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CAPITULO IV.

SUMARIO.

La «Pacta conventa» de los polacos.-Juramento de Enrique de Valois.-Se

gismundo III proteje á los unitarios.

1.

Enrique de Valois, duque de Anjou, no reinó en Polonia el tiempo suficiente para egercer gran influencia en los asuntos religiosos del reino; al recibir la corona, habia jurado mantener los pacta conventa, es decir, dejar libertad de cultos á los husitas, luteranos, calvinistas, anabaptistas y unitarios, de cualquier opinion que fuesen.

Estos principios generales, formulados por la confederacion general polaca en 28 de enero de 1573, a la muerte del último Jagellons, y que mientras fueron observados en Polonia aseguraron la prosperidad y la libertad de la república, merecen ser conocidos de nuestros lectores.

«El Rey que elegimos (dijeron los confederados) jurará mantener

paz pública entre los ciudadanos divididos por opiniones religiosas... Existen en nuestra república disensiones graves sobre la religion cristiana; para que no produzcan, como en otros paises,

la

Tomo III.

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disputas y ódios entre los hombres, nos comprometemos, por nosotros y por nuestros sucesores, perpétuamente, bajo la fé jurada, sinceramente, por nuestro honor y en conciencia, á conservar la paz entre nosotros, a pesar de nustras divisiones religiosas; y prometemos no derramar sangre jamás, no invocar nunca, unos contra otros, penas aflictivas, tales como la confiscacion de bienes, la infamacion, la prision y el destierro, por causa de diferencias de creencia y de culto, y no prestar ayuda jamás á ningun magistrado ó agente de la autoridad, para que cometa un acto de esta naturaleza. Por el contrario, si alguno fuera osado á intentarlo, declaramos que nos opondremos á ello con todas nuestras fuerzas, cualquiera que sean las apariencias legales que ostente el perseguidor... Nos alzaremos todos contra cualquiera que, violando el presente convenio, intentase destruir la paz y el orden público, y todos conspiraremos contra él.»

En vista de este pacto, los reyes electos de Polonia juraban en los siguientes términos:

«Conservare la paz y la concordia entre los disidentes por causa de religion; no permitiré que nadie, sea cual fuere su clase y estado, padezca la menor opresion ó vejacion por esta causa, ni de nuestra parte ni de la de nuestros agentes y magistrados; y yo por

mi parte no vejaré ni oprimiré a nadie.»

Como hemos dicho, Enrique de Valois prestó este juramento en Paris mismo, un año despues de la matanza de la San Barthelemy, esto es, el 10 de setiembre de 1573: el príncipe francés queria reinar á toda costa, y el diputado polaco Juan Zborow, le dijo estas palabras:

-«Jura ó no reinarás (si no jurabis no regnabis).»

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II.

Exigióse el mismo juramento á Estéban Batori, sucesor de Enrique, y á los reyes siguientes, hasta la completa estincion de la secta ante-trinitaria.

Ya hemos visto que Estéban, católico sincero aunque tuviese por médico á Blandrata, y animado por consiguiente, del deseo de li

У brar su religion de la competencia con cualquiera otra, limitóse prudentemente a desear este cambio en Transilvania, sin contribuir

á ello con ninguna medida de violencia. Igual conducta observó en Polonia.

Segismundo III, bijo de Juan II, rey de Suecia, no se contentó á su coronacion como rey de Polonia, en 1588, con jurar el mantenimiento de los pacta conventa en favor de los unitarios, sino que protegió con especial solicitud á estos sectarios; y su iglesia, á la que pertenecian las personas mas notables por su saber y por su nobleza, alcanzó en esta época su estado de mayor esplendor.

La iglesia de Racovia, en particular, donde los unitarios celebraban sus sínodos anuales, se hacia notar por encima de todas las restantes: tenia un colegio famoso donde se contaron basta mil alumnos a la vez, de todas las naciones y de todas las creencias; y una imprenta célebre servia para multiplicar los escritos de los aútores que se distinguian en la secta.

III.

Sin embargo, ni los fieles anti-trinitarios de Racovia, ni los de Lublin, de Luclawice, de Kiovian ni los de Volbinia estaban completamente de acuerdo sobre los principios de su doctrina.

En Racovia (Racow), tuvo orígen, segun afirma Estanislao Lubieniecki, la opinion de la incompatibilidad de la condicion de un cristiano verdadero con el ejercicio de la magistratura y aun del ministerio eclesiástico, opinion que fué adoptada por gran número

de personas.

Además de este motivo de division, existia aun la antigua cuestion, siempre indecisa, de la existencia ó no existencia de Jesucristo antes de su madre, y á quien unos tenian por un Verbo divino y otros, por un simple hombre que no habia empezado á existir hasta el momento de su nacimiento.

En tal estado halló Fausto Socin las iglesias anti-trinitarias de Polonia al llegar á aquel reino en 1579; estado de que, como vamos á ver, logró sacarlas completamente.

IV.

Nacido en Sena el año de 1539, Fausto Socin era sobrino de Lelio Socin, quien primero por sus letras, por los conocimientos adquiridos en el curso de largos viajes, y luego por los escritos que dejó, hizo de él un unitario bastante famoso para dar su nombre á toda la secta de los que negaban un Dios en tres personas.

Habíase granjeado Fausto de tal manera el cariño de Fernando de Médicis, gran duque de Toscana, durante su permanencia de doce años en su córte, que aquel príncipe se encargó de cuidar en persona de los negocios del innovador de Siena, mientras que este se halļaba en Polonia, impidió que la Inquisicion se apoderase de los bienes de su familia y le suplicó muchas veces que volviese á Toscana, donde prometia concederle una plena libertad de conciencia y permiso para imprimir sus tratados dogmáticos contra la Santa Trinidad.

Sin embargo otros cuidados ocupaban al celoso Fausto: errante de país en país, y puede decirse que de disputas en disputas, fué trabajando de este modo en la formacion de un sistema de anti-trinitarismo, que en adelante no permitiera modificacion.

V.

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Opúsose muchas veces al fanatismo entusiasta de Francisco de Pucci, florentino, quien, aun cuando volvió despues al seno de la Iglesia romana, no pudo librarse de la hoguera que esta le habia preparado.

Por entonces unióse Socin con Blandrata para hace prender y encerrar á Francisco Davidis, que segun él, llevaba las consecuencias naturales de la doctrina de los unitarios mas lejos de lo que era prudente hacerlo.

Blandrata fué menos constante que Socin: este último lo acusó en sus escritos de haber abandonado á sus hermanos en los últimos tiempos de su vida, y de baberse unido estrechamente con los jesuitas para dar gusto al rey Estéban Batori; lo que segun afir

; ma el mismo sectario, produjo que se le mandase asesinar por su

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