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españoles hasta los ángulos mas remotos de la monarquía, se imprimiese y circulase con la mayor urgencia.»

Con esto se dió fin á la sesion. Los diputados y ministros fueron saludados á su salida con los mas vivos aplausos por todos los espectadores, y el concurso inmenso que habia acudido á la plazuela del Congreso. En todo aquel dia y por la noche, se repitieron en las calles las mismas escenas que habian tenido lugar el dia 9.

La conducta del gobierno y de las Córtes en aquellas ocurrencias, tuvo un eco prodigioso en todas las provincias. Seria inútil enumerar, porque fueron infinitas, las felicitaciones que de corporaciones civiles y militares y de individuos sueltos, desde innumerables pueblos de la monarquía, se dirigieron a las Córtes y al gobierno.

En la sesion del 12, se nombró la comision, á cuya cabeza estaba Riego, para poner en manos de S. M. el mensage apro. bado el dia anterior, del cual insertamos a continuacion lo mas notable:

«Señor: las Córtes estraordinarias al oir la lectura de las notas de los gobiernos de Paris, Viena, Berlin y San Petersburgo, que V. M. por conducto de su gobierno tuvo á bien comunicarles, por unanimidad acordaron dirigir su voz al augusto trono de V. M., para manifestar los afectos de que se hallan poseidas.»

«Faltarian las Córtes á la primera obligacion, y espresarian mal los votos del pueblo que representan, sino declarasen su sorpresa é indignacion al oir las estrañas doctrinas, las falsedades manifiestas y las imputaciones calumniosas que encierran dichos documentos, singularmente los tres últimos, vieiosos en la sustancia, y en el modo no conformes á las prácticas establecidas entre las naciones cultas, y atrozmente injuriosas á la nacion española, á sus mas distinguidos hijos, á sus Córtes, á su gobierno, al trono mismo de V. M. estribado en la Constitucion, que en tanto padece en cuanto ella sea atacada, á vuestra sagrada persona en fin, cuya sinceridad, cuyo amor á sus súbditos, quieren temerariamente poner en duda.»

«Las Córtes, señor, han oido con singular satisfaccion la respuesta franca, decorosa y enérgica dada á dichas notas por vuestro ministro, y comunicada á las Córtes por el mismo. Las Córtes no pueden menos de aprobar el noble desden con que vuestro gobierno, sin descender á refutar cargos notoriamente falsos, y hechos por quien carecia de autoridad para producirlos, se ha contentado con recordar los principios que le dirigen, principios que el cuerpo legislativo en alta voz proclama, que los españoles todos repiten, y que serán por ellos sustentados con la constancia propia de un pueblo fiel á sus promesas, y tan defensor de su independencia como de su honra.»

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CAPITULO XXXV.

Situacion del ministerio con los partidos, antes del asunto de las notas.- Perio

dismo. --Sociedad Landaburiana.- Causa del 17 de julio.-Influencia de las notas y sus contestaciones.—Salida de los embajadores de las cuatro grandes potencias de Madrid.—Estrañamiento del Nuncio.—Ventajas sobre los facciosos en Cataluña, Navarra y otras provincias.— Toma de la Seo de Urgel. -Entran en Aragon.-Pasan á la provincia de Guadalajara. -Derrota de Brihuega.—El conde del Abisbal capitan general de Castilla la Nueva.-Intrigas diplomáticas.- La guerra inminen'e.-Discurso de Luis XVIII.—Preparativos. -Se trata la salida de las Córtes y el gobierno.--Oposicion que encuentra esta idea.-Conferencia de los ministros con el Rey.

N.

o eran los serviles, los cortesanos, los partidarios de reformas, los solos que hacian oposicion al ministerio. Con muchos enemigos contaba ademas, que pertenecian al bando de los patriotas exaltados, ó que con este manto se cubrian. En todo sistema político donde son libres la imprenta y la palabra, es inevitable esta pugna contra un gobierno, cualquiera que sea el sistema que adopte, cualesquiera las garantías que dé y haya dado de sus deseos del acierto, de su identificacion con las ideas políticas é instituciones del pais á cuyo frente se halla. No podian ser aquellos ministros escepcion de la ley comun, ni pretendian acallar ó destruir las acusaciones de sus enemigos, sino con su conducta, á la que trataron siempre de dar toda la publicidad que era posible. Los periódicos que pasaban entonces por mas virulentos, por modelos de procacidad en todos sentidos, y que no nombramos porque el mismo sistema hemos adoptado con los de todos los colores, estos periódicos, decimos,

