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se ocultaron. Estos procedimientos de que algunos culparon á los ministros (1), tenian en cierto modo por objeto desacreditarlos, haciendo ver que el ministro de Estado, que fué el primer fiscal, se habia desentendido de proceder contra los verdaderos delincuentes. No fueron las Cortes las que intervinieron en el negocio (2), pues como á estraordinarias, no les competia. Fueron al contrario los ministros mismos los que no permitieron que los procedimientos pasasen adelante, los que convencidos de que la conducta del fiscal no podia tener mas resultado que promover escándalos y perturbar los ánimos, sin que al fin se pusiese nada en limpio, hicieron que la causa pasase á otras manos, que les parecieron mas seguras y entendidas. El resultado de la providencia fué poner en libertad a los que estaban presos, y que saliesen con toda seguridad á la calle los escondidos (3). Acaso incurrieron en la censura de algunos por tal determinacion ; mas es un hecho que estos procedimientos del fiscal, para nadie fueron tan desagradables, como para los ministros mismos.

(1) «En efecto: á poco tiempo de la aprobacion de estas medidas (las decretadas por las Córtes), y como un incidente del conocimiento que las Cóctes tornaban del estado político de la nacion, aparecen en la historia de aquellos aciagos dias la famosa causa del ministerio del 7, de las dignas autoridades locales de aquel dia.» (El marqués de Miraflores página 165.) Es imposible estar peor informado de los hechos. Nada tenian que ver las medidas, con la única causa que se mandó formar el 10 ú 11 de julio, á los batallones de la Guardia. Cualquiera creeria que se habian pedido y otorgado las medidas, para perseguir á dichos ministros y autoridades locales. Nada está mas lejos de la verdad, que semejante hipótesis. Lo exaclo es, que los enemigos del ministerio que gobernaba entonces, hicieron de esta causa una arma de partido contra ellos.

(2) Sin embargo : las Córtes anularon los inicuos é ilegales procedimientos del fiscal Paredes, y esta causa despues de algunos meses, quedó, sino concluida, paralizada, y puestos en libertad Garely, Moscoso y San Martin (el mismo autor página 166). No fueron las Córtes, y sí los ministros, los que anululon los procedimientos. Dichas personas fueron puestas en libertad inmediatamente, es decir, que solo estuvieron presos unos cuantos dias. Li causa, en efecto, á fuerza de querer darle dimensiones colosales, quedó paralizada y como nula. El rigor de las leyes no alcanzó á ninguno.

(3) De los individuos que compusieron aquel ministerio, no sabemos que hoy existan mas que dos; los Sres. Martinez de la Rosa y conde de Fontao. A su testimonio apelamos sobre la exactitud de este relato.

Estaban, pues, como se ve, muy lejos aquellos gobernantes, de merecer las simpatías del partido estremo; y los que los suponian á la cabeza de los que bullian y gritaban, desconocieron, como desconocen hoy , que es imposible un gobierno colocado en estas circunstancias. Los que mandan, no pueden ser hombres de movimiento rápido, ni deben serlo tampoco de resistencia sistemática. En saber ceder y resistir á tiempo, consiste, en nuestra opinion, la verdadera ciencia del gobierno. Los ministros de aquel tiempo conocian su posicion , sabian el estado de los partidos, y no se empeñaban en luchar contra la fuerza irresistible de las cosas. Seguros de sus principios , de sus intenciones, de merecer la confianza de los verdaderos amantes de la libertad, no se arredraban porque algunos quisiesen poner en duda su decision y patriotismo.

El asunto de las notas de la Santa Alianza reunió los ánimos y acalló la oposicion, hasta de los enemigos mas virulentos del gobierno. Se habia tocado una cuerda que vibró en cuantos corazones abrigaban sentimientos liberales, en cuantos tenian en algo la dignidad y decoro de su patria. Las felicitaciones y muestras no equívocas de aprobacion fueron infinitas, como hemos insinuado. Mas el entusiasmo es llama que en razon de su misma actividad, se apaga pronto. No era aquella precisamente cuestion de afectos, sino tambien de simple raciocinio. No se trataba solamente de honor y decoro de la patria, sino de la salvacion del número inmenso de españoles, que se habian declarado partidarios de las instituciones liberales. Mas sigamos el eurso de los acontecimientos.

El 10 de enero pidieron y recibieron sus pasaportes los encargados de negocios de Austria, Prusia y Rusia. ¿Como no siguió sus pasos el de la Francia, que era la principal potencia interesada? Aparentemente trató de ganar tiempo, de esplorar mejor el estado de los ánimos, y sembrar cuanta cizaña fuese posible en un campo tan á propósito para recibirla. Como su nota, escrita con mas circunspeccion que las otras, habia tenido una respuesta tambien mas moderada, no se veia con el mismo compromiso de pedir sus pasaportes en el acto. Su permanencia fué

proforma, para darse aire de cargarse de razon, y no dejar á España, sino á las apuradas. Mas el gabinete francés habia tomado su partido, y el conde Lagarde tardó muy poco en seguir los pasos de sus compañeros.

