Imágenes de páginas
PDF
EPUB

» Los españoles ya no son un rebaño de carneros: son sí, hombres libres que forman una bella sociedad de hermanos, unidos con lazos estrechos de amor y virtud...

» Pido, pues, y repito, que si no es incompatible con la Constitucion y con la política del gobierno, se nos hagan presentes todas estas tramas y enredos. El Sr. Moreno Guerra volvió a pean

que se diese noticia de las providencias adoptadas antes del dia dowyer, para que por ellas se infiriese la vigilancia del gobierno, y lo que se podia esperar en el caso desgraciado de que se volviese ó quisiese alterar la tranquilidad pública.

El ministro de la Gobernacion : «Lo que el gobierno ha indicado es la coexistencia de la alteracion de la tranquilidad pública con la venida de aquel caudillo, y el gobierno asegura que ninguna autoridad, sea la que fuere y goce de la opinion que gozare, podrá jamás evitar que el pueblo se conmueva cuando se le dan ocasiones para alterarse. ¿Quién podrá hacer responsable á la autoridad del triunfo ó especie de ovacion del domingo? Súpola el gobierno, y lejos de prohibirla como hubiera podido hacerlo, la permitió, la autorizó, si asi puede decirse, porque es gobierno de un pueblo libre: se desentendió de los temores de que podia turbarse la tranquilidad pública con gritos, que so pretesto de ensalzar á un hombre, quizá tenian otro objeto; pero firme en su propósito de protejer la libertad y reprimir la licencia, tomó las medidas necesarias para conseguirlo. La autoridad superior de la provincia, contra su costumbre y acaso por primera vez, presidió en el teatro. . . ¿Y cuál fue el resultado? Que se le insultase y peligrar su vida; y la persona á quien se alude, y para cuya separacion de la corte se quieren exigir ahora pruebas legales que no se necesitan presentar, permaneció tranquila espectadora del desórden, cuando una sola voz suya hubiera bastado para contener el exceso. ¿Y se queria inculpar al gobierno por su extraordinaria prudencia en separar legalmente de la corte á un individuo, que no ha tenido á lo menos toda aquella circunspeccion que á su carácter y circunstancias correspondia? ¿Y cómo le ha separado? ¿Con medidas arbi

.

trarias ? No señor: el gobierno constitucional, ni puede ni quiere ser arbitrario: el gobierno constitucional le ha separado con la ley en la mano, usando de las facultades que esta le concede. Los malévolos han abusado de las palabras: se han valido de las voces de castigo y de destierro. Ni hay castigo, ni hay destierro: no le hay, ni puede haberle : pasáronse los tiempos en que los castigos y los destierrase imponian atropellando las leyes. No se confunda una pedida prudente del gobierno, autorizado por la ley, con una arbitrariedad que nunca se cometerá mientras ocupen el ministerio los actuales secretarios del despacho. ¿Cree el señor preopinante, que puesto en su lugar hubiese adoptado providencias exentas de censura? . . . . Los empleos militares son unas comisiones, y no pueden ejercerse de otro modo. No faltaria mas sino que se hiciesen un patrimonio, y que se creyesen que para remover á un gobernador, á un gefe, fuese necesario

que ei gobierno presentase documentos justificativos de la providencia. ¿Qué mas? El gobierno ha sido tan cireunspecto, que los que no se han atrevido á llamarle arbitrario, le han tachado de débil. El gefe político se vió insultado, y su vida muy espuesta : se le agregaron afortunadamente personas que no tenian una inmediata obligacion de hacerlo, y le defendieron, cubriéndole con sus personas. En vano se quiere suponer, que las voces de sedicion se habian oido antes de este acontecimiento; y en todo caso, ¿qué sé yo si los perturbadores de una época, eran tambien los de la otra ? ...¿Y quién les asegura que en aquella ocasion no se diesen gritos opuestos á los principios de los mismos que los daban, á fin de persuadir que la persona de cierto individuo era indispensable para que no triunfasen los enemigos del sistema constitucional? El gefe politico es un magistrado, que no ha desmerecido la confianza del pueblo ni del gobierno; arrostró un peligro que no todos hubieran arrostrado; peligro, que aunque grande, se hubiese desvanecido si alguna persona hubiese querido contribuir al órden con su influjo. No estoy autorizado para decir mas. Se ha insinuado, que en la providencia del gobierno se han mezclado personalidades. Tan lejos está de la verdad semejante asercion, que para tomar aquella providencia , se han sacrificado afectos particulares. ¿Seria justo que los discolos se valiesen de todos los medios imaginables para atizar el fuego de la discordia, que echasen mano de todos los instrumentos que le sugiriese su malicia, y que so pretesto de consideracion a personas, el gobierno estuviese con las manos atadas, y viese pasivo disolverse la sociedad, cuya conservacion y direccion le taban encargadas? ¿Y á dónde nos llevaria semejante doctrina? Due convulsiones populares no son una cosa nueva, y la esperiencia debe haber demostrado á los mas ilusos, que las convulsiones políticas devoran como Saturno, á sus propios hijos. Sépase que el gobierno suspendió la medida á que se ha aludido, en el momento mismo en que se le hicieron algunas reflexiones; prueba clara, que no resiste las observaciones legitimas y decorosas. Pero ¿qué tiene que ver esto con otro acto escandalosísimo, que si no eclipsa del todo el mérito y gloria militar de su autor, recomienda muy poco su discrecion? Hablo de cierto impreso (no era la primera vez que el ministro le mentaba), que divulgado con profusion, no debe ser desconocido de persona alguna; hablo de cierta carta que todos conocen. El gobierno no se ha negado á oir las reflexiones de su autor, y lo comprueba la condescendencia con que se le admitió en su seno para oirle. Pero violar luego el secreto de esta misma conferencia, que solo en obsequio suyo se concedió, y hacerla objeto de su publicidad y de crítica, ¿qué paso mas sedicioso que este? .. Testigos tuvo esta conferencia, y basta. ¡Qué! ¿no hay mas valor que el militar? Ciudadanos hay que han sabido acreditarlo en calabozos, no desmintiendo jamás la dignidad de su investidura. No puede disputarse el valor cívico á los que actualmente componen el gobierno. Ya han acreditado su entereza, y que no les arredran las amenazas, porque asi como han arrostrado con pecho firme los mayores peligros, sabrán morir por salvar á su patria. Si seis años han aguardado con firmeza una muerte ignominiosa, tendrán el mismo valor para arrostrar la que les cubriria de gloria. Es cierto que el gobierno mandó suspender los efectos de cierta medida, desde el momento que se le anunció que pudiera haber inconve

