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para determinarlos, debia dificultar la comparacion que entre ellos debe hacerse en la Direccion del ramo para hacer apreciaciones y establecer reglas generales. Creí, pues, no solo conveniente, sino necesaria, la publicacion de un formulario para uniformar la práctica en todos y en cada uno de los trámites porque tienen que pasar los espedientes sobre espropiacion forzosa, atemperándola á las prescripciones de la ley de 16 de julio de 1836, instruccion de 25 de mayo y reglamento de 27 de julio de 1853, que, sobre ser las principales disposiciones que rigen en la materia, comprenden ó modifican lo establecido en otras disposiciones parciales relativas solo á la ocupacion temporal ó al aprovechamiento de materiales. Pero, como la falta de unidad procedia del distinto modo de entender y de interpretar la ley y aquellas Reales disposiciones que consideraban algunos, sin fundamento á mijui cio, como contradictorias en ciertos puntos muy importantes; y de este distinto modo de ver y de sentir participaban, no solo los ingenieros de los distritos, sino los gobernadores, los peritos y los particulares, resultando de todo que se empeñasen estos en sostener derechos quiméricos; que procediesen los peritos en el mayor número de casos con harta incertidumbre; que se considerasen como de escasa importancia trámites que la tienen muy grande cuando se trata de dar garantías de justicia y de acierto al propietario ó á la administracion; que se confundiesen atribuciones y se empeñase una lucha funesta entre el interés particular y el interés público, llevados ambos hasta la exageracion en sus pretensiones y en el modo de realizarlas, de todo lo cual no era mas que un pálido reflejo la falta de uniformidad en la instruccion de los espedientes; no se me pudo ocultar tampoco que un simple formulario habria de ser un trabajo incompleto y que era preciso hacer algo mas, á saber, motivar por medio de una sucinta esplicacion de las leyes, lo que tratase de proponer como fórmula. Hé aquí, pues, la indole de este trabajo, que no he creido desnaturalizar por mas que en ciertas materias, al tratar por ejemplo de la indemnizacion de daños y perjuicios y del interés de terceras personas en la espropiacion, de la ocupacion temporal y aprovechamiento de materiales, no bien definidos á mi modo ver hasta el dia, y de otras cosas, me haya estendido algo mas de lo que parece debia exigir un mero manual.

Dedícole, pues, no á los jurisconsultos, sino á todos aquellos que, no teniendo obligacion de saber interpretar las leyes, puedan tener deberes que cumplir ó intereses que defender. Los ingenieros, ayudantes, arquitectos, directores de caminos, agrimensores, etc., los alcaldes y secretarios de los pueblos, los propietarios, colonos, inquilinos ó arrendatarios y cuantos tienen algun derecho sobre las fincas sugetas á espropiacion, pueden encontrar alguna utilidad en este libro, que tiende á la uniformidad de los trámites y á hacer mas fácil la inteligencia de cuanto á ellos se refiere.

Otro trabajo mas importante sobre espropiacion forzosa, una esposicion de principios por el estudio detenido de nuestra ley y Reales disposiciones y de las legislaciones francesa y belga, acerca de las cuales tanto y tan bien han escrito Delalleau, Sabattier, Daffry de la Monnoye, el baron Ch. del Mármol y otros, vienen siendo hace tiempo el objeto de mis tareas, porque la materia ofrece novedad y es de sumo interés en la época actual en que el desarrollo de las obras públicas, estimulado por

los importantes descubrimientos modernos, realizan un cambio radical en el antiguo y en el nuevo continente.

