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dome mi herencia; halláraos yo en lugar y en ocasión en que reñir pudiéramos, y de igual a igual os probaría la felonía grande que conmigo usasteis vos y vuestros parciales; consejo de ellos fué la sentencia que quitó la vida a mi padre, cuya completa venganza espero tan pronto como la ocasión me la ofrezca.

Mediando entonces Tomás de Saint-Aubin, caballero del séquito de Pembroke, dijo:

--- Juan, si entendéis decir y sostener que mi señor el conde o su padre cometieron infamia o que os deban pleito alguno, arrojad aquí la prenda de vuestro reto, el guante o el anillo; no faltará quien lo recoja.

-Cautivos sois-contestó desdeñosamente el provocadory en vano os retaría estando como estáis a la merced de vuestros vencedores; ¿a qué hablar más ahora? Yo os buscaré cuando seáis libres, y entonces tendrán otro alcance mis pa. labras (1).

Algunos españoles, aucuns chevaliers et vaillants hommes d'Espaigne-dice Froissart-, que presenciaban la querella, se adelantaron a terminarla, y ya los almirantes no descansaron hasta conseguir que los prisioneros fuesen llevados a Burgos.

Estos prisioneros sirvieron después para el rescate que el rey Don Enrique quiso hacer de las villas y ciudades entregadas en pago de sus servicios a los capitanes extranjeros que le habían ayudado contra su hermano Don Pedro. En Santander se había concertado el precio (2), y así recobró la Corona la ciudad de Soria (3), las vilias de Atienza y Almazán y los

(1) Se lee al margen: «Rectificar aqui a Thierry, Conquête de l'Anglelerre. Rectificar asimismo a Froissart en lo de Saint Andrieu en Galice.» En efecto, Thierry, que copia la noticia de Froissart, supone a Saint André (sic) en Galicia erróneamente. (En la edición de las Chroniques de J. Froissart de Buchon, París, 1837, se pone nota que dice: «Saint Ander est dans la Biscaye et non dans la Galice»: se salva, pues, el error incurriendo en otro.)

(2) Crónica de Don Enrique II: A. C. 1372.

(3) Los sorianos se resistieron por armas a recibir y reconocer la autoridad del señor extranjero, como más tarde los de Santander la del marqués de Santillana,

demás lugares entregados al célebre Beltrán Claquín, el felón de Montiel; así las tierras de Agreda, que habían sido gaje de Oliveros de Mauny (1).

Esa fortaleza de la villa, única sin duda en el recinto, llega con el mismo nombre hasta la edad moderna. Ni la titula de otro modo el anciano gobernador que la reedifica y pone encima de su ingreso principal esta inscripción: GOBERNANDO LAS ARMAS DEL REY NUESTRO SEÑOR EN ESTAS CUATRO VILLAS DE LA COSTA Y EL PRINCIPADO DE ASTURIAS, POR SU GRACIA Y GRANDEZA, DON SEBASTIÁN HURTADO DE CORCUERA, DEL ORDEN DE ALCÁNTARA Y DEL SU CONSEJO SUPREMO DE GUERRA,

MANDÓ PONER A LA PUERTA DE ESTE SU CASTILLO LAS ARMAS REALES EN 30 DÍAS DEL MES DE AGOSTO DEL AÑO DE 1656 (2).

Y sin embargo, era oportuno haberla titulado de San Felipe, como se llama ahora; porque Felipe se llamaba el rey, y éste ha sido en todo tiempo modo común de lisonja de autoridades y pueblos a soberanos; y quizás entonces recibió el título, aunque la inscripción lo calle.

De este castillo era alcaide en 1577 Juan de Escobedo, aquel célebre secretario de don Juan de Austria, cuyo asesinato fué un misterio. Aun ignora la historia, que ignora tantas cosas, y lo ignorará siempre, si el hierro que lo mató en Madrid tras de Santa Maria de la Almudena, cortó la vida a un ambicioso temible, o castigó a un enamorado audaz y venturoso. Mozo despierto, en situación de conocer las altas calidades de su

(1) El canje de Agreda tiene en las crónicas sabor caballeresco. Mauny ama. ba a una noble Joncella francesa, cuyo padre era prisionero de los ingleses, la cual ponía como precio a su correspondencia la libertad de su padre. Mauny entonces hizo preguntar al rey de Inglaterra cuál de sus caballeros prisioneros en Castilla aceptaría en cambio del señor de Roye, padre de su amada. Designado por el inglés el caballero cuya pronta libertad deseaba, Mauny lo rescató del castellano, dejándole a éste sus tierras de Agreda, y lo envió a Inglaterra a ser trocado por su suegro.

(2) Las dos cifras últimas del año están ilegibles. Las restituyo fundado en documentos que prueban el tiempo en que Hurtado de Corcuera ejerció el mando de las cuatro villas.--Papeles pertenecientes a la defensa de la gente y puer. tos de Asturias.--Biblioteca Nacional.-M. S.-Q. 69.

señor, la voluntad que los pueblos le tenían y el prestigio sin límites con que seguían unánimes su voz capitanes y soldados de los temibles tercios españoles, pudo muy bien dar cabida en su ardiente cerebro a desvanecidos pensamientos; faltábale, empero, una condición capital en conspiradores y políticos, freno en la lengua.

