Imágenes de páginas
PDF
EPUB

la fragata, justifican mis anteriores recelos, y prueban que no eran ciertamente los obstáculos que yo formaba, sino justísimos temores de perecer con toda mi familia. Pero supongamos que no hubiese ningun inconveniente, como le hay claro y visible: mi honor vulnerado, no me permite salir de aquí sin que se me haga justicia, estando muy tranquilo y conforme. Veo el sentimiento que te causa y te lo agradezco; pero te digo que obres con toda libertad, y sean las que quieran sus resultas. Te doy las gracias de que permitas á Llord (el médico) el acompañarnos, habiéndote convencido mis razones; mas si tú lo necesitas, mi gusto será el que se vaya al instante, y corresponda á tu confianza, como ha correspondido hasta ahora á la nuestra. Es efectivamente cierto que mi deuda es anterior al año 25, pero tú por una gracia especial la separaste de la regla general, y mandaste el pago de cien mil reales mensuales hasta su total solvencia; y así mi peticion no es mas que de un adelanto, y espero que me lo concedas. Adios Fernando mio de mi corazon; soy tu mas amante y fiel hermano.-Cárlos.>

Declaradas en cierto modo las hostilidades por parte de Don Cárlos, dejó el Rey de escribirle, limitándose á preguntarle de oficio por conducto del embajador y de órden del ministro de Estado, si pensaba ó no en marcharse como se le tenia prevenido. Hé aquí lo que escribió de nuevo el infante al Rey, despues de haber declarado al embajador, que solo trataria con S. M. de sus negocios.

Coimbra 28 de julio de 1833.-Mi muy querido hermano mio de mi corazon, Fernando mio de mi vida: tengo ya el disgusto de verme privado ya de tus cartas. ... Pero ya

"

que no debo tratar mis cosas sino directamente contigo, como te lo dije en mi carta del 29 de abril, tomo la pluma para responderte á la pregunta que me hizo ayer Campuzano de órden tuya, el que me enseñó el oficio de Zea á Córdoba, para que yo dijese si queria embarcarme ó no; á la cual te respondo que mi salida en estas circunstancias me sería muy indecorosa, por las razones que espuse en mi anterior. Insisto, pues, en mi peticion de que se examinen todos mis pasos; si soy reo, debe

castigarseme; pero sino he maquinado contra el trono, ni contra tu persona, ni contra las leyes de nuestra España, como estoy seguro en mi conciencia, exijo que asi se declare, para que en ningun tiempo pueda decirse que huyo de este reino como un criminal, que se sustrae por la fuga del rigor de la justicia. Me alegraré que goces con tu muger é hijas de la mas completa salud. . . . . . .. Te aseguro que cuanto mas me alejas de tí, ó te ves forzado á hacerlo, mas y mas te quiero, y soy el mismo hermano que he sido para contigo en nuestra niñez, en Valencey, en Cádiz y siempre, que te quiere de corazon.-Cárlos.»

Por aquel tiempo ya D. Pedro se habia apoderado de Lisboa; las cosas de D. Miguel parecian perdidas para siempre. D. Cárlos que al parecer queria unir sus destinos con los de este príncipe, declaró á las últimas intimaciones para que se embarcase, lo haria en Lisboa cuando la reconquistase D. Miguel. Entonces le escribió el Rey, en los términos siguientes:

que

[ocr errors]

Infante D. Carlos: mi muy amado hermano: en 6 de mayo os dí licencia para que pasaseis á los Estados Pontificios; razones de muy alta politica, hacian necesario este viage. Entonces digisteis, estar resuelto á cumplir mi voluntad, y me lo habeis repetido despues; mas á pesar de vuestras protestas de sumision, habeis puesto sucesivamente dificultades, alegando siempre otras nuevas, al paso que yo daba mis órdenes para superarlas, y evadiendo de uno en otro pretesto el cumplimiento de mis mandatos. Dejé de escribiros, como os lo anuncié, para terminar disensiones, no convenientes á mi autoridad soberana, y prolongadas como un medio para eludirla. Desde entonces os hice entender mis intenciones sobre los nuevos obstáculos, por conducto de mi enviado en Portugal. Mis reales órdenes repetidas, en especial las de 15 de julio y 11 y 18 del presente (agosto) allanaron todos los impedimentos espuestos para embarcaros. El buque de cualquiera bandera que fuera, el puerto en pais libre, ú ocupado por las tropas del duque de Braganza aun el de Vigo en España, todo se dejó á vuestra eleccion: las diligencias, los preparativos y los gastos, todos quedaron á'mì

ΤΟΜΟ ΙΙΙ.

23

cargo. Tantas franquicias y tan repetidas manifestaciones de mi voluntad, solo han producido la respuesta que os embarcareis en Lisboa (donde podeis hacerlo desde este momento) luego que haya sido reconquistada por las tropas del Rey D. Miguel. Yo no puedo tolerar que el cumplimiento de mis mandatos, se haga depender de sucesos futuros, agenos de las causas que los dictaron; que mis órdenes se sometan á condiciones arbitrarias por quien está obligado á obedecerlas. Os mando, pues, que elijais inmediatamente alguno de los medios de embarque que se os han propuesto de mi órden; comunicando, para evitar nuevas dilaciones, vuestra resolucion á mi enviado D. Luis Fernandez de Córdoba, y en su ausencia á D. Antonio Caballero, que tienen las instrucciones necesarias para llevarla á ejecucion. Yo miraré cualquiera escusa ó dificultad con que demoreis vuestra eleccion ó vuestro viage, como una pertinacia en resistir á mi voluntad, y mostraré como lo juzgue conveniente, que un Infante de España, no es libre para desobedecer á su Rey. Ruego á Dios os conserve en su santa guarda.-Yo el Rey.»

