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COLECCION

DE

DOCUMENTOS INÉDITOS

PARA

LA HISTORIA DE ESPAÑA,

POR

D. MIGUEL SALVÁ Y D. PEDRO SAINZ DE BARANDA,

INDIVIDUOS DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA.

Tomo XIV.

MADRID.

IMPRENTA DE LA VIUDA DE CALERO.

1849.

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Fray García de Loaisa, llamado cardenal de Osma, porque recibió el capelo siendo obispo de dicha ciudad, fué natural de Talavera de la Reina é hijo de Pedro de Loaisa y de Doña Catalina de Mendoza. No consta la época de su nacimiento, que debió ser quince ó veinte años antes de 1495 en que tomó el hábito de Santo Domingo en el convento de S. Pablo de Peñafiel. Dicen los historiadores de su órden que fué aventajado en letras, y que su reputaciou le condujo á obtener las primeras dignidades, pues fué prior, provincial, y por último general de toda la religion dominicana en 1518. En 1521 pasó á Valladolid, no sabemos con qué motivo, si bien pudo ser de visitador de su órden, y alli se manifestó contrario al partido de los comuneros de Castilla, y muy adicto al Emperador Carlos V. Esta sin duda sué la causa porque dicho Soberano le honró con grandes mercedes, nombrándole consejero de estado, comisario de cruzada , inquisidor general y presidente de Indias. En 1525 fué promovido á la silla de Osma, y en 1527 le vemos entre los personajes que asistieron al bautismo de Felipe II, nacido en Valladolid el martes 21 de mayo de dicho año. Cuando Adriano VI fué nombrado Papa, pasó García de Loaisa á visitarle en Victoria y felicitarle por su exaltacion á la silla de S. Pedro; y mas tarde, es decir, en 1530, mereció de Clemente VII, por recomendacion del Emperador Cárlos V, ser contado entre los cardenales de la iglesia romana. Lo que parece le distinguió mas en la corte de Cárlos V, fué haberle llamado este Soberano para su consesor en 1523, encargo que tuvo durante siete años, es decir hasta 1530, en cuya época le vemos enviado á Roma , no con título de embajador , pero como personaje que trataba oficialmente con el Papa de negocios de todas clases, principalmente de los relativos á cosas eclesiásticas, y sobre los cuales mantenia frecuente correspondencia con el Emperador y con su secretario D. Francisco de los Cobos. Estando en Roma vemos por sus cartas que pidió el obispado de Sigüenza porque tenia mas renta que el de Osma , y en efecto le obtuvo en 1532, de que tomó posesion en 22 de abril de dicho año. Poco tiempo despues, en 1538, sué trasladado al arzobispado de Sevilla, última silla á que logró ascender, pues sin otra murió en Madrid á 22 de abril de 1546, y de allí conducido su cadáver, segun dice Gonzalez Dávila , al convento de S. Ginés de Talavera.

Su correspondencia que tenemos escrita desde Roma , solo llega hasta el año 1531, y por consiguiente ignoramos el tiempo que estuvo allí. Lo único que podemos decir es que desde el momento que fué enviado cerca del Papa, manifestó continuamente cuanto sentia haber dejado la compañía del Emperador, y cuanto deseaba volver a ella, ó á lo menos á su iglesia de Osma; pero como no era escuchado, esto prueba que su ida á Roma fué mas desgracia que Carla autógrafa que el cardenal de Osma escribió á su Majestad. De Roma á 13 de mayo de 1530. Respondida

lo
que

el mismo no oculta en sus cartas á Cárlos V. Fué hombre franco, aunque no de gran talento: demasiado molesto, y esto pudo ser la causa de su honroso destierro a Roma, en dar consejos á Cárlos V, quien solo los tomaba cuando los pedia, y siempre pocos y breves.

favor,

á 22 del mismo.

Da parte á Cárlos V de su llegada á Roma-Su tristeza en aquella ciudad—Sus deseos de volver cerca de S. M. ó bien á su iglesia -Avisos sobre Florencia, y consejos á Cárlos V.

Cesárea y Católica Majestad - Allegué aquí á ocho de mayo: vine harto triste por el camino ,

el camino , acordándome que me aparlaba de vuestra Majestad, y por la mesma razon agora me falta todo contentamiento. Consuélome esperando que algun dia vuestra Majestad terna memoria que mi presencia no era vuestro deservicio, y así me alzará este destierro; y si no fuere para vuestra corte por algunos temporales respectos, yo me contentaré que sea para mi iglesia. Di en llegando la letra de vuestra Majestad al Papa : recibióla bien, diciéndome que de palabra le habia dicho vuestra Majestad en Bolonia cuanto en esta carta venia en mi favor. Hizome muchos ofrecimientos, y parescia que me hablaba de corazon : lo cual yo crei porque sin duda ninguna él ama y estima mucho á vuestra Majestad, y por consiguiente no podrá aborrescer á la hechura

у

beneficiado de vuestras manos. Pero si su Beatitud me hobiese de dar diez mil ducados de renta , no serian bastantes para enflaquescer el deseo de ir á besaros las manos, ni para enamorarme de la vivienda de Roma. Suplico á vuestra Majestad no me olvide : que pues me qoiso en Dios y en virtud, no es justo que distancia de lugar ni de tiempo baste para que de mi pierda memoria. Solo el amor que en carne ó en mundo estriba , está en razon que con el tiempo perezca , y con la diversidad de

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