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Mio Cid! Todos los ingentes esfuerzos que ensayaron Algunos eruditos para hacer pasar por la bilera octosilábica los versos del poema del Cid, todo lo que se ha divagado en largos trabajos acerca de la fantástica regularidad, todo estaba reñido con la realidad de las cosas; era absurdo suponer que tres manuscritos de gestas conservadas, el de Mio Cid, el del Rodrigo y el de los Infantes de Lara, se equivocaban los tres en presentarnos un metro de desigual número de sílabas; pero siempre podía caber en ánimos tenaces para el prejuicio, la esperanza de un nuevo hallazgo que pudiese venir a confirmar sus enrevesadas hipótesis. El hallazgo viene, y Roncesvalles, como era de esperar, confirma el testimonio de los otros tres manuscritos. Quedamos en que los juglares de gesta, lo mismo que los juglares de metros cortos (Santa María E., Elena y María, etc.), usaban habitualmente un metro de desigual número de sílabas, que sería preciso estudiar en adelante sin los prejuicios del isosilabismo.

Lo que dice Menéndez Pidal basta para dar una idea clara de la importancia capital de este nuevo fragmentos para el estudio de la métrica antigua castellana. A nosotros ya nos había convencido. Esperamos que ahora se convenzan también los 'animos tenaces'. Predominan los versos de siete sílabas como en el Mio Cid.

Estudiados los versos que no contienen vocales concurrentes, pasa Menéndez Pidal a estudiar los que las contienen, y concluye que el juglar practicaba en versos la sinalefa. igual conclusión llegó Menéndez Pidal cuando examinó el metro juglaresco de Elena y María. he dado datos que creo prueban que la sinalefa era un fenomeno bien conocido y practicado en la antigua versificación castellana en Notes on the versification of El Misterio de Los Reyes Magos, Romanic Review, VI., 4., 378-401 y Synalepha in Old Spanish Poetry, Ib., l'II., 1., 88-98, datos que unidos a los que ya se conocían hasta nos permiten estudiar las condiciones bajo las cuales se practicaba la sinalefa antiguamente, no entro ahora en detalles. Sólo diré, aprovechándome en parte de la exclamación de Menéndez Pidal: ¡Adiós, pues, las ilusiones de los partidarios de las envejecidas teorías que declaraban: “Los primeros ejemplos seguros del uso de la sinalefa en la versificación, presenta el Arcipreste de Hita”!

4. La Leyenda de Roncesvalles. En esta parte de su trabajo estudia Menéndez Pidal la leyenda de Roncesvalles según la chanson de Roland y sus refundiciones posteriores y compara minuciosamente el fragmento español con la leyenda francesa. Los cien versos del nuevo fragmento refieren la busca de los cadáveres en el campo de batalla de Roncesvalles, escena que tiene su semejante en las chansons francesas. El contenido del fragmento español es: Carlos el emperador halla en el campo de Roncesvalles el cadáver del arzobispo Turpin, y después de llorar sobre él, manda apartarlo para que sea llevado a su tierra. Encuentra en seguida el cadáver de Oliveros y, como si le viese vivo, le pregunta por su sobrino, Roldán. Descubre por fin el cadáver de Roldán, y después de un largo lamento en

Como ya Ya tenemos, pues, prueba definitiva de la existencia de otro cantar de gesta español. Menéndez Pidal cree que el cantar español de Roncesvalles debía ser

a

el que ruega a Dios le envie la muerte cae amortecido a su lado. El duque de Aimón encuentra el cadáver de su hijo Reinalte de Montalbán. ΕΙ duque de Aimón, el de Bretaña y el caballero Beart van socorrer al emperador.

