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Bufo, bufon. Núm. 213, T. III, página 94. La palabra buffones es de baja latinidad, y de ella se han formado en las lenguas neolatinas las voces boufons, buffoni, bufones, que tienen en todas ellas la misma acepcion. En el antiguo romance castellano llamábanse tambien bufones los vendedores ambulantes de chucherías y cosas de poco valor, de donde vino luégo el nombre de buhonero. La acepcion que hoy damos á esta palabra es bastante antigua, á juzgar por una carta de Salmasio á Tertuliano en la que le dice: Scurras mimarios et scenicos placentarios, que buffoncs hodie vocamus. Atque ita veteribus vocabantur quod buccas inflarent in mimo alapis accipiendis ut validius sonarent. Ni faltan tampoco ejemplos para demostrar que el bufon, lo mismo en los tiempos antiguos que en los modernos, hacia escuchar sus gracias y chocarrerías en las córtes y en los palacios, llegando

algunos á ser favoritos de príncipes y magnates. M. de Goeje nos refiere un pasaje de Ibn-al-Athir, escritor árabe de fines del siglo XII, que dice así: Pendant deux années Moïse et Aaron vinrent matin et soir à la porte de Pharaon demandant d'être admis auprès de ce monarque; mais personne n'osa l'en informer jusgu à ce qu' un maskhara (bufon) dont l'emploi ètait de le faire rire par ses bons mots, le lui apprît, et alors Pharaon ordonna de les introduire. La palabra bufo es de orígen italiano, y tomó carta de naturaleza en nuestro idioma al introducirse la ópera italiana de este género.

V. V.

Atijareros. Núm. 205, T. 111, pág. 31. La etimología que se supone á esta palabra no da una idea exacta de su verdadera acepcion. Los autores del glosario del Cancionero de Baena la hacen derivar del árabe (adjara), cuyo infinitivo, (ittidjar) en la octava forma significa mercedem meruit, ó mercede conductus fuit, y en el sentido de recompensa ó galardon puede traducirse la voz atijara, citada en el mencionado Cancionero: Pues, por Dios manso fablat, e sera vuestra atyjara. Mas esta acepcion no es aplicable al texto de los opúsculos de D. Alfonso el Sabio, ni tampoco á los siguientes, tomados del Fuero de Madrid (Memorias de la Academia, vIII, p. 38). Todo omme de Madrid qui civera compararet per ad atigara pectet II m.o a los fiadores. Et todo el vezino qui civera levare foras de villa ad atigara vender, pectet II m.o, si lo potuerint firmare; y este otro (p. 43): Qui coneios vel liebres o perdizes comparare per ad atigara, pectet II m. a los fiadores: en los cuales parece que se trata de la venta al pormenor, á la que se dedican los que llevan las cosas de un lugar á otro, como dice el Rey Sabio, en cuyo sentido pudiera traducirse la voz atijarero por vendedor ambulante.

V. V.

Torques. Núm. 221, T. III, pág. 159.—Cada dia se hace más sorprendente la frecuencia con que el suelo gallego arroja valiosas preseas de oro, mucho más ricas que por el precio considerable de su materia, por la inestimable importancia arqueológica que encierran. Pero tan grande como es esa frecuencia, es la rapidez y el sigilo con que los afortunados, poco cautos halladores, acuden á cambiar, á bajo precio, sus hallazgos por moneda corriente á los plateros, quienes, á su vez, no descuidan el sepultarlos en el crisol, despues de inmolarlos con el martillo: lo que hace sumamente difícil adquirir de manos de los unos ni de los otros ninguno de los objetos que, tras siglos y siglos de guardarlos en su seno, arroja liberal la tierra para fomentar el amor al estudio de algunas personas y aumentar la fortuna de otras más. La ha tenido últimamente D. José Villaamil y Castro, académico correspon

diente de la Historia, residente en Mondoñedo, y que como su más lisonjero título tiene el de aptitud para Archivero, Bibliotecario y Anticuario, de poder rescatar unos peregrinos inaures, y las porciones más principales de tres torques, todo de oro, encontrados cerca del punto de su residencia, con un anillo, tambien de oro, perdido por quien le encontró, y una pequeña fibula de bronce adquirida con los otros objetos. Los inaures, de forma muy parecida á la de los más comunes candados, como con aparente razon los calificaba el hallador, son notables por la extremada finura de su labor. No lo son menos las torques por la curiosa labor, cincelada en la una y sobrepuesta en otra, que adorna la parte media de las varillas en una extension de pocos centímetros, apareciendo el resto de ellas liso, como están en su totalidad todas las halladas ó por lo ménos conocidas hasta ahora.