Sucede, en efecto, con las disposiones sobre espropiacion forzosa por causa de utilidad pública lo que con todas las que constituyen el derecho positivo de los estados. Hijas aquellas de la necesidad, teniendo por objeto armonizar el interés público con el privado en los casos en que parece mayor su antagonismo, y dependiendo la frecuencia de ellos del modo de ser de las sociedades, segun los tiempos y el sello que acontecimientos generales у

de un órden superior imprimen en su marcha, comprendese

que no hayan tenido igual importancia en todas las épocas. El pueblo romano que absorvia toda la vida de Levante y del Occidente, el gran constructor de las soberbias vias militares, de esas calzadas, acueductos

у puentes, que, triunfando del tiempo, se levantan empolvados de entre los escombros y la devastacion de los si

de las revoluciones, no pudo menos de dar cabida entre sus leyes á los sanos principios que consagran y sancionan el derecho de espropiacion en favor del estado al lado del respeto debido a la propiedad privada. Así lo atestiguan Ciceron en una de sus cartas á Atico, que citan Mr. Delalleau y del Mármol; así lo revelan las leyes 13

glos y

párrafo 2. ff. «Communia prædiorum» y 14 del libro VIII, título VI. «Si locus perquem viam, que cita nuestro Antonio Gomez, el comentador de las leyes de Toro en sus varias resoluciones; así se deduce del comentario al Código del jurisconsulto Corvino, libro VIII, título XII. Pero en las colecciones legales de la edad media no se encuentra, sobre espropiacion forzosa por causa de utilidad pública, disposicion alguna, hasta los tiempos en que otras necesidades, hijas del sentimiento religioso que constituia el modo de ser de aquella época y de la influencia de cristianismo, poblaron el Occidente de monasterios y catedrales, de escuelas y universidades, de cementerios y hospederías, piadosas fundaciones en que se revela, no solamente la fé de nuestros abuelos, sino el estado de prosperidad de las artes en aquellos siglos remotos. Entre las ordenanzas dictadas en aquella sazon por los reyes, cita Mr. Pothier la que en 1303 espidió el rey de Francia Felipe el Hermoso mandando que los propietarios de los terrenos necesarios para la construccion de iglesias parroquiales, presbiterios y cementerios, fuesen obligados á venderlos por su justo precio, y las cartas patentes de Francisco I mandando al Bailio y Prevoste de Orleans obligasen á los propietarios de ciertas casas próximas a la escuela de derecho, á venderlas para e ensanche de la misma.

Nuestros comentaristas, hasta los reyes católicos, no adivinaron siquiera que pudiera exigirse el sacrificio de la propiedad privada para la realizacion de las obras que llamamos hoy de pública utilidad; si bien comprendian la venditio coacta por causas de religion o á consecuencia de una carestía ob causam públicæ inopiæ, como se colige de Covarrubias, de Babadilla en su política de corregidores, y de Gutierrez en sus questiones juris civilis. Los Reyes Católicos, realizando la unidad de la monarquía y la centralizacion del poder, poniendo todo su conato en la mejor policia de los caminos y poblaciones rurales y protegiendo la agricultura, comprendieron la necesidad de facilitar las comunicaciones, y con este motivo vemos en un comentarista de aquella época, en el antes citado Antonio Gomez, espuesta la doctrina referente a la espropiacion forzosa por causa de utilidad pública, aun prescindiendo de los motivos de religion y piedad á que antes me he referido. En el capítulo II del tomo II de sus variæ resolutiones, despues de sentar el principio de que nadie puede ser compelido á vender su propiedad, añade:

«Quod tamen fallit in aliquibus casibus speciliabus. » Primus est, quando vertitur favor públicæ utilitatis aut

religionis: Nam si deficiat via pública, vel iter ad aliquem » locum públicum, vel religiosum, cogitur dominus vicinus » illud præstare et congruo et justo pretio vendere,» apoyándose para sentar esta doctrina en la ley, «si locus per

quem viam, arriba dicha, y en sus últimas palabras » cum via pública, vel fluminis impetu, vel ruina amissa » est, vicinus próximus viam præstare debet.»

Hasta la época de Luis XIV no hubo quien espusiera en Francia la misma doctrina. Hizolo el jurisconsulto Domat en su célebrc obra titulada Leges civiles justa naturalem earum ordinem.

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