Las mejores poesías patrióticas españolas, recopiladas y prologadas por M. R. Blanco-Belmonte. Con una poesía-epílogo de S. A. R. la Serma. Sra. Infanta D. a Paz de Borbón

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Sáenz de Jubera, Hermanos, 1919
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Página 174 - Bárbaro gozo en su ceñuda frente resplandeció, como en el seno oscuro de nube tormentosa en el estío relámpago fugaz brilla un momento, que añade horror con su fulgor sombrío. Sus guerreros feroces con gritos de soberbia el viento llenan; gimen los yunques, los martillos suenan, arden las forjas. ¡Oh vergüenza!
Página 78 - Ya se acerca señor, o es ya llegada la edad gloriosa, en que promete el cielo una grey y un pastor solo en el suelo, por suerte a vuestros tiempos reservada: ya tan alto principio en tal jornada os muestra el fin de vuestro santo celo, y anuncia al mundo para más consuelo un monarca, un imperio y una espada...
Página 175 - Ya acabaron los tiranos.» ¡Oh, triunfo! ¡Oh, gloria! ¡Oh, celestial momento ¿Con qué puede ya dar el labio mío el nombre augusto de la patria al viento? Yo le daré; mas no en el arpa de oro que mi cantar sonoro acompañó hasta aquí; no aprisionado en estrecho recinto, en que se apoca el numen en el pecho y el aliento fatídico en la boca. Desenterrad la lira de Tirteo...
Página 50 - No conocen mis iras estas tierras, y de mis padres los ilustres hechos, o valieron sus pechos contra ellos con el húngaro medroso, y de Dalmacia y Rodas en las guerras...
Página 176 - ¡Guerra! ¡Pues qué! ¿Con faz serena vierais los campos devastar opimos, eterno objeto de ambición ajena, herencia inmensa que afanando os dimos? Despertad, raza de héroes : el momento llegó ya de arrojarse a la victoria; que vuestro nombre eclipse nuestro nombre, que vuestra gloria humille nuestra gloria.
Página 180 - ... el joven lozano, el mendigo infeliz, el venerable sacerdote pacífico, el anciano que con su arada faz respeto imprime, juntos amarra su dogal tirano. En balde, en balde gime, de los duros satélites en torno, la triste madre, la afligida esposa con doliente clamor: la pavorosa fatal descarga suena, que a luto y llanto eterno las condena.
Página 44 - ¡Ay, triste! ¿y aun te tiene el mal dulce regazo? ¿Ni llamado al mal que sobreviene, no acorres? ¿Ocupado, no ves ya el puerto a Hércules sagrado?
Página 83 - Guerra ! , clamó ante el altar el sacerdote con ira; ¡ Guerra ! , repitió la lira con indómito cantar ; ¡ Guerra ! , gritó al despertar el pueblo que al mundo aterra ; y cuando en hispana tierra pasos extraños se oyeron, hasta las tumbas se abrieron gritando : ¡ Venganza y guerra...
Página 174 - Llega el momento, en fin; tiende su mano el tirano del mundo al Occidente, y fiero exclama: - -"El Occidente es mío.
Página 192 - ... lucero de la aurora, que sube por el éter rutilante tiñéndose del sol con la luz de oro; y veráse después cómo a la turba que su serrallo numeroso puebla, con voz amante llama a recoger el derramado grano del rubio trigo entre la verde grama. Como después que el labrador recoge en la espaciosa troje los frutos que le dio próvido el cielo, de las chisgas...

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