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forzando los ingresos, tarea imposible, bien recurriendo al crédito, empresa factible, aunque no falta de riesgos para quien lo intente.

De cualquier modo que sea, el Sr. Canalejas ha echado sobre sus hombros con la cartera de Hacienda una carga harto pesada. Limitadas sus iniciativas a recaudar con vigor y administrar con celo, tarea comenzada con éxito por sus dos an. tecesores, si la gloria de su gestión será toda para aquellos, en el caso de ser afortunada, y la opinión no ha de serle favorable en el caso de serle adversa. Menos comprometido que su compañero el Sr. Puigcerver en materia de tratados, el actual ministro de Hacienda 'se halla en buenas condicio. nes para transigir en dichas materias con las tendencias en conflicto. Claro está que, so pena de perder algo de su prestigio consentirá en la omnipotencia de la comisión extrapar. lamentaria proyectada por el Sr. Gamazo, pero los acuerdos de esta comisión no hallarán tampoco en su espíritu flexible obstáculos insuperables en cuanto al fondo de las cosas.

La crisis de Diciembre no ha sido, por tanto, exclusivamente personal, como se ha dicho. Ha sido una rectificación de la de Noviembre, hecha en beneficio de la derecha fusionista, á costa del Sr. Salvador, mal quisto de ciertos diputados de la mayoría, empeñados en convertir los ministros en servidores complacientes de sus intereses electorales. No faltan personas avisadas que crean dicha rectificación la últim'a del partido liberal, condenado á desaparecer pronto del poder, tan pronto como legalice la situación económica, y resuelva los problemas ultramarinos, en los que no se busca ó no se encuentra de buena fe la línea delicada que separa las legítimas aspiraciones de aquellas provincias de las protestas del partido' reaccionario y de las reticencias antinacionales del separatismo.

En resumen: Si el año político que acaba de terminar no ha de ser por sus beneficios al país de los señalados en la historia con piedra blanca, no merece tampoco ser arrojado á las gemonias del olvido por su infecundidad y sus desdichas.

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No ha resuelto, en verdad, ninguno de los problemas planteados en sus comienzos; ni el problema arancelario, ni el problema financiero. Ha dejado en pie el problema ultramarino en su doble aspecto politico y económico. El gobierno liberal hase quebrantado además con las repetidas crisis, una en Marzo, otra en Noviembre, la tercera en Diciembre.

No obstante las hondas perturbaciones sufridas por el, partido liberal, ha logrado con su gestión financiera mejorar la situación de la Hacienda pública, conteniendo los gastos y aumentando los ingresos, obteniendo, como inmediata y lógica consecuencia, el alza en los valores y la baja en los cambios; ha continuado la obra moralizadora de nuestra administración, gracias no menos á los esfuerzos de algunos ministros, que á la cooperación que les han prestado algu. nas direcciones, para las que el cumplimiento de su deber no ha sido letra muerta.

La actividad desplegada por los aludidos organismos ad. ministrativos, se han hecho singularmente visibles en las Delegaciones de Hacienda y en la Dirección general de la Deuda pública, donde al terminar el presente año quedan muchos concluidos; en vías de ultimarse todos los asuntos pendientes de despacho en aquel Centro, á cuyo fin se han reñido verdaderas batallas, tanto dentro como fuera de la

casa.

Es tal la importancia del trabajo llevado a cabo en aquella dirección, y eran tantos los inconvenientes que había que vencer, que no vacilamos en afirmar que si, como todo hace suponer, se termina en plazo relativamente breve, puede estar orgulloso el Sr. Gómez Sigura de haber prestado á su país y á su partido inestimable servicio.

De este asunto y de la inusitada ligereza del Tribunal de Cuentas nos ocuparemos en números sucesivos.

A.

