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Molina? Pues lo propio ha sucedido y sucede con el mayor número de nuestros trabajos científicos (1).

Comparando las tablas de Copérnico con las de D. Alfonso y con sus propias observaciones, Andrés García de Céspedes, gran matemático, escritor insigne, fecundo inventor y hábil artífice de instrumentos astronómicos, escribió las Teoricas de los planetas, hallando numerosos errores, confirmados después, en las posiciones relativas de los astros. Comentó las Teóricas de Purbachio, y redactó las Equatorias para determinar los lugares de los astros en longitud y latitud, escribiendo además varias obras de enseñanza. Propuso un método tan exacto y sencillo para la determinación y cálculo de las posiciones de las estrellas fijas, que fué empleado en Italia y Alemania, y la nación inglesa le adoptó sin modificarle en más de un siglo. Sostuvo también que no era posible en aquel tiempo calcular, por medios puramente astronómicos, la lon, gitud, y construyó unas tablas ingeniosas para resolver por medio de una simple división, en cada paralelo, este importantísimo problema. Y queriendo, por último, conservar en nuestra patria el centro de los estudios astronómicos con el glorioso privilegio de dar sus Tablas á toda Europa, presentó á Felipe II el proyecto de creación de un gran Observatorio en El Escorial, con objeto de que los mejores astrónomos na. cionales y extraujeros pudieran verificar allí sus observaciones y cálculos, encaminados a la formación de unas nuevas Tablas exentas de los errores de las de D. Alfonso y de Co. pérnico. Comprometiase á construir todos los instrumentos del Catálogo que presentó, y suponía que podría formarse el Gabinete con 8.000 ducados, quinta parte de lo que costaron las Tablas alfonsinas (2).

(1) Juicio y pronóstico del Cometa que apareció en el mes de Noviembre de este año (1572), conforme en un todo con lo que escribía Tico un año más tarde: «Que cette étoile manquant absolument de parallage, étoit plus éloignée que toutes les planetes, que Saturne, lui même, qui en a une, quoique petite; elle étoit dont semblable aux étoiles fixes â cet egard... elle devoit habiter la même region.» (2)

Cuanto se refiere á este proyecto de García de Céspedes, que se conserva en el Escorial, es verdaderamente notable. Céspedes quería TOMO OXLIX

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El astrolabio fué desde los tiempos más antiguos el instrumento universal para las observaciones astronómicas (1). Todas las naciones habían copiado los astrolabios españoles, árabes ó cristianos, y no usaron otro instrumento, ni le perfeccionaron en lo más minimo, hasta que D. Juan de Rojas Sarmiento, hijo del Marqués de Poza, y profundo matemático, inventó uno nuevo, muy superior a los antiguos, fundado en la proyección ortográfica, y dió medios para construirlos en la proyección del horizonte variable. Casi toda Europa le adoptó desde luego, publicándose su descrpción, y siendo traducida la obra de Rojas en diferentes idiomas (2). Como

ante todo que se estudiaran con exactitud los movimientos de los astros, persuadido de que todas las tablas estaban en desacuerdo con estos mo vimientos. Había ya manifestado que el cielo de España era muy conveniente

para

las observaciones astronómicas, y quería que el Escorial fuera algo semejante á la Escuela de Alejandría, adonde acudía Hiparco desde Rodas á verificar sus observaciones. Los instrumentos que pensaba construir expresamente para su objeto habrían bastado seguramente para cuanto podía exigirse á la Astronomía en el estado de la ciencia en aquella época. Céspedes con gran ingenio conoció que, no existiendo los medios que dan los anteojos modernos para fijar con exactitud la situación de un astro, era necesario construir aparatos de gran magnitud, cuyas graduaciones pudieran apreciar arcos pequeñisimos; y por eso propuso la construcción de dos inmensos globos, uno celeste y terrestre el otro, de metal dorado, destinado el primero á representar los movimientos del Sol, de la Luna y demás planetas; un gran cuadrante de ocho palmos y un radio astronómico de diez, para observar y averiguar los verdaderos lugares del Sol y de la Luna: unas armillas de seis palmos de diámetro para rectificar los lugares de las estrellas fijas; una esfera grande de metal con las teóricas del Sol, Luna y octava esfera; y otras teóricas de planetas en globos pequeños cubiertos con sus círculos... (Codice j. L. 16 en la Biblioteca alta.)

