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reglamentos de fábricas, que regian en el siglo pasado principios de este; pero juzgaba que de lo que proponia ten drian que resultar beneficios para la nacion, áun cuando a principio fueran más cortas las ventajas para los agriculto res; las cuales despues aumentarian con las que alcanzar la industria, deteniéndose á probarlo, así como lo que, en e caso opuesto, perderia el país en numerario.

El conde de Toreno le contestó en estos términos (1):

«Siento mucho tener que oponerme á las proposiciones del seño Villanueva; pero si se aprobasen, lejos de fomentar la industria de Valencia, sólo se lograria destruir la agricultura de la seda. El seño Villanueva me parece que atribuye á causas muy diversas la deca. dencia de las fábricas de aquel reino. Dice que es efecto de la exportacion de la seda, y no hace mencion de otras causas que son las que han contribuido al trastorno de esta manufactura. Se sabe el monopolio que hacía España con América de estas manufacturas de la costa de Levante. Este monopolio le daba unas ventajas muy considerables, respecto á otras naciones, porque no pudiendo competir España con los extranjeros, á lo ménos en muchos años, ni en la perfeccion de las manufacturas, ni en lo bajo del precio de la mano de obra, era preciso este monopolio. Se acabó con la revolucion de América, viniendo á ménos sus manufacturas, y debiendo continuar del mismo modo, porque es imposible hacerlas competir con las de otros reinos, así por su bajo precio, como por la perfeccion que las nuestras no tienen. Esta es la causa, que no se destruirá con impedir la extraccion de la seda, pues ya se halla destruida; y por el contrario, esta probibicion destruiria la agricultura, que no encontrará compradores de seda, á lo menos por la cantidad que ahora produce.

»La España no puede consumir lo que producen esas fábricas de Valencia, que no pueden subsistir faltando la extraccion para la América, y por eso repito, si se prohibe la exportacion de seda, 10 se evitará aquel mal y se arruinará la agricultura, cuando es indudable que podemos hacer un gran comercio de este fruto con los países del Norte. Con el tiempo podrán fomentarse nuestras fábricas por otros medios: el mejor será fomentar nuestra agricultura, porque es en lo que no pueden competir con nosotros las potencias manufactureras por la perfeccion de estos frutos. Con el fomento de

(1) Diario de las actas y discusiones de las Córtes de 1820 á 1821: tomo IV, pá.

la agricultura crecerán nuestros capitales y nuestra industria, y las demas fuentes de la felicidad pública; pero esto no es obra de un dia, exige mucho tiempo, y dejar á cada uno bacer lo que le acomode de su propiedad y del fruto de su trabajo. Citar á Navarrete y á otros economistas de aquel tiempo, no es del caso, porque aunque nos han dejado cálculos y noticias interesantes de nuestra situacion en aquella época, cometieron errores crasísimos que eran comunes en toda Europa, y que han rectificado los principios de la ciencia de la economía política que tiene treinta ó cuarenta años de fecha. En Francia, una nacion tan ilustrada, se cometian defectos clásicos en esta materia hace veinte años. Así, aunque es cierto el atraso de nuestras fábricas, como dice el Sr. Villanueva, sus proposiciones, hechas con el mejor celo, en vez de fomentarlas, segun desea,

no harian otra cosa que destruir nuestra agricultura, que es una fuente de la felicidad pública, y aquella precisamente en que España puede rivalizar casi exclusivamente con los otros países. »

Terminado el discurso de Toreno, hizo notar el Sr. Villanueva (1) que no habia propuesto medios para corregir los daños de que se lamentaba, conviniendo en algunas de las razones expuestas por el Conde, y que su deseo se reducia á que el asunto pasara á una comision que lo examinase y propusiera lo más conveniente. Insistió en su creencia de que el mal era efecto de que las fábricas de España no tenian toda la seda necesaria, y de ahí su deseo de que se corrigiese esta falta, conciliando los intereses de los agri. cultores con los de los fabricantes.

El conde de Toreno dijo acto contínuo lo siguiente (2): «Yo preguntaria al Sr. Villanueva cómo se protege á unos sino á costa de otros: este es un regalo á los fabricantes, á costa de los agricultores.»

Despues de apoyar el Sr. Sancho lo que el Conde habia sostenido, se resolvió no admitir á discusion lo que proponia el Sr. Villanueva (3).

(1) Diario de las actas y discusiones de las Córtes de 1820 á 1821: tomo IV, página 57.

(2) Diario de las actas y discusiones de las Cortes de 1820 á 1821: tomo IV, página 57.

(3) Diario de las actas y discusiones de las Córtes de 1820 á 1821: tomo IV, pá.

CAPÍTULO V.

DISCURSOS SOBRE POLÍTICA.

I. Discusion sobre la conveniencia de reglamentar las sociedades patrióticas.

II. Debate ocasionado por una representacion del general Riego.-III. Famosa sesion del 7 de Setiembre, conocida por la de las páginas.