Desobedecer á una órden tan terminante, tan formal, tan de oficio de su Rey, equivalia en D. Cárlos á levantar un pendon de rebeldía. Así se pudo considerar como enemigo declarado de su hermano, desde el momento en que se resistió á proceder á su embarque. Ya estaba completamente roto el velo de la astucia y de la hipocresía. Ya los que se propasaban en España á vias de insurreccion, los que á cara descubierta promovian trastornos, reconocian de oficio como gefe al príncipe que desde Portugal promovia la guerra civil, ya tan á cara descubierta. En vano sus apologistas se esfuerzan en hacer creer, que D. Cárlos desaprobaba los movimientos insurreccionarios en España. Si tal era su intencion, la desmentia su conducta. Era en él una imprudencia consumada resistirse á las órdenes del Rey, ó cubrirse casi hasta el ridículo con el manto de la hipocresía. Mientras se obstinaba permanecer en Portugal, estaba perdida la causa de D. Miguel, con cuyos ausilios contaba: habia saludado la nacion portuguesa á Doña María de la Gloria, que entraba triunfante en Lisboa. Mas el príncipe español se lisonjeaba de que

con cualquiera causa que fuese victoriosa, no le faltaria un asilo en aquel reino. Lo esencial para él era estar cerca de sus amigos, aguardando el momento de pasar de nuevo la frontera, y ponerse á la cabeza de sus fogosos é impacientes partidarios.

Veia mientras tanto con inquietud la nacion entera el próximo fin de los dias de Fernando. El carlismo se agitaba con manifestaciones públicas, con hostilidades abiertas; mas el gobierno apoyado en autoridades civiles y militares de sus propios principios, tuvo la fortuna de desbaratar sus planes. Casi todos los voluntarios realistas estaban desarmados; el ejército se conservaba fiel; los hombres que habian sido tan perseguidos y atormentados por el despotismo feroz, miraban con horror los planes del carlismo, á cuya destruccion contribuian, y con la inquietud de la esperanza, tenian puestos sus ojos en el porvenir que se les presentaba mucho mas halagüeño que el presente.

En el mes de setiembre se agravó tanto la enfermedad del Rey, que se contaban ya por instantes el que le iba á poner término á sus dias. Hé aquí lo que dijeron los médicos de oficio en 29 del mismo.

Excmo. Sr. Desde que anunciamos á V. E. con fecha de ayer el estado en que se hallaba la salud del Rey nuestro señor, no se habia observado en S. M. otra cosa notable que la continuacion de la debilidad de que hablamos á V. E. Esta mañana, advertimos que se le habia hinchado á S. M. la mano derecha, y aunque este síntoma se presentaba aislado, temerosos de que sobreviniese alguna congestion fatal en los pulmones ó en otra víscera de primer órden, le aplicamos un parche de cantáridas al pecho, y dos á las estremidades inferiores, sin perjuicio de los que en los dias anteriores se le habian puesto en los mismos remos y en la nuca. Siempre en espectacion permanecimos al lado de S. M. hasta verle comer; y nada de particular notamos, pues comió como lo habia hecho en los dias precedentes. Le dejamos en seguida en compañía de S. M. la reina, para que se entregase un rato al descanso como lo tenia de costumbre; mas á las tres menos cuarto sobrevino al Rey repentinamente un ataque de apoplegía tan violento y fulminante, que á los cinco

:

minutos, sobre poco mas o menos, terminó su preciosa existencia.»

Tal fué el fin del reinado mas tormentoso y fecundo en acontecimientos importantes para una nacion, que figura en los anales de la España. Bajo este aspecto, merece el nombre de único. Ningun monarca pasó por mas vicisitudes, se vió en escenas mas diversas unas de otras, y fué blanco de mas caprichos de la suerte. Entró en la carrera de la vida, siendo objeto de poco favor por parte de sus padres. Subió en lo mas florido de la juventud á un trono, que le dejaba vacante una revolucion: sc vió preso y cautivo, cuando apenas habia gustado las delicias de reinar; y otra vez sentado en el trono á favor de un movimiento nacional, que no tiene ejemplo en las historias: reinó sobre esta nacion bajo los auspicios de las leyes mas diversas; ya bajo la del despotismo revestido de las formas mas acerbas; ya bajo el de la libertad llevada hasta los últimos confines, segun se entendia entonces; tan poco feliz en una como en otra situacion: lleno de zozobras é inquietudes en entrambas; arrastrado las mas veces por impulsos agenos; protestando siempre contra las violencias que sufria su alvedrio; aquejado de mala salud; atormentado con la separacion y hasta hostilidad de las personas mas unidas con los vínculos de la sangre, debió de pasar sus últimos dias en la amargura, del que al echar sus ojos sobre lo pasado, no descubre objetos que le satisfagan.

A los muertos se debe la verdad; la verdad sola; mas acontecimientos tan recientes, escenas políticas en que están aun vivos sus principales personages, no se hallan todavia sujetos al dominio de la historia. Nosotros no la escribimos, y en estos apuntes que nos parecen necesarios para hacer comprender bien el asunto en que entendemos, hemos citado á este Rey lo menos que nos ha sido posible, y siempre con referencia al hombre público, nunca á la persona. La de los reyes se juzga con gran dificultad, porque no se sabe bien lo que en sus actos de poder corresponde á ellos, solo ó al impulso de los que le rodean. Si este trabajo es siempre difícil, tratándose de los reyes que gobiernan por sí mismos, es hasta imposible con respecto de los que

« AnteriorContinuar »