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CAPITULO XXXI.

Situacion embarazosa del nuevo ministerio.--Su plan de conducta.-Con los

facciosos. -Con las potencias estrangeras.-Medidas que adopla.-Sus relaciones con el Rey.--Convocacion de las Cortes estraordinarias.—Regencia de la Seo de Urgel. Reconocida por los absolutistas.---Se quema públicamente su manifiesto en Barcelona.-Alborotos y destierros.-Sigue la guerra civil, -Suplicio del general Elio en Valencia.-Id. de D. Teodero Goiffieux en Madrid.-Fiestas en la capital con motivo del 7 de julio.-Manifesto del Rey á la nacion.-Ventajas sobre los facciosos.

La serie de los acontecimientos que tan rápidamente recorre

mos, nos ha conducido insensiblemente á una época de la revolucion en que se roza nuestra persona con la mayor parte de las cuestiones que suscita. No desconocemos lo embarazoso de esta situacion, y lo fácil que será deslizarnos en terreno tan resbaladizo. Si el hablar de sí mismo espone al hombre á ser juguete de las ilusiones que á los mas rígidos sugiere el amor propio, debe de ser mas temible la fascinacion, cuando se trata de deberes graves, de acciones que influyen en el bien ó en el mal estar de toda una nacion, de los compromisos mas fuertes en que puede verse un hombre público. Mas por mucho que sea el peligro que hemos indicado, no es suficiente motivo para que nos reduzcamos al silencio; tanto mas, cuanto el personage á quien principalmente nuestro escrito se dedica, va á representar en esta época un papel muy diverso, y sobre todo, mucho mas importante que en la legislatura terminada con el mes

de junio. Lanzados en esta carrera donde hemos dicho verdades que pueden ser de alguna utilidad, seria hasta pusilánime el retraernos de llegar al término, cuando al interés general de la justicia, puede añadirse el de una vindicacion personal á todos permitida. Ningun ministerio, en efecto, de la época constitucional, ha sido blanco de mas, censdras, de mas acusaciones, de acriminaciones mas amargas, que este á que aludimos. Sobre ninguno se ha ejercido á tal punto esta lógica vulgar, que juzga de todo por los resultados, y del mérito del hombre, por azares y combinaciones de la suerte, que a veces no es dado impedir á la prudencia humana. Nacionales y estranjeros, partidarios del despotismo como amantes de la libertad, todos han juzgado por reglas tan precarias; muy pocos se han sustraido á este yugo impuesto por la preocupacion y la rutina, y tomádose el trabajo de examinar los datos, de subir al origen verdadero de las calamidades desastrosas, cuyos efectos a todos comprendieron. Cuando subsiste todavia semejante modo de juzgar las cosas; cuando al mencionar aquellos acontecimientos todavia se muestran los hombres ecos unos de otros, deber es de los interesados, esponer francamente cuanto contribuya á colocar la verdad en el puesto que le pertenece.

No podemos menos de confesar, que hay épocas en que por lo estraordinario de los acontecimientos, por la diversidad de intereses y pasiones que van con ellos enlazados, es muy dificil que el error no triunfe, y que conserven los hombres aquella sangre fria que sabe juzgar las cosas como son en sí, sin ate der á la apariencia. En estas circunstancias se vió sin duda este cuarto ministerio. Despues de las ocurrencias del 7 de julio, 'era imposible uno que perteneciese al bando moderado. Estaban los nuevos ministros afiliados en el opuesto, donde eran suficientemente conocidos. Pertenecian ademas á sociedades secretas, y si añadimos que en su seno se organizó su administracion, no diremos una cosa que sea un secreto para muchos. Salidos de una crisis que puso en tan inminente peligro nuestras libertades, blanco de fuerte é inevitable enemistad para muchísimos hombres de principios opuestos; precisados á romper con los per

ble, pero

sonages mas poderosos de aquel tiempo; arrastrados por la fuerza de las circunstancias á provocar una lucha á sus ojos terri

del todo inevitable; echados de sus destinos; repuestos momentáneamente; obligados á dar el principal impulso que encontró con tan violenta oposicion en hombres de todas condiciones; y por fin y término de circunstancias tan estraordinarias, la de haberse verificado durante su permanencia en los negocios la entrada del ejército francés que vino á arrancarnos nuestras libertades, no es estraño que con la complicacion de sucesos que influyeron en la suerte de los españoles todos, se haya juzgado con los ojos de la prevencion, y equivocádose las causas de tanta desventura.

A hechos positivos nos contraeremos en esta parte de nuestra obra, en la que nos estenderemos menos por sernos personales, que en las anteriores. Estos mismos hechos suministrarán las reflexiones que se deducirán de ellos como inevitables consecuencias. Otras mas, hará el lector; pues no es necesario indicar, lo que ocurre á todo el mundo.

