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PRÓLOGO

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El tomo precedente de actas del Cabildo de Santiago termina con la na 3 de febrero de 1595, desde cuya fecha hasta el 1.0 de enero de 1603 existe una laguna en el archivo de la Corporación por haberse perdido las últimas hojas del libro que hemos venido traducien

y por entero el que debía seguirle, pérdida que data, por lo menrs, del último tercio del siglo pasado, ya que, sin otros testimonios que pudiéramos citar, el historiador Carvallo y Goyeneche, que por aquella fecha pudo consultar los libros de actas, así lo hace notar.

Con motivo de la elección de los capitulares para el año de 1603, á la que asistieron los que en ese entonces dejaban de serlo, hemos podido consignar los nombres de los alcaldes y los de cinco regidores de los seis que tuvo la Corporación en 1602, á saber:

Miguel de Silva y Juan Ruiz de León, alcaldes; Juan de Barros, Fernando Vallejo de Tobar, Santiago de Uriona, Diego de Ulloa y Antolín Sáez Galiano. Nos falta el nombre del sexto, porque no asistió á la sesión en que tuvo lugar la elección. Y apesar de que, por la no podemos dar á luz las actas de ese año de 1602, queremos por lo causa dicha, menos consignar aquí algunas noticias biográficas de aquellos capitulares.

MIGUEL DE SILVA.

Natural de Ciudad Rodrigo, en el reino de León, donde nació hacia el año de 1553, hijo de Diego López de Silva, caballero de la Orden de Alcántara, natural de la dicha ciudad, y de doña María Manrique de Silva.

Don Luis de Salazar y Castro en su Historia genealógica de la Casa de Lara, impresa en Madrid, en 1696, registra la genealogía de Diego López de Siiva por línea recta de varones hasta su entroncamien. to en la casa de Souza de Portugal.

Doña María Manrique de Silva fué hija de Alonso Ramírez, mayorazgo de la Puebla de Montalbán, y de doña Isabel de Silva.

Siendo aún muy joven pasó Miguel de Silva á Indias y ya en 1570 se le encuentra sirviendo en el ejército que seguía la guerra y conquista de Chile. Era capitán en 1596 cuando fué enviado por el gobernador Martín García Oñez de Loyola á solicitar auxilios de los vecinos de Santiago y recordarles su obligación de ayudar á la conquista del reino «sin excusarse, como lo habían fecho» en anteriores ocasiones. Parece que esta embajada resultó infructuosa y que los vecinos de Santiago «se entretuvieron» sin prestar la ayuda que se les pedía.

Figura como testigo en una información rendida en 8 de febrero de 1598, y declara tener cuarenta y cinco años de edad, habiendo seguido durante veintiocho la guerra y conquista de Chile,

Por esta época se le encuentra desempeñando el cargo de caste. llano de San Ildefonso de Arauco.

Mandaba la guarnición española de la plaza de Chillán en enero de 1600 cuando fué atacada por los indios, á quienes batió y rechazó quitándoles el botín que habían ganado en un asalto anterior, rescatando muchos prisioneros y restableciendo en aquella región, dice la historia, el prestigio de las armas españolas.

Alvarez de Toledo en El Purén indómito recuerda las hazañas de Miguel de Silva:

Cuya fama y renombre en alabastro
Estamparse justo fuera con oro,
Que tan heroico nombre y fama altiva
Es bien que en este mundo siempre viva.

Corregidor y justicia mayor de Santiago en 1600 y su alcalde ordinario en 1602, como parece de los protocolos de escribanos de estas fechas en que figura ejerciendo su autoridad, Carvallo y Goyeneche le registra en 1602 como alcalde ordinario de Santiago juntamente con Juan Ruiz de León.

Fue nombrado coronel general del real ejército de Chile en 1607, por haberse retirado de la guerra el anciano Pedro Cortés Monroy, que desempeñaba aquel cargo.

En septiembre de 1609, al inaugurarse la Real Audiencia de Santiago bajo la presidencia de Alonso García Ramón, Miguel de Silva obtuvo el oficio de alguacil mayor de corte, que conservó hasta julio de 1618, en que lo renunció. Habiéndose sacado á remate aquella vara, la obtuvo el capitán don Pedro de Recalde y Arran. dolaza por la crecida suma de veintinueve inil pesos de á ocho reales.

Después de don Pedro de Recalde obtuvo aquel puesto don Miguel Gómez de Silva, hijo del coronel, y en 1645. lo renunció en su hijo primogénito don Miguel de Silva Verdugo, quien lo disfrutó hasta su muerte, en 1791, de manera que aquel cargo honorífico se mantuvo en una familia durante tres generaciones. Lo mismo sucedió con la encomienda que el coronel Miguel de Silva poseyo en la ciudad de San Juan de la Frontera de la provincia de Cuyo. Después de sus días entró á sucederle en ella su hijo don Miguel Gómez de Silva, á éste su hijo primogenito don Miguel de Silva Verdugo y á éste su hijo don Juan José Gómez de Silva, en la ya cuarta generación, alcanzando á nacer en la ciudad de Mendoza el hijo de don Juan José, que fué don Miguel Gómez de Silva, restituído á Santiago, donde ejerció una plaza de escribano público desde 1743 á 1772, cuando la aristocracia de la espada entraba en decadencia por la división de sus bienes y principiaba á ceder lugar á la inmigración vizcaína, que actualmente predomina en nuestra sociedad.

La última noticia que tengo del coronel Miguel de Silva es de 23 de junio de 1624, fecha en la cual, estando gravemente enferino en cama, otorgó poder para testar á Fr. Cristóbal de Valdespino, religioso dominico.

En enero de 1626 se le menciona ya como difunto.

Se le dió sepultura en la bóveda que había construído en la iglesia de Santo Domingo de Santiago, donde yacía su esposa doña Isabel de Morales y debian ser sepultados sus hijos, nietos y descendientes.

. Según el título de propiedad de 27 de diciembre de 1619, reducido á escritura pública ante Domingo García Corvalán y firmado del prior provincial fray Baltasar Verdugo de la Vega y demás religiosos de Santo Domingo—que existe en mi poder-estaba la sepultura situada en la capilla mayor, entre el cuerpo del Evangelio y la pared, arriınada á las gradas del altar. Se concedió el privilegio mediante una limosna de quinientos pesos de á ocho reales y una estancia en el valle de Codegua, que había sido comprada en mil seiscientos patacones.

Don Miguel Gómez de Silva, hijo del coronel, y don Pedro Gómez

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