nientes en su ejecucion. ¡Pero hablar de transacciones! ¿Qué sig. nifica esta palabra ? ¿Cómo? ¿Cuándo un gobierno ha transigido nunca con un súbdito? Indigno seria de gobernar á una nacion grande, á la nacion española, el que transigiese con un individuo. El gobierno deja este punto á la consideracion de la nacion entera, de la posteridad y de los reinos estrangeros. En todas épocas ha habido héroes, pero ninguna presentará un ejemplo semejante de descuerdo.»

«Estas listas de nuevo ministerio, de que con tanto énfasis se ha hecho mérito, no entran para nada en los motivos de la determinacion del gobierno.. Los enemigos, los individuos que le componen en el dia, miran como una desgracia el ser ministros. Pero supongamos que esas listas sean falsas, qué conexion tienen con los demas hechos? Ello es cierto, que se han esparcido en el público despues de las providencias en cuestion. Los secretarios del despacho las han despreciado, porque no hacen patrimonio de semejante cargo, que abandonarian gustosos si en tales circunstancias su honor se lo permitiese. Sin embargo; sobre este particular, mucho habria que decir; aunque yo dudo que haya hombres sensatos, que tengan la pequeñez de turbar el órden del Estado, para ocupar destinos, que solo ofrecen disgustos y sinsabores, cuando se quieren desempeñar como conviene. ¿Qué español estará poseido de la insania de ser ministro en la época actual? ; Ojalá que otros nos sustituyesen, siempre que no fuese en perjuicio de la causa pública!»

El ministro siguió algun tiempo sobre esta misma cuerda; volvió al tema de la disolucion del ejército de observacion de Andalucía, presentando de nuevo las consideraciones que habia espuesto en la propia sesion. Despues tocó otra vez el punto de la lista.

«He dicho que el gobierno tenia noticia de esta lista , que ha sido despreciada, y repito, que jamás hubiera producido una resolucion. ... No dudo de que los comprendidos en esta misma lista , tendrán bastante juicio y sensatez para prever, que á los ocho dias de ocuparlos, serian como nosotros objeto de la censura; pues no tiene un privilegio, que los distinga de los

[ocr errors]
[ocr errors]
[ocr errors]

.

demas hombres. . Dice el señor diputado, que el gobierno está poco instruido en los pasos dados por los gefes del ejército de la Isla , y en las reclamaciones que los han acompañado. . . . . . . Las reclamaciones han corrido impresas por toda la monarquía.

¿Era este el medio mas á propósito para unir la nacion, é infundir confianza en su gobierno ? . Acompañaban a las representaciones Otros documentos, y sé que venian relaciones dirigidas á autoridades particulares, en que se hacia del ejército la mas lastimosa pintura. ¡Cuán fácil es el estraviar la opinion pública. .. | Lejos de ese abandono que se quiere hacer creer, el ejército de la Isla ha sido siempre el objeto de su predileccion. . .

.. Tiene el gobierno partes de gefes políticos de varios puntos, que recibieron las representaciones que he indicado, y no desconocieron su objeto. ...... Si tal penuria habia en el ejército, ¿por qué no acudir por el conducto legítimo al gobierno? ... ¿A qué venia dirigirse á autoridades subalternas, y pedir corridas de toros para vestir al ejército? El general en gefe de Andalucía, ¿no resulta criminal por la acusacion tácita que le hacen los recurrentes de no haber atendido a la subsistencia de aquel ejército? Tales son las consecuencias de pasos inconsiderados, y que el gobierno es culpable por no haber publicado las causas de sus providencias gubernativas, como si fuese una causa criminal ó un juicio contradictorio. No señor, el gobierno no debe hacerlo, y menos en providencias militares: sabe que no ha hecho mas que usar de sus facultades, y todo militar ilustrado, conocerá la necesidad de la medida que ha tomado.»

El Sr. Martinez de la Rosa siguió en su discurso la cuerda del anterior, defendiendo la providencia del ministro, afeando alborotos que redundaban en descrédito de la libertad, y no podian ser promovidos sino por sus rivales implacables: «No, dijo, no veo la imágen de la libertad en una furiosa bacante, recorriendo las calles con hachas y alaridos: la veo, la respeto, la adoro en la figura de una grave matrona que no se humilla ante el poder, que no se mancha con el desórden. » Añadió, que no aprobaba la proposicion del Sr. Palarea, por cuanto teniamos

« AnteriorContinuar »