'REVISTA

V.

DE

ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS.

Se publica los dias 15 y último de cada mes.- Precio de suscricion.-Madrid, tres meses, 2 pesetas.—Provincias y Portugal, remitiendo el importe á la Administracion, el mismo precio. Por corresponsales: 3 pesetas trimestre; un año, 11 pesetas.-Extranjero y Ultramar, un año 25 pesetas.— Puntos de suscricion.—En Madrid : en la Administracion, calle de las veneras, 2, cuarto principal; en las porterías del Archivo Histórico Nacional (Leon, 21), Biblioteca Nacional y Museo Arqueológico, y en las librerías de Durán, Cuesta, Bailly-Baillière y de D. Leocadio Lopez.

En provincias.- En las porterías de los Archivos y Bibliotecas provinciales, y en las principales librerías, ó remitiendo directamente el importe á la Administracion, en sellos de correos ó libranza de fácil cobro.

En los mismos puntos se hallan tambien de venta, al precio de diez pesetas, los tomos I y II de la REVISTA.

MADRID, 1873.-Imprenta de M. RIVADENEYRA, calle del Duque de Osuna, núm. 3,

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Estatua de piedra procedente del Cerro de los Santos.- Noticias: Plantillas de Archivos, Bibliotecas y Mu. seos.-Fallecimiento del ayudante Sr. Garcia Calamar.- Concesiones de Bibliotecas populares.- Nneva convocatoria para la plaza de oficial, vacante en la Biblioteca de Toledo. - Organizacion de los Archivos del Instituto Geográfico y Estadístico.- Supresion del clero castrense y destino de su Archivo.- Donativos à la Biblioteca del Ministerio de Gracia y Justicia.- Fondos de los establecimientos: Papeles del Consejo Supremo de la Inquisicion, trasladados al Archivo de Simáncas en 1850 (conclusion).-Variedades: Discurso al Sr. D. Juan de Austria, sobre su venida á Italia (conclusion).- Preguntas: Humo muerto.- Hermandad.- Moro de paz. -Respuestas: Maravedis ayadinos.-Bodigo.-Anuncio.

Lámina.

ESTATUA DE PIEDRA

PROCEDENTE DEL CERRO DE LOS SANTOS, EN LA PROVINCIA DE ALBACETE.

Los descubrimientos histórico-artísticos de Yecla nos han impelido más de una vez á tomar la pluma para publicar algunos datos que pudieran excitar el interes de los curiosos; pero siempre nos ha parado la dificultad de ponerlos á la altura de tan preciosos monumentos. Empeñados ahora en que no se ignoren importantes circunstancias relacionadas con los variados objetos procedentes del Cerro de los Santos, mientras preparamos un trabajo más extenso sobre esto mismo, adelantarémos algunas indicaciones, aunque ya un respetable sujeto, muy versa

do en los estudios arqueológicos, nos precedió, hace algunos años, en esta gustosa tarea, con autoridad por todos los inteligentes reconocida, llenando algunas páginas de El arte en España.

Mayor número de objetos extraidos del ya famoso cerro, movió á los Padres Escolapios de Yecla á publicar un folleto describiendo varios de los que se habian encontrado hasta aquella fecha, y emitiendo juicio acerca de la procedencia históricoartística que atribuírseles pudiera. Causó la publicacion del interesante trabajo de aquellos eruditos religiosos vivas discusiones entre los aficionados á las disquisiciones arqueológicas; y para reunir cuantos antecedentes pudieran contribuir al esclarecimiento de la verdad y proce

der á la compra de lo descubierto en aquella comarca, que mereciese un sitio en el Museo Arqueológico Nacional, acordó el Ministerio de Fomento que pasase al punto mismo donde tenian lugar las excavaciones una comision, de la que fué humilde individuo quien suscribe el presente artículo, á cuyas exploraciones y trabajos colectivos en dos ocasiones diferentes, y al empeño en reunir una interesante coleccion, se debe la que hoy admiran los curiosos en el Museo, denominada de Yecla.