que el partido servil presentaba siempre como grandes argumentos contra las instituciones liberales, se declararon en hostilidad abierta contra el ministerio. Ninguno fué blanco de una oposicion mas viva, ni se vió tan azotado por la imprenta de cierto color, que en son de celo ardiente por el mantenimiento de la libertad, parecia tener la mision de comprometerla, vistiendola de repugnantes atavíos. Los ministros no se mostraron por este sus perseguidores, ni se dieron por abiertamente resentidos. Penetrados de que era indispensable aceptar hasta cierto punto las consecuencias de un órden de cosas sancionado por las leyes, no se arredraron de seguir la marcha que se habian propuesto de gobernar segun las instituciones liberales, de un modo que les atrajese la confianza de los que les eran verdaderamente adictos, y en su conservacion se hallaban empeñados. La virulencia, las diatrivas y acusaciones, les servian al contrario de nuevo estímulo para no descuidarse ni distraerse en lo mas mínimo, para llevar adelante el pensamiento que se habian propuesto. Es el frulo que en último análisis se debe sacar de las oposiciones; desvirtuarlas y neutralizarlas, á fuerza de tener razon los que están al frente de las cosas públicas.

Otro nuevo obstáculo del mismo género, encontró asimismo aquel gobierno. Las sociedades patrióticas estaban como cerradas desde los últimos acontecimientos. La victoria del 7, el nuevo desarrollo que se dió al espíritu público con este motivo, incitaron á que se abriese una nueva que recibió el nombre de Landaburiana, en recuerdo del oficial de Guardias que habia sido asesinado en la plazuela de Palacio. La indole de aquella sociedad no podia ser de carácter mas templado que el de las que le habian precedido, y hemos mencionado en varias ocasiones. Al contrario: se mostró mas viva, mas exigente y mucho mas violenta. Los actos de la administracion, y hasta las perso. nas de los ministros, fueron no pocas veces objeto de las mas amargas invectivas. El gobierno toleró lo que era imposible acallar por coaccion directa. Nadie sabia mejor que él, 'lo imposible que es sujetar á reglamentos reuniones donde reina ordinariamente la pasiones, donde se ambiciona tanto de ordinario

conmover fuertemente los ánimos de la muchedumbre. Dejó, pues, hablar, é hizo tambien hablar á sus amigos, tomando todas las precauciones para que los discursos de dentro, no se tradujesen nunca en actos, fuera. Asi no produjeron aquellos acalorados debates, conmociones populares, ni diputaciones al gobierno y demas autoridades, quedando todo reducido al limite yal recinto donde tan fogosos discursos entretenian por dos ó tres horas, que eran por lo regular lo que duraban las sesiones.

Igualmente debemos hacer mencion de otra arma de partido con que se hostilizó entonces al gobierno, y sirvió despues contra los ministros en sentido opuesto. Hablamos de la causa formada á los batallones de Guardias que habian abandonado la capital, la noche del 1 al 2 de julio. Esta causa se consideró en un principio como puramente militar , pues que sobre un delito militar rodaba. Bajo tal aspecto la habia mandado instruir el capitan general á un gefe militar, en las formas ordinarias. Era innegable que en este abandono ó desercion de los cuatro batallones, iban envueltas consideraciones políticas, y se hallaban los elementos de la vasta conspiracion que habia estallado aquellos dias; mas el fiscal debió atenerse á lo que se le habia mandado; instruir el asunto como militar, separando de la causa, segun estaba mandado en la ley del 17 de abril de 1821, todo lo que resultase de otra clase, contra personas militares o no, para que se formasen otras nuevas. Cuando dicho primer fiscal pasó al ministerio, se hallaba todavia la causa en su estado primitivo, contraida á la parte militar, mas en víspera de hacerse las separaciones indicadas. El fiscal que le sucedió, consideró las cosas de otro modo. En vez de contraerse á la parte puramente milihaciendo para

lo que no lo fuese las debidas segregaciones, lo envolvió todo. en sus actuaciones, considerando el asunto como si estuviese encargado de la vasta conspiracion política asociada al 7 de julio. El resultado fué, que por abrazar muchas cosas de una vez quedó embrollado, sin sustanciarse causa alguna. El fiscal decretó la prision de algunos personajes, entre los que se hallaban los anteriores secretarios del despacho. Dos de ellos lo fueron efectivamente en su easa: los otros

tar,

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