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IMPRENTA, FUNDICION Y ESTEREOTIPÍA DE M. RIVADENEYRA Y COMP.A ,

CALLE DE JESUS DEL VALLE, N.° 6.

1846.

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ADVERTENCIA.

Al dar á luz el presente tomo , debemos anticiparnos a satisfacer brevemente á ciertas objeciones que prevemos desde ahora.

1. ¿Por qué en lugar de abrir con la Celestina la serie de las Novelas españolas, no hemos empezado por el Conde Lucanor de don Juan Manuel, siguiendo con la Cárcel de amor de Diego de San Pedro ?

Porque estas dos obras notabilísimas se ajustaban mejor á otras secciones de nuestro plan : la primera a la de Prosistas españoles del siglo xiv, la segunda á la de Prosistas españoles del siglo xv, donde en nuestro sentir se hallarán mejor colocadas. En aquellos tomos el pensamiento predominante ha de ser el estado del lenguaje ; en el presente es la fuerza de invencion. La Celestina señala una nueva era literaria , y por ella debíamos dar principio para documentar la historia del período que terminó en el inmortal Cervantes.

2. ¿Por qué no hemos incluido en esta seccion los libros de caballerías y las pastorales?

Porque los unos y las otras forman dos órdenes enteramente distintos, dignos de ser examinados separadamente, como que se hallan fundados sobre situaciones hipotéticas de una sociedad que no ha existido, al paso que la novela propiamente dicha es ó quiere ser una pintura de las costumbres de las épocas y paises donde se coloca la accion.

3. ¿Por qué hemos omitido muchas novelas, verdaderamente tales, que fueron compuestas dentro del período en que nos hemos encerrado?

En tal caso deberíamos haber dividido la serie en dos tomos; pero esto no hubiera sido obstáculo suficiente. En realidad nos habíamos propuesto insertar después de la Celestina las continuaciones é imitaciones que de ella se hicieron durante el siglo xvi ; pero debemos confesar que, mal acostumbrados con la magnífica obra de Fernando de Rojas, á poco de habernos internado en la lectura de los que con menos delicadeza quisieron seguir su argumento, nos sentimos tan empalagados de tanta prostitucion y tercería que temimos sucediera lo mismo á la mayor parte de nuestros lectores, supuesto que no escribimos para sola una clase de ellos. Así nos vimos en la necesidad de mudar de plato, buscando condimentos de otro género. Si el público es capaz de digerir un tomo entero de Celestinas , nada es mas fácil que presentarselo. Apuradamente nuestros autores antiguos fueron tan tentados de la risa, que en esta parte nada

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1. RI.

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