Cataluña, Volumen2

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Pasajes populares

Página 248 - ... sendos cirios va lentamente bajando del altar a recibir la procesión de los romeros? El venerable abad, que viste los adornos pontificales sobre el hábito de San Benito, aparece en lo alto de las gradas, y con los ojos levantados y las manos extendidas invoca la gracia del cielo sobre los devotos de la Virgen, y con su diestra traza sobre sus cabezas el signo cristiano.
Página 245 - ... su andar; fervientes los rezos que murmuran, y los hay que esmaltan con la sangre en sus pies descalzos las espinas y las piedras de los caminos. Las niñas, suelta la cabellera, que sujeta sólo una guirnalda de flores silvestres, responden con voz tímida, a las letanías...
Página 254 - ... que asombran y llenan las soledades del Egipto, de la Palestina y de la Tebaida. Si las aves cuidaban del alimento de aquellos primeros solitarios, si las fieras les hacían mansa compañía y les cavaban la sepultura; los pintados pajarillos obedecían la voz de los ermitaños de Montserrat, y como un instinto sobrenatural les revelase la sencillez é inocencia de aquellos hombres inofensivos, bajaban cariñosos á partir amigablemente la comida que ellos llevaban á la boca, de donde con mucho...
Página 89 - ... ágiles sabuesos atravesaron la maleza, y desembocaron donde fue asesinado el conde. Al ver el charco de la sangre, arrastráronse hasta él y ansiosamente olieron sus negros vapores. Lanzando entonces un aullido tristísimo y prolongado, echaron a correr con todas sus fuerzas alrededor de la sangre, describiendo con frenesí anchos círculos y parando de cuando en cuando para aullar lenta y dolorosamente : el azor correspondíales con sus agudos chillidos. El eco repitió más cercanos los pasos...
Página 243 - ... aquellas largas y casi rectas escaleras, que asemejan las no menos bellas comarcas de los Alpes, hasta la desierta ermita, donde moraron en paz hombres de corazón sencillo y santo; bajemos después por las rápidas cuestas, mientras el viento pasa mugiendo por entre aquellos fantasmas de roca ya su violento empuje se arremolinan bandadas densísimas de aves agoreras, cuyos graznidos nos llenan de un horror santo; y cuando, cansados de tan larga correría y ebria la imaginación de goces y de...
Página 391 - en lugar de las armas y ejercicios de guerra que eran los ordinarios pasatiempos de los príncipes pasados, sucedieron las trovas y poesía vulgar,, y el arte de ella, que llamaban la gaya ciencia , de la cual se comenzaron...
Página 308 - ... exquisita; sigue un adorno de lazos y hojas, y tras una moldura cóncava bien esculpida con canales y seguida de una línea de un pequeño medio-ovario aparece el vaso ó urna, que en el centro y extremos laterales de su parte inferior ostenta finísimas pechinas que con mucha gracia siguen la curva del vaso, ocupando bustos fantásticos el espacio que entre ellas queda. Corren encima dos fajas de arabescos , y tiéndese luego el soberbio frente de la urna, digno rival del neto central del basamento...
Página 249 - En verdad, exclaman, la morada es ésta de la Virgen ». Y cuando los solícitos sacristanes les abren el tesoro de la sacristía, cuando les deslumbran los frontales, los tapices y adornos, las joyas, los vestidos, los vasos y candelabros, allí juntan las manos y repiten : « ¿Quién tales maravillas vio? En verdad, la morada es ésta de la Virgen...
Página 254 - Al pisar el umbral del ermitaño de Montserrat, nuestros antepasados miraban con admiración la sanidad, beatitud y dulcedumbre que por entre las huellas de las vigilias y ayunos aquellos rostros respiraban. Orar y trabajar, esta era su vida; bien como en el Oriente hundiéronse un tiempo á meditar en los desiertos los Antonios, los Pablos, los Jerónimos, figuras portentosas que asombran y llenan las soledades del Egipto, de la Palestina y de la Tebaida.
Página 90 - Graznaron horriblemente todas las agoreras aves, como si previesen que iban á arrebatarles su presa, que sobrenadaba en un círculo de agua algo teñida con su propia sangre. Sacaron los criados el cadáver de su señor, y los caballeros dieron sus mejores capas para envolverle, mientras sus leales servidores lamentaban su temprana pérdida y recordaban sus virtudes. . Triste y dolorosa fue su marcha...

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