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tos que sobre el mismo asunto había en los archivos de sus monasterios. De este modo, se reunieron infinidad de biografías hasta de los frailes más obscuros, y de noticias sobre la fundación de los conventos de la Orden y acerca de otros varios sucesos.

En el año 1601, Fr. José de Jesús María, Visitador del Carmen Descalzo en Portugal, envió una circular dirigida á algunos Religiosos, para que informaran sobre la vida y santidad de ciertas personas esclarecidas y como Fr. Pedro de la Purificación había sido compañero de Santa Teresa en la fundación de Burgos, le ordenó que en virtud de santa obediencia, diera un fiel testimonio de cuanto supiese referente á esta mujer extraordinaria; Fr. Pedro, residia cuando esto se le mandó, en la ciudad de Evora. Curiosa en extremo es la Relación que escribió acerca de la Mistica Doctora.

Primeramente, completa con algunos detalles la Historia; que de la fundación de Burgos, nos trasmitió la santa en su conocidísimo libro.

Varios Padres de la Compañía de Jesús, habían expuesto á Santa Teresa, la conveniencia de que fuudara un Convento en Burgos, mas ocupada en asuntos de la misma indole por espacio de algunos años, le fué imposible realizar tal pensamiento. Hallándose la Santa en Valladolid el año 1580, pasó por allí el Arzobispo electo de Burgos, D. Cristobal Vela, que iba á tomar posesión de su nueva Sede. Entonces suplicó al Obispo de Palencia, D. Alvaro de Mendoza, protector decidido de la Reformadora del Carmen, que intercediera con el Metropolitano, á fin de conseguir licencia para fundar un Monasterio en la ciudad de Burgos. Concedióla éste de buen grado, manifestando los deseos que había tenido estando en Canarias, de que hubiera en ellas un Convento de Carmelitas Descalzas. Hallábase la Santa, aún convaleciente de una larga enfermedad que había sufrido en Palencia; tanta era la debilidad de su cuerpo, que se comunicaba á aquel espiritu infatigable y ardiente, por lo cual dudaba de ir en persona á verificar la fundación concedida, mas la voz que con

frecuencia oia en el interior de su alma, le dijo «no dejes de hacer estas dos fundaciones » (las de Burgos y Palencia.) Creyó más conveniente llevar a cabo la última, por ser el tiempo crudo y el clima de Burgos en extremo frío. Ofreciósele entonces fundar otro convento en Soria y variando de propósito, marchó á esta población. A su fuego, envió á Burgos el Obispo de Palencia, un canónigo, para tratar con el Arzobispo, de la fundación acordada; éste, respondió que fuera allá Santa Teresa y se trataría dicho asunto más despacio.

Grandes eran las dificultades que habían de hallarse, mas todas serían vencidas por la constancia de aquella mujer ilustre. Precisaba en primer término el permiso del Ayuntamiento. Fué conseguido por doña Catalina de Tolosa y doña María Manrique; esta última tenía un hijo Regidor, quien se mostró tan activo que pronto reunió á favor de la obra en proyecto los votos de sus compañeros. Una vez alcanzado esto, otra nueva revelación vino á alentar el ánimo de Santa Teresa. Era el invierno muy frío y dudaba ésta si ir ó no á Burgos; «no hagas caso de esos frios, oyó en su pensamiento, que Yo soy la verdadera calor; el demonio pone todas las fuerzas, para impedir aquella fundación; ponlas tú de mi parte porque se haga y no dejes de ir en persona, que se hará gran provecho». Partió pues á Burgos, acompañada del P. Jerónimo Gracian y de otros Religiosos. En Las Fundaciones, no se dice quienes eran estos dos últimos; Fr. Diego de Yepes escribe que uno de ellos era Fr. Pedro de la Purificación, autor de la Relación que estudiamos. Como en el siglo xvi los medios de comunicación eran detestables, las nieves y lluvias habían hecho casi intransitables los caminos; los carros en que viajaban las Religiosas, se atascaban en los barrizales hasta el eje de las ruedas. Cuando después de infinitas molestias llegaron á Burgos, hallaron que el Arzobispo se había enojado porque se presentaron en esta ciudad, sin que precediera alguna indicación suya, y dijo que de ningún modo permitiria la fundación, si antes no se compraba casa á propósito para ella y se adquirían ventas con que dotar el nuevo Convento.

A tal punto llegó la oposición del Prelado, que habiéndose hospedado Santa Teresa con sus compañeras en una casa que había sido de la Compañía de Jesús, no consintió en que les dijeran misa en ella, teniendo necesidad para oirla de atravesar varias calles, lo cual les contrariaba no poco. Pasado al. gún tiempo, tuvieron la suerte de adquirir por la mitad de su precio una casa y allanados cuantos obstáculos ponia el Ordinario, vió la Santa con alegria inmensa, realizado lo que tan ardientemente deseaba.

