído en desuso, reemplazándolas con gran ventaja por las argamasas de cal hidráulica o de cemento, salvo contados casos en que razones económicas aconsejar su empleo, como en las obras del puerto de Trieste, donde se han usado con excelente éxito pastas preparadas con puzolana de la isla de Santorino, la antigua Thera, en el mar del Archipiélago. Las cales hidráulicas y los cementos, que han adquirido en la construcción importancia tan extraordinaria, no se han conocido hasta época muy reciente: Smeaton, el célebre ingeniero inglés del faro de Eddystone, fué el primero que se fijó en las propiedades de las cales extraídas de calizas arcillosas, y hasta fines del siglo último, en que obtuvo Parker privilegio del Gobierno británico para explotar las canteras calcáreas de las cercanías de Londres, con objeto de preparar un producto hidráulico que no se apagaba como las cales, no se tenía la menor idea de los cementos. Desde entonces se ha estudiado y sigue estudiandose con empeño cuanto se relaciona con la constitución de esas substancias, las causas de su endurecimiento, la resistencia que adquieren, las circunstancias que la aumentan y los métodos de fabricación y empleo: un químico ilustre, Berthier, y un ingeniero, Vicat, no menos insigne en su profesión que en Química, inauguran en Francia tan interesantes trabajos, cabiéndoles la gloria, en especial á Vicat, de que los resultados que obtuvo son aún, en su mayoría, la base de los conocimientos actuales, sin que por ello desmerezcan los notables experimentos de Rivot, Chatoney, Faija, Fremy, Grant, Le Chatelier, Landrin, Leblanc, Hervé, Mangon, Candlot, Durand Claye, Alexandre y tantos otros. Y no han dejado de contribuir al conocimiento de estos materiales los ingenieros españoles: Baldasano en Cartagena, Churruca en Bilbao, García Arenal en Gijón, Pe

layo en Matagorda, han hecho ensayos interesantísimos. ¡Lás. tima grande que, por no haberse prolongado bastante tiempo unos, y por permanecer otros inéditos, no se saque de ellos todo el fruto que pudiera apetecerse!

A Vicat corresponde la gloria de haber fabricado artificialmente las cales hidráulicas y los cementos, que antes se preparaban por la calcinación directa de calizas, creándose con ello importantes establecimientos industriales en cuasi todas las naciones de Europa y América, y sobre todo en ambas orillas del Canal de la Mancha. Por estos medios se logra retardar el fraguado rápido que caracterizaba a los primitivos cementos llamados romanos, obteniéndose productos que se endurecen con relativa lentitud, adquieren mayor cobesión y permiten hacer las manipulaciones en mejores circunstancias. Con los cementos artificiales se alcanza asimismo una ventaja de gran valía, la homogeneidad, tan interesante en ciertas obras delicadas, y que no se consigue con la calcinación directa, por no ser posible que la roca, aunque de la mis. ma formación geológica, esté constituida de idéntico modo en todos los bancos o en cualquier punto de su masa.

Si se supiesen con exactitud las reacciones químicas que se efectúan al fraguar las cales y cementos, el problema industrial se reduciría á mezclar los ingredientes, cales, arcillas, álcalis, agua, en las proporciones indispensables para producir las reacciones que se desearan y con la rapidez que fuese conveniente. Pero, por desgracia, no sucede asi: las nebulosidades en que está en vuelto el endurecimiento de los productos hidráulicos corren parejas con la claridad que reviste el fenómeno en las argamasas ordinarias al contacto con el aire: una desecación más o menos rápida del mortero, una carbonatación lenta de la cal hidratada, he ahí explicado el hecho de fraguar. En cambio, poco puede afirmarse respecto de las mezclas hidráulicas: que la cochura desagrega los elementos esenciales de la arcilla, silice y alúmina, ha. ciéndolos atacables por la cal; y que aquélla, la sílice, es cuerpo absolutamente necesario para determinar el fraguado, ta

les son los únicos principios admitidos sin discrepancia por químicos e ingenieros. En cuanto al papel que desempeña la alúmina, es muy discutido: por lo general se cree que, no pa. sando de cierta dosis, contribuye con la sílice á endurecer la masa; hay quien le atribuye cuasi tanta importancia como á aquélla, y quien la relega á funciones insignificantes; sostienen unos, apoyándose en experimentos, que la alúmina sola no hace fraguar bajo el agua a las cales grasas, al paso que Fremy y Le Chatelier han conseguido endurecer en iguales condiciones los aluminatos de calcio, si bien confesando su poca estabilidad. Y en cuanto a la influencia de la magnesia, os óxidos de hierro y manganeso, los sulfatos y sulfuros y otras substancias, los pareceres aún están más divididos; con la circunstancia de que alguna de ellas, como la magnesia, produjo vacilaciones y hasta cambio de opinión en espiritu tan sereno como el de Vicat: sólo parece probado que los álcalis fijos, en dosis muy reducidas, mejoran las propiedades de los cementos de Portland, es decir, de los de fraguado lento.

