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CAPITULO V.

SUMARIO.

Gustavo Wasa rey de Suecia.-Su carácter.-El clero enemigo de la indepen

dencia.-Gustavo se declara partidario de la reforma religiosa.-Calamidades públicas.-El clero atribuye estos males á la heregia.-Los a nabaptistas en Stocolmo.-La cuestion religiosa esplicada por el Rey.

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Gustavo Wisa subió al trono de Suecia el 7 de febrero de 1523, por eleccion de los estados, despues de haber arrojado de él al sanguinario Cristian II, que con la corona de Suecia perdió tambien la de Dinamarca: justo y merecido premio reservado á la ambicion de los tiranos. Con la nueva dinastia rompióse la union que entre los

. tres reinos escandinavos habia existilo durante un periodo de ciento veinte y seis años, y Suecia fué desde entonces una nacion independiente.

II.

Todos los historiadores escandinavos se hallan conformes en presentarnos al popular fundador de la nacionalidad sueca como un

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hombre superior, de gran virtud, de elevada inteligencia y adornado de todas las prendas necesarias para hacerse amar de un pueblo. Hé aquí el retrato que de Gustavo Wasa hizo su sobrino Pedro Brahe, cuando aquel Rey se ballaba en la fuerza de su juventud.

«De estatura mas que mediana, tenia la cabeza redonda, los cabellos rubios, la barba bien compuesta, olorosa y larga, la boca bien formada, los labios encendidos, las megillas coloradas; no hubiera podido hallarse en todo su cuerpo una mancha del tamaño de una cabeza de alGler. Eran sus manos delicadas, sus brazos musculosos, sus piés pequeños; en una palabra, era de tan regulares proporciones que hubiera podido servir de modelo á un pintor. agustaba desplegar una magnificencia real en sus vestidos, y

y cualquiera que fuese su forma, le sentaban maravillosamente.

«Era de temperamento bilioso- sanguíneo. Cuando no se hallaba atormentado por disgustos ó penalidades, ó cuando no estaba dominado

por la cólera, tenia el carácter alegre y apacible. Por numerosa que

fuese su córte, hablaba con cada persona de sus asuntos particulares: la habia montado bajo un pié bastante decoroso, У y las damas abundaban siempre en ella. Cada dos ó tres dias el Rey montaba á caballo y seguido de sus damas y señores partia para la caza ó el paseo. Una vez á la semana, presidia un torneo, donde la juventud noble se ejercitaba en todas las prácticas de la caballería á que era muy aficionado. El vencedor recibia por recompensa un anillo de oro ó un collar de perlas, y tenia el privile

У gio de empezar el baile.

«El Rey gustaba mucho de oir la música y el canto, de que era juez competente: su instrumeuto favorito era el laud, al cual dedicaba todas las horas que pasaba solo.

«Colocado en la corte desde muy jóven, no habia dedicado mucho tiempo al estudio; pero la naturaleza le habia dotado de un criterio superior y de un juicio exquisito. Estaba mas adelantado en el conocimiento de las plantas, de los árboles y de los animales que los que habian hecho un estudio especial de esta ciencia. Conocia al cabo de diez ó veinte años, á una persona que no hubiese visto mas que una vez; y juzgaba á un hombre al primer golpe de vista. Su memoria era prodigiosa; bastábale oir algunos versos ó un trozo de música una ó dos veces para aprenderlos. Se acordaba del nombre de los pueblos por donde habia pasado en su juventud, y del de los campesinos que los habitaban.

Tomo III.

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«Era afortunado en todo, basta en el juego, cuando tomaba los dados, lo que le sucedia raras veces. La guerra, la agricultura, el mantenimiento de ganados, la explotacion de sus tierras, sus pesquerías, en todo le fué favorable la fortuna; sus castillos y sus tierras estaban llenos de riquezas.

«Aunque gustaba de la conversacion de mujeres hermosas, su conducta fué tal, sin embargo, que no dió nunca el menor pretexto á la maledicencia antes ni despues de su matrimonio. En una palabra, estaba dotado de grande habilidad, de una inteligencia superior y de grandes virtudes; era digno de llevar una corona, porque sobresalia en todo: valiente en la guerra, justo é ilustrado en sus juicios, bueno y clemente en muchas ocasiones. »

III.

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El clero católico, que era la clase mas rica y poderosa de Suecia, se habia declarado partidario de la dominacion extranjera. El fanático Gustavo Trolla, abrió el camino del trono á Cristian el Tirano y le apoyó en sus criminales excesos, atrayéndose con esta conducta el ódio de toda la nacion.

Era tan general y profundo el ódio que inspiraba el Arzobispo, que al circular el rumor de que trataba de reconciliarse con el nuevo Rey, los dalecarlianos escribieron diciendo, que si el hecho era cierto, no podrian cumplir su juramento de fidelidad. Y como á pe

á sar de esto, continuase el Arzobispo fomentando disturbios, amenazáronle con armarse contra él, hacer una leva de quince años para arriba, y combatirle hasta acabar la última flecha.

No debe estrañarse, pues, que Gustavo I al subir al trono se declarase jefe de la reforma en Suecia, siguiendo su ordinario sistema de alhagar el elemento popular, que era su fuerza, y robustecer el poder de la corona. Pero los acontecimientos sucesivos probaron aquí, una vez mas, que la religion convertida en poder político es un arma odiosa, sca cualquiera el brazo que la esgrima, y causa de persecucion, de desórdenes y de tiranías.

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