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Llegados á tan lamentable extremo en lo que más directamente ataña á la investigación experimental, núcleo sobre el cual giran hoy día las ramas científicas que a todas horas nos sorprenden con portentosos y colosales descubrimientos, no es posible que nos sostengamos en un nivel superior en lo que de un modo menos directo con él se relaciona, puesto que en este particular asunto no podíamos desmentir el principio, de todos conocido, de la justa y proporcionada relación que siempre hay entre las mismas causas y los mismos efectos. Así en lo moral, como en lo político, como en lo científico, todo período de decadencia, es periodo de corruptelas, de vejámenes, de groserias, de indignidades.

No entra en mis propósitos hacer un estudio crítico del actual sistema de enseñanza que oficialmente nos rige, porque además de no sentirme con bastantes fuerzas, el asunto es tan vasto que bastaria á cansar vuestra atención en varias sesiones. Pero permitidme, sin embargo, que consigne algunos hechos que demuestran el grado lastimoso á que hemos llegado en este asunto, grado que señala, con toda claridad y exactitud, lo que podríamos denominar, metafóricamente, indice moral de la Ciencia en España.

Examinad con cuidado y atención lo que pasa en nuestras Universidades y veréis que, en general (pues aquí también hay honrosisimas excepciones), ni á los alumnos les importa aprender ni á los profesores enseñar; unos y otros asisten á la cátedra á cumplir un deber reglamentario y menos mal si no encargan al ayudante ó auxiliar la explicación de la asignatura durante meses y aun años, gozando ellos de perfecta salud. ¡Ah! señores, ¿qué queréis que hagan los alumnos cuando así se portan los maestros? El mal ejemplo es como la gota de aceite: donde toca, mancha y se difunde.

El Profesorado, por su alta significación, por su misión elevada y trascendental, pues al fin y al cabo de él depen. den las condiciones y cualidades de los pueblos, debiera estar constituido, no sólo por los hombres más sabios é ilustrados de la nación, sino por los que además supieran enseñar, lo

cual no es lo mismo, porque se puede saber mucho en un orden dado de conocimientos y se puede no saber enseñarlos; y para los efectos de la enseñanza, no sé si sería mejor no ser sabio y saber enseñar mucho, que no saber enseñar y ser un sabio. Cuando se piensa en la poderosa influencia que el Profesorado ejerce en sostener, mejorar o aniquilar el estado floreciente de un país, causa profunda indignación, el tan asqueroso y rastrero, cuan desvergonzado y descarado modo con que se suelen pedir recomendaciones para obtener una cátedra en públicas oposiciones ó sin ellas. No hablemos, señores, de los casos, no muy raros, en que el opositor juega toda su influencia para que los jueces que han de componer el tribunal, sean la mayoría amigos o deudores de algún importante servicio; ni de esas convocatorias que de vez en cuando aparecen en la Gaceta y que, por las condiciones que se exigen en el concurso, casi de antemano puede señalarse quién será el favorecido con la vacante; ni de esa puerta falsa, abierta de par en par al favoritismo, que, como en un enigmático juego de magia, se pasa de Ayudante á Catedrático numerario.

Ahora comprenderéis como también, en este vital asunto, la decadencia corre parejas con las corruptelas y las indig. nidades y por qué me levanto airado contra ellas, como de seguro os levantaréis vosotros y todo el Profesorado que tiene en cuenta la importante, la noble, la sagrada misión que le está encomendada. Pero aún hay más; como que el favor obliga, y sólo quien nada debe á nada está obligado, resulta tan colosal el engranaje del favoritismo, de la complacencia, en una palabra gráfica, de la corrupción, que hasta no pocos de los alumnos que no se sienten con fuerzas para salir airosos de un examen, tienen las bastantes para pedir á sus padres recomendaciones que éstos buscan con la más tierna y paternal solicitud, sin pensar que, sea ó no la recomendación atendida, por el sólo hecho de recomendar, ó en nada estimar el porvenir de sus hijos ó por ningún concepto merecen el nombre de padres. En otros casos, los alumnos acuden al

traslado de matrículas, para examinarse, de unas, en tal Uni. versidad, de otras, en otra distinta, escogiendo, para cada una, la Universidad en que menos rigurosos son los exámenes de la que motiva el traslado. ¿Puede darse, señores, una prueba más silenciosa y á la par más evidente del despresti. gio de los Profesores correspondientes?

Ved también lo que pasa con los cursos del doctorado. Dejando á un lado el que los cursos tienen más de ilusión que de realidad, por lo fugaces, el curso del doctorado tendría que ser de verdadera prueba. El doctorado, como título que se exige para poder entrar en el Profesorado, sin que sea necesario para ejercer profesión alguna, debiera ser, no el último adorno de la carrera, como vulgarmente se cree, sino un vivo testimonio, un comprobante indubitable de las aptitudes de quien lo poseyera, para formar dignamente en el Claustro de su Facultad. Mientras el doctorado no sea un curso de estudios superiores en la Ley y en la práctica, un curso de prueba y de rigor, y no un curso de escándalos diarios en plena clase y de informalidades, como fué el de una asignatura de mi doctorado (1), nunca pasará de la categoria de un adorno, en grave daño y directo perjuicio del Profesorado que algunos de estos doctores podrán constituir. Mas, no nos hagamos ilusiones; que esto ha de continuar asi, pruébalo que cuando más se desvivía el Profesor de una asignatura de un doctorado para enseñar á sus alumnos que sólo trabajando mucho se podían examinar con próspero resultado, vino... yo no sé quién ni me importa, á tender un puente para favorecer la emigración y los alumnos, tan pronto lo han advertido, han emigrado.