Con juvenil petulancia se había dejado decir, hablando de conspiraciones y descontentos, que teniendo amiga a Inglaterra, «se prodrían alçar con España, con tener la entrada de villa de Santander, y el castillo de dicha villa, y con un fuert en la peña de Mogro», y cuando, lejos de haberse calmado lo recelos del rey, naturalmente suspicaz y desconfiado, se enconaban y crecían de continuo, poseído ya de la alcaidía del citado castillo, pretende en forma la fortificación de la peña y la tenencia de ella (1).

Causa había para que, a espaldas de la prehensión, escribiese Felipe II de su puño: «Menester será prevenirnos bien de todo, y darnos mucha prisa a despacharle, antes que nos mate», porque harto penetraba su experiencia de los hombres cuán grandes daños pueden venir al Estado de sucesos no previstos, y que la historia absuelve mejor al poderoso del pecadɔ de tiranía que del de negligencia.

Notable fortaleza debía ser la de un lugar que tan principal papel tenía en la honda política interior de España, en uno de sus momentos más agitados y obscuros. Y mal se da cuenta de ella quien ahora ve su flaco aspecto, y el sin rebozo con que el caserío urbano se apodera de sus escarpes, ciega sus fuegos y domina sus hastiales.

Casi un siglo después, en 1656, con temor de nuevas guerras navales, quiso el Gobierno del rey Felipe IV proveer a la defensa de estas costas, y en 15 de Marzo comisionó a don Se

(1) Fecha a 25 de Julio de 1577, en Santander.-Memorial que Antonio Pé. rez presentó del hecho de su causa en el juicio del Tribunal del Justicia de Aragón.-II parte.--Obras y relaciones de Antonio Pérez, impresas en Ginebra, año de 1640.

bastián Hurtado de Corcuera, gobernador a la sazón de la tierra de Asturias y residente en Gijón, para que visitando las cuatro villas, y sus disposiciones defensivas, consultase al rey lo que estimara conveniente para su fortificación y armamento. Vino a Santander en 14 de Abril, y hallóla bien preparada de gente, y no mal provista de artilleria, pero desmontada y sin fustes.

«Ay en esta villa-dice la consulta-cuatro capitanes de infantería de la milicia de ella y su jurisdicción, que tienen sus soldados muy bien disciplinados, hay muchos mosquetes y los juegan muy bien, y arcabuces, y pocas picas, porque todos se inclinan al arcabuz, y verdaderamente hacen ventaja a todos los demás de la costa...» «tiene tres castillos, que son el de Henano (1), San Martín y el que está dentro del lugar que llaman de la Villa, dotados de castellanos y gente de guarnición con sueldos; pero hoy se hallan estos castillos con necesidad de esplanadas, colgadiços, encabalgamentos, pólvora, municiones y pertrechos, por cuia falta está con arto, riesgo, y por el peligro de los desembarcaderos de la Magdalena, Sardinero, San Pedro y Nuestra Señora del Mar, puede ser la villa invadida de enemigos y necesita harto reponer la artillería y fortaleza, de modo que se pueda defender por los naturales...» En vista de esto, creyóse conveniente que el don Sebastián permaneciera en la villa para atender a lo necesario, y así se dispuso.

En esta época reparó el castillo y debió hacer colocar la inscripción mencionada, porque a fines del mismo año, en 22 de Diciembre, escribe a Madrid al conde de Peñaranda, Presidente del Consejo de Indias, aceptando la regia merced que aquél le comunica, del gobierno y capitanía general de la provincia de Tierra-firme (2), y es de colegir que abandonaría este gobierno de las cuatro villas, que había teni

(1) Hano, fuera de la entrada del puerto. (2) Papeles citados, existentes en la Biblioteca Nacional.-M. S.-Q. 69.

do desde la primavera hasta terminar el año de 1656 (1).

Otra batería tenía Santander, no mencionada en la consulta de Corcuera, o por olvido, o más probablemente por su estado ruinoso, aunque no era vieja. Habíala alzado diez y siete años antes, en el de 1639, y con motivo de las famosas correrías y amagos del arzobispo Sourdis, el entonces gobernador don Fernando de la Cerda. Era una plataforma para doce piezas, situada en la misma boca del puerto y en el lugar llamado Santa Cruz. De aquí el llamarse esta fortificación de Santa Cruz de la Cerda, y posteriormente de la Cerda solo (2).

Pronto iremos a ella y la hallaremos benéficamente empleada en sostener una luz que alumbre a los buques el paso de la gola que antes les cerraba. Hace tiempo ya que Santander dejó el ejercicio profesional de las armas, y sólo en ocasiones extremas, y más bien seducida o engañada que por vocación e impulsos propios, ha quemado pólvora.

VII

CERCANÍAS.- MOURO.-EL SARDINERO.-LA VIRGEN DEL MAR.

MONTE-CORBÁN

Tal vez se hallaría en Santander quien no perdonase a este libro mio callar el nombre de la Compañía, porque en esa iglesia de los discípulos de Loyola, reza y oye misa y lava su alma, y acaso allí fueron benditos sus amores y cristianados sus hijos.

Hay tradición que atribuye esta fundación a aquel Luis

(1) Tenía sesenta y nueve años de edad, nacido en el de 1587 en Berguenda, provincia de Álava; sirvió, según sus propias palabras, cuarenta y cinco años; de ellos los veintisiete en mandos de Ultramar, en América y Filipinas, donde · las Gacetas del tiempo elogian sus dotes de pacificador y de soldado.

(2) Constan estos y otros pormenores curiosos sobre la fortificación de Santander en una instancia elevada por la villa al rey (¿Carlos Il?), de la cual tengo a la vista una copia sin fecha.

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