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se hallaron en diversas circunstancias. Que Fernando no gober, nó nunca por sí mismo, que no fué ni aun verdadero gefe de partido, consta de los hechos de su historia, públicos, notorios, de ninguno disputados. Despues de haber dado en Valencey una respuesta de palabra al conde de Laforés, que vino á hablarle en nombre del Emperador, se le vió ajustar con él un tratado que desmiente sus principios y resoluciones. Que no fué el principal impulsador del decreto del 4 de Valencia, aparece solamente por las personas apasionadas y fogosas enemigas de la libertad, que le rodearon é instigaron. En la época del 14 al 20, del 23 hasta el 32, se le vé con el triste carácter de perseguidor: la agravacion de la sentencia de los presos por su conducta política durante su ausencia, es argumento fuerte contra la tolerancia ó blandura de sus sentimientos. Desde 20 á 23 espidió decretos, proclamas, alocuciones y discursos, que estaban, segun manifestó él mismo, en abierta oposicion con sus ideas, sus principios, su voluntad é inclinaciones. El 30 de setiembre firma un manifiesto de olvido, de tolerancia , de indulgencia, con señales tan inequívocas de hacerlo en plena libertad, que hace enmiendas de su mano para que su resolucion no ofrezca la mas pequeña duda. El dia siguiente aparece con su misma firma un decreto de castigo, de reaccion y de venganza. Rasgos mas grandes de debilidad é inconsecuencia no se leen en la historia de ningun monarca , de ningun hombre revestido de carácter público. Que hubiese sido afecto al despotismo, se concibe bien en un príncipe de su educacion y sus hábitos; el amor á la arbitrariedad es natural, es vicio en cuantos mandan. De todos modos, en ningun reinado hubo tantos trastornos, tantas revueltas, tantas calamidades de toda especie; en ninguno se cometieron mas escesos con el manto de la política, se derramó mas sangre en los combates, se erigieron sobre todo mas cadalsos. Para que esta época sea en todo estraordinaria y singular, se entreveia en el horizonte al exhalar ya sus últimos suspiros este Rey, la antorcha fatal de la guerra civil que iba á llenar la medida de las desgracias y miserias de la patria.

La Europa babia sido, como hemos visto, teatro de ocur

rencias importantes durante esta década. Estaba triunfante en Portugal la Carta constitucional otorgada por D. Pedro, y aceptada por el reino. Continuaba en Francia el principio revolucionario sobre el trono en la persona de Luis Felipe, cuya habilidad tan encomiada por sus amigos y tan reconocida por todos, era todavia poca para borrar á los ojos de la legitimidad la mancha de su origen. Con este golpe atroz dado á un principio, que tanto se habia preconizado por espacio de quince años, con la emancipacion de la Bélgica , que tambien tenia un monarca por el mismo pais elegido y proclamado, habia venido casi al suelo el dogma favorito de la Santa Alianza. En Inglaterra, con la nueva reforma electoral y la subida del partido wigh al poder, se habia puesto la política á mayor distancia aun de la del continente. La Italia removida: habian estallado trastornos y revueltas en los Estados pontificios, y fué preciso que las bayonetas de Austria repitiesen la obra que doce años antes habian consumado en Nápoles. Espiaba la Polonia los tristes resultados de su anterior insurreccion , y los proscriptós á que dió lugar la pacificacion y orden de Varsovia, miraban siempre para ellos cerradas las puertas de la patria. La Grecia , al menos la mayor parte de ella, habia sacudido definitivamente el yugo de los turcos, y ya figuraba como un reino mas en la comunidad de las naciones cultas.

CAPITULO XL.

Nueva época.-Consideraciones.—Aperivra del testamento del Rey.-La rei

na doña María Cristina tutora de sus hijas, y gobernadora del reino.-Su primer manifiesto.--Consideraciones á que da lugar.—Nombramiento del consejo de Regencia.---Los carlistas alzan su estandarie. Idea de esta guerra. -Decreto contra don Cárlos.-Otro de amnistía.- Proclamacion de Isabel II. -Varios dccrelos administrativos.-Sigue la guerra civil.— Don Carlos, uu principio.-Otro principio representado por la reina.-Esperanzas del partido liberal.-Fundamento lógico en que las apoya.-Anuncios de una nucva época.-Ministerio del Sr. Martinez de la Rosa.-Principio que envuelve este nombramiento.-Decretos de la nueva administraci011.-Impaciencia del público.—Manifiesto indirecto del gobierno.