Con estos antecedentes, no hay para qué ponderar la disconformidad que reina en la explicación del endurecimiento, desacuerdo que se acentúa cuando los materiales se sumergen en el mar, por las complicaciones que nacen de las sales disueltas en sus aguas. Le Chatelier, cuya teoría, resultado de gran número de ensayos microscópicos y químicos con los cementos de Portland, está muy en boga en la actualidad, supone que los cementos, al salir del horno, están formados esencialmente de un silicato básico de calcio, elemento activo del fraguado y que se produce por precipitación en un silicato múltiple fundido, el cual sirve de vehículo; que aquel silicato básico, en contacto con el agua, se descompone en otro y en hidrato cálcico, reacción fundamental del endure. cimiento, y que á éste acompaña una cristalización producida por la distinta solubilidad de los cuerpos y la formación previa de disoluciones sobresaturadas.

Aun cuando quizá tenga sello menos científico, he admi

tido en la cátedra la explicación dada por Rivot bastantes años antes, por la circunstancia de ser la que con mayor cla. ridad hace apreciar a los alumnos las diferencias características de las diversas clases de cales hidráulicas y cementos. Aquel quimico asigna á la alúmina funciones activas; esta, blece que las cales recién cocidas son, mezclas de silicatos y aluminatos cálcicos y de cal libre: puestas en contacto con poca agua, las cales hidráulicas se reducen á polvo por la extinción de la cal cáustica que encierran; y, añadiendo más liquido, se hidratan los silicatos y aluminatos, formando sales insolubles que fraguan como el yeso por una especie de cristalización confusa. En los cementos no hay cal libre, y de aqui que no se apaguen y se endurezcan con más o menos rapidez, según las proporciones relativas de silice, alúmina y cal atacable.

Tantas dudas, tantas divergencias, tantas incertidumbres en la explicación teórica de fenómeno al parecer tan sencillo como el endurecimiento de los productos hidráulicos, y eso después de los valiosos ensayos de Fremy, Landrin, Merceron. Vicat y otros, lejos de apartarnos de las investigaciones de carácter especulativo, deben empeñarnos más y más en profundizar el arcano, y sólo el dominio de los principios y procedimientos de la Química puede conducirnos, aun á costa de nuevos ensayos, á deducir de una manera sólida, definitiva y general los elementos, en calidad y cantidad, que deban entrar en las argamasas, según las circunstancias que concurran en su empleo. Entre tanto, ya que no sea posible adoptar un método analítico, se usa el sintético: la experiencia hace ver las composiciones adecuadas, sobre todo en los cementos de fraguado lento, que son los más interesantes por la naturaleza de las obras á que se aplican, y á eşas observaciones prácticas se ajusta la fabricación, resultando uniformidad cuasi completa en las análisis quimicas del Portland, cualquiera que fuere su procedencia, siempre que se trate de marcas acreditadas. Para alcanzar tal resultado, indespensables son continuos ensayos de laboratorio; químicos compe

tentes han de ser quienes los efectúen, y á ellos acuden los fabricantes, no desdeñando, por ejemplo, el peritisimo Candlot estar al frente del laboratorio del establecimiento industrial de Boloña. Estos ensayos químicos no son propios exclusivamente de los productos artificiales á que me refiero: la cal hidráulica del Teil, la mejor tal vez de Europa, rayana con los cementos y universalmente reconocida como la más á propósito para la estabilidad de los morteros en las aguas del Mediterráneo; los cementos de escorias, muy de moda en la actualidad, y que con éxito excelente se emplean en las obras del puerto de Málaga; nuestro cemento de Zumaya, de gran renombre entre los naturales de fraguado rápido; todos ellos exigen ensayos frecuentísimos, en primer lugar, de las rocas de que proceden, y en segundo, de los cuerpos obtenidos en la cocción.

Por otra parte, no son suficientes los ensayos químicos, pues ciertas propiedades físicas ejercen marcado influjo en la calidad de los cementos, y por consiguiente en la resistencia que llegan a adquirir y en la rapidez con que á ella se acercan. No se daba antes gran valor a la finura del grano, y hoy se sabe, y unánimemente se reconoce, que el núcleo de las particulas demasiado gruesas permanece inerte, sin que lleguen á él las reacciones: no hay ya tanta conformidad en las magni. tudes o diámetro que convenga adoptar; pero, para formarse idea de cuánto se han modificado las condiciones requeridas á los cementos de Portland, bueno será recordar que no hace muchos años establecia el ingeniero inglés Faija que los granos deberían pasar por un cedazo de 100 mallas en centimetro cuadrado, y no dejar residuo superior al 15 por 100 en tamices de 400 mallas: en los pliegos de condiciones modernos, por ejemplo en varios de los redactados en España, se consigna que los cementos no habrán de dejar arriba del 3 por 100 en tamiz de 900 mallas, ni del 35 en otro de 5.000; guarismos que aun son algo superiores á los propuestos en el Congreso de ingenieros de Dresde y de Munich.

La finura de la molienda modifica, como es natural, el

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