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Puesto que ya es costumbre establecida liquidar en fin de año el debe y el haber de los sucesos, liquidemos en breves líneas la cuenta del que termina. En cuanto al haber, predomina un hecho, el mantenimiento de la paz europea, amenazada á cada paso, y subsistente, sin embargo, gracias al mutuo temor que unas á otras se inspiran las grandes potencias, que solo en materias económicas se atreven á hacerse gue. rra, sin parar mientes en alianzas y simpatias políticas, por aquello, sin duda, de ser una cosa la amistad y los negocios otra cosa. La política de intereses invade por entero la esfera de las relaciones internacionales, hasta el punto de sacrificar en aras de aquellos todo lo demás: ideales de raza, princi. pios fundamentales de gobiernos, aspiraciones nacionales, odios y amores de tradición entre los pueblos, parentescos dinásticos, sentimientos de rivalidad, como si en la decadencia de los antiguos móviles políticos, inspirados en la vieja razón de estado, comenzara á surgir un sistema nuevo de ca. rácter más alto, aunque no por eso menos positivo, en el que las relaciones económicas dieran la ley á toda clase de gobiernos, subordinando al deseo de sacar triunfante la producción de cada uno de los pueblos, el resto de la vida nacional, poco digna, al parecer, de la atención de los gobernantes.

La marejada proteccionista no ha crecido durante el presente año, pero no ha descendido de nivel tampoco. Permanece en statu quo dentro de Europa y apenas se vislumbra su descrédito en América, donde las restricciones arancelarias del bill Mac-Kinley han encontrado firme, si bien prudente oposición en el presidente Cleveland, empeñado generosa. mente en la tarea de abrir, sin peligro de la gran Republica, los mercados de América á los productores del viejo mundo y encontrar en éstos fácil entrada á los del nuevo.

La guerra económica ha sustituido, pues, à la guerra armada de los ejércitos. El egoísmo nacional toma formas en apariencia más humanitarias, pero no por eso menos inhumanas en el fondo. La miseria de las masas trabajadoras, el empobrecimiento general de las naciones, el estancamiento de las energías productoras, el malestar de numerosas industrias podrán ser, si se quiere, de resultados menos sangrientos que la lucha de los ejércitos en el campo de batalla, mas ¿quién duda de que son, á la larga, igualmente desastrosos para el bienestar y el progreso de los países civilizados? Equivale á sustituir cantidades iguales en la ruina de la civilización contemporánea, de tantas suertes combatida por los formidables presupuestos militares, por las doctrinas anárquicas, por las corruptelas parlamentarias, por el agiotaje de las oligarquias industriales y por la culpable negligencia de las llamadas clases directoras para ponerse enfrente de los exce. sos de arriba y abajo, de gobiernos tocados de la fiebre arbitraria y de masas enloquecidas por la ignorancia y la desesperación.

La situación de los gobiernos no ha sido, durante el año que acaba de transcurrir, mejor que la de los pueblos gobernados. Comenzó por la crisis del ministerio inglés, motivada por la retirada de Gladstone, y concluye por la crisis de Hun

gria, causada por la oposición del partido reaccionario á la aprobación del matrimonio civil, necesario de todo punto en un país en que la diversidad de confesiones religiosas hace indispensable en la constitución de la sociedad conyugal una base común de derecho. Por lo referente a la misma Inglaterra, la crisis puede decirse no resuelta, por cuanto se habla de la dimisión del secretario de Estado, Harcourt, distanciado por diferencias de criterio y rivalidad personal del primer ministro lord Roseberry.

En Italia se inició mal el año con el levantamiento de Sicilia, y concluye peor con la clausura violenta del Parlamento, los escándalos del Panamino, la acusación del presidente Crispi, cómplice de inmoralidad y corrupción, según las autorizadas opiniones de Giolitti y Rudini, en quienes nadie puede suponer que el deseo de reemplazar al actual jefe del gobierno haya convertido en maliciosos calumniadores de su rival, mucho menos cuando á las varoniles protestas de aque. llos ilustres políticos se unen las de mucha parte de la prensa, las de gran número de diputados y considerable parte de la opinión pública, sobreexcitada hasta el paroxismo por la cunducta de Crispi y por la actitud del propio rey Humberto, que en el poder le sostiene a toda costa. Entablada la lucha entre el país y la corona, son difíciles de prever las consecuencias. Los liberales aparecen reservados, los republicanos excitadísimos, los conservadores violentos, y todo hace presumir que à la profunda crisis económica, llegada en Italia á un estado de gravedad insostenible, se una la crisis política revestida de síntomas alarmantes.

Otro conflicto constitucional de índole análoga se agita también en el imperio de Alemania. El canciller conde de Von Caprivi, hombre de espíritu conciliador y reflexivo, ha caído del poder por no ceder á las exigencias del emperador,

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