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«Hay ademas otra cosa á que atender: no es posible que un gobierno que se halla sitiado y combatido en todos sentidos y. por todas partes, por la urgencia misma de los negocios, tenga tiempo suficiente para descender al exámen de las circunstancias particulares de los individuos de quienes se valga, y es muy fácil el que se vea engañado y frustradas sus mejores ideas, que no tengan aquel celo y eficacia que apetecen. Este inconveniente va á evitarlo en gran parte la regla general que se propone, asi como la importunidad de todos los interesados en ella.

«Voy ahora á esplicar un poco mis ideas, acerca del modo con que yo entiendo debe entenderse esta medida. Los señores Procuradores que me han precedido, han dicho ya que no se trata de crear nuevos destinos ni de quitárselos a los que actualmente los desempeñen dignamente. Trátase solo de proporcionar medios de subsistencia á un número reducido de infelices, que no alegan en su apoyo ni las recomendaciones ni otras causas ilegítimas, sino un derecho que emana de una época en que obtuvieron unos destinos que les fué preciso abandonar, no por culpa propia , sino en fuerza de las circunstancias. Establecido el principio de que en el año 1823, tenian estos individuos en el Estado la consideracion de un empleo público, fuese civil, mililar ó eclesiástico, consideracion que desapareció, no por su culpa, es un acto de justicia nacional la declaracion que hoy solicitan.

«Se ha alegado que otras de las dificultades seria el número de empleos que se concedieron en la época constitucional, y que este número desgraciadamente está dividido en dos clases; la una de los que siguieron al gobierno, y la otra de los que por no haberle seguido, fueron privados de sus destinos en virtud de decreto de las mismas Córtes.

«Yo no tengo suficiente conocimiento de aquel decreto; pero sí me atrevo á decir, que serán muy pocos los de esta última clase que en los diez años últimos no hayan vuelto á sus mis, mos destinos, ó entrado en otros mejores. De consiguiente, esto está decidido de hecho; y hé aquí por donde se disminuye tam

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TOMO III.

bien el número de los comprendidos en la medida, y las dificultades de llevarlas al cabo : dificultades, repito, que si se tuviesen por bastante motivo, ninguna empresa se acometeria. Para esto (puede el ministerio contar con la coooperacion de las Córtes, así como estas cuentan con su celo y su sabiduría.

«Esta medida, señores, al paso que de alta política, la considero tambien de necesidad. ¿Estamos tan abundantes de recursos, de medios de resistencia en el dia, que podamos mirar con indiferencia, que podamos desperdiciar la cooperacion de personas que por su decision, por sus desgracias anteriores, por su identificacion con la causa que defendemos, deben considerarse las mas á propósito para tomar parte en su sostenimiento? ¿Podrán los señores secretarios del Despacho desentenderse de que estos hombres privados de toda consideracion pública, pucden en un momento de desesperacion perderse y precipitarse? ¿No será una medida verdaderamente vital, el acudir con tiempo á impedir que esto suceda ? Pero aun bajo este aspecto debe haber un interés por parte del gobierno, en no esponerse á que se verifique.

«En cuanto á otra especie que se ha indicado con respecto á la clase militar, estoy convencido de que el honor y delicadeza de la misma , aplaudirá esta medida, porque é qué importa, ni en qué puede herir directa ni indirectamente, ni aun su orgullo, si se quiere, el que queden habilitados con los empleos que obtenian los militares de aquella época, y disponibles á voluntad del gobierno para que los emplee donde convenga? Porque aquí no se trata de privar del mando á ninguno de los que hoy le obtienen dignamente. No señor: ni los términos de la peticion lo indican, ni hay un señor Procurador que lo pretenda...

Digo, pues, que en su totalidad apoyo la peticion, sin perjuicio de aquellas modificaciones que se crean convenientes, cuando se descienda á traiar de cada articulo. Y de paso manifestaré, contestando á uno de los Sres. Procuradores que me ha precedido, que aunque sea arrostrando todos los riesgos, no solo no me abstendré de votar, sino que votaré en favor; que si

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la discusion diere márgen á tomar la palabra , la tomaré aunque se me crea interesado, y hablaré en apoyo de la peticion, á la que me considero asociado; y que si no tengo la satisfaccion de manifestar su justicia, me habré de resignar con mi situacion,

Fué de mucho peso el discurso del Sr. Argüelles en aquellas circunstancias. Le acogieron el Estamento y el público, con la deferencia y ei respeto tributados siempre á sus palabras. No podia presentarse bajo auspicios mas felices, ni defendiendo causa mas popular, en el campo de sus antiguas glorias. La cuestion le interesaba tambien personalmente; mas era solo un gran principio de conveniencia y de justicia, lo que le impulsaba, lo que le obligó á ponerse en disidencia con el ministerio, cuyas personas eran objeto de su aprecio, y á quienes tenia hasta razones de estar obligado, habiendo sido algunos meses antes nombrado individuo del Consejo Real, cargo que no habia admitido.