(1) De este instrumento se escribió y publicó mucho en España desde muy remota fecha, citando Navarrete en su Biblioteca Marítima Española los tratados de Andrés Alcantarilla, García de Céspedes, Hernando de los Ríos Coronel, Martín Población y Juan de Roxas; y en la Colección de documentos inéditos del mismo autor pueden verse otras noticias en manuscritos muy interesantes sobre esta materia, y muy especialmente la descripción del astrolabio de Felipe II. (Nota J.)

(2) Comentario sobre el astrolabio, á que llaman Planisferio, que escribió en latín y publicó en París en 1551 con el título de Commentarium in Astrolabium quod Planisferium vocant. Viene á ser una proyección de la esfera sobre un plano, con mayores ventajas que la de Ptolomeo.por

facilidad que ofrece para hacer con este instrumento en todas las latitudes cualquiera operación, puesto que consiste en colocar el punto de vista á una distancia infinita, de modo que todos los rayos visuales resulten paralelos. Así lo reconocieron los sabios de aquella época, que se apresuraron á traducirlo á sus idiomas respectivos, siendo muy de notar que el dominico P. Danti, uno de los más ilus

mayor

la

excepción honrosa entre los restos de la ciencia hispana, sepultados en el olvido, merced a nuestro proverbial y punible abandono, consignamos con gusto que en la Biblioteca del Escorial se conserva un astrolabio de Rojas con esta incripción: Ast. uni. Joannis de Roxas.

Otro astrolabio no menos notable que el de Rojas inventó en Filipinas Hernando de los Rios, con el cual se tomaba la altura del polo en todas las regiones con gran exactitud, y se podía inferir la hora del día y de la noche con más facilidad que por el método ordinario. Por medio de este instrumento, hábil é ingeniosamente modificado, aplicó a la determinación de la longitud, la desviación de la aguja en cada paralelo. Dió además reglas tan precisas para la determinación de las estrellas, que el más profano en el conocimiento práctico del cielo, pudiera distinguirlas, señalando sus latitudes y declinaciones, con otros muchos resultados muy importantes para la navegación. Escribió un libro explicando todo lo referente å tan útil instrumento, según dice á S. M. en su Memorial, cuyo original existe en el Archivo de Indias de Sevilla, después de navegar por espacio de más de treinta años por aquellos mares, cultivando siempre la astronomía náutica y trabajando en cartas de marear, experimentos magnéticos y multitud de comisiones, científicas unas, y de gobierno otras, con que le honró S. M.

Calculó Rodrigo Zamorano con rara precisión los treinta y tres eclipses que habían de verificarse desde el año 1584 hasta el de 1606, publicando las láminas de las vistas de todos ellos, arreglando todos sus cálculos al meridiano de Sevilla, y añadiendo una tabla en que se marcaba la hora de estos mismos eclipses para las principales ciudades de Europa y América (1). Hizo además muy curiosas y útiles observacio.

tres matemáticos de Italia, copió íntegro el Planisferio do Rojas en su obra Uso y fábula del astrolabio, impresa en Florencia en 1569. La primera edición de París es de 1540, habiéndose comentado en todas las lenguas de Europa.

(1) Cronologia y Repertorio de la razón de los tiempos. El más co

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nes meteorológicas, que fueron copiadas por casi toda Europa, y que han sido reproducidas en nuestro siglo por la Sociedad Económica Matritense.

El Brocense quiso probar que no empecia á nuestros más famosos escritores del siglo xvi el cultivo de las humanidades para dedicarse á las investigaciones científicas, y al efecto publicó un tratado sobre la Esfera, en cuya dedicatoria á Por. tocarrero le dice, en 1579, que con su libro se podría fácilmente observar toda la magnitud del cielo y de la tierra, la mag. nitud del Sol y sus eclipses, la de la Luna y su situación, y el curso de las estrellas, impugnando además á Sacrobosco, haciendo patentes sus errores (1).