Entramos en nueva época : en dias que todos alcanzamos; en escenas cuyos personages viven casi todos, en transacciones cuyos efectos se están palp ando a todas horas. La circunspeccion que nos he mos propuesto en nuestro trahajo ante. rior, nos impone a su vez deberes nuevos. Seremos parcos en pormenores históricos, aun mas queen las pasadas, ni tampoco los necesitamos para trazar el último periodo de la vida política de D. Agustin de Argüelles, cuyas funciones de legislador que va á ejercer de nuevo, se rozan muy poco con mil asuntos de interés vital, ó como suele decirse ahora, palpitante. La vida pública de los españoles va á ser muy otra de la que hemos visto; tan diversa de la constitucional de 20 á 23, como de la trascurrida desde este momento hasta el fallecimiento de Fernando. Va á desaparecer el despotismo que aquejaba a la nacion en los, diez años, y á desterrarse igualmente el tono bullicioso, el ca. rácter vociferador con que se saludó á la libertad y se le rindió

culto en la época de los tres primeros. Los niños, los hombres poco esperimentados, los que obraron con fé ciega sin saber donde iban, se convierten en calculadores, en hombres que pesan el pró y el contra de las cosas. Se deja el campo de las ilusiones, por correr tras de la realidad; se aclama en cierto modo el interés propio, y se afecta creer que la libertad es mcdio y no fin, para mejorar y llevar á perfeccion el sistema de los intereses positivos. Se aspira á otras sendas que las seguidas por sus predecesores, y confundiéndose los resultados de la época anterior con las mismas acciones, como si fuera un efecto procedido de una causa , se afecta un tono de censura y reprobacion á cuanto se presentó entonces en escena. No se declama ahora; no buscan los hombres sociedades patrióticas para comunicarse sus ideas ó inspirarse mútuamente sus pasiones: la voz del canto queda muda; se dirá que los hombres han llegado á una edad de madurez, que cierra para siempre la puerta al entusiasmo. Se va á mostrar la juventud mas circunspecta que la edad provecta. Van á pasar los viejos por mas fogosos, por hombres demasiado fieles á sus antiguos estravíos, por incorregibles, en fin, que no ceden a la influencia de doctrinas nuevas : se van á presentar como adelantos lo que son mas que verdaderos retrocesos. Se verán combinaciones raras: en armonía personas antes mútuamente disidentes: y en distintos bancos, en frente unos de otros y en actitud hóstil, los que parecian antes unidos por los vínculos mas fuertes de principios y de sentimientos. Por fin, en este período de diez y ocho años , de los que pertenecen diez á la vida en que entendemos , se verán tambien trastornos, revueltas en que toman parte y entran en escena sin distincion todos los partidos, sin que estos trastornos, sin que esta desa obediencia á'las autoridades, se pueda achacar al carácter democrático de las instituciones públicas que nos gobernaban.

El 1.° de octubre se abrió públicamente el testamento del Rey difunto, que habia sido otorgado en 10 de julio de 1830. Por el quedaba á la reina Doña María Cristina tutora y guardadora de todos los hijos que dejase á su fallecimiento, y asimismo gobernadora de estos reinos, hasta que el heredero de la

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monarquía cumpliese diez y ocho años, Encargaba además á la Reina Gobernadora, que cuando tomase las riendas de la na, cion, formase una junta de gobierno para que la ausiliase con sus luces en el desempeño de su cargo,

Todas estas disposiciones fueron reconocidas y respetadas sin ningun obstáculo. Se puso al frente de los negocios públicos la Reina viuda, y su dignidad de Gobernadora, proclamada por el Consejo de Castilla, fué acatada por todos los funcionarios públicos, todas las corporaciones civiles, municipales y militares del Estado, ii Se escitó grandemente la curiosidad sobre los principios políticos que iban a ser el sistema de la administracion, que con tanto aplauso público se inauguraba. Se apresuró la Reina á satisfacer la espectacion general, publicando con fecha del 4 de octubre el manifiesto siguiente;

«Sumergida en el mas profundo dolor por la súbita pérdida de mi augusto esposo y soberano, solo una obligacion sagrada á que deben ceder todos los sentimientos del corazon, pudiera hacerme interrumpir el silencio que exigen la sorpresa cruel y la intensidad de mi pesar. La espectacion que escita siempre un nuevo reinado, crece mas con la incertidumbre sobre la administracion política en la menor edad del monarca : para disipar esta incertidumbre y precaver la inquietud y estravio que produce en los ánimos, he creido de mi deber anticipar á conjeturas y adivinaciones infundadas, la firme y franca manifestacion de los principios que he de seguir constantemente en el gobierno de que estoy encargada por la última voluntad del Rey mi augusto esposo, durante la minoría de la Reina, mi muy cara y amada hija Doña Isabel.»

«La religion y la monarquía, primeros elementos de vida para España, serán respetadas, protegidas, mantenidas por mi en todo su vigor y pureza. El pueblo español tiene en su innato celo por la fé

la fé y el culto de sus padres, la mas completa seguridad de que nadie osará mandarle sin respetar los objetos saero . santos de su creencia y adoracion: mi corazon se complace en cooperar , en presidir; á este celo de una nacion eminentemente

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TOMO III.

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