Otro lance ocurrió por el mismo tiempo, de disgusto tambien para el gobierno, y de la misma índole que los anteriores. Acababa de ser nombrado embajador en Roma D. Joaquin Villa. nueva, eclesiástico ilustrado, que en las Córtes estraordinarias y en las de 1820 y 21, se habia distinguido tanto por sus opiniones liberales, como por la solidez de sus doctrinas. Al llegar á Turin recibió aviso de Su Santidad para no pasar adelante, ó mas bien fué un delegado de la Santa Sede quien le intimó en términos corteses la determinacion del Padre Santo, de no recibirle en su carácter diplomático. Se alegaba por motivo la publicacion de unas cartas, que con el pseudónimo de D. Roque Leal, habia dado á luz D. Joaquin por los años de 20 y de 21; mas sin duda eran el verdadero obstáculo las opiniones que habia sustentado en el Congreso, y de que las cartas no eran mas que la esplicacion y el comentario. El gobierno español, que en cualquiera otra ocasion y con otro motivo hubiese complacido con gusto al Padre Santo, se creyó en el deber de insistir en su primer nombramiento, siendo tan públicos los motivos de su repugnancia. Asi despues de haber empleado en vano los medios de conciliacion, envió al nuncio de S. S. sus pasaportes, dándole á entender que aquel paso que se veía obligado a tomar con el delegado de una potencia temporal, en nada afectaba los sentimientos de respeto y de veneracion debidos al gefe de la Iglesia.

Esta conducta del gobierno llenó la medida de sus culpas á los ojos de los que afectaban creer, que no teniendo los ejércitos de Jerges ni los tesoros de Creso á su disposicion, se hallaba en el deber de ponerse de rodillas, y pedir perdon á los que le ofendian y aun insultaban deliberadamente. Mas antes de volver de lleno á esta cuestion, diremos dos palabras de nuestros asuntos militares.

Continuaba Mina consiguiendo en Cataluña ventajas importantes. Los generales Milans, Manso y Torrijos, le ausiliaban

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TOMO III.

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eficazmente en sus operaciones. Pronto organizó su ejéreito, y acreditó su decidida superioridad contra los de los facciosos. En octubre del año anterior se apoderó de Castelfollit , que fue arrasado con todas sus fortificaciones. Pocos dias despues batió al baron de Eroles, cerca de Torá. El mes siguiente se apoderó de Balaguer, donde se habian encerrado los restos de dicha derrota, obligándolos á refugiarse á Francia, en cuya frontera fueron desarmados. Envueltos en este desastre se acogieron al asilo del pais estranjero los individuos de la regencia, huidos de la Seo de Urgel, que tenia Mina en estado de bloqueo. Al cabo de 74 dias de sitio se apoderó de la plaza, defendida por una guarnicion numerosa, fanatizada y determinada á defenderse con vigor: sus provisiones de boca y guerra eran inmensas. «No tenia (Mina) ni una sola pieza de artillería que oponer á los 46 cañones que guarnecian las almenas, en un pais pobre y estéril, y en la estacion mas rigurosa. Mis soldados apenas estaban vestidos; faltábales con frecuencia la racion necesaria por efecto de la dificultad de las comunicaciones, y tenian ademas que defender una estendida línea. Finalmente; los sitiados eran tan numerosos, como los sitiadores. La constancia y el valor vencieron estos obstáculos. Seiscientos asesinos y ladrones salidos de las cárceles componian en gran parte la tropa de Romagosa, defensor de la ciudadela de Urgel; espiaron sus crímenes el dia de la evacuacion, pues todos perecieron (1).»

La misma buena fortuna cabia á nuestras armas en Navarra. El general Torrijos, que habia pasado á mandar en aquel distrito, perseguia con actividad suma á los facciosos, y no les daba momento alguno de respiro. Reducidos al punto fuerte de Irati, sobre la frontera, tuvieron al fin que abandonarle. La mayor parte se habian visto precisados á tomar asilo en el pais estranjero, donde se hallaba ya desde mucho antes el general Quesada, quien en todo aquel tiempo no volvió a pisar el territorio de Navarra. Los facciosos de las demas provincias, continuaban

(1) Palabras testuales de las memorias del mismo general, publicadas en Londres en 1823,

siendo derrotados en cuantos encuentros tenian con las armas nacionales.

En medio de estos acontecimientos prósperos, que alentaban á los amantes de la Constitucion, ocurrió un contratiempo inesperado, que no era dado preveer à la prudencia de ningun gobierno.

Los facciosos de Aragon hicieron una intentona sobre Zaragoza , de que fueron vigorosamente repelidos, aunque aquella ciudad apenas contaba entonces con mas fuerzas que algunos milicianos nacionales. Rechazados de este punto se corrieron hácia Calatayud, donde fueron igualmente recibidos. El capitan general del distrito reunió sus fuerzas y se puso en su persecucion, llevándolos vivamente por delante. Mas cuando se le ofrecia tan favorable ocasion de derrotarlos, no dejándoles momento de descanso, cometió la imprudencia fatal de detenerse luego que llegó al confin de su distrito. Los facciosos se entriron sin que nadie los molestase en la provincia de Guadalajara, y se aproximaron al punto de Brihuega.

El gobierno se alarmó con este incidente tan fatal; en el distrito de Castilla la Nueva habia pocas tropas disponibles, ocupadas entonces en otras atenciones. Fué preciso que saliesen las que componian la guarnicion de la capital, con algunos milicianos nacionales. A la cabeza de esta columna, surtida de algunas piezas de artillería, se puso el mismo capitan general del distrito, y marchó sin pérdida de instantes contra los facciosos, que mandaba entonces aquel Besieres que habia sido condenado á muerte en Barcelona por sus planes de república, y debido su salvacion á los esfuerzos de los liberales.

La espedicion fué desgraciada. Sufrieron las armas de la nacion una derrota en las inmediaciones de Brihuega. Llegó tan fatal noticia al gobierno la noche del 23 al 24 de enero. La mañana siguiente comenzaron á verse en Madrid algunos sujilivos de la accion, milicianos nacionales que la difundieron con los colores que pueden suponerse. La alarma se esparció rápidamente en Madrid: el motivo era sério, y el lance de suma gravedad, en aquellas circunstancias. El gobierno tomó inmediatamente su

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