Coincidiendo con los estudios y trabajos de Gemma Frisio en Alemania, y de Antonio Lupicini en Italia, se propuso el médico sevillano Simón de Tovar competir á la vez con los más famosos astrónomos de su tiempo, al estudiar el mejor uso de los instrumentos, los medios que se empleaban en las observaciones, y las causas de los errores que se advertían en la generalidad de los cálculos astronómicos. La obra que con este motivo escribió es de inmenso mérito, porque, después de investigar los errores que provenían de la construcción de los instrumentos, analiza las teorías y correcciones, sometiéndolas al cálculo por medio de la trigonometria esférica. Para hacer estos estudios, tuvo que crear en su casa un verdadero observatorio astronómico, pues pretendió rivalizar en esta empresa con los trabajos de Onderiz, que, comisionado por el

pioso que hasta hoy se ha visto, compuesto por el Lic. Rodrigo de Zamorano, cosmógrafo y piloto mayor del Rey nuestro Señor, y mathematico de Sevilla. Imp. de Cabrera, 1594, con grabados.

(1) Spæ mundi ex variis authoribus concinnata, per F. S. Brocensem, Rhetorices, græcæque linguæ in inclyta Salmaticensi Academia Doctorem. (Salmanticæ ex officina Ildephonsi á Terranova, 1579.

«Hacen mal, dice este ilustre escritor, los que en la gramática tratan de filosofía y los que en la dialéctica y la retórica introducen cosas insustanciales. Las artes se aprenderían con más facilidad y en menos tiempo. si en la enseñanza de sus preceptos nada se ingiriese fuera de propósito y ajeno á ellas»; consejo muy saludable, y que debiera informar hoy la enseñanze en todos los ramos de la instrucción pública.

Rey, teñía á su disposición los grandes medios de la Casa de la Contratación de Sevilla (1).

Andrés de Poza, natural de Orduña, y catedrático de náu. tica, enseñó un método para calcular la longitud por las distancias de la Luna á las estrellas zodiacales, y combatió todos los demás métodos que entonces se empleaban. Fontano en 1557 calculó con gran minuciosidad y exactitud la influencia de todos los fenómenos terrestres de la inclinación del eje de la Tierra, paralelo por paralelo, y el valor de grado de meridiano, dando á luz parte de estos trabajos en una forma popular en Salamanca. Martin de Rada inventó un aparato para calcular la longitud; Juan Sánchez hizo en Roma observaciones astronómicas en unión de Dominico; Andrés del Rio Riaño trató en 1585 de construir un instru. mento en el que, combinando el astrolabio y la aguja, diera á la vez las posiciones de los astros y las variaciones magnéticas. Y, por último, entre los hechos notables de aquella época, desde el punto de vista de la ciencia, debemos recordar las instrucciones dadas de orden del Rey á Juan López de Velasco, su cosmógrafo, para observar el eclipse de sol de 26 de Febrero de 1577 en España y América, primer ejemplo en la historia de una observación astronómica tan extensa y sistemática, con objeto, no sólo de conocer las circunstancias de aquel fenómeno, sino de determinar la diferencia de longitu. des de todos los pueblos. Estas notabilísimas instrucciones disponían que en todos los pueblos se trazara, en días anteriores al eclipse, la meridiana por el método llamado vulgarmente de las sombras, construyendo para ello un zócalo perfectamente nivelado, que representaria el horizonte. Como

(1) Examen y Censura del modo de averiguar las alturas de las tierras, por la altura de la estrella del Norte, to ada con la ballestilla, dedicado á Pedro Gutiérrez Flores, presidente de la Casa de la Contratación é impreso en Sevilla en 1595; leyéndose en el informe de Juan de Herrera lo que sigue: «Esta obra es muy provechosa para la navegación, por los grandes errores que en este particular hasta ahora han usado y usan los navegantes, los cuales, aprovechándose de la doctrina de este libro, hecho con tanta verdad y demostración matemática, procederán en tomar sus alturas con certidumbre.»

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