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principios y de su conviccion. La máquina política es un agregado de varias ruedas, y se necesita que todas caminen con proporcionado movimiento al impulso de un primer agente. Todos los derechos sociales deben ser igualmente protegidos, y sin este concurso exaclo, el objeto de la asociacion queda defraudado. La libertad de la imprenta, esa centinela y puesto avanzado de las demas garantías, necesita entre nosotros verse exenta de las restricciones que hoy la reducen casi á la nulidad. Las buenas leyes pueden prevenir los abusos ó castigarlos cuando tengan efecto, de un modo que haga muy difícil su repeticion; mas nunca es justo ni prudente sacrificar positivas ventajas á los temores de un riesgo acaso imaginario, ni la facultad de propalar el pensamiento, por este medio existe cuando la reprimen la censura prévia ó la arbitrariedad. »

La igualdad de derechos ante la ley y la libertad civil, no pueden menos de ser consagradas en toda la estension que reclaman la razon y la justicia: la seguridad personal debe ser protegida igualmente contra todo ataque del poder y de los abusos; y la inviolabilidad de la propiedad corresponde del propio modo sea anunciada como uno de los símbolos principales, ó como la segunda cláusula del pacto social. »

Añadiendo á estos principios la independencia del poder judicial en todas sus clases, y la responsabilidad por los actos que los desempeña; igual responsabilidad en el poder ministerial por administrativos; el oportuno establecimiento del jurado, esencial salvaguardia de la inocencia; y reducidas todas estas máximas á un cuerpo elemental que forme la tabla de los derechos y obligaciones políticas, y el nudo de íntima union entre el trono y los súbditos á cuyo sosten sean llamados en todos los ramos los hombres mas idóneos y decididos, el Estamento se atreve á asegurar que el estado de la nacion cambiará bien pronto, y que los pueblos, bendiciendo el nombre de V. M., conocerán la diferencia entre un gobierno absoluto que todo lo atropella, y'un sistema paternal que solo usa de la autoridad para promover la felicidad comun.»

«La franqueza con que acaba de producirse el Estamento,

bastará á dar la verdadera idea de sus principios, y hacer en todas las edades el elogio de V. M.: V. M. nos ha dicho que siempre la encontraremos dispuesta á cuanto pueda redundar en bien y provecho de la España, y nosotros nos abandonamos penetrados de gozo y gratitud á los mas dulces presentimientos. Nuestro deber es indicar las necesidades de la nacion, de cuya confianza y derechos somos depositarios; y la feliz disposicion de V. M. á oirlas y remediarlas, es el mas lisonjero presagio para el porvenir. Los intereses de los Estados pueden muy bien ser equívocos, y bajo la apariencia de una funesta gloria, suele muchas veces encontrarse su degradacion y su miseria. Pero regenerar un pueblo al influjo de leyes sábias; levantar el magnífico trofeo de una libertad razonable sobre las ruinas del despotismo devastador; hacer de todos los ciudadanos de un pais una sola familia, guarecida igualmente contra los embates de la anarquía que contra los tiros de la arbitrariedad, y anunciar al mundo en un código bienhechor las máximas santas de la moral y de la política, de cuya observancia brota la felicidad pública ý privada, es la obrá inmortal, reservada solo á los genios y á los corazones privilegiados. V. M. posee ambos dones, y la nacion que tanto le es deudora, lo espera todo de su mano. Concluya, pues, V. M. el augusto monumento de justicia y de concordia de que ha trazado las primeras líneas, y complázcase ya en los dulces testimonios de amor y de indeleble gratitud con que la generacion presente y la posteridad rodcarán su nombre y su grata memoria.-Vicente Cano Manuel.-Manuel María de Acebedo.-Francisco Diez Gonzalez.-Joaquin María Lopez.Pio Laborda.Rufino García Carrasco.

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En Inglaterra, la contestacional discurso de la corona, es asunto que da lugar á muy pocas discusiones. En el mismo dia de la sesion régia, despues que S. M. se retira, propone un miembro en cada Cámara, el proyecto de respuesta que ya lleva redactado. Por lo ordinario se hace en él una enmienda por algun miembro de la oposicion, que se vota en el mismo dia, ó á todo mas en el siguiente, quedando así el negocio concluido. Mas en Francia se consideraba entonces esta contestacion como

un certámen, en que pasándose revista á todos los ramos de la administracion, los ministeriales, como los cpositores, hacian alarde de sus fuerzas. Así se consideró en España desde entonces, puesto que en las Córtes celebradas bajo los auspicios de la Constitucion de Cádiz, al discurso régio de apertura, contestaba en el acto su presidente.

Dió lugar á pocos debates la discusion sobre esta respuesta en el Estamento de los Próceres. Mas como simples observaciones que como discursos de oposicion, se pueden considerar los que se emitieron en la sesion del 3 de agosto, donde se trató este asunto. Echó de menos el duque de Rivas, que á las palabras tan notables del discurso del trono, el Estatuto Real ha echado ya el cimiento, á vosotros os corresponde concurrir á que se levante la obra, etc.», nada dijese el proyecto de contestacion, indicando mejoras saludables, y el natural desarrollo de las ideas que se presentaban en él como en compendio; que no se manifestase la necesidad de una aclaracion de derechos, no fantástica y filosófica, como lo habian hecho los franceses, sino positiva y exacta; de una buena ley de policía; de otra relativa á la organizacion de la Milicia urbana. Tambien indicó la conveniencia de reclamar una buena ley de imprenta; el arreglo de nuestras relaciones con nuestras antiguas colonias, y sobre todo las medidas mas saludables á fin de acabar con la discordia que trabajaba á los partidos.

