Coloquios de la espina entre D. Tirso Espinosa, natural de la ciudad de Ronda y un amanuense natural de la villa del Espinar, sobre la traduccion de la Boetica de Horacio hecha por el licenciado Vicente Espinel, y otras espinas y flores del Parnaso español, Volumen2

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F. de Casas y Martinez, 1785
 

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Página 193 - Han de llevar los libros que se dan a la estampa, mucha pureza y castidad de lenguaje; pureza en la elección de las palabras, y honestidad de conceptos, y castidad en no mezclar bastardías que salen de la materia, como maledicencias o desestimación de lo que otros hacen, especialmente cuando son contra quien sabe decir, y sabe qué decir; y tan mal dichas, que van señalando con el dedo, con que descubren su ignorancia, y desacreditan sus escritos, y manifiestan su envidia, y declaran su malicia.
Página 139 - Y con sus breves armas, cuando pica, Hace molesta y grave la herida ; Mas, ¿ qué cosa tan breve y tan pequeña Como el Amor? que en todo breve espacio Entra y se esconde; ya en la sombra escasa De unas pestañas, ya entre las primeras Sutiles hebras de un cabello rubio, Ya en los hoyuelos de una dulce risa; Y en pequenez tan mínima le vemos Hacer mortales incurables llagas.
Página 7 - Coloquios de la Espina entre D. Tirso Espinosa, natural de la ciudad de Ronda y un amanuense natural de la villa del Espinar, sobre la traducción de la Poética de Horacio hecha por el licenciado VICENTE ESPINEL y otras espinas y flores del Parnaso Español.
Página 77 - Uno Dos Tres Cuatro Cinco Seis Siete Ocho Nueve Diez Once Doce Trece Catorce Quince Diez y seis Diez y siete Diez y ocho Diez y nueve Veinte Veinte y uno Veinte y...
Página 7 - Coloquios de La Espina entre D. Tirso Espinosa, natural de la Ciudad de Ronda y un Amanuense natural de la Villa del Espinar, sobre la Traducción de la Poética de Horacio hecha por el Licenciado Vicente Espinel, y otras Espinas y Flores del Parnaso Español. Los publica El Doct.
Página 76 - Fulano se niega a ver la realidad — decimos — y agregamos: no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver.
Página 139 - ¡Oh cómo te compete el nombre, y cómo Quien tal nombre te puso, lo entendía! La selva encubre al oso. tigre y sierpe En su arboleda verde; y tú en el pecho Escondes impiedad, soberbia y odio, Fieras mayores que oso, tigre y sierpe; Que aquellas suelen aplacarse, y estas No se aplacan por dádivas ni ruegos.
Página 37 - El varón bueno y de prudente pecho los versos duros libremente culpa, los que carecen de arte reprehende, a los mal adornados con la pluma una negra señal los pone encima, la demasía de ornamento corta, los poco claros manda que se aclaren.
Página 139 - Cuando te ofrezco los panales dulces, Altiva los ultrajas, por ventura Por ser mas dulce miel la de tus labios. Mas si no puede darte mi pobreza Cosa que no haya en tí mas dulce y bella, A mí mesmo te doy: ¿ porqué desprecias Y aborreces el don?
Página 131 - A ridículo estorbo se sujeta. El ser forzoso que apercibas antes Lo menos sustancial verbos y nombres, Que suenen con acentos semejantes: Y que si ha de acabar la...

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