Desde luego observa Menéndez Fidal que la escena en que el juglar español refiere el hallazgo de los cadáveres de Turpin y Oliveros falta por completo en la chanson de Roland. En refundiciones posteriores se refiere al hallazgo del cadáver de Oliveros. Pero el desacuerdo con la tradición francesa la manifiesta el juglar español en muchos puntos, según Menéndez Pidal porque el cantar español sigue otra tradición, la leyenda carolingia española, que había adquirido en España su propio desarrollo y se había enriquecido con episodios que ninguna relación tenían con la batalla de Roncesvalles. No daremos noticia de todos los puntos capitales que estudia Menéndez Pidal al comparar el fragmento español con las leyendas francesa y española (según se halla ésta en las crónicas, romances carolingios y otros documentos estudiados por M. P.), pero si cabe añadir que uno de los muertos en la batalla según el fragmento español, es Reinaldos de Montalbán, y que este personaje es desconocido en la chanson de Roland. Y puesto que éste es también uno de los rasgos tradicionales de la leyenda carolingia española Menéndez Pidal cree que no sólo los pormenores, sino la esencia misma de las leyendas de Roncesvalles y Reinaldos, seguían en la península rumbos muy apartados de aquellos que habían sido impuestos a la tradición francesa por el Roland y por el Renaud de Montauban.

En conclusión Menéndez Pidal declara: "Todas las versiones poéticas de la leyenda especialmente consagrada a Roncesvalles, que se en Francia, así como las versiones italianas, alemanas, noruegas, holandesa, inglesa, etc., remontan a un mismo poema, cuyo más antiguo conocido está representado por el manuscrito de Oxford del Roland. España no es en esto una excepción, y es imposible desconocer que el Roncesvalles de que tratamos entronca también con esta gran familia, derivando de una de las refundiciones francesas del Roland."

un poema de mayor extensión que el Mio Cid. Gracias al nuevo hallazgo y al erudito estudio de Menéndez Pidal queda definitivamente comprobada la teoría de que en España debieron existir cantares de gesta en el siglo XIII que se entroncaban directamente con la tradición carolingia. ¿Serán algunos de los romances carolingios castellanos sacados de viejos cantares de la misma manera que los de los Infantes de Lara y otros? Sobre estos puntos sin duda hablará más tarde Venéndez Pidal.

El nuevo hallazgo, la publicación del manuscrito con las fototipias, y el estudio de Menéndez Pidal hacen época en la historia de la literatura.

conservan

A. M. E.

Feminismo, Feminidad, Españolismo, por G. MARTÍNEZ Sierra. Renacimiento, 1917. 331 pp. Madrid.

A partir de 1911 fecha en que estrenó su preciosa comedia Canción de Cuna, cuya excelencia revalidaron seguidamente Primavera en Otoño y Mamá, una fecunda producción dramática parece haber absorbido la actividad de este eminente escritor de la España actual. Una perseverante unidad intencional dirige toda la numerosa produccion escénica de Martinez Sierra a una ferviente exaltación del espíritu femenino y, sobre todo, del sentido de la maternidad, como su esencia radical y más pura. Así, el título de su nuevo libro, Feminismo, Feminidad, Españolismo, podría muy bien servir de epígrafe y epilogo a toda su labor dramática.

Integran el volumen una conferencia sobre feminismo, leida por el autor en un festival público, y gran diversidad de artículos periodísticos, con los que asiduamente ha procurado popularizar entre la sociedad española culta las modernas dectrinas feministas. Gran parte de estos trabajos, meramente informativos, registra cuantas iniciativas feministas se han suscitado, especialmente a partir del comienzo de la guerra, en Europa y Estados Unidos. Otros abordan problemas nacionales de España, como el de la mendicidad y la educación infantiles, y algunos, en fin, como la conferencia citada y los artículos sobre la meditación y sobre la poesia de la vida, tienen un amplio carácter moral y educativo. No se trata. por tanto, de un libro de valor doctrinal, que apunte problemas nuevos o sugiera nuevas soluciones para los que el feminismo tiene ya planteados en todos los países cultos. Se trata sencillamente de un libro de propaganda de los principios generales del feminismo, que es lo único que, dado el estado de la cultura de la mujer en España, puede hacerse ahora en su favor.

Por esto el libro de Martinez Sierra tiende principalmente a convencer a las mismas españolas, un tanto reacias a los empeños dificultosos del feminismo, de que la compartición de derechos civiles y políticos con el hombre, “lejos de hacer perder feminidad a su espíritu, la aumentará."

En la situación actual de la sociedad española, un libro sencillo, amable y alentador que acierta a allanar y familiarizar, hasta hacerlo accesible a la más pacata y espantadiza mojigatería, in problema social de tan enorme trascendencia como es el feminista, es una de las obras más generosas y fecundas que podian emprenderse. Tal es el libro último de Martinez Sierra,

Rubén Darío. Sus mejores cuentes y sus mejores cantos. Madrid, Editorial América, (s. a.). 315 pp.