Se quejaron otros de que habiendo hecho la Reina en su discurso una rápida mencion de las desgracias ocurridas en Madrid, el 17 y 18 de aquel mes, entrase el proyecto de contestacion en mas pormenores, recargando asi las tintas de aquel horrible cuadro. Quiénes pidieron esplicaciones sobre las últimas operaciones militares en Portugal; quiénes sobre las negociaciones con las potencias que se habian unido á nosotros con vínculos de alianza.

Fácil fué al ministerio que tomó la parte principal en el debate, justificar y esplicar las omisiones, acallar las quejas, satisfacer las dudas.

Habiendo pedido esplicaciones el Sr. Gil de la Cuadra, de

cómo al desenlace de los negocios de Portugal, habia hecho Don Miguel renuncia formal de sus pretensiones, sin que se hubiese exigido otra igual å nuestro pretendiente, contestó el ministró de Estado, que habian sido tan rápidos los progresos de las armas aliadas en Portugal, que cuando se terminó la guerra en Evora del Monte, no habia tenido medios el gobierno español de que se hallase allí representante alguno para exigir de D. Cárlos la misma renuncia que habia hecho D. Miguel, atendida la circunstancia de que habian caido ambos príncipes en poder de las armas portuguesas.

El gabinete inglés, dijo, apoyaba con el mas vivo interés ésta negociacion (la relativa á la renuncia); pero el mal aconsejado príncipe, manifestó que insistia en reclamar sus soñados derechos al trono que legitimamente ocupa nuestra inocente Reina. El gobierno español, satisfecho con haber cumplido con sus augustos aliados y mostrado sus disposiciones generosas, no dió la menor importancia á exigir promesas ó renuncias. ¿Qué importa á la Reina de España la renuncia de un súbdito rebelde? La Reina Doña María Isabel II ha ascendido al trono en virtud de una ley venerable, inmemorial, nunca violada desde el principio de la monarquía; en contra de una ley estranjera, advenediza, mal recibida por la nacion, y ni una sola vez observada. La Reina Doña Isabel ha ascendido al trono por el voto unánime de la nacion, no espresado con vivas que se lleva el viento; con esposiciones firmadas hoy, desmentidas mañana; sino sellado con la sangre de tantos valientes, honor y gloria de su patria. D

«El gobierno inglés, en virtud de esas instituciones admirables, que son no solo alabadas, sino tambien envidiadas por todas las naciones cultas, no podia ejercer sobre el príncipe una especie de vigilancia fiscal tan esquisita, que evitase todas las maquinaciones y tramas; pero el gobierno español, aunque no lo ha perdido de vista, no ha podido evitar que diese algunos pasos para conseguir sus siniestras miras, y alimentar las esperanzas de sus partidarios. . . . . . . . . ¿ Mas pende por ventura la salud del Estado de cualquier loca tentativa de un príncipe

TOMO III.

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ambicioso? No viene á España á presenciar el triunfo de su causa, sino tan solo á asistir á su fallo..

Ási se supo de oficio por primera vez que el pretendiente se habia fugado de Inglaterra, atravesado la Francia y presentadose en las provincias del Norte, teatro de la guerra; noticia que se habia esparcido aquellos dias, con no poca inquietud para los que deseaban con ansia el fin y desenlace de tan fatal contienda.

Con algunas ligeras enmiendas, se votó el proyecto de contestacion en la sesion del mismo dia.

Muy diversa escena ofreció este asunto de respuesta en el Estamento de los Procuradores. Los ministros que apoyaron el de la Cámara alta, impugnaron el de la baja ó popular; ¡tan lejos estaba este de ser un mero reflejo del discurso del trono, como el de los Próceres!

Comenzó el debate en la sesion del 4 de agosto. Inició la cuestion el Sr. Lopez, como uno de los redactores del proyecto, haciendo una especie de esplicacion ó comentario de él, párrafo por párrafo. Entonces admiró el público por primera vez la fogosidad de su imaginacion, la abundancia en su decir, la sonora entonacion y flexibilidad prodigiosa de su órgano. Sentimos no poder copiar este discurso; mas nos reservamos para las espliciones que dió en seguida á los impugnadores. Para hacer ver cuán diferentemente entendian las cosas los redactores de este proyecto y los autores del Estatuto Real, insertaremos sus últimas palabras.

Finalmente, se ha añadido para concluir la contestacion á S. M., de que todos estos principios podian formar una tabla de derechos, en que estuviesen espresados terminantemente. Esta advertencia está en la naturaleza misma de las cosas, sin nece sidad de que la comision lo indicara. Todos conocen la necesidad de enunciar los derechos y deberes en un código ó resúmen moral y político, sucinto, pero que no deje lugar á duda alguna. Es cuanto por ahora creo deber decir, reservándome la palabra para contestar á las objeciones que se hagan á la comision. >

Fueron estas varias. En general, desagradó á los ministeriales el tono, no menos que muchas de las ideas vertidas en

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