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en consideracion. Tambien debo añadir, que á mi juicio, el espíritu de conciliacion que manifiesta el gobierno y que yo alabo sinceramente, no allanará las dificultades, y que siempre estoy respecto á estas materias en que lo que la nacion pueda hacer por sí, no tenga que agradecérselo á las demas. Sin el reconocimiento de las potencias que rehusan darle, puede asegurarse el éxito de la causa nacional. Estoy muy seguro de que los señores secretarios del Despacho tienen estos mismos sentimientos. Conozco sus principios, su delicadeza y pundonor, su pa. triotismo, y no me es posible dudar de ello; pero he creido deber manifestar al Estamento las razones que tuvimos para dar nuestro dictámen, sin que pretenda, repito, que sea la base de la resolucion.

CAPITULO XLV.

Consideraciones. - Argüelles.-Espíritu público.- Partidos.- Estado de la guer

ra civil á fin de 1834.<Continúan los trabajos de las Córtes.- Milicia Urbana.-Peticion de los Procuradores para modificar su reglamento.-Otras sobre varios asuntos.-Nuevos proyectos de ley presentados por el gobierno.

Tales se mostraban al público las Cortes españolas de 1834,

y sobre todo el Estamento de los Procuradores, verdadera

y natural procedencia de los antiguos Diputados, que en las de Cádiz, y posteriormente en las de 1820y 1822, habian llamado tan poderosamente la atencion del público. A entrar en el pormenor de sus trabajos con la misma proligidad que hasta el presente, dariamos á nuestra obra una gigantesca estension que nunca ha entrado en nuestro plan, y abusariamos sobre todo de la bondad y paciencia de los pocos que nos lean. Jamas ha sido nuestro objeto trazar la historia de las Córtes españolas, contentándonos con un bosquejo de su fisonomía, de las ideas que las animaba, de su influencia en el espíritu público, del carácter de algunos de sus miembros, y sobre todo de las principales leyes en su seno elaboradas. Nos lisonjeamos de que basta lo dicho hasta aquí para comprender bien, nuestro Estamento, la in-" dependencia de sus Procuradores, la franca y decente libertad con que analizaban las disposiciones del gobierno, el celo

que

mostraron por ser dignos sucesores de las Córtes á quc

hemos aludido, los dotes de elocuencia y bien decir que algunos de ellos alcanzaban.

Don Agustin de Argüelles, á quien este escrito particularmente se dedica, se presentó en el Estamento popular con su antiguo carácter, su antigua independencia, el mismo amor patrio, y el mismo celo en favor de las instituciones liberales que le habian distinguido en todas las épocas de su carrera pública. No será difícil comprender, que si habia aceptado con placer y agradecimiento el cargo de Procurador con que le habia revestido su provincia, del Estatuto Real, en virtud del cual se habian vuelto á convocar las Cortes, no gustaba. Era demasiada su esperiencia y conocimiento de las cosas y las personas, para creer que con cambios de nombres, con asignar á diverso orígen la representacion nacional, y poner cortapisas á la emision del pensamiento, se cortaban de raiz los males que son inherentes á las instituciones libres. El mal grave, el mal que

las hace inútiles y al fin las mata, sabia perfectamente un hombre de algun juicio, que no está en las leyes, sino en los hombres que por errores ó pasiones las desconocen en su espíritu. Por lo demas aceptó Argüelles, con esperanza de otra cosa mejor, las Córtes, como se habian hecho; y el Estamento, que con tanto esmero de no hacerle salir de la senda regular, estaba marcado por

la ley fundamental del reino. Desde luego se le vió sentarse en los bancos de la oposicion, y su primer discurso fué en apoyo de una peticion, á la que si bien de un modo indirecto, hizo resistencia el ministerio. Sin duda debió de costar mucho á su delicadeza, ponerse en disidencia con personas que habian sido objetos en otro tiempo de sus mas vivas simpatías; pero esto mismo prueba la constancia en sus principios, y la sinceridad no desmentida de toda su conducta. No dejaba de observar el público con algun interés, la viveza con que en medio de la cortesanía de las frases, contestaba á sus discursos el conde de Toreno, su antiguo compañero y discípulo, su fidus Achates en las Cortes de Cádiz, que habia compartido con él tantos laureles.