Este libro es una interesante selección de las obras de Rubén Darío, que contiene las poesías y cuentos que mejor caracterizan la personalidad del insigne escritor nicaragüense, y cuya lectura puede orientar certeramente a las personas poco familiarizadas con la obra del poeta que más ha influido en la formación de la poesía lírica española contemporánea.

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Señores Aurelio M. Espinosa y Lawrence A. Wilkins.
Mis queridos amigos:

Desde que en varias ocasiones me comunicaron ustedes los proyectos y primeros pasos de la American Association of Teachers of Spanish, siempre tuve la mayor fe en los resultados. Ahora, las nuevas y buenas noticias que ustedes me dan y el primer número de HISPANIA, que llegó a mis manos en estos ultimos días y que he leído con el mayor interés, me hacen ver que la Asociación no vive principalmente de esperanzas, sino que avanza ya muy adentro en el terreno de las realidades. Y todo esto es satisfactorio para cuantos cultivan estudios hispánicos, pues siendo los Estados Unidos el país donde más incremento toma la enseñanza del español, no puede ser indiferente que para el mejor cultivo de esa enseñanza inicien los profesores norte-americanos un importante acto de esmero y consagración.

Al saludar con cariño la útil idea de la publicación de la revista ¡cuánto desearía conversar con ustedes sobre los trabajos y preocupaciones comunes! Entre éstas, acaso una puede dominar: la mayoría de los norte-americanos estudian el español para satisfacer una necesidad de comercio espiritual y material con sus vecinos de la América española; entonces, la diferencia que hay entre el habla de España y la de Hispano-América ¿de qué caracter es? ¿qué importancia tiene?

El contraste mayor entre el español europeo y el americano lo hallaremos, como es natural, en el habla popular. Podemos apreciar en resumen ese contraste advirtiendo que la diferencia que existe entre el habla gaucha, por ejemplo, y la andaluza, es incomparablemente menor que la que hay entre la andaluza y la de las montañas leonesas o pirenaicas. Y todo el valor de esta comparación resaltará plenamente añadiendo que en los estrechos límites de la Península, desde Asturias a Cádiz, hay una cantidad de variedades de lenguaje español que estimo más pronunciadas y mayores en número que en toda la gran extensión del continente americano, desde Nuevo Méjico al estrecho de Magallanes; y agregando además que las variedades del español peninsular y trasatlántico son menores que las del francés o el italiano, con tener éstos una extensión geográfica incomparablemente menor. En otra ocasión intentaré explicar este fenómeno. Ahora nos basta el hecho, para comprender que las hablas populares hispano-americanas no representan una desviación extraordinaria respecto de la castellana, ni por el número ni por la calidad de los rasgos en que consisten; no ofrece cuestión alguna especial para nosotros ahora.

Nuestro interés tiene que dirigirse a la lengua culta. Sabido es que las variedades regionales, tal como viven en el vulgo, ninguna por si ni todas juntas representan el habla de las personas cultas o la lengua literaria. Mientras cada variedad dialectal vive, como sierva del terruño, ligada indisolublemente al territorio donde nació, la lengua culta se dilata sobre estos círculos menores sedentarios, y se difunde donde quiera que llega la actividad de los hombres de acción o el brillo de las inteligencias más eficaces que se sirven del mismo idioma. Aventureros, comerciantes, magistrados, capitanes, tribunos, pensadores . . . cualquiera que necesita hacer vivir una idea, útil o bella, fuera del lugar donde él nació, se esfuerza en crear y conservar ese lenguaje de más poderosa virtud, cuya última aspiración es llegar a ser comprendido hasta por los habitantes de los últimos confines de los dialectos hermanos, y por las generaciones venideras, logrando el mayor alcance en el espacio y en el tiempo. Del esfuerzo aunado de todas los espíritus cultivados y de todos los literatos insignes que se han trasmitido el romance más general de España, desde sus comienzos acá, resulta ese producto histórico cultural que por antonomasia se llama lengua española, creada por

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