Todos estos datos, suministrados además de Las Fundaciones, por los PP. Diego de Yepes y Francisco de Ribera, aunque no necesitan confirmación por la veracidad de quienes dan fe de ellos, la tienen en el testimonio que de las virtudes y vida de la Santa escribió Fr. Pedro de la Purificación y son completados con interesantes detalles. Había sido Fr. Pedro, como ya hemos visto, uno de los dos Religiosos que fueron á la fundación del Convento de monjas Carmelitas de Burgos. Como él lo da á entender y afirma explícitamente Fr. Diego de Yepes, con motivo de ausentarse el P. Gracian, quedó acompañando á Santa Teresa. Trabajó con ardor para alcanzar el permiso del Arzobispo, quien se mostraba harto reacio en darlo. Cierto dia que comia á la mesa de éste, le puso de manifiesto con entereza lo injusto de su proceder y el escándalo que en la población ocasionaba; secundábale el Magistral de aquella Iglesia, que fué más tarde Obispo de Calahorra y solicitaban que cuando menos permitiese á las Religiosas oir misa en la casa donde vivían y además tener el Santísimo Sacramento, pues se veían obligadas á oirla en'un hospital que llamaban de San Lucas. Abrumado el Arzobispo con los irrefutables argumentos de sus comensales, prometió dar al día siguiente la deseada licencia. A pesar de tal promesa, cuando Fr. Pedro demandó el permiso ofrecido, le fué negado por fútiles pretextos. Lleno de enojo, se dirigió a la casa en que moraba Santa Teresa con las Religiosas, quien apenas le vió comenzó á decirle amil gracias que eran del cielo y bastantes á consolar corazones afligidos », y apartándose

ambos á un sitio retirado, le dijo estas palabras; «Padre mío, bien sé que anda cansado y con estos negocios mohino y que siente más la descomodidad mía y de las hermanas, que no su propio trabajo y que la condición del señor Arzobispo es terrible en estas largas y da ocasión á desconfiar á vuestra reverencia y á los amigos de que no ha de tener buen fin esta fundación; mas á mi, á quien ha prometido el Señor que se hará, téngolo por más cierto que si lo viera por los ojos corporales y dijome estas palabras, acude hija Theresa á entrambas fundaciones, enuia á granada á quien baya en tu nombre que alli facilmente se fundara y tu partite luego á Burgos adonde tendras contradicion de quien no gustare hacertelo y tendras muchos trabajos, pero saldras con ello que mucho puede el nombre de Theresa de Jesus.» Las predicciones de la Santa tuvieron exacto cumplimiento y al fin pudo según su pintoresca frase «plantar al Señor un nuevo huertecito.»

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Espanto da leer las atroces calumnias que según nos refiere Fr. Pedro de la Purificación, se inventaran contra la mística Doctora, contra aquella cuya pureza era semejante å la de los ángeles. Refirióle en cierta ocasión un caballero, hijo del Virrey de Nápoles, que habiendo ido á Roma, á fin de visitar en nombre de su padre al Papa Gregorio XIII, tuvo necesidad de hablar con el General del Carmen, para tratar de la fundación de dos Conventos de esta Orden, uno de religiosos en Mondéjar y otro de monjas en cierto pueblo. Recayó la conversación sobre las empresas de Santa Teresa, y al llegar á este punto, exclamó el General: «me extraña que vuestra señoria tome en la boca una mujer tan mala y tan infame, sucia y deshonesta como esa monaca, que es en todo extremo descompuesta y no se ha tomado ese exercicio de fundar monasterios de monjas primitivas, si no para medio de él tener ocasión de darse á sus deshonestidades. Enojóse gravemente

el Caballero Español oyendo tan enormes falsedades, y entonces manifestó el General Carmelita que aquellas eran las noticias que había recibido de España, en prueba de lo cual mostró una carta de un Prelado, parece que del Carmen Calzado, en la que se leia: «muchas veces he escrito á vuestra paternidad Reverendisima, acerca de esta inuencionera de Theresa y sus malicias, la qual toma el querer fundar monasterio de descalzas, para capa y cubierta de sus falsedades, mas nuestro Señor es justo, que no quiera se encubran tanto tiempo sus desenuolturas sino que sean claras y manifiestas al mundo, porque estos dias atrás diciendo que yua á fundar á cierta ciudad destos Reynos, yendo en un coche cerrado, en mitad de la plaza de Medina del Campo, se quebró el coche y toda la gente que estaua en la plaza (que era mucha) uieron á la dichà monja que estaua ofendiendo á dios con cierto frayle.»

Admirable es la paciencia y fortaleza con que la Santa sufrió tan tremenda calumnia. Cuando se la refirió Fr. Pedro, sólo profirió estas frases, tan profundas como llenas de humildad, hermosa exclamación de un alma sublime: «mucho más hiciera yo, si nuestro señor no me tuuiera de su santa mano y lo que en eso hay que temer y yo más siento es el daño de la alma de quien dice semejantes cosas y quisiera padecer muchas afrentas y tormentos, porque saliera de pecado, que á quien le leuantan falso testimonio, no le hacen más mal de darle materia de que merecer.»

VI

Curiosas en extremo son las frases y anécdotas de la Santa, conservadas en dicha Relación. Cierto día fué á visitarla una dama de Burgos, cuya extraordinaria belleza hacían mayor varias perlas y diamantes que llevaba. ¿Noos parece Fr. Pedro, preguntó la Santa, que es hermosa y lleva ricas joyas?—No reparé en tanto, mas todos dicen que es bella y bien apuesta.

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