Algunos que se preciaban de finos observadores, y otros muchos mas á quienes su oposicion no acomodaba, quisieron hacer ver que sus facultades habian venido muy á menos, que no era ya toda su elocuencia mas que cenizas de aquel fuego que le habia grangeado en Cádiz el nombre de divino. Descubrimiento singular el que un hombre entrado en sus cincuenta y nueve no conservase toda la lozanía de sus primeros años, y que el Estamento de Procuradores no diese tanto vuelo á sa imaginacion como las Córtes de Cádiz, donde tan ópima mies de gloria brindaba á los principales adalides. D. Agustin de Argüelles habia decaido como todo lo que envejece. Con los años se habia ido el campo de sus antiguos triunfos. En el mismo caso se hallaban les que en época tan brillante habian sido compañeros suyos. Como él, habian venido á menos en cierto sentido los Calatravas, los condes de Toreno, los Martinez de la Rosa; y decimos en cierto sentido, porque si se echaba de menos el color y el brillo que dá el calor y lozanía de la edad al buen decir, se resarcian las faltas con la esperiencia y la dosis del saber que

hace mas instructivos sus discursos. Se hallaba en toda la madurez del juicio nada injuriado por la edad, y los diez años de emigracion pasados en el pais donde tanto habia aprendido en otros anterioriores, no habian sido perdidos para agrandar el campo de sus conocimientos. En medio de su quebranto por la mala salud que le aquejaba, conservaba toda su energía, el buen timbre, la entonacion, la flexibilidad de su órgano, y sobre todo su facilidad de elocucion, que fué siempre uno de sus dotes principales. Algunos discursos suyos mencionaremos en lo sucesivo, que en nada desmienten los que le dieron tanta nombradía en los mejores años.

Acudia el público á las sesiones de las Córtes, con todo el interés que tanto le habia distinguido en otras épocas. De las importantísimas cuestiones que allí se debatian se ocupaba la prensa periódica, cuyas polémicas no dejaban de ser vivas á pesar de la censura prévia. Los partidos que habian ya comenzado á señalarse antes de la reunion de los Estamentos, se distinguian cada vez mas, no solo en el Estamento de los Pro

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TOMO III ,

curadores, en los papeles, sino en conversaciones y en cuantos medios tienen los hombres de espresar sus pensamientos. Entre los encomiadores de la nueva situacion, y los que volvian la visla á otras épocas pasadas, se ensanchaban á cada momento las distancias. El Estatuto no satisfacia á los que se habian distinguido en otros tiempos con el nombre de exaltados; y si la Constitucion no estaba escrita todavia en su bandera de un modo terminante y claro, se dejaba traslucir hasta qué punto era objeto de sus predilecciones. A pesar del empeño con que se queria hacer desaparecer las voces de vencedores y vencidos, existia la cosa verdaderamente; y si bien el gobierno habia colocado en puntos importantes á muchos individuos procedentes de la emigracion, ó que estaban arrinconados por sus opiniones en la época de los diez años, para la generalidad no habia derechos todavia, pesando sobre ella la disposicion que daba por nulos cuanlos nombramientos se habian hecho desde el 7 de marzo de 1820 hasta el 30 de setiembre de 1823, en que el Rey, segun la espresion de algunos, habia vuelto á la plenitud de sus derechos. Asi para los procedentes de la emigracion, como para todos los que habian caido en 1.° de octubre de este último año, se habia paralizado durante catorce años su carrera. Los que habian sido destinados en los tres años de la época constitucional, se hallaban sin recurso alguno; los que eran ya algo antes del 7 de marzo de 1820, habian perdido todos sus ascensos, y tenian que pasar por la dura situacion de verse rebajados de clase, sirviendo a las órdenes de los que habian hecho su fortuna bajo auspicios muy opuestos; es decir: que la humillacion de unos estaba representada, por la elevacion y fortuna favorable de otros. La pugna entre empleados de tan distinta procedencia era inevitable, y con los intereses materiales, iban enlazados naturalmente los políticos. Asi las sesiones del Estamento de los Procuradores en que se debatió la famosa peticion del reconocimiento de los empleos durante la época constitucional de los tres años, fueron objeto del interés mas vivo por las cuestiones importantes que envolvian. Los peticionarios combatieron bien : los ministeriales defendieron hábilmente su terreno. No

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