Cantos del Siboney

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Impr. "La Antilla", 1862 - 190 páginas
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Pasajes populares

Página 16 - Por ti el silencio de la selva umbrosa, por ti la esquividad y apartamiento del solitario monte me agradaba; por ti la verde hierba, el fresco viento, el blanco lirio y colorada rosa y dulce primavera deseaba.
Página 18 - Después que nos dejaste, nunca pace en hartura el ganado ya, ni acude el campo al labrador con mano llena.
Página 17 - No hay corazón que baste, aunque fuese de piedra, viendo mi amada hiedra de mí arrancada, en otro muro asida, y mi parra en otro olmo entretejida, que no se esté con llanto deshaciendo hasta acabar la vida.
Página 16 - Bien claro con su voz me lo decía la siniestra corneja repitiendo la desventura mía. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. {Cuántas veces, durmiendo en la floresta, reputándolo yo por desvarío, vi mi mal entre sueños, desdichado! Soñaba que en el tiempo del estío llevaba, por pasar allí la siesta, a beber en el Tajo mi ganado; y...
Página 18 - ... te olvidas, y no pides que se apresure el tiempo en que este velo rompa del cuerpo, y verme libre pueda, y en la tercera rueda contigo mano...
Página 18 - Quitar en solo vellas mil enojos, Produce agora en cambio estos abrojos, Ya de rigor de espinas intratable; Y yo hago con mis ojos Crecer, llorando, el fruto miserable.
Página 86 - ¡oh patria querida! yo soy de tus hijos, yo soy de Najasa, yo soy siboney. En estas sabanas en danzas y juegos toqué el caracol ; sobre estas arenas, sobre estas colinas tostaron mi frente los rayos del Sol. ¡ Oh, límpido río, si muero en tu margen, jurándote amor, piadoso a mi tumba tu cauce desvía, y exhala un gemido y arroja una flor...
Página 57 - Pero sus ojos brillaron vivos, rutilantes, bellos; fijé la mirada en ellos, y enmudecimos los dos. La voz de la simpatía con sus dulces vibraciones, llevó nuestros corazones el uno del otro en pos. Tembló el aire entre las hojas del cedro y de la macagua; ella su cántaro de agua llenó triste, y yo partí. Seguí por extrañas rutas, y del alba a los reflejos, volví el rostro, miré al lejos la sierra de Jiguaní.
Página 85 - Y meces las ramas Y arrastras las flores, Y luego retumbas en alto peñón. Te cubren las sombras Del alto dagame Y el fresco bambú : De todos los ríos Que cruzan mis bosques El más adorado, Najasa, eres tú.
Página 16 - El dulce lamentar de dos pastores, Salicio juntamente y Nemoroso, he de cantar, sus quejas imitando; cuyas ovejas al cantar sabroso estaban muy atentas, los amores, de pacer olvidadas, escuchando.

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