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sura. Contentándose con la prudente vigilancia que era indispensable, guardó silencio'; no se apresuró á espedir órdenes generales que pudieran ofender, y atizar un fuego que convenia apagar por medios indirectos. La primera vez que habló al ejército fué el 9 de setiembre, hallándose en Vitoria. No podemos menos de copiar parte de esta alocucion que lleva el sello de su cicunspeccion y su política.

El general en gefe interino, al ejército del Norte.—«Compañeros: mientras que grandes perturbaciones conmueven el reino y dividen a los amantes de la libertad y del trono, nosotros combatimos y vencemos por el trono y por la libertad, salvando la patria de la ruina á que inevitablemente la conducirian los progresos de la desunion y del delirio, que por do quiera cunde y se manifiesla bajo diferentes formas y con distintos fines. El ejército del Norte presenta hoy un grande y magnifico espectáculo, cuando en medio de tales convulsiones y trastornos solo se ocupa de multiplicar sus esfuerzos y fatigas para contener y humillar por todas partes á los destructores de nuestros derechos; y ciertamente la gratitud y la estimacion de nuestros conciudadanos, el afecto de nuestra augusta Reina, y la admiracion de la Europa entera, anticipan ya á tan heróica conducta los premios que le reservan un dia la posteridad y la historia. Nuestra mision era combatir y triunfar; y si como ciudadanos deploramos en el fondo de nuestro corazon los infortunios de la patria, sabremos cumplir nuestro deber como militares, hasta sacrificar nuestras vidas para sostener el trono y las leyes que hemos jurado, y por cuyos sagrados objetos se han regado los campos del honor con tanta sangre generosamente vertida. . .

«En tales circunstancias quiero y debo dirigiros mi voz, á fin de que sepais y de que sepa todo el mundo los sentimientos y principios que han de conducirme invariablemente en la época presente, y mientras ocupe el importante puesto que me está confiado; evitando asi que pueda ser sorprendida la buena fé de todos por las pasiones ardientes de unos, ó por las miras ambicio. sas de otros, y logren los agitadores estraviarnos del camino recto que nos señalan nuestros deberes, el bien público, la hon

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TOMO II.

ra y crédito de nuestras armas. Mientras yo me halle al frente de este ejército, y este ejército continúe pagando mis afanes y desvelos con la confianza que me manifiesta y que forma mi orgullo y mejor recompensa, declaro solemnemente que sus armas no servirán nunca, sino para sostener las libertades de la nacion, el orden público y el trono de Isabel II, que considero como la mejor garantía de aquellas y de este. No reconoceré otras alteraciones en la ley fundamental del Estado, ni otras autoridades, que las que legítimamente ha establecido ó establezea en adelante el poder legal: es decir, el que forman con su legitimo acuerdo y ejercicio la corona y la representacion nacional, porque en la union de estos está la ley, está la libertad, el derecho, el bien de la patria y el remedio de sus males, y fuera de ellos la tiranía, la usurpacion, la disolucion social, el fin de todas nuestras esperanzas y derechos, la ruina de esta misma independencia nacional, por cuyo amor fuimos los españoles tan justamente celebrados y temidos en todas las épocas de nuestra brillante historia. ..

«Compañeros : mi corazon me anuncia que á este valiente ejército está reservada mayor gloria, que la de vencer en el campo á los enemigos de la libertad. Si: yo espero que vuestra union y vuestras virtudes han de servir muy pronto de ejemplo y de apoyo a la reconciliacion de todos los buenos españoles que amando sinceramente aquella, quieren asentarla sobre el órden para que prospere por el imperio de las leyes; lo espero por mas que hoy se encuentren aquellos agitados ó convertidos en instrumento ciego de pasiones mas vivas, ó de miras menos nobles y sinceras que las que han servido á estraviar el mayor número de los disidentes. Tiempo vendrá en que los partidos podrán dispu. tarse el poder sin tanto peligro, y las opiniones dividirse sobre la mayor o menor latitud y perfeccion que convenga dar á las leyes; mas hoy es preciso ocuparse solo de salvarlas, de afirmar el trono que identificó con ellas su existencia, de arrancar las armas al partido que nos disputa el territorio donde han de reinar este trono y estas leyes. ..... Vitoria 9 de setiembre de 1835.- Córdova.

Por todo el resto de aquel año de 1835 continuó de operaciones el ejército del Norte, bajo el mismo pie que en el capítulo anterior quedó indicado. Sus movimientos eran todos de conservacion y defensa; de ningun modo de conquista. En medio de la prudencia y circunspeccion que caracterizaban nuestros pasos, no dejaba de haber encuentros favorables, aunque tampoco produjeron ningun definitivo resulado. El 2 de setiembre tuvo lugar la accion de los Arcos; el 27 de octubre atacaron nuestras tropas el castillo de Guevara, y aunque arrollaron á los enemigos fué sin ventaja, pues apenas se hicieron prisioneros. No fuimos tan felices en el puerto de Descarga y en Arrigorriaga.

Dejó el teatro de la guerra por aquel tiempo, de estar cir. cunscrito al terreno de Navarra y las provincias Vascongadas. Si aquí se queria considerar esta contienda como un choque entre los fueros del pais y el trono, que segun la opinion vulgar intentaba destruirlos, į bajo qué aspecto se podia mirar la que se encendia en otras partes, donde ningun fuero se reclamaba y repetia ? No podia darse mayor prueba de que aquella guerra partia de mas alto orígen; que comprometia intereses mas vitales, y de mas grave trascendencia.