I.

Sin duda alguna ofrecen grande interes, en los debates de las Cortes españolas de este siglo, todos aquellos que se relacionan con los disturbios, asonadas y revoluciones, que por desgracia ha sufrido nuestra patria en esta época. Comenzaron á ser muy marcados y notables en el segundo período constitucional en que nos ocupamos; y así como no puede menos de fijarse detenidamente la atencion en cuanto á reformas políticas y administrativas se refiere, es tambien conveniente é instructivo, para apreciar por completo el valer de los hombres públicos, considerarlos en los momentos de revueltas y trastornos, en que sobresalen los

que

lo son de gobierno, mientras los perturbadores y revolucionarios se dedican á minar y destruir la sociedad, que aquellos se esfuerzan por defender.

La primera vez que las Cortes de 1820 tuvieron que ocuparse en lo que hoy llamamos cuestiones de orden público, fué el dia 4 de Setiembre de aquel año, provocando el debate el Sr. Alvarez Guerra, por medio de una indicacion que

Pero antes de detallarlo conviene, conforme con el plan que venimos observando, si no hacer historia, por lo ménos que recordemos, en brevísimas palabras, qué sucesos fueron causa de aquel importante debate, preliminar de los que siguieron, concluyendo con la famosa sesion del dia 7, generalmente conocida por el nombre de la de las páginas.

Desde que el ministerio de Argüelles estuvo al frente del gobierno, comprendió la necesidad de disolver el ejército de la Isla, que tan poderosamente habia contribuido á restablecer el sistema constitucional, por hallarse en estado de indisciplina; mas conociendo que el general Riego, que entonces lo mandaba por estar Quiroga en Madrid, atendidas sus condiciones personales, podria servir a los planes de los revolucionarios exaltados, se valió de la astucia para realizar su proyecto, que se veia entorpecido por una resistencia pasiva á las órdenes del poder, aconsejada por las sociedades patrióticas.

Fué invitado Riego para que viniese á Madrid, con pretexto de que el Rey deseaba conocerle, siendo tan eficaces los medios que con este fin se emplearon, que el general se presentó en la Corte cuando por nadie era esperado, sorprendiendo, no sólo al gobierno, sino tambien á sus amigos, á quienes su llegada disgustó profundamente, por comprender, con razon, que sus tramas quedaban desbaratadas. Disimularon, sin embargo, el efecto que el suceso les produjo, esforzándose por tributar á su ídolo toda clase de obsequios y ovaciones, entre los que figuró un convite patriótico, á que fué invitado por la sociedad de la Fontana de Oro, en que abundaron, no solo las luces y el calor, sino los bríndis y los discursos exaltados, á los que contribuian poderosamente la profusion de vinos y licores, y la gran concurrencia

que rodeaba las mesas y llenaba el café. Desde allí marchó Riego, acompañándole sus amigos y sus ayudantes, al teatro del Príncipe, siendo recibido con una salva de aplausos y festejado en los entreactos con el limitado entendimiento y de su ridícula patriotería, entonó la insultante música del Trágala, en union de sus edecanes, produciéndose una indescriptible baraunda, que el héroe revolucionario celebraba y animaba con sus gestos y movimientos; llegando á tomar tales proporciones el alboroto, que el jefe político Rubianes, que presidia en el teatro, estuvo expuesto á ser arrojado de su palco á las lunetas, por los más entusiastas de los asistentes á tan vergonzosa escena.

Estos sucesos, la agitacion que producian las sociedades patrióticas, el calor de los discursos que en ellas se pronunciaban, y, sin duda alguna, la actitud que el favorecido general de las Cabezas de San Juan habia tomado desde su llegada á Madrid, pues cada paso suyo señalaba una inconveniencia, era imposible que en una ú otra forma no llegasen hasta las Córtes, y que éstas no se ocuparan en un asunto que embargaba la atencion pública. A este fin sirvió la indicacion del Sr. Alvarez Guerra, á que antes hemos aludido, y que decia así (1):

«Nómbrese una comision que proponga al Congreso un proyecto de ley, que asegure á los ciudadanos la libertad de ilustrarse con discusiones políticas, evitando los abusos. »

Estos debates políticos, en que por su naturaleza no suelen las más de las veces tratarse de frente los asuntos que les dan vida, hacen necesario para la perfecta inteligencia de los discursos pronunciados, que les concedamos alguna extension al reseñarlos, lo cual, por otra parte, será útil, pues así se podrán apreciar mejor, siquiera sea de una manera incompleta, discusiones ciertamente notables, que bien merecen ser leidas por aquellos que á la tribuna pública hayan de dedicarse.

Preciso es, pues, que al exponer el debate provocado por la indicacion del Sr. Alvarez Guerra, lo hagamos con algun detenimiento, pues aparte de su importancia, es el primero

(1) Diario de las actas y discusiones de las Córtes de 1820 á 1821; tomo IV, pá.

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