El exámen de tan preciosos restos dió lugar á la publicacion de un luminoso artículo, que más tarde insertó un periódico inglés, debido á un docto compatriota nuestro cuya competencia en los estudios arqueológicos es por todos reconocida; mas á sus muy acertadas apreciaciones no hubieran sido inútiles ciertas noticias locales corroborando su misma opinion. Así no extrañará, en nuestro constante deseo de dar cuantos datos consideremos conducentes al acierto, que nos permitamos aquí exponer algunas indicaciones, ya que nuestras tareas se verificaron en el sitio del hallazgo, sintiendo no haber dado á luz los trabajos hechos sobre el terreno mismo, porque de ellos resultan ciertas particularidades determinando con claridad sucesivas civilizaciones causantes de la intencionada demolicion de aquellas obras de arte anteriores á su dominio.

Romanos son los vestigios que

cubren la superficie del monte; y de su exámen y del de los encontrados á mayor profundidad de un metro, de distinta procedencia, se desprenden algunas deducciones sobre el adelanto artístico é industrial de aquellas gentes.

La lámina que hoy publica la REVISTA Como elocuente página del arte, la historia del Cerro, las condiciones del terreno y el modo en que yacen los objetos, la estructura y planta del adoratorio, la forma en que se verificaron las exploraciones, el exámen de los restos adquiridos, varios planos topográficos y perfiles del moute, las estatuas y demas objetos de aquella procedencia, son datos que darán luz para mayores estudios en personas competentes, cuya clara razon pueda venir en conocimiento evidente de tan importantes objetos.

Pero ahora, mientras no se realice por completo nuestro propósito, dedicarémos á los favorecedores de la REVISTA la lámina y descripcion de la estatua más completa que se extrajo del Cerro en anteriores excavaciones, y últimamente ha sido adquirida por el Museo Arqueológico Nacional.

Está esculpida en piedra de granito fino, de tono amarillento, de escasa consistencia, y muy comun en todos los contornos del Cerro de los Santos.

Un metro y cincuenta centímetros cuenta de altura, y admiran al observador la naturalidad y la sen

cillez con que se eleva sobre su plinto en recogido movimiento. La colocacion entre las manos del vaso ritual de ofrenda y la uniformidad en toda la figura revelan intencion marcada en un fin religioso, sin alardes artísticos. Es evidente que la mano de obra fué ejecutada en el mismo sitio, porque la materia es la que abunda en aquellos terrenos, y por consiguiente, al Cerro de los Santos se importó el marcado estilo de otros pueblos con sus creencias religiosas, admitidas por los naturales, reproduciendo la representacion de la idea con mayores ó menores caractéres, propios de su procedencia. Los distintos grados de adelanto artístico que se observan en los objetos encontrados en el Cerro de los Santos hasta llegar á la bella estatua que motiva estos renglones, parecen corresponder más á sucesivas generaciones que á diferentes manos artísticas de una misma época, y así lo demuestran sus condiciones de yacimiento, dignas de tenerse en cuenta.

tamente esculpido. Ademas, dos trenzas simétricas penden bajo el anterior adorno hasta la terminacion del pecho, y otras tres en opuesta direccion y ondulada forma cruzan á iguales distancias el espacio que media entre aquéllas, luciendo en sus intermedios delicado entretejido de la vestidura, cerrada completamente hasta el cuello. Una faja, adornada de pequeños colgantes, rodea su cintura, y desde ella se desprende corto ropaje con simétricos dobleces, terminados en sus puntas por iguales borlas. Bajo éste lleva sobre-vesta caprichosamente plegada en forma angulosa, que deja al descubierto otra lisa más larga, completando este traje singular un menudo rizado, que cuasi cubre los piés. Sus manos, Sus manos, no siendo perfectas, indican el objeto de sostener el vaso sagrado, carácter distintivo de cuasi todas las estatuas de aquella procedencia; y lucen en los dedos índice, anular y meñique de la siniestra grandes sortijas, testimonio litúrgico que representa sus creencias religiosas, en una sacerdotisa de aquel culto pagano, ofreciendo á la divi

Cubre la cabeza de esta interesante escultura un tocado, continuacion del manto, que en graciosos y simé-nidad el fuego en respetuosa ofrenda. tricos pliegues la envuelven, dejando al descubierto el frente de toda la figura. Una sencilla franja resguarda el frontal, y dos florones sobre las sienes sustentan cordones en gran número, terminados en finos remates sobre un adornado disco que descansa en los hombros, añadiendo majestad y realce al rostro, perfec

La estatua, en su conjunto, no carece de gracia; los pliegues de su ropaje son razonados y de sencilla ejecucion; son curiosos los acanalados de la sobre-vesta y parte posterior del manto, así como el delicado entretejido que le cubre el pecho; y todo ello parece revelar el verdadero lujo de Oriente con su esplendorosa

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