Fué la difusion y esparcimiento de este fuego, el mayor mal, la mas grave calamidad que podia sobrevenir á esta na. cion y á nuestra causa. Era una demostracion de lo mal que se habia comprendido aquella guerra, ó de la insuficiencia en que nos hallábamos de medios para terminarla. El ruido de las armas de Navarra y provincias Vascongadas, no podia menos de tener eco en otras parte. Provocaba aquel campo de batalla y de gloria naturalmente, mas combates, y era un aliciente para el sin número de hombres viciosos, sin arraigo, sin ocupacion, que abriga nuestra España. Tantas personas salidas de la nada se encontraban de repente elevadas, condecoradas, aduladas de la suerte... con un nombre. ¡Cuántos alicientes para los amantes de aventuras!

La guerra pasó, pues, á Cataluña; estalló en el bajo Aragon y provincia de Castellon de la Plana; se difundió por el resto del territorio de Valencia; llegó á la provincia de Cuenca, se esta

bleció posteriormente en las de Toledo y Ciudad-Real, y cundió poco a poco a todas las de España.

En Cataluña no podia obrar el espíritu de fueros: mas el que sabe la historia de este pais, comprende que se halla en un estado escepcional, y que todo lo que procede de Castilla , tiene para aquellos habitantes el carácter de desagradable y sospechoso. ¿Qué efecto no debian de hacer sobre aquella muchedumbre feroz y belicosa las seducciones que con tanto ahinco, con tal perseverancia sembraban los enemigos de la Reina ? ¡Cuántos títulos de odiosidad contra el gobierno de Madrid para esta gente ilusa ! Se sabe á qué punto, en lo importante y lo numérico, llegó la faccion de este pais en la época pasada. La flor de nuestro ejército se empleó en la reduccion de los rebeldes, y una muy buena porcion de escelentes oficiales tiene hoy dia, que hicieron en aquel pais y aquellas lides, su primer aprendizage.

Asi la guerra podia tener en Cataluña su carácter provincial, y recibir su alimento de antiguos odios, de rancias preocupaciones, de recuerdos dolorosos. Que era una lid tradicional, una especie de filiacion de otras de la misma clase, no se podia poner en duda.

Mas en el bajo Aragon, en la provincia de Castellon de la Plana y otras partes, no habia ni fueros que defender, ni memorias de agravios recibidos, ni clase alguna de preocupaciones locales que diesen á la guerra el carácter que le era propio en las provincias indicadas. En aquellos paises no tuvo el pronunciamiento el mismo carácter de solemnidad : fueron sus principios mas humildes, porque no eran las mismas las ideas de los primeros promotores: era el carlismo puro, sin otros accesorios; una empresa de aventuras de gente oscura, devorada de ambicion, que viendo un cambio abierto de desórdenes, sintiéndose activos y audaces, supieron asociarse hombres sin oficio, sin medios de subsistencia, dispuestos á coger un fusil y á marchar con él á donde pudiesen hacerse con despojos. Poco a poco se fué formando esta faccion, y aumentándose el número de sus partidas. Vastos nombres comenzaron á figurar sucesivamente como en Navarra y las provincias, en esta guerra asoladora.

Las facciones del bajo Aragon se hicieron al fin célebres y llamaron la atencion del gobierno, que armó tropas en su persecucion, y al fin trató de organizar con ellas un ejército,

Mas las tropas se enviaron con suma lentitud ; preocupado el gobierno esclusivamente, al parecer, con la guerra de Navarra , no dió á esta del bajo Aragon toda la importancia de que era digna, ó lo que es mas cierto, no se hallaba con las fuerzas necesarias para sofocarla en los principios. Al contrario, tuvo cada dia nuevas creces. El bajo Aragon, los corregimentos nuevo y viejo de Tortosa, la provincia de Castellon de la Plana, parte de la de Valencia, la de Cuenca, sobre todo el marquesado de Moya, fueron el teatro acostumbrado de sus correrias, es decir, que abrazaban un territorio mas vasto que Navarra y las provincias Vascongadas. El terreno se prestaba tanto ó mas que el de estos últimos paises a la naturaleza de la guerra que emprendian, y aunque no podian contar tanto con las simpatías del pais, no les faltaban pueblos amigos que los abrigasen. A fines de 1835 se dió la accion importante y victoriosa para nuestras armas, de Molina, que hubiera tenido mas importantes resultados, si se hubiesen podido seguir con mas actividad y energía los alcances.

Asi la guerra estaba en todas partes del Norte y provincias litorales del Mediterráneo, hasta tocará la de Murcia: aunque con lentitud, y no pequeño trabajo, se comunicaban entre sí todos los soldados de D. Carlos , y se ausiliaban en todo lo posible. Ya en agosto del mismo año de 1835 salieron de Navarra cuatro batallones carlistas, que despues de haber atravesado rápidamente el alto Aragon, pasaron á Catuluña, donde si bien aumentaron las filas de los compañeros de su causa, no aumentaron su partido, ni le hicieron mas interesante. Aquellos soldados venidos de Navarra se acomodaron mal á los usos y carácter de los habitantes del pais, que mira á todo forastero con suma desconfianza. La fatiga era mayor; las privaciones mucho mas considerables. Poco a poco se aburrieron de una vida completamente nueva, sin ningun aliciente para ellos, y rotos, destrozados, en guisa de fugitivos, se volvieron a fines de no

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