Los individuos nombrados para este ministerio, no se hallaban, bajo cierto aspecto, en situacion tan ventajosa como algunos pocos de los anteriores. Ninguno de ellos ocupaba un puesto distinguido en la opinion, por su saber, ó su talento. Era inferior á los ojos del público la escala de su capacidad; y si bien no ocupaban el último término del cuadro en que figuraban tantos hombres públicos, no llegaban al primero por ningun estilo. Habian sido tres de ellos diputados de las Córtes anteriores, y manifestádose en todas ocasiones opuestos al gobierno. Dos, pertenecieron al ejército revolucionario de la isla de Leon; y los otros dos restantes, eran ventajosamente conocidos en sus carreras respectivas.

Los habia llamado al ministerio su opinion de patriotas puros y desinteresados, y esta reputacion era bien merecida sin disputa. En una época en que las libertades públicas se hallaban tan violentamente combatidas, cuando sus enemigos habian-arrojado el guante del modo mas osado, pareció sin duda a los ojos del público preferible la decision al gran saber, y el valor

cívico que arrostra toda suerte de peligros, á la brillantez que acompaña al talento distinguido.

Fué recibido con bastante aceptacion su nombramiento por cuantos hombres se interesaban en la conservacion de nuestras libertades, por cuantos vituperaban la imprevision y negligencia con que en esta parte se habian conducido los negocios públicos, por cuantos en vista de los tristes desengaños, que no podian menos de producir los últimos sucesos, conocian ya muy bien que este cambio soñado con que se les adormecia, no era otro que la restauracion del antiguo despotismo.

Es positivo que los sucesos de julio habian disipado muchos errores, dado nuevo aliento á muchos ánimos, restablecido la confianza, y comunicado nuevo impulso al espíritu público que comenzaba a desmayar en varios puntos. Infinitas fueron las felicitaciones de todas las provincias que con motivo de la victoria del 7 de julio se dirigieron a la Milicia nacional de Madrid, al Ayuntamiento constitucional, á la diputacion de Córtes. No hay duda de que puso patente las sanguinarias intenciones de unos, y el patriotismo puro que en otros dominaba, la imprudencia, el poco tino con que aquellos se habian arrojado á ser los agresores, y el valor y sangre fria con que estos habian repelido sus ataques. Vieron muchos con esta ocasion la posibilidad de salir victoriosos de una lucha, de lo que tal vez dudaban hasta entonces, y se animaron de nuevo encendimiento, los que habian cogido, por decirlo asi, el laurel de aquel combate.

La indicacion de los amigos con que contaba aquel ministerio, evita hacerla de los que debian mirarlos con opuestos sentimientos. Reinaba en unos abierta oposicion å sus principios y doctrinas: desconfiaban otros, ó asi lo insinuaban á lo menos, de su capacidad en el manejo de los negocios del Estado; era para algunos hasta equívoco y no arreglado al órden legal, el modo con que habian sido llamados á sus puestos. Se imaginaban todos naturalmente, la poca benevolencia que inspiraban al gefe del Estado; y que si algunos de sus antecesores habian sido objeto de desconfianza y de desagrado para las cortes estranjeras, lo eran ellos sin duda de la mas desdeñosa antipatía.

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TOMO II.

piro,

No se presentaba , pues, un lecho de flores á los nuevos secretarios del Despacho. Sin ilusiones sobre su verdadera posicion, aceptaron los hechos, tales cuales eran: sin empeño de ir contra realidades evidentes, ni de luchar contra la fuerza de las cosas, se colocaron en el terreno que su situacion les indicaba. Con la opinion y por la opinion del partido liberal que pasaba por exagerado, y que era el suyo, quisieron gobernar; y aunque en esta parte no se mostraron esclusivos, conocian de masiado las cosas y los hombres de aquel tiempo, para tratar de vencer repugnancias invencibles. Contando siempre por dias el tiempo de su administracion, se condujeron como hombres que estaban á cada instante en vísperas de salir de ellos, si bien con la nota de poca habilidad, al menos, sin la de haber desmentido ni su decision , ni sus sentimientos y principios. Ya que el espíritu público habia tenido una especie de res

á consecuencia de los primeros dias de julio, era indispensable continuar la obra, imprimiendo nuevo vigor en la persecucion de los facciosos. Continuaba esta guerra con furor y animosidad por parte suya. Ardian la Cataluña y provincias del Norte en este fuego tan desolador, atizado siempre por manos poderosas. De su estincion pendian los intereses mas sagrados de todo el pais: á objeto tan importante debian dirigirse los es: fuerzos de sus gobernantes. En golpes fuertes dados á rebeldes incorregibles, era necesario apoyar las reclamaciones que se hiciesen á las cortes estranjeras; las bayonetas de los soldados de la nacion, eran á los ojos del gobierno, las mejores notas diplomáticas. La cuestion era muy simple para todo hombre de regular entendimiento, por poco que se penetrase de la incompatibilidad de principios políticos entre nosotros y las naciones estranjeras, con quienes estábamos en relaciones amistosas ostensibles. ¿De qué servian sutilczas, protestas, manifestaciones y todo este barniz diplomático cuyo verdadero valor conoce todo el mundo, para quiénes tan manifiestamente declaraban que era nuestra ley fundamental un gérmen de disturbios, de convulsiones, de trastornos espantosos del órden público de Europa ?

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