¿No es verdad, señores, que lo que acabo de referiros es capaz de apenar y conmover el ánimo más fuerte, y de llenar de amargura y de dolor el corazón menos sensible? Pero seguid conmigo y ved lo que pasa en algunas de nuestras

(1). Para sincerarme de este cargo, creo oportuno consignar que en la asignatuta aludida obtuve la nota de sobresaliente en los exámenes ordinarios de Junio.

Reales Academias. Estas Corporaciones, que no tendrían razón de ser si no estuvieran formadas por miembros escrupulosamente escogidos, sirviendo de única norma, para la debida elección, los méritos adquiridos, las véis agonizantes, raquíticas y estériles por atender á tales o cuales compromi. sos, á éstas ó aquéllas presiones, á intimas amistades o á parentescos más o menos próximos y, sobre todo, por estar favorecidas las nulidades, ante las verdaderas eminencias, por la escandalosa honestidad de la votación secreta. Y como que la vida desahogada y pletórica de tan significadas Corporaciones, depende indiscutiblemente del mérito de cada uno de los individuos que la forman, y el mérito, al fin y á la postre, no es más que el sedimento que sin violencia alguna se deposita en el ánimo de las gentes por una labor continua y un trabajo no interrumpido, asi se explica como las nuestras estén en plena holganza y en enervante inactividad y de un modo más acentuado en los trabajos de investigación experimental. Hoy día en que el laboratorio no descansa ni un sólo instante en todas las naciones que caminan á la vanguardia de la civilización y las Academias se ven repletas de temas que versan sobre puntos nuevos y originales de investigación, en España duerme aquél sosegado y tranquilo por la indiferencia con que se le mira y trata, y éstas se encuentran en el más aterrador desierto de semejantes trabajos; pero las que aún quieren mostrarse á los ojos del público como sanas y robustas y en la plenitud de sus fuerzas, bus. can temas de excepcional importancia para mantener discusión durante todo un curso, lo que á duras penas consiguen, demostrándoles la esterilidad, el raquitismo y la agonía en que se encuentran, la falta absoluta de un experimento ó de una investigación propia y original que se trasparenta á través de tan brillantes discursos y de tan aparente sabiduría.

Si es en extremo doloroso cuanto os acabo de decir para todo aquél que se afana por obtener el mayor esplendor posible en la vida científica y para todo aquél que desea ver á su nación al envidiable nivel en que se encuentran las más

adelantadas, es todavía mucho más sensible el ver y el oir el desprecio, o cuando menos la indiferencia, con que tratan este género de investigaciones algunas personas que, por su edad, debieran tener mucha experiencia y circunspección, sí; pero también, por el sitio que ocupan, mucho talento y vastos conocimientos. En Medicina es en donde he observado que abundan más tales sujetos, quienes en vez de representar, como debiera ser, los concienzudos y escarmentados maestros que con sus palabras infudieran ardorosa fe en el corazón de la juventud y la alentaran á proseguir por el ca. mino de la investigación experimental para recabar de la Naturaleza nuevas verdades, representan, como son, la más temible rémora del progreso positivo, o sea del único progreso, los cuales, no contentos con su ruinosa inactividad, desalientan con sus consejos, tan huecos de sentido en el fondo, como ampulosos en la forma, todo ánimo sediento de nuevas conquistas, se burlan con ironía de las más nobles inciativas, juzgándolas descabelladas, y marchitan en flor las más acariciadas esperanzas, llamándolas desatinos. Dentro de esta misma ciencia encontraréis personas de avanzada edad que no paran mientes en decir en sesión pública, para sincerarse de sus trasnochadas opiniones: «yo soy hombre de mis tiem, pos», refiriéndose á los de su mocedad, frase que por las amargas deducciones á que se presta, vale más que la deje. mos sin comentarios. Sólo me permitiré decir que según esta teoría, todo progreso seria cosa de chiquillos. ¡Buena escuela de párvulos formarian Pasteur, Koch, Pfüger, Schutzenberg, Nencki; Brieger, Wundt, Selmi, etc.!

Una coincidencia muy singular también se ha presentado á mi observación y que por la frecuencia con que la podéis comprobar, aprovecho esta oportunidad para consignarla, y es: que todos los médicos que profesan las ideas y procedimientos que acabo sólo de esbozar, llevan, la mayoría, muchos años ejerciendo la profesión y todos forman en el grupo que con gran sentido ellos mismos han calificado de Clinicos, como con no menos sentido, y tal vez con malicia, han lla

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