Concluido su discurso, se dió el punto por discutido, y la peticion fué aprobada en su totalidad, por el método ordinario.

En la sesion del 18 se discutió por artículos, y como el debate no ofreció mas que los misinos argumentos aducidos en él, nos contentaremos con decir que la victoria quedó por los peticionarios, y la legitimidad de los empleos conferidos en aquella época, que habia encontrado tanla oposicion, quedó reconocida por fin en el Estainento de los Procuradores.

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CAPITULO XLIV.

Proyectos de ley presentados por el gobierno.-Memorias de los diferentes mi

nisterios.-Esclusion del infante D. Cárlos.—Deuda estranjera.—Debates en ambos Estamentos.-Comision mista.- Aprobacion definitiva del proyecto del gobierno.-Presupuestos.-Discusion del relativo á la casa real.-Id. del del ministerio de Estado.

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ebian los ministros de hacer un gran papel en unas Cortes, donde el gobierno tenia la iniciativa de casi todos los negocios; y si atendemos á los antedecentes y cualidades personales de los que entonces se hallaban al frente del Estado, comprendere. mos el hábil partido que sacaron de sus circunstancias.

Comenzaremos sus tareas en ambos Estamentos, con la presentacion de las memorias relativas a la situacion del Estado en sus diversos ramos. Fué la primera la del ministro de Estado, leida en el Estamento de los Procuradores en la sesion del 10 de agosto. Presentaban entonces nuestros diplomáticos, bajo un aspecto, la mas agradable perspectiva. Unidos por vínculos de alianza con Inglaterra, Francia y Portugal, podiamos contar con ausilios poderosos en la lucha que sosteniamos con un pretendiente, que no parecia dispuesto a ceder á mas consideraciones que las de la fuerza. La parte que habiamos tenido en la espulsion de D. Miguel de Portugal, nos daba cierta importancia en

que

la Europa, con derecho a la benevolencia del gobierno de Doña María de la Gloria, unido al nuestro por gratitud, por interés y por principios. De la del gabinete de San James, no podiamos tener ninguna duda, aunque no fuese mas que por sus relaciones con la última potencia. Los principios del de las Tullerías eran demasiado análogos á los que regian al nuestro, para que las manifestaciones de su sinceridad nos causasen la mas pequeña desconfianza. La seguridad que debian de inspirarnos (stas dos naciones poderosas , eran mas que suficientes para neutralizar el disgusto de que las otras de la Santa Alianza no hubiesen reconocido el gobierno de Isabel II. ¿Se podia decir obraban estos soberanos en el interés de la ley sálica? ¡ La ley sálica' en Rusia, donde durante el siglo último hubo cuatro emperatrices! ¡La ley sálica en Austria , cuyo trono ocupa -hoy en representacion de los derechos de una muger la casa de Lorena! ¡La ley sálica en los Estados Pontificios, cuyo soberano tomó el ejemplo ó siguió el impulso de esta última potencia! Lo que no querian reconocer en España era un principio. El ministro de Estado se lisonjeaba en su memoria de que se llegarian á vencer sus repugnancias; mas la esperiencia hizo ver la tenacidad con que estaban adheridos, al sistema que tan solo podian aguardar del pretendiente.

En la sesion del 16 de agosto, leyó su memoria el ministro de Marina. Dos navíos de línea, cuatro fragatas, siete bergantines, y ocho ó nueve buques, aun de menos porte, eran los restos de la brillante y poderosa armada que con tan enormos gastos habia formado el bisabuelo de Isabel II.

Cuadro menos desconsolador y mas variado ofrecia la memoria del ramo del Interior, leida en la sesion del 19. En ninguno se habian introducido mas cambios desde principios de aquel año. La nueva division de territorio, la separacion de la parte administrativa y judicial, el fomento que se habia querido dar á las universidades y demas establecimientos de enseñanza pública, el celo grande con que se promovia y fomentaba todo cuanto podia interesar a la nacion en favor de los derechos de Isabel II, abrian campo vasto á una hábil pluma. El ministro no

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